lunes, 30 de noviembre de 2015

(100) - Estás picoteando bien la historia, pequeñín: como alguien se anime a fisgar entre los cronistas de Indias, se va a quedar enganchado de por vida. Hablemos de Hernando Pizarro.
     - Eres un coach de primera, astuto abad.  Francisco Pizarro resulta atractivo como persona, pero su hermano  fue un tipo arrogante. Entre varios bastardos, fue el legítimo  heredero de Gonzalo, que, para mayor escarnio, reconoció como hijos a todos sus “bellos pecados” menos a Francisco, aunque quizá hubiera una razón: de haberlo hecho, quedaría desplazado como primogénito el “chuleta”. Lo que no se le puede negar a Hernando es su gran valía como militar. Estuvo, siendo muy joven, luchando al lado de su padre, capitán del rey, en la zona de Navarra contra los franceses. Hay un documento que encontré por chiripa y nunca he visto mencionado, en el que se le nombra también a él capitán. Resumo lo esencial: “El Rey. Por cuanto yo soy informado que, al tiempo que el exército de Francia entró en el nuestro Reino de Navarra, Juan Nicorte, nuestro capitán de infantería, reo (o sea, culpable), no guardando la fidelidad que nos debía, se quedó en Pamplona con los franceses, a cuya causa diz que el Duque de Nazara, nuestro visorrey del dicho reino, nombró en su lugar a Hernando Pizarro, hijo del capitán Gonzalo Pizarro, persona muy hábil para ello, por lo mucho que el dicho su padre y él nos sirvieron en el cerco de Logroño; por ende, Yo por la presente lo he por bien y lo confirmo y apruebo. Fecha en Gante a 27 de julio de 1521 años”.
     - ¡Ay, lucero mío! Qué recuerdos. Solo me quedaban cinco meses de vida. Quien da fe del documento es el temible secretario real Francisco de los Cobos. ¡Vaya elemento! Pero era uno de los aliados de mi padrino, el obispo Fonseca, y me vino de perlas para que Carlos V  me mantuviera en la Casa de la Contratación.
     - Tuviste una vida tormentosa pero apasionante, olvidado menés. Al recibir la copia de la confirmación real de su nombramiento, Hernando dejó diáfana su firma manuscrita. Uno se queda con la impresión de que el grandísimo Francisco Pizarro le tenía cierta reverencia a este petulante e ilustrado “hijo legítimo”, y es muy posible que, por propia iniciativa, fuera Hernando el que ejecutó a Almagro, el “sin ventura” socio de su hermano. De hecho, al volver a la Corte en 1539 para negociar asuntos, fue acusado del delito y condenado a prisión, permaneciendo “teóricamente”  encerrado en el castillo de La Mota más de veinte de años, aunque viviendo a lo grande. Fue una suerte para él porque se libró de acabar en Perú  tan trágicamente como su hermano Gonzalo.
     - Sigue mañana  con la historia. Esto se está llenado de tuertos de guerra. Le “quebraron” un ojo a Pánfilo de Narváez en batalla contra Cortés; la misma “quiebra” tuvo Almagro, y pronto aparecerá otro ilustrísimo “cíclope”. Y, ¡oh, Dios mío!: más adelante hablarás  de mi querido tataranieto Álvaro Ortiz de Matienzo, que el pobre, también por heridas de guerra, quedó “ciego de la vista corporal”. Saca alguna foto bonita que me consuele. Bye, my dear.
     -  Continuaremos con los Pizarro. Bye, sweet Sancho.



     No es muy alegre la foto, secre, pero al menos es positiva: ese mausoleo está  dedicado con toda justicia a Francisco  Pizarro dentro de la catedral de Lima, ciudad fundada por él en 1535. Se preparó en 1985 con motivo del 450 aniversario de la ciudad, y da gusto ver que  los peruanos se sienten todavía agradecidos al viejo luchador.


domingo, 29 de noviembre de 2015

(99) - Bonne nuit, mon doux bigraphe. Ça va bien?
- Tout  va bien, mon cher ectoplasme.  El superman Pizarro era hijo bastardo de Gonzalo Pizarro, un veterano militar de cierta alcurnia, que lo estimaba, pero dio, como era lógico, un trato preferente a sus legítimos. Eso fue una bendición para la Historia, porque Francisco tuvo que espabilar, largarse a Indias y sacar el máximo provecho a sus extraordinarias cualidades. Afinando su perspectiva con lo que Hernando de Soto le contó de su visita a Atahualpa, decidió, demencialmente, ir a por él con su pequeño grupo de apenas 180 hombres, a los que, al llegar al punto de encuentro, colocó estratégicamente. Llegó el “divino” inca con una inmensidad de indios, y, tras un diálogo surrealista, un fraile “arrebatado” le dio una biblia con gestos amenazantes, y Atahualpa, naturalmente confuso, la tiró al suelo con desprecio. Resultó fulminante: Pizarro dio orden de atacar y, al grito de “¡Santiago!”, los capitanes y sus chusqueros hicieron una rápida escabechina que paralizó a los guerreros incas, y, en un instante, se apoderaron del “intocable”. Fue una estrategia calcada de lo que había utilizado Cortés con Moctezuma.
     - ¡Qué grande era aquel tosco analfabeto! Con el tiempo, el Perú se convirtió en el virreinato más importante de Indias y del que más riquezas se extrajeron. Pero Francisco tuvo un punto débil que ocasionó varias revueltas sangrientas entre los propios españoles: le faltó el sentido práctico de Cortés. Cuéntalo, jubiloso jubilado.
     - Tú cojeabas de lo mismo, dulce abad: la pasión por la familia, al estilo Corleone. Cuando vino a España para negociar los permisos reales de su “conquista”, hizo trampa, rebajó los derechos de su socio Diego de Almagro, y, lo que fue peor, retornó a Indias con tres hermanastros, Hernando (el “legítimo”), Gonzalo y Juan, todos valiosos, pero novatos (salvo el primero, que se había zurrado bien en las guerras de Europa), dándoles en Perú los cargos más importantes, con el resquemor de sus mejores capitanes. Más de uno terminó por abandonarle, como Hernando de Soto. Pero su socio, Diego de Almagro, dolido en lo más íntimo, intentó explorar por su cuenta en otra zona, y tras fracasar, se revolvió  militarmente contra los Pizarro: fue derrotado y ejecutado, aunque, al parecer, sin permiso de Francisco. El hijo de Diego lo vio de otra forma, de manera que, confabulado con otros descontentos, consiguió que mataran a cuchilladas al gran Francisco Pizarro, cual nuevo César, aunque el viejo héroe se llevó por delante a más de uno. Era un antiguo “novio” de la muerte.
     - Y, por cierto, ¿qué me dices de su amores, pequeño morboso?
     - Pues que no parece que “le fueran” las españolas: tuvo como compañera a Angélica Yupanqui, hija de un inca noble. Bonne nuit


     - Hacia el año 1931, el escultor gringo Rumsey hizo tres copias de esta grandilocuente escultura del excepcional Francisco Pizarro. Luce bien en la plaza de su precioso pueblo, Trujillo. Otra de las copias tuvo sus más y sus menos en Lima. Estuvo a la entrada de la catedral, hasta que, por misteriosas presiones del obispo, la retiraron y quedó arrinconada largo tiempo en un almacén. En esos vaivenes de la crítica antiespañola, se decidió finalmente respetar la memoria del extremeño, y, aunque, el sitio es más modesto, ahora se la puede ver en el limeño Parque de la Muralla.


viernes, 27 de noviembre de 2015

     (98) - ¿Te das cuenta, perspicaz joven? Algo pasa en nuestro país que no es normal: sois muy negativos con vuestros propios valores. No sé si es un ramalazo masoquista. Quizá sea verdad aquello de que “si alguien está hablando mal de un español, es un español”. Clama al cielo que en vuestra formación escolar se deje de lado la grandeza de vuestra historia, tanto en sus vergonzosas miserias como en sus sublimes logros. Sois muy dados al complejo de Estocolmo: ha calado profundamente en vosotros el sentimiento de culpa inclucado por viejas propagandas interesadas. Pero, arriba los corazones y dejemos de lado estas debilidades. Sigue con el gran Pizarro, que ese sí era un ejemplo de tenacidad y de sano orgullo.
     - Pues a ver si se nos pega algo, reverendo. Francisco y  sus “trece de la fama” recibieron la ayuda que esperaban, y, con ese refuerzo, llegaron hasta Cajamarca, con la fortuna de que el imperio inca se encontraba dividido por la rebelión de Atahualpa. Una vez más, como ocurrió en México, se repetía el choque entre dos culturas. Pizarro no quiso ser el primero en presentarse ante el inca. Le confió la misión a Hernando de Soto. Atahualpa era una “divinidad”: las mujeres de su harén ponían las manos cuando iba a escupir y se tragaban sus cabellos antes de caer al suelo para que nada suyo tocara la vil tierra. El español era un experto jinete y se puso a caracolear con su caballo simulando arremetidas, lo que provocó el pánico de la numerosa guardia personal del “divino”, que se mostró diplomático con Soto, pero ejecutó a sus medrosos soldados. (Ojo con idealizar las culturas).
     - Habrá que contar algo de Hernando. Le conocí muy joven, cuando partió en la enorme expedición del fanático Pedrarias, que tuve yo el honor de organizar. Fue otro gigante: daré solo dos detalles como aperitivo que despierte el ansia de entrar en ese riquísimo desfile de apasionantes biografías que llenan la historia de Indias. Pizarro le tuvo como su mano derecha en los momentos heroicos del Perú. Después, muy rico pero algo distanciado del “analfabeto”, se volvió a España, y, entusiasmado por lo que Cabeza de Vaca contó de su increíble peregrinaje, consiguió una licencia real para explorar la zona de Florida, donde fue, como siempre, un buen líder. Pero una vez más esa “maldita” tierra resultó, también para él, la perdición y su tumba, no pudiendo conseguir más que éxitos geográficos: fue el primero en adentrarse por el río Mississipí. Cuenta mañana, pero a ser posible como “boccati di cardenali” para exquisitos gurmets, algunos detalles esenciales más sobre Francisco Pizarro, cuya historia personal necesitaría un tratado enciclopédico. Y dices bien: ¡los conocí a todos! Ciao, bambino.
     - Va bene, caro Sancio: seguiremos regalando “aperitivos”.


     No seáis injustos hijos míos: aquellos vilipendiados españoles quedaban, en la mayoría de los casos, miserablemente recompensados, cuando no endeudados de por vida, o, peor todavía y con frecuencia, trágicamente muertos, salvo los pocos “elegidos” que lograban el éxito, aunque también ellos tenían que entregar lo más valioso a su rey y a su país. El mapa muestra el recorrido de Hernando de Soto, partiendo de Cuba, avanzando desde Florida y atravesando varias veces el Mississipí, en cuya orilla fue enterrado. Sus fieles compañeros bastante hicieron con volver dificultosamente a casa bajo el mando del capitán Moscoso de Alvarado.


jueves, 26 de noviembre de 2015

(97) - ¡Qué epopeya la de Indias!, jovencito. Y casi ni la conocías.
     - No te rías de mí, ilustre doctor, porque el fallo es de la enseñanza. Es imperdonable que se entierre algo tan grandioso. En poco más de 50 años, se descubrió cuanto había por recorrer: una inmensidad. Después el trabajo se redujo a administrar lo ocupado y construido, que tampoco era pequeña tarea. Para vergüenza nuestra, el más apasionado entusiasta (incluso, a veces, demasiado) de aquellos asombrosos hechos fue un norteamericano llamado Carlos F. Lummis, que escribió el libro “Exploradores españoles del siglo XVI” hacia el año 1900.
     - También tú llegaste de fuera para desenterrar mi trepidante memoria. Pero recupera el hilo sobre  Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
     - Personaje singular donde los haya. Buena persona, afable con los nativos, heroico aventurero a la fuerza, y magnífico cronista de su propia peripecia en el libro  “Naufragios y comentarios”. Anduvo errante por el norte de México  durante siete años  tras el desastre de la armada de Pánfilo de Narváez, acompañado de Alonso del Castillo, del esclavo negro Estebanico y de un, casi seguro, paisano de tu familia, Andrés Dorantes de Carranza. Los indios los esclavizaron, pero se ganaron prestigio como curanderos y fueron muy respetados. Su ansia de alcanzar la zona de españoles les obligó a recorrer miles de kilómetros por el norte de México. Álvar se cubrió de gloria y volvió a España, donde el rey le encomendó otra misión que comentaremos más adelante, porque el orden de fechas nos obliga a presentar ante el respetable a otro gigante: Francisco Pizarro (pariente de Cortés). Es posible que fuera el testigo privilegiado del mayor número de acontecimientos indianos. Salvó el pellejo de milagro en innumerables ocasiones, como en la que perdió la vida Juan de la Cosa por un error táctico de Ojeda. Iba en el grupo que vio por primera vez el Pacífico bajo el mando de Vasco Núñez de Balboa, a quien apresó después por orden del nefasto Pedrarias Dávila, que no paró hasta que lo mató, por muy yerno suyo que fuera. Tras el exitazo de Cortés, llegaban rumores de que, por la costa del Pacífico abajo, había otra civilización de fábula. Y ese fue el objetivo del correoso, inteligente, carismático, bastardo ¡y analfabeto! Don Francisco  Pizarro.
     - También yo le vi varias veces por la Casa de la Contratación. Alcanzó la gloria gracias a su madera de líder nato. Eran tantas las penalidades de la marcha que todos se quisieron volver. Pizarro a nadie forzó, pero soltó una arenga megalómana diciendo que la retirada era el fracaso y que seguir el camino sería llegar a la cima de los dioses. Solo convenció a trece, “los de la fama”, que durante toda su vida exhibirían con orgullo ese mérito. Los demás prometieron volver, y lo hicieron, pero en barco, con provisiones y de forma más soportable. Y lo que son las cosas: llega Pizarro a Sevilla con la “buena nueva”, y lo encarcelan por antiguas deudas. Pero allí estaba Cortés para sacarle del apuro. (Continuará).
     - Y pensar, Sancho,  que los conociste a todos… Mañana más.



     Ese interminable recorrido terrestre de la parte norte, ocupada por los indios navajos (los de las películas del Oeste), fue el que hizo Álvar Núñez Cabeza de Vaca con sus tres compañeros,  hasta llegar a la zona española de Culiacán. El resto, hasta México capital, fue cómodo y triunfal, repitiendo mil veces a  los curiosos españoles su experiencia atormentada y larga (siete años), e, incluso, dando pie a futuras expediciones fantasiosas y fracasadas de otros capitanes, en una de las cuales murió el esclavo negro Estebanico.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

(96) - ¡PLUS ULTRA!  , apasionado hijo mío. Es deprimente que ese maravilloso lema esté ensuciado por politiqueos.
     - ¡MÁS ALLÁ!, ilustre funcionario real; magnífico programa de vida, tan bellamente cantado por Kavafis en su poema Ítaca. Explícalo.
     - Pocos como yo pueden hacerlo, amado plumífero, porque vi aparecer la hermosa y acertadísima idea de Carlos V. Se consideraba que, al otro lado de Gibraltar, solamente había un mar infinito: “NON PLUS ULTRA” (nada más más allá). Colón demostró lo contrario, y un día feliz el rey tomó las gibraltareñas columnas de Hércules, mutiló el lema que tenían sobrepuesto, quitándole el “non”, y las colocó así en su escudo para honra y gloria de toda la humanidad: PLUS ULTRA. Que nadie lo mancille.
     - Y siempre más allá, ese semillero ibérico de plantas buenas y malas siguió extendiéndose  a velocidad vertiginosa hacia lo desconocido. Era necesario encontrar, si lo había, un paso marítimo hacia la inmensidad que descubrió Balboa, y se ocupó de la faena otro “alucinado”: tu amigo Magallanes. Recorrió el litoral americano hacia el Sur. Una y otra vez se metió por lo que parecía un paso y no lo era, viéndose obligado a dar la vuelta. Tuvo marineros amotinados: a uno lo ahorcó,  otros desertaron. Se iba acercando hacia el fin del mundo, el Polo Sur, pero no abandonó hasta que ganó con la última carta que le quedaba: entró gloriosamente en las aguas del Pacífico. Ya se podía morir, y es lo que le pasó después en un incidente absurdo con los indígenas de Mactán, una isla filipina.
     - Pobre portugués. Es bien sabido que el afortunado que logró completar el viaje de circunvalación fue el vasco Juan Sebastián Elcano. Sigue, secre.
     - Pues el argumento continúa con su lógico desarrollo. Varias expediciones probaron fortuna al norte de México, territorio gafe, fracasando siempre, aunque lograron descubrimientos geográficos de primer orden. Pagaron el precio de perseguir leyendas tentadoras pero estériles, e incluso ridículas, como la de la Fuente de la Eterna Juventud, nada menos. Pánfilo de Narváez fue un valiente militar, pero un verdadero “pupas” (me pregunto si a él se debe que su nombre equivalga a tonto). Cuéllar, el Adelantado de Cuba, le había mandado con un importante ejército a México para acabar con el rebelado Cortés, y el astuto extremeño le pilló desprevenido, lo apresó y consiguió que se pasaran a su prestigioso bando casi todos los soldados del “pánfilo”.
     - No obstante, querido cronista, el rey siguió confiando en él, y salió Narváez desde España con una  poderosa armada con destino al traicionero territorio de Florida, buscando gloria, riquezas y, ¡mamma mía!, la Fuente de la Eterna Juventud. Eran más de 600 hombres; algunos, prudentemente, se quedaron en Cuba. Del resto casi murieron todos, la mayoría ahogados, y, entre ellos, el desafortunado Pánfilo de Narváez,  que, esta vez, no fue víctima de Cortés sino de una espantosa tormenta. Pero todo siguió plus ultra.
     - Así es: surge en escena Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Plus ultra.




     - Lo han dejado bien claro en la fachada del Ayuntamiento de mi querida Sevilla: PLUS ULTRA. El culoinquieto y voluble Ramón Franco (sí, el hermano de vuestro duradero “jefe”), con otros tres amantes del riesgo, atravesaron el Atlántico en un hidroavión, convirtiéndose en héroes populares en ambas orillas. Todo el mundo estuvo de acuerdo en que le pusieron el nombre más apropiado, PLUS ULTRA: no se trataba de política, sino de aventura humana, que, si logra su objetivo, acaba beneficiando al mundo entero.


martes, 24 de noviembre de 2015

(95)- Hola, defensor de causas perdidas. Algunos saben venderse muy bien: los gringos pusieron  a toda máquina Hollywood y os llegó un diluvio universal de pistoleros y vaqueros, como si aquello fuera la gran epopeya de la historia humana. Bájales los humos.
     - Buenas noches, querido Sancho. Lo comentaremos como un inútil desahogo. Te gustará que recorra en un suspiro los hitos encadenados de las andanzas por Indias de los ibéricos (lo somos todos, hasta los gorrinos). Llega Colón en 1492, y, como Fleming, descubre lo que no buscaba. Tan arriesgado fue ir como volver (estuvo a punto de ahogarse en el retorno, dejándonos ignorantes y asustados). Hizo otros tres viajes y, además de las islas ya encontradas, llegó a costear el nuevo continente. La primera administración nació en Santo Domingo. En torno al año 1500, un puñado de brillantes y bragados exploradores (marinos y militares) llegaron hasta el Amazonas (el primero, Vicente Yáñez Pinzón), entrando también en la zona costera de Panamá y Colombia. Los nombres de Rodrigo de Bastidas, Américo Vespucio, Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa (¡pedazo cartógrafo!) merecen mucho más respeto que el de  Buffalo Bill. En 1511, Diego Velázquez de Cuéllar, y por encargo de Diego Colón, hijo del difunto “iluminado”, se establece en Cuba. En 1513, Vasco Núñez de Balboa, cree que ve visiones, pero lo que contempla es el Océano Pacífico. No tardando mucho, llegan noticias desde la costa continental con indicios de que en el interior hay una extraordinaria civilización. Cuéllar, ya con título de Adelantado de Cuba, prepara una expedición para comprobarlo, bajo el mando de su socio Hernán Cortés. Se arrepiente y trata de abortar el viaje, pero la “anguila” se le va de las manos y da el gran “pelotazo”. Estamos ya en 1519, y en esas fechas anda dando tumbos por España Magallanes, tu amigo.
     - Así es, pequeñin. Me quedó muy agradecido porque le salvé, arriesgando mucho, de un tumulto en el que por poco le linchan.
     - Eras ya un anciano, ilustre abad, pero demostraste ser muy hábil y tener agallas. Pudiste frenar a los alborotadores que azuzaron a la masa diciendo, erróneamente, que Magallanes había puesto la bandera de Portugal en la nao que preparaba. El rey valoró mucho tu intervención y te dijo expresamente que “no lo olvidaría”. Mañana seguiremos contando cómo se fue extendiendo, por tierras desconocidas y con lógica temporal, aquella inundación imparable.
     - Te nombré Hijo Adoptivo de Mena: quiero otro busto para ti. Ciao.



     - Parte izquierda del mapa más antiguo de Indias (pergamino de casi 2x1 m.): el bello Portulano de Juan de la Cosa. ¡Qué tío! A la derecha se ve la débil silueta de España y África, y, a la izquierda, nítidamente,  lo que de verdad le interesaba al prodigioso cántabro: las islas del Caribe y el litoral del continente, que va desde el norte de México hasta  el Amazonas. Lo pintó en 1500 y, burlando las exigencias de Colón, dejó bien claro que Cuba era una isla. El maravilloso trabajo fue el resultado de lo que él mismo vio y de lo que le contaron otros que no paraban de ir recorriendo “plus ultra”.


lunes, 23 de noviembre de 2015

(94) - Hola, lucerito del alba. La docena campanada nocturna en la parroquia de Rosales (Burgos). Qué bella estaba allí mi nieta Catalina cuando se casó con Juan Díaz Ordoño, el abad de la zona (maldición a los malpensados: era un título laico, y mi nieta tan pura como la Doncella de Orleans). Buena ocasión para hablar de Pepe.
     - Buenas noches, sensible Sancho: me lo pones en bandeja. El infatigable y generoso José Bustamante Bricio (que, en cuanto le tratabas, se convertía en el querido Pepe) dejó antes de abandonarnos varios trabajos preparados, relacionados, como siempre, con el Valle de Mena de sus amores. En breve aparecerá uno, precisamente bajo el título de ABADÍAS Y ABADES SECULARES EN EL VALLE DE MENA Y EN CASTILLA LA VIEJA. Solo añadiré que él no pudo escribir una introducción a nuestro libro, porque falleció: el apartado lo tuve que rellenar yo mismo con un sentido “Prólogo invisible”; y se me ha concedido el honor de presentar su próxima obra, esta vez como “Prólogo emocionado”.
     - Sigamos, lloroncico. Hablemos del mundo de Indias, del que te apasionaste con la investigación, como el otro Félix (Rodríguez de la Fuente) con sus “bichos”. (Quiero un busto como el que tiene en Poza de la Sal).
     - Te lo mereces, pero no se dan cuenta en Mena. ¡La aventura de Indias! Vamos a olvidarnos de su aspecto siniestro (no lo hemos ocultado). Ahora toca hablar de su GRANDEZA, que tuvo además un aspecto de empresa común, imposible en nuestros días. En esa epopeya sí que tenemos, todos a una, el honor de haber formado parte de un solo equipo que se cubrió de gloria: las listas de aquellos héroes estaban llenas de apellidos de cualquier  rincón de España, aunque fueran lo mejor o lo peor de cada casa. Hace 25 años, en  la Plaza del Zócalo de México me impresionó su esplendor, pero vi un pequeño detalle que me llegó al alma. En un muro hay un texto en letras de bronce. Son palabras del abso­lutamente extraordinario Bernal Díaz del Castillo, tan genial, tan humano, tan exagerado a veces, tan simpático y tan poco valorado para lo que se merece. El texto describe su sorpresa y su emoción al ver por primera vez, junto a Cortés y el resto de la tropa, la asombrosa ciudad de Tenoctitlán, con su mercado y multitud de canoas por los canales, más el lúgubre recinto sagrado de los sacrificios. Lo primero que hice al volver a casa fue leer su crónica: me quedé “ojiplático” al descubrir esa riquísima mina de la Historia (que nadie me había mostrado), llena de personajes extraordinarios. 
     - Descansa, pequeñín, que te veo ojeroso. Ahora los listillos del “wasap” ignoran  las proezas de aquellos “pardillos”, que, de media, llegaban escasamente al 1,60, y fueron capaces en poco más de 50 años de cubrir heroicamente de poblaciones la América del Sur, la Central y la parte sur de Gringolandia, más dar la vuelta al mundo y repetir “la jugada” en otros territorios, como Filipinas. Foto, please, de mi preciosa  Casa de la Contratación. Sayonara, baby.


     Ahí la tenéis, la Casa de la Contratación de Sevilla (que sigue igual que en mis tiempos), como un gran salón de lujo con su altar, en el que tantos insignes descubridores se arrodillaron, medrosos al partir y gloriosos al volver (sin que yo perdiera detalle), pero siempre fervorosos a los pies de La Virgen del Buen Aire (la que daría nombre a la capital de Argentina), o de los Navegantes, pintada en ese cuadro por el gran Alejo Fernández, a quien yo encargué el retablo de mi convento de Villasana. Hijos míos: habéis ganado en libertad y justicia, pero (no se puede tener todo) habéis perdido grandeza.


domingo, 22 de noviembre de 2015

(93) - La paz sea contigo, querido hijo; hablemos de Domingo de Ochandiano, el marido de mi querida sobrina Catalina, hermana del lamentable oidor Juan. A todos los ayudé, como buen tío.
     - Y con tu espíritu, generoso padrino. Había poca variedad de nombres entonces, y tuviste de cerca a tres Catalinas: tu compañera, tu nieta, y esta sobrina, a la que te llevaste a Sevilla con el durangués Ochandiano, que se metió en dudosos negocios esclavistas, y lo empleaste en la Casa de la Contratación. En ese hervidero de personajes que era la ciudad, Catalina fue tutora de unos descendientes  de Antonio de Nebrija (muerto muy anciano un año más tarde que tú), a quien le debemos que la lengua castellana quedara estructurada gramaticalmente. Domingo tuvo la suerte de vivir  en la “Casa” (entre otros muy notables)  dos acontecimientos espectaculares (tú, ya difunto, te perdiste por poco el segundo). Hernán Cortés, sin haberse apoderado todavía de Tenoctitlán, pero sabedor ya de su importancia y riqueza, se dio una prisa enorme en mandarle al rey, vía Sevilla, un impresionante botín (el primero conseguido) que sirviera como prueba de su sensacional descubrimiento, la existencia de una insospe­chada civilización, con el indudable objetivo de ganarse el perdón de su desobediencia a la autoridad del gobernador de Cuba y evitar un triste final como el que tendría después Lope de Aguirre. Tú le hiciste a Domingo portador de la gran noticia y de ese tesoro para que  llegaran a la Corte de inmediato. El asombro del rey Carlos se extendió rápidamente por toda España y, acto seguido, por el resto de Europa.
     - Y, como dices, el otro hito “estelar” de la Historia, me lo perdí en vida, como se lo perdió el pobre Magallanes, al que tan eficazmente había ayudado yo cuando partió, ya que no pudo volver. Habían pasado casi tres años desde la salida de su armada y no había ninguna noticia de sus andanzas. Pero el 6 de setiembre de 1522 llegó hasta  la Casa de la Contratación la onda expansiva del notición que se había producido en Sanlúcar de Barrameda. Como un barco fantasma tripulado por dieciocho espectros más muertos que vivos, había llegado la nao Victoria, bajo el mando de Juan Sebastián Elcano. Quedaba de­mostrado que la tierra era una esfera, y mucho más grande de lo que se suponía. Inmediatamente se le mandó a Domingo de Ochandiano al puerto gaditano para que organizara el viaje de la nao, río arriba hasta Sevilla, en una triunfal remontada que duró dos días. Esa tripulación era lo que quedaba de los 239 hombres que habían iniciado la tremenda aventura. El resto se perdió por el camino, la mayoría muertos, otros apresados, y algunos establecidos en las tierras de Oriente, más los que cobardemente desertaron antes del “gran paso” al Pacífico.
     - Qué proeza, dulce abad, y qué cosas pasaban en la “Casa”. Bye.
     - Grandioso, querido. Hoy toca  poner una foto de nuestro también grandioso libro, del que todo esto es un  aperitivo. Kiss you.

     Sepan vuesas mercedes, que amén de lo poco que vos va contando mi amado fixo, el sin par Félix Lópes de Matienso, habemos publicado un legaxo de quinientas páxinas plenas de documentasiones de la  mi época, para deleite de los ilustrados e desasnamiento de quienes no lo sean, en las que se narran las aventuras e desventuras de  mi gloriosa biographía, e grandes maravillas de Las Indias. Pedid e resibiréis, con envío gratis (dita sea), un exemplar (mexor varios) en librerías o en esta direcsión:
felixlopezgarcia@yahoo.es
     E todo ello por el misérrimo presio de 22 maravedíes, e con la mersed de una poderosa bula contra excomuniones.


sábado, 21 de noviembre de 2015

(92) - Hola, baby: tila en vena y resume al máximo la carta de Aguirre.
     - Okay, daddy. Es una pena eliminar texto, pero lo dejo así: “Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos invencible. Lope de Aguirre, tu mínimo vasallo, cristiano viejo, hijo de medianos padres en prosperidad, hijodalgo en tierra vascongada, en el reino de España, en la villa de Oñate vecino.  Bien creo, Excelentísimo Rey y Señor, que, para mí y para mis compañeros, no has sido tal, sino cruel e ingrato a tan buenos servicios como has recibido de nosotros. He salido de hecho con mis compañeros, cuyos nombres luego diré, de tu obediencia, y desnaturándonos de nuestro natural, que es España, a hacerte en estas partes la más cruda guerra que nues­tras fuerzas lo puedan sustentar.  Mira, mira, Rey español, que no seas cruel a tus vasallos ni in­grato, pues estando tu padre y tú en los reinos de Castilla sin ningu­na zozobra, te han dado tus vasallos, a costa de su sangre y hacienda, tantos reinos y señoríos como en estas partes tienes. Por cierto lo tengo que van pocos reyes al infierno, porque son pocos. Ay, ay, lástima tan grande que César emperador, tu padre, con­quistase con la fuerza de España la superba Germania y gastase tanta moneda y tesoro llevado de estas Indias descubiertas por nosotros, y que no te duelas de nuestra vejez y cansancio siquiera para matarnos la hambre un día.
(Dice que comenzaron bajo el mando de Pedro de Ursúa la bajada del Amazonas el año 1560). Fue este mal gobernador tan perverso, ambicioso, miserable, que no lo podíamos sufrir, y le matamos. Y luego a un mancebo caballero de Sevilla, que se nombraba Fernando de Guzmán, le alzamos por nuestro rey, y a mí me nombraron maestre de campo. E porque no consentí en sus insultos y maldades, me quisieron matar, e yo maté al nuevo rey y al capi­tán de su guardia y al teniente general, y a su mayordomo, y a su capellán, clérigo de misa, y a una mujer de la liga contra mí (la compañera de Ursúa), y a un comendador de Rodas, y a un almirante, y a dos alféreces, y a otros cinco o seis aliados suyos. Y nom­bré de nuevo capitanes y sargento mayor, y me quisieron matar, y los ahorqué a todos. (Y se despide con las siguientes  palabras) Hijo de vasallos tuyos en tierra vascongada, e yo rebelde hasta la muerte por tu ingratitud. Firmado: Lope de Aguirre, el Peregrino”.  ¿Cómo pudo Íñigo manejar a su antojo a aquellos temibles “animales” curtidos en cien batallas? Sin duda porque escapar por la selva amazónica era una muerte segura, y supo anticiparse a cualquier intento de matarlo. Lo que sigue (contado por un testigo) muestra bien el terror que  tenían sus acompañantes. Asesinó a un oficial rebelde, que quedó “tendido en el suelo, y por muchas heridas que tenía en la cabeza se le aparecían los sesos”. Lope sospechaba que otro capitán estaba  implicado, y se dirigió a él diciendo: “Y vos, hijo, Antón Llamoso, también dicen que queríades matar a vuestro padre’. El cual negó con grandes reniegos y juramentos, y pareciéndole que satisfacía más, arremetió al cuerpo del muerto delante de todos, y tendiéndose sobre él,  le chupó la sangre, y a vueltas le chupó parte de los sesos diciendo: ‘a este tirano traidor beberle he la sangre’; que causó gran admiración de todos”.  Es de tragedia griega. Más tila, please. Bye, my dear.
     - Hasta mañana, Príncipe de Maina. Pero que la tertulia sea menos triste.



     También la película “El Dorado”, de Saura, narra espléndidamente la historia de Lope de Aguirre, aunque el protagonista, Omero Antonutti, lo interpreta con una seriedad que borra la parte ridícula del personaje. Sin embargo, esta toma nos muestra cómo su mezcla de locura y grandeza mantuvo a raya a 300 españoles “de armas tomar”.


viernes, 20 de noviembre de 2015

(91)- Buona notte, carrozón saltarín.  Traigo un bidón de tila porque vas a hablar del Quinto Jinete del Apocalipsis: Íñigo Lope de Aguirre.
     - Benvenuto, caro Sancio. Lo parieron y se rompió el molde: no ha habido otro como él. Tendremos que dedicarle dos sesiones.
     - Aquí, en Quántix, está en el pabellón de los escasos irrecuperables, como el alemán del bigotito. Con la diferencia de que el siniestro Íñigo tenía sentido del humor, aunque retorcido. Mi sobrino Pedro tuvo la suerte de haber fallecido antes de que ese trastornado pasara junto a Cubagua, desembarcara en la isla vecina, la Margarita, y degollara al gobernador, Juan de Villaldrando, yerno de Marcelo Villalobos, aquel oidor que fue compinche de mi sobrino Juan en Santo Domingo. Pero antes ocurrió la locura en lo que fue el segundo descenso del Amazonas.
     -  Así fue, Sancho: tremebundo. La expedición, al mando de Pedro de Ursúa (llevaba a su compañera Inés de Atienza), comenzó la bajada del inmenso río (solo recorrido antes por Francisco de Orellana). Buscaban la mítica región de El Dorado, empeño que a tantos ilusos españoles se tragó despiadamente. En ese viaje cuajado de dificultades y sufrimientos, se fue creando un clima de antipatía hacia Ursúa por errores de liderazgo. El más bilioso de todos era Lope de Aguirre, acompañado por lo único que amaba en esta vida, su hija Elvira. Un veterano de  mil batallas, poco agradecidas, carcomido por la envidia y por el resentimiento hacia un rey que no daba con justicia las mercedes. Esas terribles circunstancias encendieron la mecha  que detonó la carga explosiva de su negro corazón. Pequeño, enjuto y cojo, era un prodigio de energía,  con un valor temerario, muy hábil aterrorizando a los demás, y, por encima de todo, un desesperado: intentó algo grandioso que sabía condenado al fracaso. Nada menos que hacerse con el poder (lo consiguió), bajar el Amazonas (lo consiguió), subir por la costa hasta tierras de Venezuela (lo consiguió), y continuar andando a través de todo el continente de Este a Oeste para apoderarse del Perú y hacerlo independiente de España (naturalmente, no lo consiguió). El año 1561, fuerzas del rey lo mataron en Barquisimeto (Venezuela). Termina tú, Sancho, la triste historia.
     - Sigue con la tila. Ya continúo yo, pequeñín. Primero mató a Ursúa, después al que él puso de sustituto, después a Inés de Atienza, después a bastantes de los que había nombrado para puestos de mando, después al cura, después a cualquiera que parecía que le miraba mal, para terminar con hacer una escabechina en la isla Margarita asesinando al gobernador y a cincuenta vecinos. Rubricó sus hazañas acabando con la vida de su hija. Le preguntaron por qué lo había hecho, y contestó que “tuvo por menos mal matarla que dejarla viva, habiendo él de morir, y ser puta de todos”. Mañana, más tila: resumiremos su famosísima carta. Ciao, caro.





     A Klaus Kisnki el papel de Lope de Aguirre le vino como un traje a la medida, porque su propio carácter era de sobra inquietante. Gran película, pero, sobre todo, una inmersión en la salvaje naturaleza del Amazonas, con una nostálgica música indígena tocada por una  obsesiva flauta andina. El escenario ideal para ambientar el terrible drama de aquel grupo de españoles atrapados en una situación irremediablemente kafkiana.

jueves, 19 de noviembre de 2015

(90) - Buenas noches, pobre ciudadano. Vaya circo el de la política. El libro de P. Urbano, sobre el intento de golpe de estadode del 23 de febrero de 1981, bería ser la purga definitiva, pero, “ná de ná”.
     - Así somos, querido Sancho: todo seguirá igual. Jamás se me olvidarán unas palabras que soltó el  monarca (sepultadas en el olvido) en aquel famoso discurso que “nos salvó” del golpe: “Ya no me puedo volver atrás”. Siempre seremos tropa, así que solo nos queda el consuelo de que “cada inglés  es un rey en su casa”. Tras el desahogo, hablemos del otro sobrino tuyo que fue con Juan a Indias en el mismo barco: Pedro Ortiz de Matienzo.
     - Vale, secre. Casi todos los de la familia éramos hombres de letras, pero a Pedro le salía la testosterona por las orejas; así que resultó ser un hombre de pura acción. Enseguida consiguió el grado de capitán, y una de las cosas que dio brillo a su expediente fue someter a un importante grupo de esclavos negros que habían huido a las montañas dejando un reguero de sangre española por el camino. Sin embargo, con el gran Enriquillo (del que ya hemos hablado) fracasó, como todos los demás que intentaron derrotarle (chapeau al cacique).
     - Tú  enchufaste a tu sobrino desde el principio, pero él afianzó su posición por méritos propios, y le hicieron alcalde mayor de la isla de Cubagua, en la que, inevitablemente, se pringó, a base del trabajo de los esclavos, en el sucio negocio de la explotación del gran banco de perlas que allí había. La ambición aceleró tanto la brutal industria que, en pocos años, se agotó el chollo.
     - Ese sobrino mío tenía grandes dotes de mando. Apareció por los alrededores de Cubagua una expedición del famoso compañero de Cortés que había hecho la proeza de subir hasta la cumbre del volcán Popocatepetl, Diego de Ordaz (lo que posteriormente le dio la idea al gran capitán extremeño de utilizar su azufre para fabricar pólvora sobre la marcha). Pedro consideró que Ordaz se había metido en su zona de competencias, y lo apresó. Para resolver el asunto se embarcaron de vuelta a la Corte a defender sus criterios. Y Diego murió durante el viaje de “mal de costado”. Pero que quede claro que, aunque algún cronista muy posterior a los hechos asegura, sin más, que Pedro lo envenenó, no hay tal (dita sea), porque los herederos de Ordaz, que pleitearon con mi sobrino para defender la memoria de su padre, jamás lanzaron esa hipótesis. Cuenta algo relacionado con Pedro.
     - Pues va de asociaciones. Villalobos, uno de los oidores compinches de tu sobrino Juan Ortiz de Matienzo, tuvo una nieta que se casó con Pedro, poco antes de que este muriera en 1536, y, asimismo, consiguió la licencia de poblar la isla Margarita, vecina de la de Cubagua, y a esa isla todavía regida por sus herederos, pasado ya bastante tiempo, un día aciago del año 1561, llegó el Quinto Jinete del Apocalipsis: Íñigo Lope de Aguirre. Vale por hoy, ilustre Abad.
     - Tendrás que hablar de él mañana. Y pon, para vergüenza de la humanidad, una foto de la descocada Liz Taylor: que se vea en qué se suele utilizar el fruto del sufrimiento humano. Pax tibi, dulcis filius meus.



     La Comedia Humana,  jovencito. Ese lujosísimo collar con joyas de todo tipo, no tiene más misión que realzar la extraordinaria perla que sostiene, llamada la Peregrina, que, a su vez, en la foto, no tiene otro objetivo que el de realzar la pechuga de esa pava. No procede de Cubagua, pero da lo mismo. La consiguió en Indias, a saber cómo, un amigo de Vasco Núñez de Balboa llamado Gaspar de Morales, hacia 1510. Fue propiedad de la realeza española durante siglos, y la lucen en sus retratos históricos varios fantasmones de ambos sexos. Última subasta: 9 millones de euros.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

(89) - J’arrive, mon petit coeur. Date el gusto de hablar de Vasco de Quiroga. Lo cortés no quita lo pizarro, y tengo que reconocer que era un dechado de virtudes (rara avis). Pero me duele que fuera uno de los oidores que le dieron la puntilla a mi sobrino  Juan.
     - Bienvenu, mon noble Sanchó. Sabes que me gusta que fuera de Madrigal, como parte de mi antigua familia, pero le habría admirado igualmente de no ser así; además sus raíces eran gallegas. Yo creo que en su casa se respiraba un especial clima de cultura y humanismo, porque dio otros frutos muy notables, como su asombroso sobrino Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, cardenal y hombre al que Felipe II le confió las más altas misiones.
     - Gaspar fue el protegido de mi compañero de Sevilla Juan Tavera, que tuvo un currículum casi idéntico al suyo y con cuya estatua funeraria Buñuel se permitió una  broma que no me gustó nada (como mostrarte en su día), insinuando que le besaba Catherine Deneuve.
     - Algo así como “lanzada a moro muerto”. Pero sigo. Entre el revoltijo de españoles que llegaron a indias, fueron los frailes quienes dieron el toque humano a aquel desbarajuste. La rareza de Vasco radica en que, siendo laico, tratara a los nativos con tanta generosidad que ha pasado a la Historia con el máximo honor de ser conocido como “Tata Vasco”, y (oh milagro) el de convertirse en un español querido por todos los mexicanos, que tuvieron la suerte de que, debido a su longevidad, pasó largos años de creativa entrega por aquellas tierras. De gran cultura, tolerante, pero firme, llegó a enfrentarse, siendo ya un provecto anciano, a los abusos del hijo de Cortés, Martín, y le ganó la partida. Era soltero y eso le abrió un  nuevo camino: casi de la noche a la mañana, le nombraron obispo de Michoacán, tras breves consultas de opiniones, en las que brilló por encima de todas la entusiasta recomendación de fray Juan de Zumárraga, nada amigo de componendas. La Universidad Nicolaíta de Michoacán es hija directa del colegio que fundó con el nombre de San Nicolás Obispo, pista indudable de su lugar nativo.
     - Fue gracioso lo que allí te dijeron: “En Madrigal, en cada casa, un Nicolás o una Nicolasa”, por su patrono, el santo obispo Nicolás de Bari. No conocí a Vasco, pero sí a los otros tres “fenómenos” que le acompañaban en una reunión celebrada  con Felipe II el año 1550: Pedro de la Gasca (que acabó con la rebelión de Gonzalo Pizarro en Perú), Bartolomé de las Casas y Bernal Díaz del Castillo, que explica en su crónica cómo le expusieron al rey sus respectivas opiniones sobre las encomiendas de indios. Adieu, mon cher.
     - Vuelve a Quántix, sweet King of New England. À demain.



     ¡Loor y gloria al gran Vasco de Quiroga! Consiguió el milagro de que, siendo español, los mexicanos, ¡LOS MEXICANOS!, le hayan dedicado un sello en el que aparece al ladito de Tomás Moro, autor del  libro UTOPÍA (a quien la mala bestia de Enrique VIII le cortó la cabeza), cuyas ideas quiso poner en práctica, con importante éxito a pesar de su dificultad, el ilustre hijo de Madrigal de las Altas Torres. De nada, mi dulce soñador.


(88) - Hola, querido “secre”. Remata ya la faena con mi sobrino Juan Ortiz de Matienzo, porque la prueba me está resultando muy dura.
     - Vale, sensible ectoplasma. Los, al parecer, modélicos oidores de la segunda Audiencia, llegaron a México en 1531 para poner fin a los desmanes. Fray Bartolomé de las Casas, el apocalíptico defensor de los indios, no ahorra elogios al hablar de ellos. Estos son los datos que da: el presi­dente fue Sebastián Ramírez de Villaescusa, obispo de Santo Domingo; los oidores, Alonso Maldonado, Laínos de Toro, Vasco de Quiroga, y Salmerón. Se quedaron espantados de las quejas que tenían los vecinos contra los destituidos. Nuño no vino de donde se encontraba, Jalisco, y los que sufrieron en persona la residencia  (juicio) fueron Delgadillo y Matienzo. Dice Bartolomé que el verdadero culpable era Nuño, y que a los otros dos les vendieron sus bie­nes para pagar sus condenas, y los metieron en la cárcel porque el total no cubría todo lo debido. Se deshace en elogios al hablar del presidente Ramírez de Villaescusa, que volvió a España para ser, sucesivamente, presidente de la Chancillería de Granada, luego de la de Valladolid, obispo de Tuy, de León y de Cuenca. Le parece a Bartolomé que, ya muerto, tiene que estar en la gloria.  Afirma que le conocía bien y que, antes de ir a Indias, había sido inquisidor en Sevilla. Termina asegurando que “Delgadillo y Matienzo fueron a Castilla y a sus tierras, muy pobres y no con buenas famas. Y dende a dos a o tres años, dijeron que murie­ron”. El dato es bastante preciso, porque Delgadillo murió en Granada en 1533, y Matienzo, en España el año 1536. Pero a Juan, le quedaron bienes importantes que heredó su hija Juana. Me alegra, querido padre putativo, que no solo Bernal, sino también Bartolomé, siempre tan crítico, haga un comentario que suaviza las culpas de tu sobrino.
     - Y eso que Bartolomé y yo nos mirábamos de reojo. En su momento, hablarás de la hija de Juan, la independiente Juana Ortiz de Matienzo, para satisfacción mía, porque la quiero mucho. Pero ahora te doy permiso para que mañana te pongas llorón dándote un paseo por Madrigal de las Altas Torres, de bello nombre.
     - Thank you, daddy. Viene a cuento porque tuve allí parientes que, sin duda,  conocieron al mencionado y excepcional oidor Vasco de Quiroga: uno de los españoles más queridos por los nativos. Ciao.
     - Como yo también estoy sentimental, pon la foto que has hecho del trazado Ruesga-Carranza-Mena. Venceremos, pequeñín. Bye, bye.



     ¡Oh, qué alegría!, querido Félix. Algún día será patrimonio de la humanidad la ruta Matienzo, uniendo los tres sagrados valles, Ruesga, Carranza y Mena. Hablé con Vitulo, que no está huidizo, sino cabreado por las críticas que se han hecho temerariamente a Taranco, pero no quiere que su nombre figure en ese recorrido. Tienes que enmarcar en oro este plano, con los cuatro puntos divinos: 1.- Matienzo de Ruesga; 2.- Matienzo de Carranza; 3 Villasana, mi patria chica; and last but non least, 4.- Taranco, adonde llegó en el siglo VIII el heroico abad Vitulo, desafiando al musulmán, para establecer la semilla de la que brotó Castilla.


martes, 17 de noviembre de 2015

LA RAZÓN DE ESTE BLOG



     Escribí una biografía de un personaje histórico nacido en el Valle de Mena (Burgos) hacia el año 1460. Fue el resultado de tres años de investigación que dieron para 500 páginas de texto (con abundante material que dejé en reserva). El protagonista de la historia es SANCHO ORTIZ DE MATIENZO, un canónigo de la catedral de Sevilla que tuvo una gran importancia, hasta ahora poco conocida, en el apasionante entramado de los lazos iniciales de Castilla con el Nuevo Mundo, debido fundamentalmente a su privilegiado cargo de primer Tesorero de la Casa de la Contratación de Indias de Sevilla, desde su fundación en 1503  hasta que él falleció en 1521.
    
     Posteriormente abrí una cuenta en Facebook con dos objetivos: promocionar el libro, titulado SANCHO ORTIZ DE MATIENZO Y SUS CIRCUNSTANCIAS, y (porque me lo pedía el cuerpo) dar a conocer hechos, no solo de la vida de Sancho y de la época que le tocó en suerte, sino también de aquella locura histórica y deslumbrante del descubrimiento de América y la subsiguiente ocupación, puesto que él la conoció bien y trató a muchos de los héroes y villanos que la protagonizaron. Aunque el Sancho de la biografía que escribí fue un personaje absolutamente serio, la publicación en la red se convirtió en una tertulia a dúo, entre él y yo, haciendo comentarios sobre la marcha a medida que íbamos presentando lo sustancial, de manera que quedé casi abducido por un Sancho ectoplásmico y zumbón (pero, eso sí, entrañable) que se me aparecía a diario para esa labor de divulgación de hechos tan impactantes. De mutuo acuerdo, nos propusimos como disciplina procurar que el resultado fuera ameno y claro (plagado de fotografías), con santo respeto a la sintaxis, para hacerlo todo más asimilable y sabroso.
   
     Estuvimos 463 días dale que te pego, y tuvimos un fiel y sufrido grupo de seguidores a los que hemos de dar las gracias y el mérito de nuestra constancia. Las 160 tertulias finales se convirtieron en un amplio resumen de la absolutamente magnífica crónica de BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO titulada LA VERDADERA HISTORIA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA. Con estos 160 mimbres, he preparado un libro  de unas 400 páginas que espero publicar en breve. Eso mismo es lo que intento ahora: ir dando forma a las primeras 303 tertulias que ya se publicaron en Facebook para que en este blog alcancen más difusión y se conviertan después en otros dos libros.

     Así que vamos publicando las tertulias al ritmo conveniente,  llevando como ingredientes, fuertemente sazonados, la apasionante biografía de Sancho y el grandioso espectáculo (tan admirable como horrendo) de las andanzas de los españoles por las tierras de Indias.


     Como remate de lo dicho, y siguiendo el lema de no dar puntada sin hilo, aprovecho la ocasión para mostrar la portada del libro sobre Bernal al que he hecho referencia, que, si el Señor no lo remedia, aparecerá en breve.


(87) - Buenas noches, santo Job: no paras de trabajar. Te adoro.
     - Hola, querido Sancho. Es un placer: y ya será la leche cuando estemos siempre juntos en Quántix. Veamos la mexicana caída en desgracia de tu sobrino. Solamente fray Juan de Zumárraga pudo con él, aunque arriesgando mucho en el envite porque la partida estuvo muy equilibrada. Pero fray Juan era mucho fray Juan: nacido en Durango, franciscano de mucho prestigio, tuvo siempre el aprecio de Carlos V, que le encomendó la fundación del obispado de México, adonde llegó en 1528, casualmente en el mismo barco que tu sobrino Juan, que volvía de España recién nombrado oidor de la nueva audiencia; seguro que la antipatía mutua fue instantánea. El nuevo obispo, en cuanto llegó, empezó a poner orden y a enfrentarse contra los abusos que sufrían los indios, pero el “Trío Calaveras” (Guzmán, Matienzo y Delgadillo) consiguió nada menos que someterle a juicio, con tanta fuerza que Zumárraga fue obligado volver a España para dar explicaciones. Uno de los enfrentamientos más agrios lo tuvo directamente con tu sobrino, que, por su mano poderosa, entró en la iglesia y sacó a la fuerza a dos que se habían refugiado “a sagrado”, para que, si eran culpables de algo, los juzgara el obispo, pues alegaban que eran clérigos.
     - Ese trastornado sobrino mío me partió el corazón. No esperó a  que se aclarara el asunto y ahorcó, por lo menos, a uno. Da miedo ese poder suyo de vida o muerte.
     - Así fue, querido Sancho. Lo deja claro la reclamación procesal que hizo en México el año 1534 Cristóbal de Angulo, vecino de Palencia, contra los licenciados Matienzo y Delgadillo sobre la muerte que mandaron ejecutar en Cristóbal de Angulo, su hijo. Finalmente, Zumárraga pudo convencer al rey de que los tres oidores eran un desastre: se les destituyó y se nombró a otros jueces, esta vez ejemplares (¡increíble!), que los sometieron a un juicio empedrado de las más variopintas acusaciones, y los condenaron con rigor, aunque el escurridizo Beltrán de Guzmán pudo permanecer ausente durante una temporada: con el tiempo, también acabaría castigado. Es extraño que fray Juan no haya sido canonizado. Fue un “multiusos”: creativo, humanista (instaló la primera imprenta de Indias), caritativo y ejemplar. Quizá se deba a su único error de bulto: condenó a la hoguera, por hereje, a un cacique bautizado, algo que incluso la Suprema de la Inquisición, en España, consideró excesivo. Pero, sin duda, fue uno de los mejores españoles que llegaron por aquellas sufridas tierras. Hasta mañana. ¿Qué tal Matienzolandia?
     - Quizá le convenza a Vitulo y sea Vitumatilandia. Kiss you, my dear.


     Este cuadro del gran Fray Juan de Zumárraga está en la Catedral de México. El texto dice que nació en Durango. Se le ve rezando ante la Virgen de Guadalupe, que yo creo que estuvo esperando a que llegara este obispo ejemplar y a que cayera en desgracia mi sobrino Juan (y sus dos “socios”) para aparecérsele al indio Juan Diego.


lunes, 16 de noviembre de 2015

(86) - Hola, docto investigador. Tendré que seguir oyendo sin anestesia lo que vas contando de mi sobrino Juan. Que hable Bernal.
     - Buen consejo, Sancho: el maravilloso, sencillo, y al mismo tiempo torrencial Bernal Díaz del Castillo, hizo una extraordinaria crónica de estilo popular y con sabor a sopa de ajo castellana. Se repite mucho, pero qué más da si su narración es deliciosa, aunque a veces algo contradictoria. Habrá que entresacar algo de lo mucho que cuenta con respecto a los oidores: “Estando Cortés en Castilla, llegó la Real Audiencia, y vino por presidente Nuño de Guzmán, que estaba por gobernador en Pánuco, y cuatro licenciados por oidores: Matienzo, que decían que era natural de Vizcaya o cerca de Navarra (Bernal tiene dudas, pero el error sobre su origen cuajó), Delgadillo, de Gra­nada, Maldonado, de Salamanca, y Parada, que estaba en Cuba. Y así como llegaron, se mostraron muy justificados en hacer justicia, y traían los mayores poderes que nunca a la Nueva España tra­jeron después virreyes ni presidentes; los oido­res Maldonado y Parada fallecieron de dolor de costado, y si allí estuviera Cortés, según hay maliciosos, también dijeran quél los había muerto (con todo ello, pone de relieve la mala fama de Cortés en ese sentido y el impresionante poder de Matienzo y sus compañeros)”. Sigue describiendo los abusos que cometen, con un comentario sobre  la conducta algo lastimosa del ya anciano Juan: “Y, demás desto, como no residían en sus oficios ni se sentaban en los estrados todos los días que eran obligados, andaban en ban­quetes y tratando en amores y en mandar echar suertes, y para ello se embarazaban algunos dellos (interpreto que se endeudaban jugando a las cartas). El licenciado Matienzo era viejo, y pusiéronle que era vicioso de beber mucho vino, y que iba muchas veces a las huertas a hacer banquetes, y llevaba consigo tres o cuatro hombres alegres que bebían bien, y desque todos estaban como convenía e asidos (sentados), tomaba uno dellos una bota con vino y, desde lejos, hacía con la misma bota huichucho, como cuando llaman al señuelo a los gavilanes, y el viejo iba como desalado e bebía della”. Luego explica cómo cayeron en desgracia y el rey mandó otros jueces para sustituirles y juzgarles. Y, de paso, hace uno de los pocos comentarios laudatorios sobre Juan que existen en las crónicas: “Y mandó que luego se fue­se a la provincia de Pánuco a saber qué tantos miles de esclavos habían herrado (los odiores). Y fue el mismo Matienzo por mandado de Su Majestad, porque a este viejo oidor le hallaron con menos cargos y mejor juez que los demás”. Viniendo de Bernal, que vivió los acontecimientos y no perdía detalle, esta opinión es muy valiosa. Respira, dulce Sancho. Ciao.
- Pues menos mal. Mañana veremos su lío con Zumárraga. Adío.


     Efectivamente, Bernal se equivoca, pero casi acierta, porque mi sobrino Juan Ortiz de Matienzo no nació en Vizcaya, sino, como yo, en el colindante y hermoso Valle de Mena.

domingo, 15 de noviembre de 2015

(85) - Salut, mon petit secrétaire. Ça va bien? Mientras tú duermes, aquí en Quántix están todos entusiasmados, y me dan ideas.
     - Tout va bien, mon cher père. ¿Me vas a marear con lo de Ruesga?
     - Tienes que hablar con su alcalde, al menos para que se entere de que voy a provocar un hermanamiento entre tres valles, el suyo, el de Carranza y el de Mena. Y, además, bendita casualidad, los tres están juntos. Qué buena ocasión para pedir ahora su independencia, con el nombre de Matienzolandia. Eso está hecho.
     - Me trastornas, eterno bromista, aunque no te falta un pelín de razón en cuanto al lazo que estableces. Pero traga saliva, porque voy a seguir con tu sobrino Juan Ortiz de Matienzo. Toca México.
     -  Por difunto, me libré de esa amargura, ya que empezó en 1528.
     - Y esta vez tu sobrino acabó, por fin, bien escaldado. Con el miserable presidente, Nuño de Guzmán, y con el otro oidor, Diego Delgadillo, empezó el acoso a Cortés, que vino a España en 1529 y recibió desde México noticias de las jugarretas que le estaban haciendo. Se lo cominicaba en una carta su mayordomo, Francisco de Terrazas, lógicamente con estilo algo servil, pero de gran fiabilidad en los hechos porque no era precisamente un placer contárselos. Le explica todos los robos que le están haciendo los oidores y el clima popular que están creando en su contra a base de difamaciones. Luego describe el vergonzoso comportamiento moral de los oidores con estas palabras (muy resumido): “Los que mandan la tierra son: Doña Catalina, porque por esta anda perdido el Presidente (Nuño). La otra es Isabel de Ojeda con Del­gadillo. Que la perdición de este oidor y la locura della no tienen par, ni se podría escribir la disolución y desvergüenza desto; que, si han de dar o quitar indios, o proveer de otros cargos, ellas son las que los mandan y proveen a quien quieren. Pues de Matienzo con la mujer de Hernando Alonso, herrero que quemaron (por judaizante), también hay sus cuentos. Esta Nueva España, si Dios no lo remedia con la venida de vuestra Señoría, antes de dos años no habrá en ella más que el nombre. Hanse arraigado tanto estos señores que no hay ninguno que no tenga (propiedades) después que vino, porque el presidente ha hecho unas casas en el sitio de San Láza­ro muy suntuosas y tomó de aquellas tierras que vuestra Señoría había comprado a los indios, y junto a ellas tienen hechas Matienzo y Delgadillo otros sendos pares de casas;  y  en Tacuba, los dos, otros molinos y una buena heredad, más sendos pares de casas en San Francisco el Viejo, en los solares que eran de su Señoría. Por manera que ni indios, ni ganados de vacas, yeguas ni ovejas, ni esclavos ni cosa que valga un real, vuestra Señoría no la tiene en la tierra. No sé cómo hallan a vuestra Señoría rico e que goza de toda la tierra, pues cada uno de los oficiales e oidores tienen en ella doblado que vuestra Seño­ría. Como tengo dicho, trate de venir con algo de justicia, que esto es lo que hace al caso, porque juro a Dios que no hay en todas estas partes persona más pobre ni difamada que vuestra Señoría. De la gran ciudad de Tenoctitlán de esta Nueva España, a 30 de julio de 1529 años”. Continuará. À demain.
     - Pobre sobrino mío, Juan: en esa situación le salió de dentro lo peor. Bonne nuit.



     Este es el retrato más verosímil de Hernán Cortés. Se trata de una copia del que el astuto extremeño le mandó al obispo italiano de Nochera, Paulo Jovio, extraordinario historiador, sin duda para dar a conocer sus magníficas hazañas mexicanas. El tercero de los grandes de Indias, Gonzalo Jiménez de Quesada, “conquistador” de Colombia, no tragaba a Jovio por haber hecho una campaña antiespañola en sus publicaciones, y escribió una réplica muy extensa conocida como el “Antijovio”. Cortés fue mimado por los dioses hasta poco después de ocupar México. La segunda parte de su vida la pasó de disgusto en disgusto, no siendo el menor el acoso del sobrino de Sancho y sus compañeros de la Audiencia. Lo cuenta el cronista Francisco López de Gómara: “Anduvo fatigado con la (larga) residencia (juicio) que le tomaron Nuño de Guzmán y los licenciados Matienzo y Delgadillo; pero nunca se declaró (sentenció), que fue gran contento para él”.


sábado, 14 de noviembre de 2015

(84) - Gabon, biotxa: lírico ruiseñor, mirlo blanco, cisne negro, cuatrébol,  trovador provenzal, colorido guacamayo, modélico secretario…
     - Ongi etorri, Santxo, pero  no sigas: ya sé lo que quieres. Me llamaste “puente de oro” por recuperar tus raíces carranzanas, pero pides  más, insaciable ectoplasma, y a eso no me atrevo.
     - No seas cobardón: necesito que el puente llegue hasta Matienzo de Ruesga, que me conozcan  allí y que se declare patrimonio de la humanidad ese triángulo mágico de los Matienzo: Ruesga, Carranza y Mena. Hazlo, please: no abuses de que, por el amor que te tengo, no te puedo excomulgar. Yo sé que te gusta la idea.
     - Pides demasiado. Y lo curioso es que esa relación existe probablemente desde el siglo IX, cuando el abad Vitulo fundó su monasterio de Taranco, en Mena. Es tan lógica la idea que, en la novela “El jabalí blanco”, el argumento se basa en la hipótesis de que los antepasados del abad pasaran de Cantabria a Carranza, dando después sus padres el salto hasta Taranco en los inicios de Castilla. O sea: un antecedente de lo que hizo tu familia.
     - Piénsatelo, corazón mío, y sigue ahora con mi sobrino Juan, que, aunque impresentable, hizo cosas importantes, y siempre le quise.
     - Tienes razón, Sancho: también fue positiva su labor en cuanto a poner freno a muchas injusticias, aunque no lo hiciera con las suyas. Era innegable su capacidad de trabajo y su inteligencia. Vimos cómo le nombraron para inaugurar la primera Audiencia de México: así que el rey no le castigó, sino que le premió porque le venía muy bien para sus propios objetivos, y, en este caso, se trataba, sobre todo,  de mantener a raya al carismático y preocupante Cortés. Seguro que el emperador Carlos tenía pesadillas soñando todas las noches que podía hacerse el amo de México e independizarse, pero era pura paranoia, porque el pragmático extremeño sabía hasta dónde podía llegar. Tú le conocías bien: era tan lúcido como ambicioso.
     - No volví a verle en España, porque fallecí antes. Pero sé que cometió un error que disgustó mucho al rey: el año 1529 desembarcó en Sevilla a lo grande, rodeado de tantos fantasmones que parecían una corte real. Así que, como consecuencia, aumentaron las sospechas y se intensificó de inmediato contra él en todo México la labor de zapa de los tres jueces: mi sobrino Juan, el oidor Delgadillo y (que el Señor lo maldiga) el presidente de la Audiencia, el nefasto Nuño Beltrán de Guzmán, uno de los personajes más siniestros de los que llegaron a aquellas tierras, que, para colmo de desgracias, llevó a cabo también empresas de conquista, sin duda con valentía y esfuerzo, pero salvajemente. Agur, nire semetxo.
     - Bihar arte, aitatxu.



    México en 1628. Ya sin sacrificios humanos, un verdadero paraíso: nada que ver con el monstruo actual