jueves, 5 de noviembre de 2015

(66) - Hola, corazón sensible: sigamos con la comedia histórica.
     - Buenas noches, clérigo arrepentido; parece que en Quántix os quedáis etéreos pero clarividentes. Entremos en la parte más triste de la actuación española en Indias: la inhumana explotación de los nativos. De momento haremos una breve introducción, volviendo  más tarde al mismo tema. Dejemos claro que la mentalidad de España en aquel tiempo era profundamente religiosa, más incluso que en el resto de Europa, por sentirse nuestro país constituido por el destino en defensor a ultranza de la Iglesia Católica. El ejercicio de ese papel hizo que  el comportamiento de los “conquistadores” estuviera sometido a un freno de culpabilidad que evitó mayores atrocidades. Pero  no tiene duda que los que llegaban a Indias habían ido solamente, en general, a conseguir gloria y riqueza. No faltaron individuos excepcionales con gran sentido del respeto hacia los indios. Y, sobre todo, llegó a aquellas tierras otro “ejército” benefactor: el de los religiosos. Con la circunstancia afortunada (difícil de imaginar en otros países de la época) de que los reyes españoles acusaban el golpe en sus temerosas conciencias cuando los frailes soltaban amenazas apocalípticas contra el maltrato a los indígenas.
     - Ya sabes, pequeñín, que teníamos enredados todos los cables del cerebro: éramos los campeones de la contradicción. Los reyes insistían en el ejercicio de un comportamiento humano, pero, al mismo tiempo, presionaban para que llegara a España la mayor riqueza posible. El testamento de mi querida Isabel la Católica, reina de Las Indias por serlo de Castilla, incluye frases de verdadero cuidado maternal para los nativos, pero siempre dejó en manos del inquietante Fernando el trabajo sucio. Incluso así y en vida de este, el año 1513 los frailes consiguieron que la Corte promulgara las primeras leyes protectoras. Pero costó muchos, muchos años, que nuevas leyes, dictadas en 1543, llegaran a ser razonablemente efectivas. No fue una tarea fácil: dio origen a rebeliones de hacendados españoles que estuvieron a punto de conseguir la independencia de Perú, pero les costó la cabeza. Transcribe mañana y pasado ese ridículo y absurdo encaje de bolillos que se inventó para hacer esclavos con “buena” conciencia.
     - Fue una parodia que provoca la risa y el llanto. A domani, caro.
     - Dorme bene, dolce Principe de Maina.



     Mi querida reina Isabel, tan enamorada que dio orden de que, si su adorado Fernando decidía ser enterrado en otro lugar, sacaran de Granada sus propios restos y los colcocaran junto a él. No hubo ninguna dificultad: los dos quisieron el mismo sitio. Lo que sí resultó un problema fue que, por ese mismo amor, le dejara hacer y deshacer a su gusto en Indias al ambicioso aragonés.


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