jueves, 31 de diciembre de 2020

(Día 1306) El virrey puso como condición para conceder recompensas que el beneficiado estuviera casado, con el absurdo de que, a algunos solteros, les asignaba una mujer determinada.

 

     (896) Inca Garcilaso también rechaza como motivo de la ejecución de Martín de Robles el que hubiese tenido responsabilidades en la prisión y muerte del virrey Blasco Núñez Vela: "Pues era un asunto que ya estaba olvidado, ya que ocurrió trece años antes. Y, además, en aquel tiempo Martín de Robles hizo muchos servicios a su Majestad, porque huyó con gran riesgo de Gonzalo Pizarro para pasarse al bando de Pedro de la Gasca, y sirvió en aquella guerra hasta el fin de ella, siendo bien premiado. Asimismo, sirvió al Rey en la  guerra de Don Sebastián y en la de Francisco Hernández Girón, gastando mucha suma de oro y plata de su hacienda, y todos sus delitos pasados estaban ya perdonados en nombre de Su Majestad, tanto por el presidente La Gasca como por los oidores de la Audiencia Real".

    El nuevo virrey dispuso algunas medidas para frenar aquel ambiente de protestas que había entre los españoles. Hizo repartos de encomiendas entre los que llevaban tiempo descontentos por no haber sido gratificados, o en escasa medida, pero los premios no estuvieron a la altura de sus méritos. Y tomó otro decisión sorprendente: "Además les concedía las mercedes con la condición de que se habían de casar pronto, pues había muchas mujeres españolas en aquellas tierras, pues Su Majestad lo ordenaba para que todo el Perú viviese en paz y sosiego. A muchos de los solicitantes les señalaron las mujeres con quienes se habían de casar, a las que el virrey, por no conocerlas, las tenía a todas por muy honradas y honestas, pero muchas no lo eran. De manera que, quienes habían de recibirlas, rehusaban su compañía, porque las conocían bien. Esto bastó para que enemigos de los solicitantes, envidiosos de sus méritos y servicios, fueran adonde el virrey con chismes muy escandalosos y perjudiciales para los soldados premiados, por lo cual mandó prender a muchos y llevarlos al Callao, puerto de Lima, para enviarlos a España, a unos para que Su Majestad les premiase sus servicios, y, a otros, los castigase con el destierro".

     Como lo anterior está copiado del cronista Palentino, añade Inca Garcilaso algunas matizaciones. Dice que fue cierta la cizaña que metieron algunos, pero que también hubo otros que quisieron remediar este castigo: "Le suplicaron al virrey que no permitiese tal crueldad, pues el destierro a España era castigo más riguroso que la muerte, porque, aunque habían hecho muchos servicios a su Majestad, marcharían pobres". Incluso argumentaron que lo dejarían en evidencia ante el Rey demostrando la fidelidad que habían tenido a su servicio, para lo cual, algunos hasta podrían presentar como prueba las heridas que tenían en sus cuerpos. Pero el virrey, que por encima de todo deseaba evitar revueltas y enfrentamientos en Perú, no hizo ningún caso a estas alegaciones: "Los envió presos a España, tan pobres y rotos, que, el que mejor iba, no llevaba más de mil ducados, y eso vendiendo el caballo y el ajuar que tenía, perdiéndolo todo. Aunque algunos tenían posesiones, las perdieron al quedar desamparadas. Lo  digo como experiencia propia, pues una heredad que dejé allá encomendada a un amigo, se la quitó alguien y la consumió".

 

     (Imagen)  Por el año 1559, dio la casualidad de que fallecieron cuatro grandes capitanes (a los que ya conocemos), todos ellos de muerte natural. Dice el cronista: "No sé si habrá más casos de cuatro conquistadores que hayan muerto como estos, pues la mayoría acabaron con muertes violentas". Del primer fallecido, dice: "El mariscal ALONSO DE ALVARADO murió de una larga enfermedad que tuvo después de ser derrotado por Francisco Hernández Girón (pero estuvo en la siguiente batalla), pues quedó sumido en la tristeza, y se fue consumiendo hasta que acabó extrañamente·". Al parecer, tenía períodos de depresión y debilidad absolutas alternando con la normalidad. Tras cuarenta días de incertidumbre, falleció. Luego se refiere a la muerte de JUAN JULIO DE OJEDA, al que define como "hombre noble, de los principales vecinos del Cuzco, y de los primeros conquistadores, que era de  mi familia". Ya vimos que Ojeda llegó a las Indias con ocho años. El tercero en cuestión es su propio padre, SEBASTIÁN GARCILASO DE LA VEGA: "Poco después murió (8 de mayo de 1559) Garcilaso de la Vega, mi señor, por una enfermedad que duró dos años y medio". Era una dolencia que también tenía alternancias, con mejorías espectaculares: "Cuando murió, fue enterrado en el convento de San Francisco (en el Cuzco). Aunque entonces se usaban ceremonias muy solemnes, mandó que la suya fuera sencilla. Y les pareció tan bien a los vecinos, que, desde entonces, se dejó de hacer funerales ostentosos. Venido yo a España, conseguí una bula papal para que se trajeran sus huesos, y yo los puse en la iglesia de San Isidoro de Sevilla". El cuarto fallecido (en Arequipa y un año después) fue el muy hábil y  muy notable conquistador LORENZO DE ALDANA: "Murió de otra larga y grave enfermedad; no se casó ni tuvo hijos. Dejó como herederos a sus indios, para que pagasen sus tributos. Era un hombre noble que llegó con Pedro de Alvarado al Perú". Añade que tenía dos parientes jóvenes a los que pensó dejarles en herencia una gran cantidad de dinero, pero con la obligación de trabajar. Se negaron en redondo porque humillaba su condición de caballeros nobles: "Con esto, Lorenzo de Aldana suprimió su oferta, y yo vi que ellos vivieron luego con necesidad".




miércoles, 30 de diciembre de 2020

(Día 1305) Se dieron muchas versiones sobre la injusta ejecución de Martín de Robles, ordenada por el virrey Andrés Hurtado de Mendoza. La de Inca Garcilaso parece la más acertada.

 

     (895) Digamos, de paso, que el licenciado Bautista Muñoz, al que acabamos de ver actuando puntillosamente cuando fue nombrado corregidor del Cuzco por el virrey, tuvo algún problema muy serio en su administración. Apenas hay datos sobre él, pero veo en el archivo de PARES que, en 1564, el Rey dictó una orden de apresarlo por haber huido estando condenado a muerte. También consta que  no fue ejecutado, pero sí le obligaron a pagar el año 1575 la considerable sanción de 1.500 ducados, por algún tipo de irregularidades durante el desempeño del mencionado cargo.

      Sobre la muerte de Martín de Robles, cuenta lo siguiente el cronista Palentino: "El virrey le había escrito una carta al licenciado Altamirano para que ejecutara en Lima a Martín de Robles. La causa fue, según se dijo, que le habían asegurado al virrey que, estando Robles en conversación, dijo:' Vamos a Lima para enseñarle al virrey a escribir', sin que tuviera razón en decirlo. Pero muchos afirman que Robles no habló así. Y otros dicen que, lo que le incitó al virrey a ordenar su muerte, no fue este pequeño motivo, sino el hecho de haber tenido Martín de Robles mucha culpa en el apresamiento y muerte del virrey Blasco Núñez Vela". Toma el relevo Inca Garcilaso con otro punto de vista. Afirma que Martín de Robles criticó unos escritos enviados por el virrey, en los que anunciaba su llegada a los corregidores de todas las ciudades, ya que los trataba a todos de igual manera, sin distinguir sus categorías sociales. Dice que eso ocurría  porque el virrey utilizaba un estilo nuevo que chocaba con el gusto tradicional de los vecinos, y se sintieron molestos por ello: "No faltó quien le dijese a mi padre, que entonces era corregidor en la imperial ciudad del Cuzco (había sido la capital del imperio inca),  que no estaba bien usar esa manera de escribir. Mi padre respondió que el virrey le escribía a veces como corregidor del cuzco, y otras como Garcilaso de la Vega, y lo hacía con estilo muy diferente en cada caso. Ocho días después de haber llegado el virrey a Lima, le escribió a mi padre, poniendo en el sobre, 'Al muy magnífico señor Garcilaso de la Vega, etc. Y en la carta que iba dentro le hablaba como pudiera hacerlo con un hermano suyo, por lo que se asombraron quienes la vieron. Yo tuve en mis manos aquellas cartas, pues entonces yo servía a mi padre de escribiente (tenía 17 años)".

     Dicho lo cual, el cronista se centra en el asunto: "Los moradores de las Charcas decían que el  virrey era muy desconsiderado, pues trataba a todos los corregidores por igual, sin tener en cuenta que muchos de ellos eran, en cantidad y calidad, tan buenos como él. Entonces comentó Martín de Robles que, cuando llegara, le enseñarían a tener buena educación. Pero lo dijo como broma, a lo que era muy aficionado, sin respetar a nadie, por muy amigo suyo que fuese, y ni siquiera a su mujer. En prueba de ello, se podrían contar muchos de sus dichos, si no fueran indecentes. Baste decir que, habiéndole reprendido sus amigos por tal costumbre, les respondió que él tenía por menor pérdida la de un amigo, que la de un dicho gracioso y agudo, dicho a su debido tiempo. Y así perdió el triste la vida por ellos".

 

     (Imagen) El virrey de Perú ANDRÉS HURTADO DE MENDOZA, Marqués de Cañete, nacido en Cuenca en 1510, pertenecía a uno de los linajes más brillantes de la nobleza (de su familia era la complicada Princesa de Éboli). En su pasado, acompañó a Carlos V a la campañas militares de Alemania y Flandes, haciendo un relevante papel. Como vimos, fue nombrado virrey tras haber renunciado al cargo otros dos escogidos por el Rey. Durante su estancia en Perú, adonde llegó en 1556, tuvo algunas actuaciones acertadas, y otras terminadas en fracaso, como la de la expedición al Amazonas que desbarató el loco Lope de Aguirre. Su mandato en Perú se fue deteriorando por tener un carácter cruel y vanidoso, que ya se veía venir desde que pisó suelo peruano. Hizo ejecutar a Tomás Vázquez, a Juan de Piedrahita y a Alonso Díaz, quienes, como consumados rebeldes, se lo merecían, pero, por haber abandonado in extremis a Francisco Hernández Girón, fueron legalmente perdonados por los oidores de la Audiencia de Lima. Y más injustamente aún, le acabamos de ver haciendo lo mismo con Martín de Robles, simplemente por herir con bromas su vanidad. Con el tiempo, Felipe II se arrepintió de haberlo nombrado, porque, además, gastaba caprichosamente de la Hacienda Pública. El monarca se lo echó en cara, y le contestó: "Considere Vuestra Majestad cuál ha sido mi situación en un reino tan apartado de España, con tantos deseosos de matar gobernadores y virreyes, y con un arzobispo y unos oidores que gobernaban a su modo, casados o emparentados con los vecinos más ricos, y, sobre todo, con hombres que fueron de Francisco Hernández Girón, derramados por el reino con armas y caballos". Felipe II buscó rápidamente un sustituto, de lo cual se enteró el virrey por una carta del Conde de Nieva (que fue el elegido), con el que se sintió molesto porque en su escrito lo trataba de Señoría, y no de Excelencia, quizá interpretándolo como un anticipado símbolo de su caída en desgracia. Pero de nada le habría servido a DON ANDRÉS HURTADO DE MENDOZA seguir gobernando, ya que una enfermedad implacable acabó con su vida en Lima el día 14 de setiembre de 1560. Fue enterrado allí, en el convento de San Francisco.




martes, 29 de diciembre de 2020

(Día 1304) Por orden del virrey, se llevaron a cabo tres ejecuciones muy criticadas. El cronista alardea de la honradez de su padre.

 

     (894) El relato de Inca Garcilaso continúa con la llegada del virrey a Lima, que ocurrió hacia el mes de julio de 1557, donde fue recibido, como era costumbre con los virreyes, por todo lo alto: "Como convenía a la grandeza de su cargo y a la calidad de su persona, pues era señor de vasallos y  tenía título de marqués, mientras que los virreyes pasados carecían de título  y  de vasallos. Después de tomadas sus posesiones, envió corregidores y ministros de la justicia a todos los pueblos del Perú. El licenciado Bautista Muñoz, que el virrey trajo consigo, llegó a la ciudad del Cuzco con su provisión de corregidor, y mi señor Garcilaso le entregó la Vara de Justicia. El licenciado le preguntó cuánto se cobraba por cada firma, y le respondió que no lo sabía porque no había cobrado ese derecho. Entonces dijo el licenciado que no estaba bien que los jueces perdiesen sus derechos. Los oyentes comentaron que era normal que quisiese saber lo que pudiera ganar, además del salario oficial, pues solo iban de España a las Indias para ganar lo que buenamente pudiesen (no pierde ocasión el cronista de ensalzar las virtudes de su padre)". Después ocurrió que, al día siguiente, amanecieron muertos Tomás Vázquez y Juan de Piedrahita, pues les dieron garrote, sin que les valieran de nada los perdones que, en nombre de Su Majestad, les habían dado en la Cancillería Real. Les confiscaron los indios, y los de Tomás Vázquez, que era uno de los principales repartimientos de aquella ciudad, se los dio el virrey a otro vecino, natural de Sevilla, que se llamaba Rodrigo de Esquivel. Lo mismo hicieron de los indios de Piedrahita y de Alonso Díaz, al que también mataron". Comenta Inca Garcilaso que el corregidor tomó juicio de residencia (inspección de sus actuaciones) al corregidor anterior. No dice el nombre, pero era su padre. Lo que sí dice es que el nuevo corregidor le hizo unos reproches ridículos, echándole en cara que jugaba a las cañas, visitaba a los vecinos sin llevar la vara, recibía en algunas fiestas a  sus vecinos, jugando a las cartas con ellos, y había nombrado un escribano sin el debido procedimiento. Pero el antiguo corregidor (o sea, su padre) tuvo aguda respuesta para tanta meticulosidad. Y añade: "Al licenciado Monjaraz, que había sido teniente del corregidor anterior, le puso otros cargos semejantes, pero fue para poder decir que había hecho la revisión, pues no había cargos que castigar ni deudas que satisfacer. Y, finalmente, les dio a los dos por libres de toda culpa".

     Entonces ocurrió algo sorprendente (a lo que ya hice alusión): "El licenciado Altamirano, oidor de la Cancillería Real de Lima, en cuanto llegó como corregidor a la ciudad de la Plata, apresó a Martín de Robles, y sin hacerle cargo alguno, lo ahorcó públicamente en la plaza. Lo cual lastimó a toda aquella tierra, porque era de los principales vecinos del Perú, y tan cargado de años, que ya no podía llevar la espada en el cinturón, llevándosela un muchacho indio que andaba detrás de él. Y lastimó mucho más su muerte cuando se supo la causa". El licenciado Altamirano había ejecutado a Martín de Robles por orden del virrey. Veremos primeramente la breve versión que da el cronista Palentino sobre los motivos que tuvo para hacerlo. Y después, la réplica de Inca Garcilaso, bastante más extensa y refrendada por informaciones muy verosímiles, que apuntan a que el virrey se sintió directamente ofendido por Robles.

 

     (Imagen) El veterano RODRIGO DE ESQUIVEL nació en Sevilla el año 1519. Llegó a ser regidor de Arequipa y justicia mayor en el Cuzco (una especie de jefe de la policía), ejerciendo también como regidor (concejal) perpetuo. Poco más se sabría de él si no hubiera en el archivo de PARES  un expediente de sus méritos y servicios (el de la imagen; lástima no poder copiar el texto íntegro, porque es un relato detallado y jugoso). Inca Garcilaso acaba de decir que el virrey le regaló a Rodrigo de Esquivel la riquísima encomienda de indios que perteneció al ejecutado Tomás Vázquez. Lo cual se entiende al leer su expediente de méritos, donde se revela que fue un caso raro de extrema fidelidad al Rey contra todo tipo de peligros y amenazas, cosa que el cronista no menciona, quizá porque su padre fue sospechoso de todo lo contrario. Rodrigo llegó a Perú en 1541, tras el asesinato de Francisco Pizarro, lo cual animó a los indios a aprovechar esa tremenda crisis para iniciar una sublevación general. Fue entonces cuando asesinaron también salvajemente al heroico obispo Francisco de Valverde, y Rodrigo, bajo el mando del malogrado Diego de Urbina, luchó contra ellos. Quisieron los dos batallar contra Diego de Almagro el Mozo, pero el gobernador Vaca de Castro les pidió que siguieran pacificando a los indios. Luego su fidelidad al virrey Blasco Núñez fue absoluta. En Lima, cayó preso de Gonzalo Pizarro. Y dice: "Me presionaron con vejaciones de todo tipo para que cambiara de bando, pero no lo consiguieron, ni quise hablar con Gonzalo Pizarro, con gran riesgo de mi persona". En cuanto pudo se unió, con otros compañeros,  a Diego Centeno, para enfrentarse a Gonzalo. Añade: "Fuimos apresados por amigos de Pizarro, y querían matarnos, pero el teniente de la ciudad, por lástima, lo evitó, y luego nos desterró". Escaparon en un navío y llegaron a Nicaragua, donde, tras varias aventuras, se pusieron al servicio de Pedro de la Gasca. Luego siguió, en las siguientes rebeliones, esa misma línea recta  de lealtad. No hay ni un solo fallo en toda su trayectoria, a pesar de que era habitual el chaqueteo, cosa que, curiosamente, odiaba el terrible Francisco de Carvajal, pues él nunca quiso ser un 'tejedor' (así llamaba a los que iban de un bando a otro como la lanzadera de un telar). Es probable que RODRIGO DE ESQUIVEL muriera en el Cuzco el año 1581, pues fue cuando hizo su testamento.




lunes, 28 de diciembre de 2020

(Día 1303) Ya en tierras peruanas, el nuevo virrey, Andrés Hurtado de Mendoza (Marqués de Cañete), iba dando muestras de dureza, pero, al mismo tiempo, fingía generosidad.

 

     (893) El virrey partió de Panamá y llegó navegando, ya en Perú, a Paita, donde paró con el fin de enviar mensajes con disposiciones para distinto sitios, y escritos para los corregidores de todo el territorio: "Mandó a un caballero, pariente suyo, con documentos particulares para la Cancillería Real de Lima. El designado paró en la ciudad de San Miguel, y, como mozo, se detuvo en ella con otros caballeros de su edad, en ejercicios poco o nada honestos. Al saberlo el virrey, le mandó recado para que no pasase adelante, y, cuando él llegó donde estaba, ordenó que le prendiesen y lo enviasen a España preso, porque no quería que sus embajadores y criados se desviasen de lo ordenado. Asimismo envió a España a Don Pedro Luis de Cabrera y a otros casados que tenían a sus mujeres en ella. Aunque, en realidad, la culpa era más de las mujeres, porque algunos maridos habían enviado a buscarlas con mucho dinero para el camino, y, por no dejar Sevilla, que es una ciudad encantadora, procuraban ellas, por vía judicial, que se los enviasen a España. Y, por no ir a Perú, tres de ellas, a cuyos maridos conocí, perdieron las encomiendas de indios que con la muerte de ellos heredaban, que rentaban más de cien mil ducados al año".

     Por lo que va contando, y por lo que ya adelanté de algunas actuaciones del virrey, todo apunta a que resultará un hombre demasiado estricto. Pero, una de cal y otra de arena. Parece que trató de ganarse simpatías: "El virrey siguió adelante su camino con la mayor blandura y halago que pudo mostrar, haciendo mercedes y regalos de palabra a todos los que le hablaban y pedían gratificación de sus servicios, pero con la intención de que corriese el rumor y se aquietasen los ánimos de los que podían estar alterados por delitos pasados". Inca Garcilaso añade otro comentario en el que sale muy bien parado su padre. Dice que también se extendieron dichos infundados de que el virrey pensaba tener como consejeros a cuatro hombres notables y veteranos de aquellas tierras de Perú, gente que conociera bien la vida y milagros de todos los famosos conquistadores. Y da los nombres (ya familiares en estas historias): Francisco de Garay, vecino de Huánuco, Lorenzo de Aldana, vecino de Arequipa, y Garcilaso de la Vega y Antonio Quiñones, vecinos del Cuzco. Y era notorio que cualquiera de los cuatro podría gobernar todo el Perú, y más si hiciera falta (qué exagerado; pero era el estilo de la época). Con esta falsa noticia, se regocijaron todos los moradores de aquel imperio, tanto los indios como los españoles, seglares y eclesiásticos, y decían a voces que el virrey venía del cielo, pues con tales consejeros quería gobernar el reino".

     El cronista Palentino decía que, a pesar de eso, había muchos que vivían temiendo ser castigados por el virrey debido a sus pasadas andanzas rebeldes. Como se refería también a algunos vecinos del Cuzco, Inca Garcilaso, que vivía allí teniendo unos once años, rechaza esa versión: "Solo Tomás Vázquez y Juan de Piedrahita no residían en la ciudad, y estaban en sus pueblos de indios. Y era más por vergüenza de haber seguido al tirano Girón, que por miedo a la justicia. Durante los tres años que fue corregidor de aquella ciudad Garcilaso de la Vega, mi padre, solo una vez vi en ella a Piedrahita, que visitó de noche a mi padre, y le habló de su vida solitaria". Veremos enseguida lo que pasó con Vázquez y con Piedrahita a pesar de que, según decía Inca Garcilaso,  no tenían miedo de ser castigados.

 

      (Imagen) Aunque esta reseña va a oler también a incienso, no me queda más remedio que hablar de otro franciscano que anduvo por Perú. Además, lo biografió fray Luis Jerónimo de Oré (del que acabamos de hablar), porque fue digno de bendición, como el agua. Se trata de FRAY FRANCISCO DE SOLANO, una rara (y admirable) avis. Nacido en Montilla (Córdoba) en 1549, comenzó a estudiar con los jesuitas, pero pasó a la Orden de San Francisco, en Sevilla, cuando tenía 20 años, empujado por una clara sintonía con el espíritu franciscano. Volvió a Montilla para visitar a su enferma madre. Tuvo que seguir allí un tiempo por una epidemia de peste, y cogió fama de milagrero haciendo extrañas curaciones, hasta el extremo de que ha pasado a la Historia como el Taumaturgo del Nuevo Mundo. En 1589, lo mandaron a las Indias con ocho franciscanos. Naufragaron durante el viaje, y, desde la costa del Pacífico, recorrieron una enorme distancia, con travesía de los Andes incluida, llegando al Cuzco, luego a Potosí y finalmente a su destino, Tucumán, donde permanecieron hasta el año 1595. Aprendía con gran  facilidad el idioma de los indios. Después siguió evangelizando hacia el Sur, siempre a pie y, durante catorce años, llegó hasta zonas de Paraguay, Uruguay y Río de la Plata, ya en territorio argentino. Se presentaba sin miedo ante tribus muy peligrosas, pero conseguía que lo recibieran bien, e, incluso, los indios disfrutaban oyéndole cantar y tocar el rabel y la guitarra. Con eso y con su sincera empatía, lograba conversiones masivas. Se diría que irradiaba bondad frente a personas y animales, como San Francisco de Asís. En la ciudad de San Miguel, se desmandó un toro e iba corneando a la gente. Fray Francisco, con tranquilidad, se acercó a él, que lo miró mansamente y se dejó llevar de su mano al corral. En la imagen vemos un cuadro del gran Murillo (año 1645) que recoge la escena. Era sacrificado en sus penitencias, pero alegre y amable con los demás. Luego volvió a Lima, y siempre tuvo tiempo para predicar y atender a pobres y enfermos. Fue todo un ejemplo de caridad cristiana, por lo que se iniciaron pronto los lentos trámites de su canonización, hasta que, por fin (en 1726), fue canonizado. SAN FRANCISCO SOLANO murió en Lima el año 1610, dejando constancia de la maravilla de un cristianismo vivido consecuentemente.




sábado, 26 de diciembre de 2020

(Día 1302) El cronista nos habla de una espantosa y absurda tragedia marítima ocurrida dos meses antes de que el nuevo virrey partiera hacia Perú.

 

     (892) Se cumplió el compromiso de entregar rehenes, pero hubo un percance. Llegó con los rehenes negros para entregarlos su cabecilla, que se llamaba Boyano, pero le obligaron a quedarse como rehén perpetuo. Y, por si fuera poco, lo llevaron a España, donde falleció. No explica el cronista si lo forzaron a ir o fue un acuerdo en el que tuviera interés el propio jefe de los negros. Acto seguido, Inca Garcilaso cuenta otro incidente, algo ajeno a estos asuntos, pero de interés histórico: "Dos meses antes del viaje del virrey sucedió en el Mar Océano (el Atlántico) un caso extraño. Jerónimo de Alderete que había ido de Chile a España, para asuntos del gobernador Pedro de Valdivia, al saber que había muerto, pretendió su plaza, y Su Majestad se la otorgó. Él se dispuso a ir hacia las Indias con una mujer cuñada suya, que era honesta y devota, de las que llaman beatas. Se embarcaron en un galeón en el que iban ochocientas personas, siendo Alderete capitán de esa nave y de seis más. La beata, mostrándose muy religiosa, le pidió al maestre del galeón licencia para tener lumbre en su cámara durante la noche mientras rezaba sus oraciones. El maestre se la dio porque era la cuñada del gobernador". Inca Garcilaso subraya que fue también una imprudencia del maestre, porque se saltó la prohibición de una norma rigurosa. Es fácil imaginar lo que ocurrió después. La beata, por dormirse,  o por un despiste, no se dio cuenta a tiempo de que la llama había prendido en el maderamen del barco, muy inflamable por estar impregnado de brea. También los que iban en las otras naves, en su mayoría dormidos, reaccionaron tarde: "Cuando vieron el fuego que había en la nao capitana, se acercaron para recoger a la gente que se hubiese echado al mar. Pero, al llegar el fuego a la artillería, se disparó toda, de manera que los navíos huyeron rápidamente por temor a las balas, pues, como  nao capitana, iba bien artillada. Y así, perecieron las ochocientas personas que iban dentro, unas, quemadas por el fuego, y otras, ahogadas en el mar, lo cual causó gran lástima en el Perú cuando se supo. Jerónimo de Alderete, que escapó del fuego y del agua, dio orden a los demás navíos que siguiesen su viaje hacia Nombre de Dios. Él tuvo que volver a España para que le dieran nuevas provisiones de su nombramiento como gobernador, y otras cosas que necesitaba, porque todo lo había consumido el fuego. Después emprendió de nuevo el camino hacia las Indias (y morirá enfermo durante el viaje), embarcado en la armada en la que viajaba el Marqués de Cañete, el nuevo virrey de Perú". El cronista ha dejado algo confusa la explicación de por qué se salvó Alderete. Veo en otro relato que su cuñada se llamaba María de la Rueda, al parecer seguidora de una nueva corriente de espiritualidad muy mojigata. Garcilaso ha dicho que antes había llegado al barco un médico en un bote para estar con un amigo y se quedó a dormir a bordo por insistencia del visitado, muriendo los dos. A Alderete lo avisó el maestre del desastre iniciado y tuvieron justo el tiempo suficiente para huir en el mencionado bote (lo cual parece un instinto de supervivencia poco honorable). Total: una catástrofe absoluta, en la que todo falló, sobre todo la prudencia, la responsabilidad y la valentía.

 

     (Imagen)  Pues vamos a seguir en un ambiente clerical, porque los padres de Luis Jerónimo de Oré, ANTONIO DE ORÉ y LUISA DÍAZ DE ROJAS, vivían intensamente la fe religiosa. Lo que no impidió que Antonio llegara a ser un gran conquistador, y, además, un personaje singular. Fue  músico, intelectual y hombre muy rico (en parte porque su mujer llegó al matrimonio con una sustanciosa dote). Trajeron al mundo 8 hijos y 6 hijas, que mamaron, no solo la leche materna, sino también una educación cimentada en la cultura humanista y el espíritu religioso, y, cosa extraña, sobrevivieron largamente. Apenas hay datos sobre ANTONIO DE ORÉ, pero, afortunadamente, un hijo suyo (que se llamaba Francisco y era sacerdote), presentó un expediente de sus méritos el año 1591 (Antonio ya había muerto, de una enfermedad que lo dejó sin  habla). Lo que dice de su larga carrera militar, muestra que siempre fue leal a la Corona. Estuvo en el glorioso  momento del apresamiento de Atahualpa. Luchó contra los rebeldes Diego de Almagro el Mozo, Gonzalo Pizarro y Francisco Hernández Girón, en batallas ganadas y otras perdidas, pero, finalmente, derrotando a todos, como acabamos de ver en el caso de Girón. Fue luego corregidor en Huamanga, y allí mismo fundó el convento de Santa Clara (año 1568) para que ingresaran en él sus seis hijas, las cuales fueron abadesas sucesivas del mismo. Se dice que pudo construir el convento porque, además de ser rico, encontró una mina de plata. Todas las hijas dejaron fama de gran piedad, y su mujer, rizando  el rizo, de santidad. De los hijos, cuatro fueron franciscanos, y, el que presentó el expediente, que era sacerdote, pedía ayudas para él y para tres de sus hermanos franciscanos, alabando especialmente a Pedro de Oré. Hay dos cosas extrañas con respecto al mayor y más famoso, fray Luis Jerónimo de Oré (el de la imagen anterior): 1.- Da la sensación de que lo censura al decir que heredó una rica encomienda que tenía su padre, y luego vendió sus derechos. 2.- Ni lo ensalza ni pide ninguna merced para él, quizá porque era un triunfador que había ascendido como la espuma entre los franciscanos. Por lo demás, el convento de Santa Clara de Huamanga (el segundo de mujeres que hubo en Perú) echó buenas raíces, como vemos en la imagen.




viernes, 25 de diciembre de 2020

(Día 1301) Los oidores seguían dando largas a las peticiones de recompensas que les hacían. A Carlos V no le fue fácil nombrar un virrey para el Perú, pero, por fin, aceptó el Marqués de Cañete. Hubo una rebelión de esclavos negros.

 

     (891) Muerto Francisco Hernández Girón, los soldados volvieron a pedir a los oidores que les concedieran encomiendas de indios, puesto que ya no tenían excusa para retrasarlo, ya que habían prometido hacerlo cuando ocurriera. Se repetía la situación que le resultaba insoportable a Pedro de la Gasca, y que no pudo resolver. Durante las guerras, se alimentaba el coraje de los soldados con esperanzas de premios. Pero, una vez terminadas, no había suficiente botín para contentar a todos. Así que los oidores se buscaron otra coartada: "Los capitanes y soldados que habían quedado en el Cuzco, en cuanto se enteraron de la  muerte de Girón, fueron a Lima y reclamaron con mucha insistencia a los oidores lo que ya les habían pedido. Les respondieron que no era propio de leales servidores de Su Majestad querer sacar con violencia la gratificación que se les debía. Les decían que iba a venir un nuevo virrey, el cual, si al llegar viese que se había repartido todo lo que estaba disponible, se indignaría contra los oidores por no haberle esperado, y contra los beneficiados, por haberlo conseguido con tanta insistencia. Les pidieron que aguantasen, al menos, por tres o cuatro meses, pues el virrey no tardaría más en llegar. Y les prometieron que, de no ser así, ellos mismos harían los repartos prometidos. Con estas razones, templaron los oidores la furia de los pretendientes, y quiso Dios que, pocos meses después, se supiera que llegaba el virrey. Con lo cual, se aplacaron todos, y se prepararon para recibir a 'Su Excelencia', el primer virrey al que, en Perú, le dieron este tratamiento".

     Llegó el momento en el que Carlos V escogió un nuevo virrey para Perú, pero no eran muchos los dispuestos a ir a tierras tan turbulentas. De hecho, ya le pasó cuando  nombró al primero, Blasco Núñez Vela (asesinado después en aquel infierno), pues hubo varios que no se prestaron a ser nombrados (otra prueba de la valentía que demostró después el eficaz Pedro de la Gasca): "Su Majestad escogió como virrey del Perú al Conde de Palma, el cual se excusó con causas justas para no aceptar la plaza. Lo mismo hizo el Conde de Olivares. Por último, nombró a don Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete. El cual partió para el Perú, parando en Nombre de Dios, donde encontró a Pedro de Ursúa, un caballero noble y gran capitán, que en el Nuevo Reino de Granada (Colombia) hizo grandes conquistas y pobló una ciudad, que llamaron Pamplona (él era pamplonés). Le encargó que atajara los daños que hacían los negros fugitivos, a los que llaman cimarrones y viven en las montañas, porque salteaban y mataban a muchos por los caminos. Pedro de Ursúa, con ese fin reclutó soldados, muchos de los cuales eran de los que huyeron tras la derrota de Francisco Hernández Girón, o fueron desterrados, y el virrey perdonó a todos los que se unieron a aquella campaña".

     Los negros, al ver que se iban a encontrar acorralados, quisieron hacer las paces. Para resolver el conflicto, se les concedió que dejaran de ser esclavos, y se puso como condición que ellos mismos se encargasen de traer presos a quienes volvieran a las andadas. Se les obligó también a que viviesen en poblados, como ciudadanos normales. Ambas partes quedaron de acuerdo, pero se exigió que los negros dejaran rehenes, para que fuera seguro el cumplimiento del compromiso.

 

     (Imagen) Nos visita otro clérigo excepcional, del que acaba de hablar Inca Garcilaso: el franciscano FRAY LUIS JERÓNIMO DE ORÉ.  Su vida fue el currículum de un divino impaciente. Provenía de una familia profundamente religiosa (a la que le dedicaré la próxima imagen). Nació en Huamanga (Perú) el año 1554, donde su padre, Antonio de Oré, era el corregidor, y hombre muy culto. Fray Luis Jerónimo hizo sus estudios en Lima, y se ordenó sacerdote hacia el año 1582. Además de ser un gran músico como organista, se volcó sobre la cultura indígena, aprendiendo, entre otros idiomas nativos, el quechua y el aimara, a los que traducía (añadiendo la versión española) muchos textos religiosos, para que la evangelización resultara más eficaz. Fue un gran misionero que destacó por su enorme éxito en las conversiones, haciendo grandes recorridos, con frecuencia a pie, descalzo y llevando la cruz en la mano. Era tan bien acogido que, por haberse decidido  enviar clérigos seculares, los mismos indios pidieron que retornaran los franciscanos. En 1605, el obispo del Cuzco le envió a España para diversos asuntos, entre otros, el de ir hasta Roma para hablar con el Papa, donde, de paso, publicó su obra más importante, 'Manual peruano', dedicada a los misioneros de Perú. El año 1612 visitó al cronista Inca Garcilaso en Córdoba, al que le pidió unos ejemplares de su Historia de la Florida, porque iba a enviar a aquellas tierras a varios misioneros. Y se los dio encantado a quien consideraba 'gran teólogo'. En 1614, él mismo fue a La Florida para supervisar los trabajos evangelizadores e inspeccionar los conventos de Cuba. Escribió entonces el libro (ver imagen) titulado Los Mártires de Florida, sobre los franciscanos que fueron masacrados por los indios apalaches. Vuelto de nuevo a España, el Rey le comunicó que lo había propuesto al papa Paulo V como obispo de Concepción (Chile). Con esa noticia, partió definitivamente para las Indias, llegando a Chile en 1623, donde hizo cuanto pudo, pero sin éxito, para que hubiera una paz entre españoles y araucanos, en un intento desesperado de que se respetara una frontera de separación entre unos y otros. Con ese deseo frustrado, FRAY LUIS JERÓNIMO DE ORÉ  murió en Concepción el año 1630. Y, por fin, descansó.




miércoles, 23 de diciembre de 2020

(Día 1300) Años después de la ejecución de Francisco Hernández Girón, Gómez de Chaves retiró su cabeza (y las de Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal) de la plaza de Lima.

 

     (890) El último dato que nos ha dado Inca Garcilaso resulta impresionante, porque revela que las cabezas de Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal llevaban expuestas en la plaza de Lima más de seis años, pero, además, en lo que dice a continuación, asegura que siguieron allí, al menos, otros diez años: "Se decía que Francisco Hernández Girón era hijo de un caballero de la Orden de San Juan. Su mujer, Doña Mencía, se metió monja en un convento de la ciudad de Lima, donde vivió religiosamente. Un caballero que se llamaba Gómez de Chaves, natural de Ciudad Rodrigo, que admiraba la bondad, honestidad y nobleza de Doña María de Almaraz, pensando que le sería agradable ver quitada del rollo de la plaza la cabeza de su marido, fue una noche con un amigo suyo, llevando una escalera, y arrancaron una de las cabezas. Creían que era la de Francisco Hernández Girón, pero resultó ser la del maestre de campo Francisco de Carvajal. Luego alcanzaron otra, y fue la de Gonzalo Pizarro. Viendo esto aquel caballero, dijo a su compañero: 'Cojamos la otra, y, ya que así lo ha permitido Dios, no habrá de volver ninguna de ellas adonde estaban. Se llevaron, pues, las tres, y las enterraron secretamente en un convento. Aunque la justicia hizo diligencias para saber quién las quitó, no lo pudieron averiguar, porque el hecho fue agradable para todos los de aquella tierra, pues, entre las cabezas, estaba la de Gonzalo Pizarro, y les era muy penoso verla en aquel lugar".

     El cronista dice que esto se lo contó en Córdoba Don Luis de Cañaveral, un funcionario del Rey que pasó años en Perú y en México. Y añade que, el año 1612, un gran teólogo franciscano, llamado fray Luis Jerónimo de Oré (interesante personaje al que dedicaré una imagen), le confirmó que las cabezas estaban en el monasterio de Lima, pero no enterradas, sino solo guardadas respetuosamente, pues los frailes no querían hacerse responsables del delito de quitarlas de donde las habían puesto las autoridades. Y sigue diciendo: "Este religioso iba a Cádiz con orden de sus superiores y del Consejo de Indias para enviar dos docenas de frailes a La Florida con la misión de predicar el Santo Evangelio. Me pidió que le diese algún libro de mi Historia de la Florida, para que los enviados conociesen las costumbres de los naturales de aquellas tierras. Yo le di tres libros de La Florida y  cuatro de mis Comentarios Reales".

     Después habla de la extraña muerte que tuvo el capitán Baltasar Velázquez, al que nos ha mostrado hace poco tratando él y Don Pedro Portocarrero de participar en los méritos del apresamiento de Girón, aunque, como sabemos, fueron otros tres capitanes quienes lo llevaron a cabo directamente. A Baltasar lo califica como capitán mozo y valiente, y dice que "le salieron dos postemas (abscesos de pus) en las vedijas", lo cual apunta a que fue en el órgano sexual, pues vedija es sinónimo de pubis. Añade después: "Y él, para mostrarse más galán de lo que convenía, no quiso curarse. Al quinto día, le dio cáncer (curioso que se usara la palabra) en su interior, y se asaba vivo, de manera que nadie aguantaba acercarle la mano, pues casi ardía como fuego natural. Y de esta manera acabó el pobre capitán, habiendo sido famoso por sus valentías presentes y pasadas".

 

     (Imagen) Nos ha dicho Inca Garcilaso que todos abandonaron a Girón en el campo de batalla, menos su cuñado, Almaraz, y Gómez Suárez de Figueroa (este último, sin duda, pariente de Inca, quien, de hecho, se llamaba así también). No he podido averiguar si fueron los dos ejecutados junto a Girón. Además de ese enigmático Almaraz (no menciona su nombre), Doña Mencía de Almaraz tuvo otros muchos hermanos. Hablemos ahora de uno de ellos, el agustino FRAY JUAN DE ALMARAZ, nacido en Salamanca en 1522. Su familia, como acabamos de ver, era muy religiosa, y quizá él más que nadie, a lo que se añadía su gran capacidad intelectual. Hay otro detalle que confirmaría el trauma familiar que supuso la muerte de Girón como rebelde:  el hecho de que Fray Juan ingresó en el convento de los agustinos en 1555,  pocos meses después de la ejecución de su cuñado. Desde un principio brillaron su liderazgo, su nivel intelectual y su ejemplaridad. Fue un exitoso y convincente predicador,  elegido como prior del convento de Lima, y, en 1591 (poco antes de morir), alcanzó el máximo puesto dentro de su orden religiosa al ser nombrado provincial de la misma para todo Perú. Obtuvo en la limeña Universidad de San Marcos (la más antigua de las Indias) un doctorado, ejerciendo después en la misma como catedrático, nombrado mediante oposición, desde el año 1581, siendo tal su valía, que Felipe II le asignó el puesto a perpetuidad, algo muy excepcional. Era hombre de gran cultura, y, quienes presidían la Inquisición en Lima (establecida el año 1570) le encargaron examinar los libros que se iban a publicar, para darles el visto bueno desde un punto de vista católico. En ese puesto de calificador previo, llegó a sus manos un libro, enviado desde España, en el que se afirmaba que, si alguno no miraba la Sagrada Hostia al ser alzada, por sentirse indigno, no sería censurable, sino digno de alabanza. El detallista y erudito censor se dio cuenta de que era una norma de iluminados heréticos (que rechazaban la presencia del cuerpo de Cristo), típica de heterodoxos extremeños, a los que él conocía muy bien. Cuando era provincial de la orden, en 1591, FRAY JUAN DE ALMARAZ Y PORTOCARRERO fue nombrado obispo de Paraguay, pero tenía ya  69 años, y no pudo llegar a ejercer esa dignidad eclesiástica porque, unos meses después, murió en Trujillo, ciudad a la que había llegado en visita eclesiástica oficial.




martes, 22 de diciembre de 2020

(Día 1299) Llegó el momento de la degradante ejecución del último gran rebelde: Francisco Hernández Girón. Empezará el problema de los oidores para premiar a los que lucharon contra él.

 

     (889) Los oidores, lograda la victoria, pero sin saber todavía  si Girón había sido apresado, organizaron los cargos públicos: "Mandaron que el capitán Juan Remón fuese corregidor de la ciudad de la Paz, el capitán Juan de Sandoval, de la ciudad de la Plata, y Garcilaso de la Vega, corregidor y gobernador de la ciudad del Cuzco, siendo su teniente el licenciado Monjaraz, el cual, mediante la buena condición y afabilidad de su corregidor, se portó tan bien, que, después de un trienio, le dieron otro corregimiento, no ocurriendo lo mismo con su sucesor, como luego veremos". Capitanes y soldados tenían ya mucha prisa por recibir los jugosos premios que creían merecer por las batallas y victorias pasadas, a lo que los oidores les respondían que tuvieran paciencia, pues ya lo decidirían en cuanto se recibiese la noticia del apresamiento de Girón. La gente se calmó, pero cuando se supo que ya había ocurrido, los oidores fueron de inmediato hacia Lima, para tramitar el castigo que le iban a dar al derrotado capitán: "Y así, salió el doctor Sarabia unos siete días antes de que lo hicieran el licenciado Santillán, el licenciado Mercado y sus compañeros. En Lima, los capitanes Juan Tello y Miguel de la Serna llevaron a Francisco Hernández, su prisionero, hasta la Cárcel Real de la Cancillería, y se lo entregaron a su alcalde, a quien le pidieron testimonio de ello, y se lo dio. El doctor Sarabia llegó tres días después, y, unos ocho días más tarde, se produjo la sentencia y muerte del preso".

     Para continuar con el relato de la muerte de Girón, comienza Inca Garcilaso con la descripción que hace el cronista Palentino: "Le tomaron su confesión, y la terminó diciendo que pensaban como él la mayoría de los hombres, las mujeres, los niños, los viejos, los frailes, los clérigos y los letrados del reino. Lo sacaron a ajusticiar al mediodía, arrastrándole metido en un serón, atado a la cola de un rocín, y con voz del pregonero, que decía: 'Esta es la justicia que manda hacer Su Majestad y el magnífico caballero Don Pedro de Portocarrero, maestre de campo, a este hombre, por traidor a la Corona Real y alborotador de estos reinos, mandando cortarle la cabeza por ello, y fijarla en el rollo de esta ciudad, y que sus casas sean derribadas y sembradas de sal, poniendo en ellas un mármol con un rótulo que declare su delito'. Murió cristianamente, mostrando gran arrepentimiento de los males y daños que había causado".

     Tras las palabras del Palentino, sigue comentando Inca Garcilaso: "Francisco Hernández Girón acabó como se ha dicho. Pusieron su cabeza en el rollo de la ciudad de Lima, en una jaula de hierro, a mano derecha de la de Gonzalo Pizarro y la de Francisco de Carvajal. Sus casas, que estaban en el Cuzco (como la del cronista), donde nació su rebelión,  no se derribaron, ni ocurrió nada más que lo referido. La rebelión de Francisco Hernández, desde el día de su comienzo hasta el de su fin, duró trece meses y algunos pocos días más". Sin olvidar que hubo un breve conato anterior. Quizá no se destruyeron las casas por la deriva que tomó su mujer y la familia de ella, como veremos en dos imágenes.

 

     (Imagen) Qué dura tuvo que ser esta tragedia de Francisco Hernández Girón para su mujer, DOÑA MENCÍA DE ALMARAZ Y SOSA, y para sus familiares, convertidos todos en parias de aquellas ciudades en las que gran parte de los vecinos habían recibido con desenfrenado entusiasmo la derrota y muerte del capitán rebelde. El padre de Mencía ya había muerto. Ella, su madre, tres hermanas y un hermano (al menos) profesaron religiosamente. Quizá fuera una solución para su tragedia social, o se tratara de una familia muy piadosa, o ambas cosas a la vez. No se puede olvidar tampoco que Mencía estaba encantada con la rebelión de su marido, al que acompañaba en sus correrías militares. Derrotado Girón, ella fue al Cuzco, donde la protegió caballerosamente de iras y castigos Melchor Bravo de Sarabia (a quien acabo de dedicarle una imagen), insistiendo en que no era responsable de las culpas de su marido. Poco después Mencía fue a la casa que tenía la familia en Lima, estando allí cuando ejecutaron a Girón, muerto con solo 44 años. Es evidente que la familia no quedó en la miseria, pues ella y su madre, Doña Leonor de Portocarrero, tuvieron dinero y energía suficientes para crear una fundación religiosa. En principio era algo sencillo, un beaterio, que pronto (en 1558) se convirtió en el Monasterio de la Encarnación de Lima, de la orden agustina, siendo el primero de monjas que se instituyó en todo Perú. Es probable que su patrimonio fuera respetado debido a que lo iban a emplear en algo tan respetable. El ejempló cundió, y surgieron después más conventos promovidos por viudas ricas, como hizo la dos veces viuda y extraordinaria mujer Inés Muñoz, cuñada de Francisco Pizarro por haber estado casada con su hermano de madre Francisco Martín de Alcántara, los cuales fueron asesinados juntos. En su monasterio, ejerció primeramente como abadesa la madre de DOÑA MENCÍA DE ALMARAZ, y luego ella, dando la casualidad de que ambas lo fueron durante 28 años. Se diría que toda su familia buscó refugio y consuelo en la vida espiritual, pues estaban en el mismo convento otras tres hermanas de Mencía, y, como veremos en la próxima imagen, tuvo un hermano que fue un importante personaje eclesiástico, el también agustino Fray Juan de Almaraz.




lunes, 21 de diciembre de 2020

(Día 1298) Francisco Hernández Girón fue, por fin, apresado. Cuando lo llevaron detenido a la ciudad de Lima, los vecinos lo celebraron con gran alegría.

 

      (888) Se acerca el final del último gran rebelde: "Francisco Hernández Girón, viéndose desamparado de todos los suyos, salió de su refugio para que todos lo matasen, o hiciesen de él lo que quisiesen. Viendo su situación, los dos capitanes arremetieron contra él para prenderlo, y los primeros que llegaron fueron tres hombres nobles, (Juan) Esteban Silvestre, Gómez Arias Dávila y Hernando Pantoja, el cual asió de la celada a Girón, y, al resistirse, le cogió de la guarnición Gómez Arias y le dijo que soltase su espada, y, no queriendo hacerlo, Esteban Silvestre le puso la lanza en los pechos diciéndole que lo mataría  si no obedecía a Gómez Arias. Entonces, Girón le rindió la espada a Gómez Arias y subió a las ancas del caballo del vencedor. Con Girón preso y custodiado, yendo acompañados de otros soldados, salieron al camino de la sierra para seguir en dirección a Lima".

     En el otro resto de la tropa, tuvieron un dilema de conciencia los capitanes Juan Tello y Miguel de la Serna: "Quisieron, conforme a las órdenes recibidas, ajusticiar a muchos de los soldados de Girón que habían apresado en aquel viaje, pero,  viendo que eran gente noble y pobre, se apiadaron de ellos, y los desterraron a diversas partes fuera del Perú. Y, para que pareciese que, entre tanta misericordia, habían sido rigurosos en algo, mandaron matar a un tal Guadramiro, que había formado parte de la rebelión de don Sebastián, y era el más desvergonzado de los que andaban con Girón, y así, pagó por todos sus compañeros". Luego el cronista comenta una actitud que más tarde creará problemas en cuanto a adjudicar el mérito de haber apresado a Girón (hecho que fue premiado generosamente): "Se divulgó rápidamente la noticia, y sabiéndolo el maestre de campo Don Pedro de Portocarrero y el capitán Baltasar Velázquez, quienes habían salido pocos días antes del Cuzco con treinta soldados, enviados por los oidores para apresar a Girón, se dieron prisa con el fin de gozar la victoria ajena, yendo con el prisionero a Lima como si, con su trabajo, lo hubiesen detenido. Dándose toda la prisa que pudieron, alcanzaron a los capitanes y al prisionero a pocas leguas de la ciudad de Lima, y entraron en ella como triunfadores, con las banderas desplegadas. Las de los dos capitanes que habían participado en el apresamiento de Girón (Juan Tello y Miguel de la Serna) iban en medio de las de Don Pedro Portocarrero y Baltasar Velázquez. En el centro estaba el preso (viviendo un calvario de humillación y angustia), y delante de él los tres soldados que le prendieron. Detrás seguían la infantería y la caballería, puestas en hileras. Los arcabuceros hacían salvas, con mucha fiesta y regocijo de todos, pues veían acabada aquella tiranía que tanto mal había causado en todo el imperio del Perú, tanto a los indios como a los españoles, pues, si lo miramos bien, veremos que no se ha escrito ni la décima parte de todo el mal que hubo".

     Por fin había llegado la paz: "Los oidores, viniendo de Pucará, donde fue derrotado Francisco Hernández Girón, se detuvieron algunos días en la ciudad del Cuzco para tomar decisiones relativas al buen gobierno de aquellas zonas, que estuvieron desprovistas de él durante más de un año, y sujetas a tan grandes tiranos, que no se puede ponderar suficientemente el mal que hicieron".

 

     (Imagen) Acabamos de ver que el segoviano GÓMEZ ARIAS DÁVILA fue uno de los tres que apresaron a Francisco Hernández Girón. Es un personaje casi olvidado, pero vivió aventuras novelescas. Había sido esclavo en tierras musulmanas. Fue sobrino de Pedrarias Dávila, cuya hija, Isabel de Bobadilla, era la mujer del gran Hernando de Soto, con quien Gómez marchó a La Florida. La expedición duró cuatro años (1539-1543), y resultó un gran fracaso, muerte de Soto incluida. Unos 300 soldados pudieron regresar a México, donde se enteraron del asesinato de Pizarro y de la guerras civiles peruanas. Estando Gómez en Panamá, llegó Pedro de la Gasca, y se unió a sus tropas de inmediato. El excepcional clérigo lo recibió encantado, y le comentó en una carta a Cobos, el secretario de Carlos V: "Es sobrino de Rodrigo de Contreras (gobernador de Nicaragua, casado con otra hija de Pedrarias). Según lo que en estos pocos días he conversado con él, es un hombre de bondad y valor, y, en lo pasado y lo presente, ha deseado y desea servir a Su Majestad". Gómez luchó contra Gonzalo Pizarro en la decisiva batalla de Jaquijaguana, al mando de un grupo de los que habían venido de Nicaragua. Después de la victoria, fue premiado con una encomienda de indios chupachos (situada en León de Huánuco) que había sido del hermanastro de Francisco Pizarro, Francisco Martín de Alcántara, cuya viuda, la extraordinaria Inés Muñoz, le disputó los derechos judicialmente dos años después. Tras la derrota de Hernández Girón, Gómez Arias emprendió otro vuelo. El virrey Marqués de Cañete lo nombró gobernador de la provincia de Rupa Rupa (una ampliación de 300 leguas en la zona de Huánuco), donde habían arraigado creencias de que contenía en su interior fabulosas riquezas de plata y oro. Así como GÓMEZ ARIAS DÁVILA vivió en Florida, bajo el mando del gran Hernando de Soto, la amargura del fracaso, le pasó lo mismo en esta nueva gobernación, tras haber descubierto durante dos años más de 100 leguas de territorio. Regresó a Huánuco, sin desechar la idea de volver  a Rupa Rupa, pero murió en 1562, con solo 43 años. Por haber sido soldados de LEÓN DE HUÁNUCO quienes apresaron a Girón, el virrey de Perú concedió a la ciudad el simbólico escudo de la imagen, en el que se ve a un león atrapándolo.




(Día 1297) El padre del cronista echó de su casa a un gorrón traidor. Todos abandonaron a Girón, quien siguió huyendo acompañado de solo dos fieles.

 

     (887) Lo siguiente que cuenta Inca Garcilaso se refiere a algo que vio siendo adolescente y a una anécdota familiar: "Pablo de Meneses envió al Cuzco presos a muchos de los que había detenido, y nueve cabezas de los que mandó matar. Yo las vi en las casas que fueron de Pedro de Hinojosa, y donde residió el licenciado Diego de Alvarado (el más importante de los decapitados). Mostraré ahora un ejemplo de la desvergüenza de algunos de los soldados que fueron rebeldes. Después de la huida de Francisco Hernández Girón, estando sentado  a su mesa Garcilaso, mi señor padre, para comer con unos veinte soldados, que siempre lo hacían con él, vio entre ellos sentado a uno de los de Girón, que había estado con él desde el principio de su tiranía. MI padre le dijo: 'Diego de Madrid (que así se llamaba), ya que estáis sentado, comed con estos caballeros, pero no vengáis otro día, pues, quien ayer, si pudiera cortarme la cabeza, habría ido con ella a pedir albricias, no debería estar hoy con estos señores que desean que viva y el servicio a Su Majestad'. El Madrid dijo que, si se lo mandaba, se marcharía. Mi padre le respondió que lo hiciera si eso quería. Así de odiados quedaron los de Francisco Hernández, porque fue grande aquella rebeldía contra Su Majestad y contra sus partidarios, pues desearon matarlos a todos para heredar sus haciendas y sus encomiendas de indios".

     Los oidores se enteraron de que Girón iba huyendo hacia Lima: "Enviaron hacia allá al maestre de campo Don Pedro de Portocarrero con ochenta  hombres, y mandaron a otros dos capitanes, que habían llegado de Huánuco con sus compañías para servir a Su Majestad, que volvieran a su ciudad para cerrarle ese camino a Girón, de manera que  no escapase por ninguna vía, y les encargaron que hiciesen justicia de los que apresasen. Estos capitanes, que eran Juan Tello y Miguel de la Serna, hicieron lo que se les mandó, y llevaron ochenta hombres consigo". Corrían rumores de que muchos de los derrotados se habían vuelto a unir con Girón. La cifra más verosímil llegaba a unos doscientos, y, parte de ellos, de las tropas de Alonso de Alvarado, porque les atraía su liderazgo: "Pero, como iban huyendo, el temor a los contrarios y las necesidades que padecían les forzaron a quedarse por los caminos y esconderse. Y así, cuando los del Rey llegaron cerca de ellos, no iban más de cien. Por fin,  se tuvieron a la vista los perseguidores y los que huían, los cuales, viendo que  los de Su Majestad iban hacia ellos con sus banderas tendidas, y temiendo a los de a caballo, que eran más de cuarenta, subieron a un cerro, para protegerse en unos paredones que allí había. Los del Rey confiaban en la fuerza de doscientos indios de guerra, con sus armas preparadas, que se habían unido ellos voluntariamente,  deseosos de acabar con los rebeldes (sin duda porque las normas del Rey les beneficiaban)". Entonces ocurrió que se apoderó de los hombres de Girón el deseo de entregarse. Hubo unos que se adelantaron para  decírselo a los contrarios, los cuales tuvieron que frenar a los indios para que no los apedrearan con sus hondas: "Se rindieron todos menos Girón y dos que se quedaron con él, su cuñado, Almaraz, y un caballero extremeño llamado Gómez Suárez de Figueroa". De este caballero, no he encontrado ninguna información, pero debió de ser pariente muy cercano del cronista, cuyo nombre verdadero no era Inca Garcilaso, sino, precisamente, el muy ilustre de Gómez Suárez de Figueroa.

 

     (Imagen) El capitán JUAN TELLO (DE LARA) DE SOTOMAYOR, nacido en Sevilla el año 1519 fue, como otros muchos, ambivalente en sus fidelidades, aunque no de forma caprichosa. Era un veterano con mucho prestigio, al que le encargó Francisco Pizarro el año 1535 que buscara un asentamiento para fundar una población cerca de la costa del Pacífico. Acertó de lleno en el lugar escogido, y allí se estableció Lima, la gran capital de Perú. A pesar de ello, y por alguna extraña razón, se decantó por el bando de Diego de Almagro cuando este se enfrentó a Pizarro, siendo derrotados en la batalla de las Salinas (con muerte de Almagro; año 1538). Pero, poco después, Juan Tello estaba nuevamente al servicio de Pizarro en una expedición que fundó el año 1539 la ciudad de León de Huánuco (cuyo emplazamiento se muestra en la imagen), donde, más tarde, se asentó definitivamente como vecino, al igual que lo haría Miguel de la Serna, quienes, como estamos viendo, y con una tropa formada por vecinos de dicha ciudad, apresaron al rebelde Francisco Hernández Girón el año 1554 en las proximidades de Jauja. A pesar de su antigua fidelidad a Diego de Almagro, no parece que tuviera implicación directa en el asesinato que, en 1541, acabó con la vida de Francisco Pizarro, pero, sin embargo, sí luchó bajo las órdenes de Diego de Almagro el Mozo, quizá por las represalias que los Pizarro habían tomado contra los vecinos de Huánuco. En los inicios de la rebelión de Gonzalo Pizarro, se vio forzado a colaborar con él, pero, en cuanto pudo, se pasó al bando de Pedro de la Gasca, quien le premió generosamente, aunque a Juan Tello no le pareció suficiente. Como vimos hace tiempo, Juan Tello debió de tener algún  problema con su primera mujer, Catalina de Riquelme (hija del famoso tesorero Alonso de Riquelme), pues, al morir (hacia el año 1548), no le dejó a él la herencia, sino a Francisco de Plasencia, un vecino de Sevilla que se consideraba su legítimo heredero. En 1557, Juan Tello se casó con Constanza de Contreras y Bobadilla, a la que, equivocadamente, se considera hija del temible Pedrarias Dávila. En realidad era su nieta, y, lo que son las cosas, hermana de dos rebeldes tristemente célebres, a los que ya conocemos: los hermanos Hernando y Pedro de Contreras. JUAN TELLO DE SOTOMAYOR murió en LEÓN DE HUÁNUCO el año 1587, habiendo cumplido sesenta y ocho.




sábado, 19 de diciembre de 2020

(Día 1296) Hasta Francisco Hernández Girón huyó a la desesperada. Algunos se pasaron al bando del Rey. Otros que huían fueron apresados y ejecutados.

 

     (886) A  pesar del intento de Girón de animar a su gente, ocurrió que él mismo se decidió a dar la espantada: "Quedó tan perdido y desamparado con la huida de Tomás Vázquez, que determinó huir hasta de los suyos, por temer de que la mayoría le querían matar, para conseguir con su muerte que se les perdonara la pena que todos ellos merecían por haberle servido contra Su Majestad. Además, le dijeron algunos en secreto que sus capitanes hablaban de matarlo. Pero no tenían tal pensamiento, sino solo el  de seguir a su lado (como después lo mostraron), si él se hubiese fiado de ellos. Y fue tan riguroso en sus sospechas, que ni de su mujer, tan noble y virtuosa, le permitieron fiarse, ni de ninguno de los suyos, por muy amigo que fuese. Y así, venida la noche, dijo a todos que tenía que proveer de algunas cosas al ejército, y salió a caballo, sin saberse a dónde iba. Se metió en unas sierras nevadas que por allí había, y gracias al caballo pudo salir de ellas, habiendo pasado mucho peligro de morir en la nieve. Su teniente general, que había quedado en el campamento, quiso seguirle, y fue con cien hombres, algunos, de los más famosos, pero otros, que lo eran igualmente, como Piedrahita, Alonso Díaz, el capitán Diego de Gavilán,  su hermano Juan de Gavilán, el capitán Diego Méndez, el alférez Mateo del Sauz y otros muchos de la misma calidad y prendas, sabiendo que Francisco Hernández había huido, se marcharon al ejército real diciendo que querían servir a Su Majestad. Fueron bien recibidos, y en su día (los oidores de la Audiencia de Lima) les dieron a todos un documento con el Perdón Real de todo lo pasado, sellado con el Sello Real (y que, en varios casos, no tendrá en cuenta el virrey Marqués de Cañete)".

     Se dio orden de buscar a los huidos, para detenerlos inmediatamente, y, en algunos casos, ejecutarlos: "El día siguiente, los oidores mandaron al general Pablo de Meneses que, con ciento cincuenta hombres, persiguiera a los rebeldes, para prenderlos y castigarlos. Acertaron a seguir el rastro de Diego de Alvarado, teniente general de Girón, que llevaba cien españoles y  más de veinte negros. Meneses alcanzó a  los contrarios y se le rindieron, y luego hizo justicia de los más principales, que fueron Diego de Alvarado, Juan Cobo, Diego de Villalba, un tal Lugones, Albertos de Orduña, Bernardino de Robles (recordemos: yerno de Ruy Barba), Pedro de Sotelo, Francisco Rodríguez y (el tristemente famoso) Juan Enríquez de Orellana, que, aunque tenía ilustres apellidos, se preciaba de ser verdugo y pregonero. Fue verdugo de Francisco de Carvajal y del licenciado Diego de Alvarado, al que tenía presente. El general Pablo de Meneses le dijo: 'Ya que sabéis bien el oficio, dad garrote a estos caballeros amigos vuestros, pues los señores oidores os lo pagarán'. El verdugo le dijo a un soldado que conocía: 'creo que la paga será darme garrote a mí después de que haya matado a todos mis compañeros'. Y sucedió tal y como lo dijo, porque después de darles garrote y cortarles la cabeza, mandaron a dos negros que le dieran también garrote a él, como lo había hecho con los otros, que, además de los nombrados,  fueron en total unos doce".

 

     (Imagen) Me voy a adelantar hablando del capitán MIGUEL DE LA SERNA, a quien veremos enseguida apresando al rebelde Francisco Hernández Girón. El año 1561, Miguel de la Serna presentó un expediente (el de la imagen) donde presume de esa hazaña, y, además, dice claramente que también su padre fue conquistador, y murió sirviendo al Rey ("cuyo servicio deseo proseguirlo mejor.."). Afirma también haber sido siempre leal a la Corona, pero no fue exactamente así. Miguel  de la Serna llegó a Perú, como otros muchos, con la tropa que dejó allí (para evitar conflictos con Pizarro y Almagro) el gran Pedro de Alvarado, quien llegó a un acuerdo económico y se volvió a Guatemala, renunciando prudentemente a ser un gallo conquistador en corral ajeno. Miguel se estableció definitivamente en Huánuco, no sin antes haber vivido muchas peripecias. Una de ellas fue siniestra e imperdonable (muy censurada por los mismos españoles). Formaba parte de una tropa bajo el mando del gran capitán Francisco de Chaves, hombre habitualmente sensato, pero culpable de una masacre de indios conchucos (que habían cercado peligrosamente a Gonzalo Pizarro y a sus hombres), en la que no perdonó a mujeres ni a niños. Era aquel Chaves que después salió a dialogar con los que querían asesinar a Francisco Pizarro, y solo consiguió que lo mataran a él, y dejarles abierto el paso que les permitió hacer lo mismo con Pizarro. Más tarde, MIGUEL DE LA SERNA batalló frente al sublevado Diego de Almagro el Mozo, pero, contra lo que dice en su expediente, tuvo una fase de rebeldía, pues sirvió temporalmente a Gonzalo Pizarro. Lo prueba el hecho de que Doña Brianda de Acuña incluyó su nombre en una lista de demandados por la muerte de su marido, el virrey Blasco Núñez Vela. No cabe duda de que fue luego uno más de los que se pasaron al bando de Pedro de la Gasca, y, ya desde entonces, su trayectoria militar fue impecable, como lo atestigua el éxito de haber apresado (en compañía del capitán Juan Tello de Sotomayor) al último rebelde, Francisco Hernández Girón. Inca Garcilaso dice que MIGUEL DE LA SERNA era natural de Carrión. Hay dos poblaciones con ese nombre (una de ellas en Ciudad Real), pero, ante la duda, habrá que asignarle como patria chica Carrión de los Condes (Palencia), ya que, a solo diez kilómetros de este lugar, hay una localidad que se llama La Serna.