jueves, 30 de junio de 2016

(Día 312) APRESAR A UN OIDOR era una barbaridad: varios soldados de NARVÁEZ desertan. Su tropa tampoco lo apreciaba, e incluso los indios amigos estaban disgustados. ¡De pronto, la osada determinación!: CORTÉS y sus hombres (276) deciden atacar a los de NARVÁEZ (1.300), con el riesgo añadido de que iban a quedar solamente 80 españoles en la superpoblada y amenazante TENOCHTITLÁN.

(64) –Que ruede el champán, caro figliolo mío, fiel trovador que me has acompañado TRES, SEIS, CINCO días en la sabrosa tertulia (sepan vuesas mersedes que la tertulia con Bernal es continuación de otra anterior).
     -Ha sido maravilloso, tierno ectoplasma; y siempre hemos estado sostenidos por nuevos y generosos amigos. Va por ellos. ¡Salud!
     -Sería un buen momento para bajar la persiana, socio: fue bonito mientras duró. Pero nos va a resultar imposible dejarle a Bernal tirado: es demasiado valioso lo que cuenta, y no menos cómo lo hace; ya es nuestro cuate y estamos en deuda con él. Así que adelante con la dulce tarea de resumir su delicioso libro para que alguien más, aunque solo sea uno más, descubra esa joya ausente de los colegios. Y a su texto volvemos. Le dejamos a Pánfilo de Narváez cometiendo la insensatez de apresar a Vázquez de Ayllón, “aquel tan desacatado delito, que, por tratarse de un oidor, era crimen de lesa majestad y digno de muerte; y como ciertos soldados amigos de Ayllón vieron que había hecho aquel desacato, temiéronse del Narváez porque ya estaba a malas con ellos, y se huyeron a la villa donde estaba el capitán Sandoval, que les hizo mucha honra”.  Tenía, además, comportamientos que sus soldados soportaban de mala manera: “Veían que el Narváez era la pura miseria, y el oro y ropa que Moctezuma les mandó todo se lo guardaba, y aún les decía: ‘Mirad que no falte ninguna manta, que todas están contadas”. Donde ponía el pie, su torpeza arruinaba el trabajo hecho por Cortés: “Sentó su real en Cempoala, y lo primero que hizo fue tomarle al cacique gordo por la fuerza todas las mantas y oro que Cortés le dio a guardar antes de partir para Tlaxcala, y las indias que nos habían dado los caciques, que las dejamos en sus casas de sus padres porque eran hijas de señores y muy delicadas para andar en la guerra. Y le dijeron los indios que cuando estaba el Malinche, no les tomaba ninguna cosa e que era muy justo. Y el veedor Salvatierra, que era el que más bravezas hablaba, dijo a los de Narváez: ‘¿No oís qué miedo tienen estos caciques de este nonada de Cortesillo?’. Pues mejor que no dijera mal de lo bueno, porque cuando dimos sobre el Narváez, uno de los más cobardes fue el Salvatierra, porque estaba mal engalibado (diseñado), y no de lengua”. Como los primeros envites se convirtieron en humo, Cortés y los suyos se dejaron de jueguecitos: “Todos acordamos que brevemente, sin más aguardar otras razones, fuésemos sobre Narváez, quedando en México Alvarado en guarda de Moctezuma”.
     -Esto se pone al rojo vivo; sigue, reve: lo estás contando de cine.
     -Pánfilo de Narváez hizo bueno su nombre en México: le faltaron reflejos y Cortés se lo zampó. Se confió relajadamente porque la diferencia en número de soldados era enorme; sin embargo Cortés jugó precisamente esa baza, la de pillarle medio atontado. Una vez más, apostando temerariamente (¿y van cuántas?). Se quedaron con Alvarado “todos los soldados que no estaban en disposición de ir a aquella batalla, y también los que parecían ser amigos de Diego Velázquez (80 en total)”. Pues bien, los soldados de Narváez eran unos 1.300; los de Cortés, 276, y esta vez sin ayuda de  los indios de Tlaxcala, porque les dio miedo participar en aquella locura. Y comenzó la dramática partida  hacia el terrible enfrentamiento: “E nos abrazamos unos soldados a los otros, y sin llevar servicio, sino a la ligera (eran unos 350 km), fuimos por el camino de Cholula”. En la marcha hacia el campamento de Narváez, Cortés se detuvo en Panganequita, y le mandó algún mensaje apaciguador, dándole a entender que se habían acercado para facilitar la comunicación, pero advirtiéndole “que si sigue alborotando la tierra, iremos contra él a le prender y enviarle preso a nuestro rey y señor”.

     (Foto: El ‘lumbreras’ Diego Velázquez, gobernador de Cuba, creó una situación de altísimo riesgo. El ejército de su enviado, Pánfilo de Narváez, estableció el campamento en Cempoala. Desde la Villa Rica, Gonzalo de Sandoval, llevando unos 60 soldados,  fue a unirse con Cortés en Panganequita, a unos 50 km de Cempoala; en total, 276 héroes que sufrían una doble desesperación: no solo se iban a enfrentar a las fuerzas de Narváez, casi cinco veces más numerosas, sino que, además, no podían olvidar que Pedro de Alvarado  solo disponía en México de 80 soldados para hacer frente a un aluvión de mexicanos si, como parecía, lanzaban su ataque arrollador).


miércoles, 29 de junio de 2016

(Día 311) LOS ENVIADOS DE NARVÁEZ quedan deslumbrados por la grandiosidad de MÉXICO, y EL ASTUTO CORTÉS se los gana con dádivas. Tanto así que, ya de vuelta, aconsejan a la tropa de NARVÁEZ que se pase al bando de CORTÉS. Empieza un cruce de mensajes entre los dos adversarios. NARVÁEZ se ve presionado también por su gente. Fuera de control, comete un gravísimo error: apresar al oidor AYLLÓN.

(63) –Cortés, escudero mío, disfrutaba con los fingimientos.
     -Ciertamente, mi señor: habría triunfado en la escena. Una y otra vez miente para conseguir algo. Le encantó saber que Sandoval mandaba presos a México a los representantes de Narváez. Pero hizo ‘su numerito’. Antes de que llegaran, “les mandó cabalgaduras (iban ridículamente sujetos en hamacas), ordenando que se les dejase libres, y escribiéndoles que le pesó que Gonzalo de Sandoval, en lugar de hacerles mucha honra, les hubiese hecho tal desacato. Y cuando llegaron a México, les salió a recibir y los metió en la ciudad muy honradamente. Y desque el clérigo y los demás vieron que México era tan grandísima ciudad, y la riqueza de oro que teníamos, e otras muchas ciudades en el agua de la laguna, estaban admirados. Y Cortés les habló de tal manera, con prometimientos y halagos, y aun les untó las manos (hablemos claro) con barritas de oro y joyas, y además los tornó a enviar a su Narváez con provisiones que les dio para el camino, que los que venían muy bravosos leones, volvieron muy mansos y se le ofrecieron por servidores”. Qué bien encaja aquí aquella frase.
     -La que le gustaba citar a Bernal, pequeñuelo: “Que dádivas quebrantan peñas”; rotunda y cruda como la vida misma. Las joyas y el relumbrón de México, más las carantoñas de Cortés hicieron milagros. Y tan convertidos quedaron a la santa, verdadera y única fe que “en cuanto llegaron a Cempoala e dieron relación a su capitán, comenzaron a decir a todo el real (campamento) de Narváez que se pasasen a nosotros”. Empezó entonces una maraña de lances entre Cortés y Narváez, como incansables espadachines, hasta que ganara el más fuerte o el más hábil. El primer paso lo dio Hernán mandándole un escrito marca de la casa: “Le pedía por merced, con muchas caricias y ofrecimientos, que no alborotase la tierra, para que los indios no viesen diferencias entre nosotros; y esto del ofrecimiento lo decía porque éramos muy pocos soldados en comparación con los de Narváez. Y le dijo que se holgó mucho con su llegada, y le pidió que no diera causa a que Moctezuma, que estaba preso, se soltara, ni a que la ciudad se levante. Y se le ofreció con su persona y hacienda. Y también escribió al oidor Ayllón, mandándole ciertas joyas para sus amigos. Pero cuando recibió la carta Narváez, andábala mostrando a sus capitanes, haciendo burla de ella y de nosotros”. Primer empate. Pero la situación era muy complicada, y tumbar a Narváez requería mucho esfuerzo, habilidad y paciencia. El primer objetivo de Cortés fue ganarse a los soldados de su enemigo, “que no venía bien  apreciado por sus capitanes”. Comenzó como ‘colaboracionista’ suyo el untado clérigo Guevara, que se dedicó a largar a favor de Cortés entre la tropa, y da la impresión de que Narváez no reaccionó con la suficiente energía, pues hasta a él mismo le habló el reverendo de las maravillas que había hecho Hernán al servicio de Su Majestad, queriéndole convencer de que se aliara pacíficamente con él. Su reacción fue demasiado suave: “Y como esto oyó el Narváez, se enojó mucho con el padre Guevara y le dijo que no le quería ver más ni escuchar”. Y tras un clérigo, otro: llegó el capellán de Cortés, fray Bartolomé de Olmedo, con el mensaje para Narváez de que “hará todo lo que le mande, e que quiere que tengan paz y amor; y, como era cabezudo y venía muy pujante, no le quiso oír, diciendo delante del padre que Cortés y todos nosotros éramos unos traidores”. Y tras los frailes, el oidor: Lucas Vázquez de Ayllón (el colega de mi sobrino Juan) le dio la tabarra a Narváez recordándole  que su expedición no era legal, “y lo decía más claramente después de ver las cartas de Cortés y los tejuelos (barritas) de oro”. Narváez, ya fuera de quicio, cometió un error que, a la larga, le traería graves consecuencias: “Por consejo de algunos capitanes suyos, y sobre todo por el gran apoyo que tenía Narváez en el obispo Juan Rodríguez de Fonseca (voy a tener pesadillas), tuvo tal atrevimiento que prendió al oidor del rey (era una gravísima osadía), lo embarcó en un navío y lo envió a Cuba”.

     (Foto: Un brevísimo resumen de lo que mi querido  hijo putativo escribió extensamente sobre Juan Vázquez de Ayllón en mi maravillosa biografía (que el Señor le colme de mercedes). Mi sobrino Juan financió una expedición esclavista que recorrió la costa mexicana hacia Florida descubriendo nuevas tierras. Pidió licencia al rey para poblarlas, pero, ganándole la partida, fue el aprovechado Ayllón quien consiguió el permiso. En el mapa se ve el recorrido de la aventura, en la que iban bajo su mando 600 españoles; murió en el empeño, y solamente 150 volvieron vivos. Esto ocurrió en 1526, seis años después del conflicto con Narváez, y el único logro del oidor metido a aventurero fue crear la primera población europea de Norteamérica,  San Miguel de Guadalupe).


martes, 28 de junio de 2016

(Día 310) MOCTEZUMA muestra su doblez tratando de sacar ventaja con la llegada de la armada del gobernador. PÁNFILO DE NARVÁEZ manda unos delegados a VERACRUZ para que GONZALO DE SANDOVAL entregue la villa, pero el joven capitán los envía presos a MÉXICO. El insensato plan del gobernador estaba respaldado por el poderoso obispo JUAN RODRÍGUEZ DE FONSECA.

(62) –Imposible saber, mon cher ami, a qué jugaba Moctezuma.
     -Su maleable comportamiento, mon reverend, resulta desconcertante, porque se da de bofetadas con su ‘hoja de servicios’: llevaba 18 años de emperador, y alcanzó el máximo poder tras larga experiencia como jefe supremo del ejército azteca que sometía a los pueblos de un amplísimo entorno; logró, además, con energía implacable, tener bajo su control a todos sus posibles rivales. Solo una vejez prematura podría explicar sus titubeos: rondaba entonces los 56 años. ¿Okay, daddy?
     -Rasón tenedes, amigo escribano. Reaccionó con doblez: “Y cuando Moctezuma supo la noticia, tuvo gran contento porque, como Narváez llegó tan poderoso, creyó que nos prendería, y le mandó mucho oro. E Cortés, que no sabía nada, estando con él vio que andaba muy contento, y le preguntó la razón, e, para que no le tuviera por sospechoso, le hizo saber de los 18 navíos que habían llegado, diciendo que se holgaba porque ya no tendrían que hacer otros para ir a Castilla”. De tramposo a tramposo, Cortés se mostró entusiasmado, diciéndole: “¡Gracias a Dios!, que siempre provee”. Y si Cortés fingió, la ilusa tropa se puso eufórica creyendo que les llegaba una maravillosa ayuda: “Pero Cortés estuvo muy pensativo porque bien entendió que aquella armada la enviaba Diego Velázquez contra todos nosotros, y, como sabio que era, nos comunicó todo lo que pensaba, y con grandes dádivas de oro que nos daba y ofrecimientos de que nos haría ricos a todos, nos atraía para que le fuéramos fieles a él”. Al final va a resultar que la sed insaciable de oro que tenía Cortés quizá no fuera pura codicia, sino visión clara  y anticipada de que le haría falta para sacar adelante la empresa. Y pronto el recién llegado Pánfilo de Narváez mostró sus intenciones. Los tres impresentables desertores de Cortés le informaron al detalle de la precaria situación de la Villa Rica, donde estaba al mando el competente Diego de Sandoval con pocos soldados y muchos heridos y ancianos, por lo que mandó a aquel ‘hospital’ por la vía rápida “al clérigo Guevara, que tenía mucha expresiva, a un hombre que se decía Amaya, de mucha importancia, pariente del gobernador Velázquez, y al escribano Vergara con tres testigos (viva el protocolo) para que notificasen a Diego de Sandoval que se entregase a Narváez, para lo que traían provisiones”. El casi mancebo capitán ya estaba al tanto de la llegada de la armada, “y como era muy varón en sus cosas, siempre estaba muy apercibido, y sus soldados bien armados”.
      (No me interrumpas, secre, que voy lanzado). Ya lo creo que espabiló Sandoval; sabía que vendrían y lo organizó todo: “Para estar más desembarazados de los soldados viejos e dolientes, los envió a un pueblo de indios amigos; les habló a sus soldados para que no entregasen la Villa Rica, y todos se mostraron conformes. Y (por si acaso, y, además, hace impresión) mandó hacer una horca en un cerro”. Cuando llegó la lustrosa embajada, “el clérigo saludó: ‘En buena hora estéis’, y el Sandoval le dijo que en tal hora viniese”. El experto en sermones, con su  buena ‘expresiva’, se embaló con razonamientos medio escolásticos dejando claro “que Cortés y todos ellos habían sido unos traidores, y que les venía a notificar que fuesen presto a dar obediencia al señor Pánfilo de Narváez. E como el Sandoval oyó aquellos descomedimientos, se estaba carcomiendo de pesar de lo que oía, y le dijo: ‘Señor padre, muy mal habláis en llamarnos traidores, y porque sois clérigo no os castigo conforme a vuestra mala crianza. Andad con Dios a México, que allá está Cortés y él os responderá”. El cura no cedía, apoyado por el escribano, y volvió a llamarlos traidores. El final de este sainete fue fulminante, pero cómico: “Al oír esa palabra, Sandoval le dijo que mentía como ruin clérigo, y luego mandó a sus soldados que los llevasen presos a México. Y no terminó de decirlo cuando en hamaquillas de redes, como ánimas pecadoras, los llevaron a cuestas los indios amigos, y en cuatro días, con otros indios de posta de noche y de día, llegaron cerca de México”.

     (Foto: Véase el sepulcro de mi “padrino”, el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, situado en la iglesia de Santa María la Mayor de Coca, provincia de Segovia. Astuto, trabajador incansable, autoritario, maquiavélico, y muy enemigo de sus enemigos. Con su enorme poder estuvo a punto de echar a pique toda la obra de Cortés para favorecer al gobernador de Cuba, Diego Velázquez, aunque le faltó tiempo para hacerlo: murió en 1524. Sepan vuesas mersedes que no todo era corrupción en aquella época. Hubo un hombre modélico en lo religioso y en lo político, el más grande y más honrado personaje de estado que han dado estas sufridas tierras: el Cardenal Cisneros).


lunes, 27 de junio de 2016

(Día 309) LA GRAN ESTUPIDEZ: el gobernador de Cuba, DIEGO DE VELÁZQUEZ, envía una poderosa armada CONTRA CORTÉS. Está al mando PÁNFILO DE NARVÁEZ. Los FRAILES JERÓNIMOS, representantes del REY, tratan inútilmente de impedirlo. Visto el fracaso, el mediador VÁZQUEZ DE AYLLÓN se embarca en la armada para intentar un pacto entre CORTÉS y NARVÁEZ.

(61) –Éramos pocos, compañeiro, y apareció Pánfilo de Narváez.
     -En el peor momento, querido maestro, con una ceguera política absoluta, sin ningún sentido de Estado y poniendo en peligro, por ambiciones personales, todo lo conseguido. ¿Cómo pudo ocurrir?
     -Va a ser un prolongado rompecabezas, secre. El ambicioso (y, en otras ocasiones, competente) gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, no pudo evitar que Cortés se escurriera de su mando, con habilidad primorosa pero incurriendo en una rebeldía penada con la muerte. Y sabía que, con los grandes éxitos obtenidos, el ‘traidor’ quedaría purificado, glorificado y dueño absoluto de todo México.  No deseaba otra cosa sino decapitarlo y aprovecharse de lo conquistado, probablemente más lo primero que lo segundo. Si mataba a Cortés, habría hecho justicia. Y, si luego el rey le cortara la cabeza a él, también: por bobo; nada le importó a Velázquez, ni siquiera que México se perdiese. Y, ¡oh, Dios mío!, tenía un apoyo incondicional de mi ‘padrino’, Fonseca, máxima autoridad de Indias porque entonces Carlos V estaba fuera de la corte. Esto dice Bernal: “El Diego Velázquez, con el gran favor del obispo Fonseca, hizo una armada de 19 navíos y 1.400 soldados, con artilleros, ballesteros,  escopeteros y 80 de caballería (‘esta vez Cortés no se me escapa’), poniendo como capitán a Pánfilo de Narváez,  y aunque era bien gordo y pesado, él mismo andaba de villa en villa alistando gente”. Con sentido realista, los frailes jerónimos, que ostentaban provisionalmente el poder del rey en aquellas tierras, “y tenían conocimiento de los muchos y buenos servicios que habíamos hecho, dijeron que Diego Velázquez no tenía razón de venir sin permiso a tomar venganza de nosotros, sino que debería demandarlo por vía judicial, y que haría gran estorbo a nuestra conquista; por lo que acordaron mandar al oidor de la audiencia Lucas Vázquez de Ayllón para que se lo impidiese”. ¡Oh, Lucas! Qué interesante lo que contaste sobre él en nuestro libro, pequeño Homero. Yo los conocía a todos ellos, aunque no los volví a ver, porque pronto me iría hacia las pacíficas y etéreas praderas de Quántix. Pero mi sobrino Juan Ortiz de Matienzo, que el pobre tuvo la conciencia deteriorada, era colega suyo, y hasta socio en una expedición esclavista, si bien Lucas le traicionó después: le robó la licencia para otro viaje, aunque dejando la vida en la expedición. Pero ese Lucas tan poco fiable, en este caso va a actuar sensatamente, aunque sin éxito, mediando entre Cortés y Narváez.  Se fue como un rayo el oidor Ayllón a Cuba, y le leyó a Velázquez todas las disposiciones protocolarias que le prohibían enviar la  armada a México: papel mojado. “Por más requerimientos que le hizo, no aprovechó cosa ninguna, porque como el Diego Velázquez era tan favorecido del obispo Fonseca, y había gastado tanto en la armada, no tuvo los requerimientos en una castañeta, sino que se mostró más bravoso”. O sea que, el que perseguía al alzado, se alzó también desobedeciendo al representante del rey. Y digamos que, aunque Ayllón, como yo (ten piedad, Señor), era un criadillo de Fonseca, tomó una decisión correcta: “Y desde que esto vio el oidor, vínose también en la armada para poner paces y dar buenos conciertos entre Cortés y Narváez”. Llegaron a San Juan de Ulúa (ya saben: el puerto de Veracruz), y aparecieron pronto tres soldados de Cortés que andaban de mineros por la zona y eran gente poco recomendable; uno de ellos queda retratado con el apodo que tenía: Cervantes el Chocarrero. “Como eran ruines y soeces, le dijeron a Narváez mucho más de lo que quería saber”. Le pusieron al corriente de toda la situación de los españoles, materia sensible incluida. Y Pánfilo comenzó a dar muestras de su torpeza y su vista de poco alcance: “Narváez mandó recado a Moctezuma diciendo muchas malas palabras, descomedimientos y desatinos de todos nosotros, y que él le iba a liberar”. Y el voluble Moctezuma cambió al instante de bando…

     (Foto: El grabado es precioso pero escalofriante; Cortés y los suyos están temblando ante la muy alta probabilidad de que esas masas de guerreros se decidan a aniquilarlos, y se acaban de enterar de que el insensato gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar –premio al más tonto del siglo XVI-, ha enviado una enorme flota con las mismas intenciones).


domingo, 26 de junio de 2016

(Día 308) MOCTEZUMA, deprimido, le aconseja a CORTÉS que se marchen de MÉXICO, porque cree que van a sufrir un gran ataque. CORTÉS, por si acaso (y también para calmar a los mexicanos), manda construir en VERACRUZ tres navíos útiles para huir. BERNAL no pierde la ocasión de saborear lo anecdótico. Pero está a punto de llegar UNA TREMENDA AMENAZA.

(60) –No me cambias el menú, divino chef: a diario  tropezones.
     -No te quejes, socarrón abad, porque te encantan. El que los sufría de verdad era Bernal (y sus colegas): “Como de continuo nunca nos faltaban sobresaltos, y de tal calidad que eran para acabarnos las vidas en ellos, parece ser que los dioses Huichilobos y Tezcatepuca les dijeron a los papas que les abandonarían si Moctezuma y sus capitanes no comenzasen una guerra y nos matasen, porque todo su oro lo habíamos hecho ladrillos (lingotes), nos íbamos señoreando de la tierra y teníamos presos a cinco grandes caciques. E vino el paje Orteguilla y dijo que Moctezuma estaba muy alterado y triste. Cortés fue muy de presto con doña Marina e cinco capitanes al palacio, y el Moctezuma le dijo: ‘¡Oh, Malinche: cuánto me pesa que nuestros teúles manden que os matemos! Lo que conviene es que, antes de que  comiencen la guerra, salgáis desta ciudad’. Y Cortés le agradeció el aviso y le dijo que al presente no tenía navíos, y, además, por fuerza habría de ir el Moctezuma con nosotros para que lo vea nuestro emperador, lo que le puso muy más triste que antes; y respondió que él daría carpinteros para hacer los navíos, y que entretanto mandaría a los papas que no alborotasen la ciudad e que aplacasen con sacrificios a los dioses. Y con esta alborotada plática se despidió Cortés, y estábamos todos con gran congoja esperando cuándo había de comenzar la guerra”.  Entonces le tocó el turno al carpintero naval.
     -Eso es sorprendente, caro investigatore. Cortés mandó de inmediato a la Villa Rica al gran artesano Martín López con los indios que les dio Moctezuma para que hicieran tres navíos. ¿Era un simulacro, o la cosa iba en serio, como si Cortés, barajando todas las alternativas, quisiera tener una vía de escape asegurada? Conociendo su tenacidad, resulta extraño. Y Bernal mete baza en el asunto dudando de la interpretación del cronista adulador de Cortés: “Dice Gómara en su Historia que le mandó a Martín López que hiciese, como cosa de burla, apariencia de que labraba los navíos, para que lo creyese el Moctezuma. Remítome a lo que Martín López me dijo –que gracias a Dios aún vive-, y es que, de hecho, los labraba aprisa, e los dejó terminados en astillero”. Pero no sería de extrañar que la intención de Cortés fuera, también, rebajar la agresividad de los mexicanos haciéndoles creer que se disponía a huir para siempre. Veamos en su salsa el miedo de los españoles: “Andábamos todos en aquella ciudad muy pensativos temiendo que de una hora a otra nos habían de dar guerra. Y nuestros indios de Tlaxcala y doña Marina así lo decían al capitán, y Orteguilla (curioso personaje, difuminado en la sombra), el paje de Moctezuma, siempre estaba llorando, y todos nosotros muy a punto y guardando bien al Moctezuma”. Nuevo regate asociativo de Bernal, y va derechito a lo anecdótico: “Otra cosa digo, y no por jactarme dello: que quedé tan acostumbrado de me acostar con armas, vestido y sin cama, que dormía mejor que en colchones. Y agora, cuando voy a los pueblos de mi encomienda (pero como tú, vetusto secretario, en plan de jubiloso jubileta), no llevo cama, y si, por haber algunos caballeros presentes, la llevo para que no crean que no la tengo, me echo vestido en ella. Y otra cosa digo: no puedo dormir sino un rato cada noche, que me tengo de levantar y ver el cielo y estrellas, y me he de pasear un rato al sereno”. Buena ocasión para poner en orden sus notas, y elaborar poco a poco la larga y magnífica historia que habría contado mil y una noches ante un corro de oyentes absortos. Añade un comentario: “Y esto he dicho para que sepan de qué suerte andábamos los verdaderos conquistadores” ¿Piensan vuesas mersedes que ya no puede haber más complicaciones que las vistas y anunciadas? Craso error. Será premiado con una bula de absolución plenipotenciaria el primero que acierte la terrible amenaza que se cierne sobre todos aquellos atormentados, pero especialmente sobre Cortés.

     (Foto: Tenochtitlán en laguna. Era indudable que los escasos 400 españoles acabarían sacrificados si los miles de soldados mexicanos de Tenochtitlán, y de las poblaciones ribereñas del lago, se olvidaban del riesgo de Moctezuma en la prisión, y lanzaban un ataque en tromba. Todo indicaba que lo iban a hacer, y Bernal, lógicamente, temblequeaba ante la seguridad del horror. El caso es que, de momento, siguió la calma, quizá porque parecía que los españoles se disponían a huir. Ese respiro le permitiría a Cortés enfrentarse a otro problema de gran envergadura que le costó tiempo, sangre, sudor y lágrimas resolverlo; y todo para que después surgiera uno más, pero ya de dimensiones verdaderamente trágicas).


sábado, 25 de junio de 2016

(Día 307) En el reparto del tesoro, salió a relucir EL ASPECTO MÁS ABUSIVO Y MANIPULADOR DE CORTÉS, aunque sus soldados, que lo soportaban, no se dejaban engañar. CORTÉS castiga a uno de sus capitanes por hurtar joyas y abusa de la buena voluntad de MOCTEZUMA para obtener más oro.

(59) –Cortés era un líder excepcional, querido escribano público, y su gente ‘disimulaba’ ciertas cosas, pero el abuso es corrosivo.
     -Asistamos con Bernal, querido maestro, al sucio reparto: “Primero se sacó el real quinto, y luego Cortés dijo que le sacasen a él otro quinto, pues se lo prometimos (una espina clavada en la manipulada tropa: nadie en Indias se atrevió a tanto); luego dijo que se sacase del montón oro porque había hecho un gasto para la armada en Cuba, y, demás desto, para Diego Velázquez por los navíos que habíamos dado al través; y para los procuradores que fueron a Castilla, e también para los 70 vecinos de la villa Rica; para el caballo que se le murió y para la yegua de Juan Sedeño; e luego, para el fraile y el clérigo y los capitanes y los que traían caballos y escopeteros e ballesteros, dobladas partes, e otras socaliñas (artimañas). De manera que quedaba muy poco por repartir, y, por ser tan poco, muchos soldados no lo quisieron recibir; y con todo se quedaba Cortés, pues en aquel tiempo no podíamos hacer otra cosa sino callar”. ¿Qué te parece, daddy? Era un tipo peligroso.
     -Pero ya sabes, jovenzuelo, que el egoísmo, de rebote, puede ser beneficioso para los demás: la vaca tiene que rumiar para dar leche. Cortés jugaba con el abuso hasta el borde de la rebelión, y casi nunca se despeñaba, aunque iba sembrando peligrosos vientos. Y remendaba algunos cabreos: “Secretamente daba a unos y a otros como si fuera merced suya, para contentarlos, y, con las buenas palabras que les decía, lo aguantaban. Había un tal Cárdenas, que era piloto, y el pobre tenía en su tierra mujer e hijos, y como, al repartir el oro, vio que no le daban sino 100 pesos (400 gramos), cayó malo de tristeza; y decía: ‘¿y no he de estar malo viendo que Cortés como rey se lleva el quinto haciéndonos firmar con los embustes que tuvo, y que sacó seis mil pesos para su padre, Martín Cortés, estando yo y otros pobres de noche y de día batallando?’. Cortés supo estas palabras, y, como le decían que había muchos soldados descontentos por el reparto y por lo que había hurtado del montón, nos hizo un parlamento con palabras muy melifluas diciendo que no quería el quinto y que el oro que había llegado era un poco de aire, que mirásemos las grandes ciudades que hay y que todos seríamos señores dellas y muy ricos. Y dijo otras cosas muy bien dichas, que las sabía bien proponer”. Qué liante. Pero había, además, otras raposas escondiendo oro. Sentencia Bernal: “Como los hombres comúnmente deseamos el oro, y mientras más se tiene más se quiere, aconteció que faltaban muchas piezas de los montones de oro. Juan Velázquez de León, que era muy privado de Cortés, se mandaba labrar grandes cadenas de oro y vajillas para su servicio, y, como Gonzalo Mexía, el tesorero, le decía que se las diese para quintar para Su Majestad por ser oro del de Moctezuma, le contestó que no le daría ninguna cosa, porque Cortés se lo había dado antes de que se fundiese en barras. Y de palabras en palabras, se desmandaron, echaron mano a las espadas y salieron heridos, por lo que Cortés los puso presos, soltando enseguida al tesorero. Y esto lo hacía para que viésemos que hacía justicia con Juan Velázquez aun siendo los dos uña y carne”. Moctezuma se enteró por el paje Orteguilla de que estaba preso y le preguntó a Cortés por qué había encerrado a su amigo, y el mentiroso patológico elaboró un truco para conseguir algo más de botín: “Le dijo medio riendo que lo tenía preso para que no matase a algún cacique, porque estaba medio loco y quería ir por los pueblos para conseguir más oro. Y Moctezuma le respondió que le pedía por merced que le soltase, y que él enviaría a buscar más oro y le daría de lo suyo. Y Cortés hacía como que le disgustaba soltarlo, y al fin dijo que lo haría por complacerle a Moctezuma. He traído esto a la memoria para que vean que Cortés, so color de hacer justicia para que todos le temiésemos, usaba de grandes mañas”.

     (Foto: El gran Chaplin en “La quimera del oro”. El amor puede ser tan ilusorio como el dorado metal, pero, al mismo tiempo, de gran nobleza. Lo que verdaderamente ansiaba el desarrapado Charlot era el corazón de una amada imposible, que le dio una cita cruelmente fingida. De tanto esperarla, se duerme, y nos deleita con su sueño: el tierno y gracioso baile de los panecillos dedicado a la ingrata. Ella se lo perdió).


viernes, 24 de junio de 2016

(Día 306) EL ANSIA DE ORO SE PONE EN MARCHA. Los hombres de CORTÉS van a buscarlo por territorio mexicano. Consiguen que MOCTEZUMA les ceda tributos que recoge, y hasta les da el tesoro tapiado, sabiendo que los españoles ya lo habían descubierto. Se funde la mayor parte de las piezas y el reparto no se hace con justicia.

(58) – La codicia, hijo mío: volaron hacia la carroña como buitres.
     -Tenían ansia de oro, santo padre, y llegó el momento de buscarlo. “Cortés le preguntó a Moctezuma que a qué parte estaban las minas y en qué ríos. Y le dijo que de donde más oro le traían era de Zacatula; luego le señaló en un paño, pintados muy al natural, los ríos donde lo había,  desde Pánuco hasta Tabasco. Le dio las gracias, y luego despachó al piloto Gonzalo de Umbría con otros soldados mineros a lo de Zacatula. Aqueste Umbría era al que Cortés mandó cortarle los pies cuando ahorcó a otros dos porque se alzaron con un navío. E cuando volvió, supimos que vino con mucho oro y bien aprovechado, que a este efecto le envió Cortés, para hacerle su amigo después de lo pasado”. Astuto cual vulpeja.
     - Todo lo remendaba, compañero. “E por la banda norte mandó a las minas a un capitán pariente suyo que se decía Pizarro, mancebo de unos 25 años. En aquel tiempo no se conocía el Perú, ni se sabía de  Pizarros en esta tierra. Y también Diego de Ordaz quiso ir a las tierras de minas; aunque Cortés lo rehusaba porque era hombre de buenos consejos y lo quería tener en su compañía, le dio licencia por no descomplacerle”. El comentario prueba que Cortés valoraba mucho el asesoramiento. Fueron salidas que también sirvieron para extender su control sobre el territorio, con variadas acogidas, en general favorables si los indios odiaban a los mexicanos, como fue el caso de “unos que habían tenido una batalla con ellos y por aquella causa llamaban al lugar donde ocurrió Cuylonemiquis, que en su lengua quiere decir ‘donde se mataron los putos (maricas) mexicanos”. Luego Cortés dio un paso más en el ‘ordeño’: “Le dijo al gran Moctezuma que mandase a los caciques de toda las tierras que tributasen a Su Majestad, pues sabía que tenían siempre oro. Y de presto despachó principales adonde había minas para traer el oro que le solían mandar. Y le dijo: ‘Lo que yo tengo aparejado para el emperador es todo el tesoro de mi padre, que está en vuestros aposentos y bien sé que lo abristeis y lo habéis vuelto a cerrar, e más cosas os daré’. Al oírlo, quedamos asombrados de la su bondad y liberalidad, y con gran acato nos quitamos todos las gorras y le dijimos que se lo teníamos en merced. E luego vinieron los mayordomos de Moctezuma para entregar ese tesoro que estaba escondido”.
     Así que se apropiaron del tesoro, dedicando tres días a un orgasmo de codicia, “y digo que era tanto lo que había que se hicieron tres montones de oro, más mucha plata y otras riquezas. Y se comenzó a fundir, y se hicieron dello barras muy anchas, salvo las joyas ricas que nos pareció que no eran para deshacer (seguro que la selección fue un desastre). Luego se marcó todo el oro delante de los oficiales reales, y sin contar la plata, pesaba más de 600.000 pesos (2.400 kg); algunos soldados decían que había más. Ya solo faltaba sacar el quinto real y dar a cada uno su parte, e a los que estaban en la Villa Rica también las suyas, pero Cortés no quería repartir tan presto hasta que hubiere más oro; y la mayoría de los soldados y capitanes dijimos que se repartiese sin tener que esperar, pues habíamos visto que, cuando se fundía el oro, había en los montones mucho más oro y ahora faltaba la tercia parte dello, porque lo tomaban y escondían así por parte de Cortés, como de los capitanes e del fraile de la Merced, e se iba menoscabando. E después de muchas pláticas, se acordó que al otro día se habían de dar las partes. E diré cómo se repartieron, y todo lo más se quedó con ello el capitán Cortés e otras personas”. El bueno de Bernal admiraba sin límites a su gran capitán, pero no era ciego, ni tonto, ni cobarde. Nos mostrará al Cortés más egoísta.

     (Foto: “¡Money, Money, Money…!”. Liza Minnelli y Joel Grey cantaron como nadie en “Cabaret” el ansia pornográfica de dinero en los felices y locos años del charlestón, mientras se iba fraguando silenciosamente el horror de la segunda guerra mundial. Habrá que concederle al tramposo Cortés una atenuante -pero no eximente-, porque quería el oro para una meta más noble, aunque de pura ambición: la gloria).


jueves, 23 de junio de 2016

(Día 305) EL CACIQUE CACAMATZIN organiza una rebelión contra los ESPAÑOLES. El propio MOCTEZUMA colabora para impedirlo; manda apresarlo a él y a otros caciques cómplices, entregándoselos a CORTÉS, que nombra como cacique sustituto de CACAMATZIN a un sobrino suyo. DRAMA HISTÓRICO: el gran MOCTEZUMA se ve obligado a rendir vasallaje a la CORONA ESPAÑOLA.

(57) – Es tan triste, fiel compañero, como la película “El último emperador”.
     -Veramente, caro patriarca: Moctezuma parecía un muñeco articulado en manos de los españoles, lo mismo que le ocurrió al heredero de la milenaria dinastía china con los japoneses. Los mexicanos se habían quedado sin cabeza, y los caciques hacían intentos desesperados para romper la tela de araña, entorpecidos por sus propios conflictos internos y las ambiciones de poder de los más aristocráticos. Por encima de los cuales, destacaba uno: Cacamatzín, señor de Texcoco y sobrino de Moctezuma. “Y cuando este supo que andaba convocando a todos los caciques para darnos guerra y soltarle a él, como el Moctezuma era cuerdo y no quería ver la ciudad puesta en armas, se lo dijo a Cortés, que ya lo sabía, mas no por tan entero; y nuestro capitán envió a decir a Cacamatzín que se quitase de revolver guerra, y que le quería tener por amigo. Y le contestó que no quería oír más esas palabras de halagos con las que prendió a su tío”. Haciendo buenas las teorías de Maquiavelo sobre el eterno mecanismo manipulador que hace andar la política, Cacamatzín elaboraba soflamas astutas, y se dirigió a un corro de caciques diciendo verdades como puños mezcladas con hipotéticas recompensas, igualito, igualito que el mismísimo Cortés: “Comenzó a bravear diciendo que nos mataría en cuatro días, e que su tío era una gallina; y les prometió que si se quedaba con el señorío de México, les habría de hacer grandes señores, les dio muchas joyas de oro y les dijo que tenía ya de su parte a sus primos, los señores de Coyoacán, Iztapalapa y Tacuba. Y cuando el gran Moctezuma se enteró, recibió mucho enojo y llamó a seis de sus capitanes para que fueran a prenderle al Cacamatzín y a los que eran de su consejo, y así lo hicieron, trayéndoles a México. Luego Cortés fue al aposento de Moctezuma y le agradeció tamaña merced, y se dio orden de que se alzase por rey de Texcoco a un mancebo que estaba con Moctezuma, que también era su sobrino, hermano de Cacamatzín, que estaba allí por temor de que este le matase, y los principales le alzaron por rey de aquella gran ciudad, y luego se llamó don Carlos (bautizo mediante). Y Cortés atrajo a Moctezuma para que prendiese a los demás reyezuelos y parientes suyos que estaban en la conjura, y en ocho días estuvieron presos. Miren los curiosos lectores cómo andaban nuestras vidas, tratándose de matarnos cada día y comer nuestras carnes”. Sigue, reve, que hoy he estado muy ‘chupón’.
     - Desactivado el intento de rebelión de Cacamatzin y sus ‘palmeros’ (para variar, sin ser ejecutados), Cortés disfrutó de haber resuelto el enésimo problema volviendo a la vida tranquila y al compadreo amistoso con Moctezuma, al que visitaba respetuosamente a diario y le hacía las veladas agradables. Pero una araña no puede dejar de urdir su tela. De hecho, aunque lo tenía completamente a su merced, había que formalizar protocolariamente su vasallaje y el de su propio pueblo. Y se lo exigió, “porque así se tiene por costumbre, que es necesario dar la obediencia antes que los tributos; y el Moctezuma juntó a los más de los caciques, sin estar Cortés delante, salvo el paje Orteguilla”. Les expuso un revoltijo de argumentos a la española y a la mexicana. Lo que cuenta después Bernal es un drama histórico: “E desque oyeron este razonamiento todos dijeron que harían lo que mandase, con lágrimas y suspiros, y el Moctezuma mucho más. Y luego mandó a decir que al otro día darían la obediencia y vasallaje a Su Majestad. E desta manera, delante de Cortés, de  nuestros capitanes y muchos soldados, y Pero Hernández, secretario de Cortés, Moctezuma y sus caciques dieron la obediencia a Su Majestad, con mucha tristeza que mostraron, y el Moctezuma no pudo sostener las lágrimas. E  queríamoslo tanto e de buenas entrañas, que a nosotros, de verle llorar, se nos enternecieron los ojos. Y soldado hubo que lloraba tanto como Moctezuma, por el amor que le teníamos”. Duro e implacable como la vida misma. Amén.

     (Imágenes de la película “El último emperador”. Foto 1ª: Los cortesanos y los guerreros chinos arrodillados ante su endiosado emperador en la Ciudad Prohibida. Foto 2ª: El divino jerarca convertido por los japoneses en un príncipe de opereta a su servicio).



miércoles, 22 de junio de 2016

(Día 304) CORTÉS exigió a sus hombres el máximo respeto a MOCTEZUMA, y mandó azotar a uno que no se lo guarda. Se preparan dos bergantines para navegar por el lago. MOCTEZUMA disfruta de ellos, pero siguen los sacrificios humanos y todo parece indicar que se está fraguando una rebelión.

(56) –Me gusta ver, querido colega, que Cortés exigía el máximo respeto a Moctezuma. Hubo otro bocazas que se pasó.
     -Y recibió su merecido, entrañable abad: “Acaeció que un soldado que se llamaba Pero López, gran ballestero, tuvo palabras con su cuadrillero (cabo) sobre si le tocaba o no tomar la guardia de Moctezuma, y dijo: ‘¡Oh, pese a tal con ese perro!, que por velarle a la continua estoy muy malo, a me morir del estómago’. Y Moctezuma lo supo, y le pesó en el alma; y cuando lo conoció Cortés, tomó tanto enojo que, al Pero López, aun siendo muy buen soldado, lo mandó azotar. Algunas personas me han preguntado (sin duda cuando Bernal contaba estas cosas) por qué lo hizo no siendo la falta muy grave, si el soldado era bueno, nosotros tan pocos, y sabiendo que los indios tendrían noticia dello. A esto digo que  entonces todos, y aun Cortés, cuando pasábamos delante del gran Moctezuma le hacíamos reverencia con los bonetes quitados, y él era tan bueno y tan bien mirado que a todos nos hacía mucha honra, y él se la merecía, no solo por ser rey desta Nueva España, sino también por su condición y su persona. Y demás de todo esto, ¿en qué estaban nuestras vidas sino solamente en que mandara a sus vasallos que le sacasen de la prisión y nos dieran luego guerra?”. Y Cortés no paraba: le llegó  el material que había pedido a los de la Villa Rica para unos hacer unos ‘juguetes’.
     -Razón tienes, prestigioso funcionario. Seguro que se llevaba el mérito de ideas ajenas, pero nadie como él para ponerlas en práctica: construyó dos pequeños bergantines “para holgar por la laguna”, pero visto lo que luego pasó, se diría que no era sino un ensayo para la estrategia que llevó a la conquista definitiva de México cuando volvieron al ataque después de ser expulsados de la ciudad. Contó para ello con un personaje extraordinario pero de borroso recuerdo: Martín López, habilísimo carpintero naval y valiente soldado. Con la ayuda de los indios, todo fue muy rápido, “y los bergantines salieron tan buenos y veleros como si se hubiera tardado un mes en tomar los gálibos (plantillas), porque el Martín López era muy extremado maestro, y este fue el que hizo los trece bergantines para ayudar a ganar México, como adelante diré, y fue un buen soldado para la guerra”. En cuanto supo Moctezuma que se habían botado ya los bergantines, se ilusionó con la idea de ir en ellos a un terreno de caza, y Cortés se lo permitió, por supuesto, bajo la custodia de los soldados. Lo pasó en grande, pero había turbulencias políticas subterráneas. Veamos el proceso. Moctezuma tenía ‘mono’ religioso, “y le dijo a Cortés que quería ir a sus templos para cumplir sus devociones; y le dio licencia diciéndole que mirase que no hiciese cosa con que perdiese la vida, porque a tal efecto mandaría con él a sus capitanes. Y yendo como íbamos al maldito templo de Huichilobos, al llegar a las gradas de lo alto estaban muchos papas aguardándole, e ya le tenían sacrificados de la noche anterior cuatro indios. Y por más que nuestro capitán se lo decía y el padre de la Merced se lo retraía, no aprovechaba cosa ninguna, sino que contestó que había de matar hombres para hacer su sacrificio. Y no podíamos en aquella sazón hacer otra cosa sino disimular con él, porque la adversa fortuna vuelve de cuando en cuando la rueda, y estaban muy revueltos México y otras grandes ciudades con los sobrinos de Moctezuma, que habían convocado a otros muchos caciques y a toda la tierra para darnos guerra, soltar a Moctezuma y alzarse algunos dellos por reyes de México”. La amenaza del desastre era una pesadilla constante.

     (Foto: Verosímil representación de la hechura de los dos bergantines que Cortés mandó construir. Se muestra uno en plena acción de guerra, pero eso ocurriría más de un  año después; de momento el que lo estrenó, y lo disfrutó como un niño, fue Moctezuma, que jamás había visto cosa igual; quizá se olvidó por un instante de que los españoles no estaban precisamente para juegos).


martes, 21 de junio de 2016

(Día 303) PARADÓJICA SITUACIÓN. En medio del drama, el humor. Cuidaban bien del resignado MOCTEZUMA; le gustaban los juegos de mesa con los españoles, y hasta bromeaba con ellos. Un soldado de guardia hace una grosería que molesta a MOCTEZUMA. Al enamoradizo BERNAL, le concede MOCTEZUMA una bella india.

(55) -¡Qué extraño comportamiento, secre, tenía Moctezuma!
     -Era un preso de superlujo, reve, y los españoles le trataban con el máximo respeto, sin ninguna mezquina vejación; hasta velaban por su estado de ánimo. Cuenta Bernal que “Cortés, que en todo era muy diligente, y por temor de que no se acongojase por estar preso, iba cada día a visitarle con sus capitanes, y le preguntaban con mucho acato qué tal estaba; y él respondía que se holgaba de estar preso porque nuestros dioses nos daban poder para eso, o su Huichilobos lo permitía”. Singular fatalismo; a no ser que fuera un filósofo visionario. Y en medio del drama, había risas que todos compartían. Hacían juegos de mesa con él, “y el Pedro de Alvarado siempre se contaba un tanto más que Cortés. Y como lo vio el Moctezuma, decía con gracia e risa que no quería que contase el Tonatio –que así llamaban a Pedro de Alvarado- porque mentía mucho en lo que contaba. Y Cortés y todos nosotros no podíamos estar de risa por lo que dijo”. Sigue tú, reverendo, que tienes tacto.
     -El que tiene tacto es Bernal; pero ya veo, tramposillo, que me dejas la anécdota grosera. A ver cómo sale la cosa, porque lo dice con tantos miramientos que lo que ocurrió puede parecer aún peor. “Estaba de vela un soldado muy alto de cuerpo y de muy grandes fuerzas que se decía fulano de Trujillo, y cuando le tocaba de guardia de noche era tan mal mirado (educado) que, hablando aquí con acato de los señores oyentes, hacía cosas deshonestas (groseras), que lo oyó el Moctezuma, e túvolo a mala crianza y desacato, y preguntó a su paje, Orteguilla, quién era aquel malcriado e sucio, y le dijo que era hombre que solía andar en la mar y que no sabía de policía ni buena crianza; desque fue de día Moctezuma le mandó llamar y le dijo que no le faltara más  al miramiento de su persona y al acato debido, y le dio una joya de oro”. Pero el Trujillo era un  caso perdido y con el coeficiente mental a ras del suelo: “No se le dio nada (no le importó) lo que le dijo, y a la otro noche hizo lo mismo creyendo que le daría otra cosa (será tarado…)”. Total que, a petición de Moctezuma, el oficial de la guardia le echó la bronca al impresentable y lo cambiaron de sitio.

     Y ya que voy de vuelo, pequeño mío, seguiré con otra anécdota cuartelera nada engorrosa, sino todo lo contrario, romántica, vivida por Bernal en esa etapa de transitoria calma, al menos aparente. El feliz mancebo va a tener su bella Pocahontas. Desde que quitaron al guarro Trujillo de la guardia de Moctezuma, “todos los soldados hacíamos la vela con mucho silencio y crianza, aunque no era menester que nos mandaran este buen  comedimiento que con este gran cacique habíamos de tener. Nos conocía bien a todos y sabía nuestros nombres, y era tan bueno que a todos nos daba joyas, mantas e indias hermosas. Como en aquel tiempo yo era mancebo, y siempre que pasaba delante de él me quitaba el bonete con muy gran acato, y aun le había dicho el paje Orteguilla que vine dos veces a descubrir esta Nueva España antes que Cortés, le pedí que me hiciese merced de una india muy hermosa, y cuando lo supo, me mandó llamar y me dijo: ‘Bernal Díaz del Castillo, yo os mandaré dar hoy una buena moza. Tratadla muy bien porque es hija de hombre principal’; yo le respondí con mucho acato que le besaba las manos por tan gran merced, y que Dios Nuestro Señor le prosperase. Y supimos entonces que  muchas de las mujeres que tenía por amigas las casaba con sus capitanes o con personas principales, y aun dio algunas a nuestros capitanes; y la que me dio a mí era una de ellas, e bien parecida, que tuvo el nombre de doña Francisca (lo que dijimos, bautismo previo al amancebamiento: realpolitik)”. Añadamos que Bernal tuvo tres hijos naturales, a los que reconoció. Pasado el tiempo, se casó en Guatemala con Teresa Becerra, una viuda mucho más joven que él, que tenía una hija muy pequeña. Y fueron bendecidos por el Señor,  romántico plumífero, con nueve vástagos más.


lunes, 20 de junio de 2016

(Día 302) CORTÉS envió a VERACRUZ, al mando de la villa, a ALONSO DE GRADO, hombre irresponsable y poco fiable, al que, incomprensiblemente, le reía las gracias. Tuvo que hacerle volver, y, afortunadamente, mandó a VERACRUZ en su lugar al jovencísimo GONZALO DE SANDOVAL, el compañero más querido y admirado por BERNAL.

(54) –¿Has visto, jovenzuelo, que también Cortés se equivocaba al escoger a sus mandos? A veces a alguno le reía las gracias.
     -Es cosa, querido ectoplasma, que si no fuera por el detallismo de Bernal, pasaría desapercibida: “Amansado el gran Moctezuma, Cortés mandó como teniente a la Villa Rica a Alonso de Grado, soldado muy entendido, de buena plática y presencia, músico e gran escribano; aunque siempre fue su contrario, intentando que no fuésemos a México y nos volviésemos a la Villa Rica, y, además, no era buen hombre de guerra. Cuando le dio el cargo, como conocía su condición y Cortés era algo gracioso, le dijo (con sorna): ‘Id ahora con vuestros deseos cumplidos a la Villa Rica, pero no vayáis a ninguna batalla, como hizo Juan de Escalante, no sea que os maten’; y cuando se lo estaba diciendo nos guiñaba el ojo”.
     -El nombramiento, querido secre, fue un increíble patinazo de nuestro astuto héroe: “Y cuando Alonso de Grado llegó a la Villa, se mostró muy soberbio con los vecinos, y quería servirse dellos como gran señor. Gastaba el tiempo en bien comer y en jugar, y, lo que fue peor, secretamente convocaba a sus amigos para darle toda la tierra al gobernador Diego Velázquez si mandase de Cuba a alguno de sus capitanes. Cuando lo supo Cortés, tuvo enojo consigo mismo por haberle enviado conociendo sus malas entrañas e condición dañada”. Lo trajo preso a México, pero nuevamente mostró Cortés más que un punto de debilidad con este fantasmón que fue capaz de manipular al gran manipulador: “E como Alonso de Grado era muy plático, hizo  grandes ofrecimientos a Cortés de que le sería muy servidor y leal; le convenció y luego le soltó (por cosas menos graves alguno había sido ya severamente castigado), y en adelante vi que siempre privaba con Cortés, y aun con el tiempo le dio el cargo de contador. Por entonces Cortés mandó que le enviaran de la Villa Rica dos herreros, y que trajeran los aparejos de fuelles, herramientas y mucho hierro de los navíos que habíamos dado al través, así como las jarcias, la aguja de marear (brújula), y todo lo necesario para hacer dos bergantines para andar en la laguna de México”. Lo cual, señoras y señores, fue el origen de una luminosa idea que, andando el tiempo, sería clave para la conquista definitiva de México. Recordemos que Bernal tenía también un afecto especial por alguien: Gonzalo de Sandoval, jovenzuelo de 24 años que estaba subiendo como la espuma, por su valía y por el aprecio de Cortés; los dos eran de Medellín. Le confió Cortés a Sandoval el mando de la Villa Rica de Veracruz, yendo acompañado de Pedro de Ircio, “con el que tomó mucha amistad porque, como era de buena voluntad y nada malicioso, le complacía oírle lo que le contaba de cuando el Ircio había sido criado en la casa del conde de Ureña y de don Pedro Girón (dos peces gordos de la nobleza). Y, si en este tiempo de agora fuera, algunas palabras que no eran de decir y decía el Pedro de Ircio (quizá fuera erasmista), que se las reprendía harto Gonzalo de Sandoval, le castigaría por ellas el Santo Oficio (la Inquisición). En la Villa Rica, todos los vecinos querían mucho a Gonzalo de Sandoval, porque a los que estaban dolientes les proveía lo mejor que podía, y a los pueblos de paz los trataba con mucha justicia. Y hacía todas las cosas como corresponde a los grandes capitanes, y fue harto provechoso a Cortés y a todos nosotros, como se verá en su tiempo y sazón”. Adelantemos que, como el sol brilla para buenos y malos, y con la misma indiferencia se producen las desgracias, este mancebo, dechado de virtudes y querido por todos, terminó sus días a los treinta años, estando en España con Cortés, a quien acompañaba a la Corte. Pero tuvo una vida muy fecunda, como nos contará más adelante Bernal. En su pueblo natal, Medellín, donde tiene su paisano Cortés un merecido monumento, no queda más recuerdo  de Sandoval que una calle con su nombre. Pero fíjense en la foto.

     (Foto: Un bello relieve dedicado a Gonzalo de Sandoval en la ciudad mexicana de Colima -costa del Pacífico-, que él fundó después de pacificar, donde otros fracasaron, a unos indios especialmente rebeldes; se ve al gran cacique ofreciéndole un regalo y mostrándole su acato).


domingo, 19 de junio de 2016

(Día 301) OTRA OSADÍA DE CORTÉS: ejecuta en público a los capitanes aztecas que habían matado a españoles en VERACRUZ. Sorprendentemente, MOCTEZUMA evita una revuelta de su pueblo. La ejecución reforzó la alianza con los indios amigos de los españoles.

(53) –Apresar a Moctezuma, querido tertuliano, equivalía a  desactivar una bomba arrasadora cortando al azar un cable entre un manojo de conexiones. Pero era la menos mala de las opciones.
     -Pues Cortés, querido maestro, tomó al instante (era su estilo) otra decisión que calentó más, si tal cosa era posible, la caldera mexicana. Moctezuma, para complacer al controlador extremeño, había dado orden de que se trajera a México apresados a los capitanes que atacaron a los españoles en la zona de la Villa Rica, resultando muertos Juan de Escalante, seis soldados y muchos indios totonacos. Misión cumplida: se los entregaron a Cortés; “y tomada confesión, dijeron ser verdad los hechos, e que su señor les había mandado hacerlo; e Cortés le hizo saber a Moctezuma que le acusaban de aquella cosa, y él se disculpó cuanto pudo”. En uno de sus típicos razonamientos manipuladores, Hernán le dijo que no le creía a él, sino a los capitanes aztecas, “mas que le quiere tanto que antes pagaría él mismo la culpa que  vérsela pagar a Moctezuma. Y sin gastar más razones, Cortés sentenció a aquellos capitanes  a muerte e que fuesen quemados delante de los palacios de Moctezuma; e así se ejecutó luego la sentencia”. Los quemados en la plaza mayor fueron 16, ante un público silencioso y, sin duda,  espantado por la terrorífica actuación de los españoles. ¿Qué opinas?
     -Ya sabes, joven, que Cortés siempre actuaba calculando los resultados; no buscaba el gustazo de la venganza, sino fortalecer su posición. Quizá este terrible golpe bajo al orgullo mexicano tuvo mucho que ver con futuros pesares de los españoles, pero, de momento, no hubo problemas. ¿Y gracias a quién? Por increíble que parezca, gracias a Moctezuma. ¿Qué misteriosos planteamientos había en su cabeza? Caben muchas interpretaciones: pusilanimidad, sensatez, fatalismo, cálculo…, de todo, sin descartar la clara visión de que a su cultura le iba a llegar la última hora, si no entonces, poco después, pero irremediablemente. Veamos  el primer síntoma claro de que renunció a la lucha: “Moctezuma decía que le convenía estar preso, y que los parientes y principales que lo visitaban querían sacarle de la prisión y dar guerra a los españoles, y que si le liberaban le obligarían a ello; pero que él no quería revueltas en la ciudad, e que si él no hiciera su voluntad, quizá nombraran a otro señor, por lo que les quitaba esos pensamientos diciéndoles que su dios Huichilobos quería que estuviera preso”.
     (Con tu venia, secre, sigo). Bernal hace un resumen de los últimos sustos (hasta ahora), pero se siente muy orgulloso. Allá va su parrafada: “Digamos que cuando este castigo se supo, temieron en toda la Nueva España, y los pueblos de la zona en la que los mexicanos mataron a nuestros soldados volvieron a servir muy bien a los vecinos de la Villa Rica. E han de considerar los curiosos que esto leyeren los grandes hechos que hicimos: dar al través con los navíos; entrar  en tan fuerte ciudad, teniendo tantos avisos de que allí nos habían de matar; tener tanta osadía de prender en ella al gran Moctezuma dentro de la gran ciudad y en sus mismos palacios, con tantos guerreros de guarda; osar quemar a sus capitanes delante de sus palacios. Muchas veces, agora que soy viejo, me paro a considerar las cosas heroicas que hicimos, y digo que no las hacíamos nosotros, sino que venían encaminadas por Dios. Porque, ¿qué hombres ha habido en el mundo que osasen entrar, sin llegar a ser 400, en tan fuerte ciudad, que es mayor que Venecia, estando apartados de nuestra Castilla más de 1.500 leguas (unos 8.500 km), y prender a un tan gran señor y hacer justicia de sus capitanes? Porque hay mucho que ponderar en ello, y no así secamente como yo lo digo”. Y no olvidemos que habla conmocionado por la terrible aventura que acaban de vivir, sin mencionar las padecidas anteriormente, que fueron de gran heroicidad (Tabasco, Tlaxcala, Cholula…).

     (Foto: Lo que rodeaba al pequeño grupo de españoles era un ejército de decenas de miles de guerreros aztecas curtidos en las batallas más brutales. Bernal describe repetidamente las temibles espadas que usaban, llamadas ‘macáhuitl’; dice que eran “a dos manos (con doble filo), con pedernal (obsidiana) incrustado, y cortaban más que navajas”. Añádanse los escudos, las lanzas, los arcos de flechas y las pedradas con las hondas).


sábado, 18 de junio de 2016

(Día 300) Tras una noche de oración para mitigar su angustia, LOS ESPAÑOLES van a los aposentos de MOCTEZUMA, y, con el dramatismo de una tragedia griega, LO APRESAN. Lo tratan con respeto y le permiten actuar como un emperador títere. MOCTEZUMA adopta una postura fatalista.

(52) –En Quántix, trovador, nos inspiráis una profunda compasión.
     -Certo, dottore: somos juguetes del destino. A pesar de la demencial crueldad de la religión azteca, parte el alma ver que el todopoderoso  Moctezuma se va a convertir en una pobre mosca atrapada en la tela de araña. ¿Cómo pudo ocurrir, reverendo?
     -Vivamos la historia con Bernal, lloroncico: “Como teníamos acordado prender a Moctezuma, estuvimos toda la noche en oración. Al otro día, Cortés le hizo saber que iba a ir a su palacio, y contestó que fuésemos en buenahora. Y aunque entramos a su palacio con todas las armas, Moctezuma no lo tuvo por cosa nueva porque siempre nos presentábamos de esa manera. Y Cortés, después de hacer sus acatos acostumbrados, le dijo con nuestras lenguas (¡qué momentos vivió la increíble doña Marina!) que estaba maravillado de que tan valeroso príncipe y amigo hubiese mandado a sus capitanes que tomasen armas contra sus españoles de la Villa Rica”. Luego siguió razonando igualito que en las discusiones de pareja, diciéndole que había sido un ingrato, y él muy generoso, sacando a relucir muchas cosas que conocía perfectamente, como sus planes para matar a todos los españoles, pero que “las había disimulado por lo mucho que os quiero”. Y llegó el bombazo: “Conviene, pues, que, para todo se excusar, vengáis a nuestro aposento, que allí estaréis como en vuestra propia casa, haciéndolo sin alboroto, porque si dais voces, seréis muerto de estos mis capitanes’. Y cuando esto oyó Moctezuma estuvo muy espantado y sin sentido, y respondió que nunca mandó que se tomasen armas contra nosotros; y en lo de  ir preso, que no era persona la suya para que tal se le mandase”. Fue tan dramática la situación que Cortés, sin duda también conmocionado, se enredó en razonamientos con el trágico emperador azteca. “Y el capitán Juan Velázquez le dijo algo alterado: ‘¿Qué hace vuestra merced con tantas palabras? O le llevamos preso o démosle de estocadas, pues más vale que aseguremos nuestras vidas o las perdamos”.
     -Se me está haciendo un nudo en la garganta, daddy. “Y como el capitán Velázquez dijo aquello con voz alta y espantosa, que así era su hablar, y Moctezuma vio a nuestros capitanes como enojados, preguntó a doña Marina qué decían”. Te dejo el honor de seguir con nuestra querida indita, que, además, va a tener intervención propia.
     -El aterrorizado, y ultrajado, Moctezuma quería saber por qué los capitanes discutían con Cortés. “Y como doña Marina era muy entendida, le dijo: ‘Señor Moctezuma, lo que yo os aconsejo es que vayáis a su aposento sin ruido ninguno, que yo sé que os harán mucha honra, como gran señor que sois; y de otra manera, aquí quedaréis muerto’. Y entonces el Moctezuma le dijo a Cortés: ‘Señor Malinche; tengo un hijo y dos hijas legítimos: tomadlos como rehenes, y a mí no me hagáis esta afrenta, pues ¿qué dirán mis principales si me ven llevarme preso?”. Pero al final tuvo que ceder. En el aposento estuvo siempre libre de movimientos, y con visitas continuas de sus notables, que incluso le pedían que ordenara un ataque contra los españoles, pero nunca se lo permitió. Jamás le faltaron al respeto los soldados que lo guardaban (salvo un mentecato del que luego hablaremos), “y todos cuantos servicios y placeres que le podíamos hacer, se los hacíamos, y tenía sus servidores y mujeres; se hizo a estar preso sin mostrar pesar por ello, y le acompañaban grandes señores, consejeros y capitanes, viniendo con pleitos embajadores de lejanas tierras, y despachaba negocios de importancia”. Total que, de la noche a la mañana, lo convirtieron en un emperador títere.

     (Foto: Representa el trágico momento en que el siempre  anticipado Cortés, con unos cuantos soldados, le pilla por sorpresa a Moctezuma sin dejarle opción: o preso o muerto. En el grabado se muestra el asombro de Moctezuma y de sus asistentes principales, mientras la excepcional doña Marina le va traduciendo al náhuatl las palabras de Cortés. Apresarlo era la cosa más sencilla del mundo, pero también la más osada: un grupo de menos de  400 españoles se quedaba con su sagrado cautivo en el más profundo rincón del gran hormiguero del ejército azteca. ¿Y luego, qué?).


viernes, 17 de junio de 2016

(Día 299) LOS ESPAÑOLES TIENEN PLENA CONCIENCIA de que su vida pende de un hilo. No ven más que una desesperada solución: APRESAR A MOCTEZUMA. No acaban de atreverse, pero una masacre de españoles hecha por los aztecas en Veracruz, precipita los hechos: deciden apresarlo ese mismo día.

(51) –Eran unas vacaciones inquietantes, secre. ¿Qué pasaría?
     -Lógicamente, querido Sancho, los dos bandos se estaban jugando con cara de póker su propia existencia. Los españoles veían con claridad “la red y garlito donde estábamos metidos y la gran fortaleza de aquella ciudad; y que los corazones de los hombres son muy mudables, en especial en los indios, y que en todos los pueblos nos habían advertido que el Huichilobos le había aconsejado a Moctezuma que nos dejase entrar en su ciudad e que allí nos matarían”. Así que le propusieron una locura a Cortés.
     -¡Santo Dios, compañero! Había que elegir entre dos soluciones suicidas (salvo una tercera, inaceptable porque dejaría su gloria y su honor arrastrados por el fango: huir). “Le dijimos a Cortés que no tuviese confianza de la buena voluntad que Moctezuma nos muestra, y que luego sin más dilación le prendiésemos, si queríamos asegurar nuestras vidas, y que hacer otra cosa sería no tener sentido y estarse al dulzor del oro no viendo la muerte al ojo. Y desque  esto oyó Cortés, dijo que no tendríamos tanto poder para hacer aquel atrevimiento teniendo tan gran señor su gente de  guarda y de guerra. Nuestros capitanes le respondieron que lo mejor era prenderle que no aguardar que nos diese guerra”. Estuvieron varios días sin zanjar la cuestión, pero otro grave percance haría de catalizador. “Llegaron dos indios de Tlaxcala con unas cartas de la Villa Rica en las que se decía que el alguacil mayor, Juan de Escalante, y seis soldados habían sido muertos en una batalla que les dieron los mexicanos”. Bernal dice que fue el primer ‘desbarate’ que habían tenido en Nueva España, y que los indios, incluso los totonacos, ya no les veían como teúles. “Y desque oímos aquellas nuevas, sabe Dios cuánto pesar tuvimos todos. En fin de más razones, fue acordado que aquel mismo día, de una manera o de otra, se prendiese a Moctezuma o morir todos en el empeño”.
     -En un salto de los suyos, caro dottore, Bernal nos deja sobrecogidos pensando en la arriesgadísima decisión que acaban de tomar, y nos lleva de sopetón a la Villa Rica de Veracruz para que sepamos cómo ocurrió el trágico ‘desbarate’ de su guarnición; algo totalmente inesperado, porque ya estaba pacificada en su integridad la larga ruta que iba desde la costa hasta México. Pero los  mexicanos querían recuperar su poder. Cuéntalo, reverendo.
     -Es posible que Moctezuma estuviera haciendo un doble juego: en México taimadamente acogedor, pero en Cempoala presionando con sus recaudadores de tributos a los indios amigos de los españoles. Los acuciados nativos fueron a la Villa Rica buscando ayuda. Los españoles les llamaron la atención a los mexicanos, y respondieron desafiantes “que en el campo los hallarían; y el alguacil mayor, Juan de Escalante, que era hombre muy bastante y de sangre en el ojo (valiente), apercibió a todos los pueblos amigos y a sus propios soldados, que eran pocos, y fueron adonde estaban las guarniciones de los mexicanos, que los doblaban, y a la primera refriega los totonacos huyeron, dejando solos a los españoles; los mexicanos  hirieron malamente al Escalante y a otros seis compañeros, muriendo todos a los tres días en la Villa Rica. Y también se llevaron a un soldado vivo que se decía Argüello, natural de León y tenía la cabeza grande y la barba muy crespa y era muy robusto. Después de la batalla, se lo hicieron saber a Moctezuma y aun le llevaron la cabeza de Argüello. Y supimos que cuando se la mostraron, como era robusta e grande, tuvo pavor y temió de la ver, y mandó que no la ofreciesen en ningún cu de México, sino en otro pueblo”.

(Foto: Otra bella representación del encuentro de Cortés con Moctezuma, haciendo doña Marina de intérprete; hasta las pocas líneas de la cara del ‘conquistador’ reproducen acertadamente su único retrato considerado auténtico. Todo precioso y protocolario, pero faltaba poco para que la poderosa cultura azteca se viera atacada por un organismo extraño y virulento, el comienzo de una guerra implacable en la que los españoles van a tomar la temeraria decisión de apoderarse de Moctezuma en el mismísimo corazón de Tenoctitlán).


jueves, 16 de junio de 2016

(Día 298) VEN CON MOCTEZUMA EL HORROR del interior del templo. CORTÉS se lo critica a MOCTEZUMA, y provoca otra víctima. En su aposento, los españoles descubren, tras una pared, UN GRAN TESORO DE MOCTEZUMA.

(50) –Y va Cortés, querido biógrafo mío, y solicita ver el horror.
     -México no solo era bucólico y pintoresco, sabio ectoplasma. “Por medio de doña Marina, le dijo a Moctezuma: ‘Os pido por merced que nos mostréis vuestros dioses y teúles. Y Moctezuma después de hablarlo con sus papas, nos dijo que entráramos en una torrecilla donde estaba su dios de la guerra, Huichilobos, de rostro muy ancho e ojos disformes y espantables. Y estaban allí unos braseros con copal, que es su incienso, y tres corazones de indios que aquel día habían sacrificado y se quemaban; y todas las paredes y el suelo tan bañados y negros de sangre y de costras que hedía muy malamente, peor que los mataderos de Castilla”. Describe otros ídolos, igualmente con corazones de sacrificados, “y todo estaba lleno de sangre, y  no veíamos la hora de salirnos afuera y quitarnos de tan mal hedor y peor vista; y tenían un tambor grande en demasía, con un sonido tan triste que parecía instrumento de los infiernos”. (Llegará el día en que Bernal oirá “aquellos malditos tambores” mientras sacrificaban a sus compañeros). “Y Cortés, medio riendo, le dijo a Moctezuma: ‘No sé yo cómo un gran señor y sabio  varón como vuestra merced es no haya colegido que estos vuestros ídolos no son dioses, sino cosas malas que se llaman diablos. Y el Moctezuma respondió medio enojado: ‘Señor, Malinche, si tal deshonor como has dicho creyera que habrías de decir, no te mostrara mis dioses. Nosotros los tenemos por buenos, y nos dan salud y victorias, e tenémoslos que adorar e sacrificar”. Total que Cortés solo consiguió que hubiera otra víctima, porque Moctezuma dijo que “antes de marcharse tenía que rezar e hacer un sacrificio para reparar el gran pecado que había hecho al dejarnos ver a sus dioses y ser causa del deshonor que les hicimos”. Luego Bernal va dando datos de todo el entorno sagrado, con otros  adoratorios, a cuyos altares llama “sacrificaderos”, y uno de ellos “con  muchas ollas grandes donde cocinaban la carne de los tristes indios que sacrificaban, y se la comían los papas (que, curiosamente, llevaban las orejas rajadas). Y asimismo, detrás de  aquella maldita casa había tzompantlis de calaveras e zancarrones (como los que habían visto poco antes de llegar a México)”. Subrayaban (y dulcificaban) la religiosidad del recinto “otros grandes aposentos a manera de monasterio donde se recogían muchas hijas de mexicanos como monjas hasta que se casaban”. Tras la idílica excursión, dear daddy, ¿qué hicieron?
     -Como Cortés tuvo que desistir de colocar un altar y una cruz en las mismísimas entrañas del tenebroso Templo Mayor, decidió pedirle permiso a Moctezuma para hacer la instalación en los aposentos de los españoles. Mandó con el recado a doña Marina, a Aguilar y (atención) a su paje Orteguita, curiosísimo mancebo que aprendió pronto el náhuatl, fue muy apreciado por Moctezuma y presenció hechos históricos de gran calado. Obtenida la licencia, lo prepararon en dos días, “y allí se decía misa a diario hasta que se acabó el vino; pero seguimos rezando por costumbre de buenos cristianos, y para que los mexicanos lo viesen y se inclinasen a ello; y uno de nuestros carpinteros, Alonso Yáñez, vio en la pared señal de que había habido una puerta que estaba anulada, y sospechóse que detrás estaría el tesoro de Axayaca, el padre de Moctezuma, porque teníamos noticia dello. Y secretamente abrimos la puerta y vimos tal número de joyas de oro, piedras preciosas y otras riquezas, que quedamos perturbados. E acordamos que no se tocase cosa ninguna dellas, sino que la puerta se volviera a cerrar y encalar como estaba antes”. Increíble la suerte de los españoles y garrafal el descuido de Moctezuma.

     (Foto 1ª: Reproducción de la inmensa explanada de Tenoctitlán-México, en la que se encontraba el Templo Mayor con sus numerosas dependencias, entre ellas otros adoratorios; hermosísimo conjunto arquitectónico destinado a los ritos más crueles que han podido surgir de las necesidades religiosas del ser humano. Foto 2ª: Montaje fotográfico de gran eficacia para poder comprender el gigantesco volumen que tenía el Templo Mayor y su emplazamiento exacto. Sirva de comparación el enorme edificio de la catedral de México, con la grandísima plaza del Zócalo enfrente, que tiene a su izquierda la interminable fachada del Palacio Nacional. Ciertamente, algo faraónico).



miércoles, 15 de junio de 2016

(Día 297) HACEN (con asombro) “TURISMO” POR MÉXICO. Desde la cima del templo más alto, MOCTEZUMA les muestra el esplendor de TENOCHTITLÁN. Con verdadero arrobo, BERNAL recuerda lo que vio.

(49) –Naturalmente, my dear, había que hacer turismo: ¡México!
     -No podía ser de otra manera, caro dottore: tenían que saturarse con las maravillas de aquella ciudad de ensueño (e infernal). “Nos dijo Cortés que sería bueno ir a la plaza mayor y ver el gran adoratorio de Huichilobos (Huitzilopochtli, el dios principal, el de la guerra). Les acompañó Moctezuma, que se quedó allá haciendo sus oraciones, mientras los españoles, acompañados por varios caciques fueron a Tlatelolco, el lugar del gran  mercado. Bernal se impresionó “con la multitud de gente, así como con las mercaderías, e indios esclavos y esclavas que allí había para vender. Y todo estaba puesto con mucho concierto, de la manera que se hace en  mi tierra, que es Medina del Campo”. Conociendo desde niño el principal mercado de España, dedica dos páginas a describir la variedad de artículos que estaban expuestos, y no puede evitar hablarnos de algo chocante. “Hablando con acato, también diré que vendían muchas canoas llenas de yenda (estiércol) de hombres. Era su costumbre meterse en unos apartados si tenían ganas de purgar los vientres, para que no se perdiese aquella suciedad”.
     -Es curioso, querido socio,  cómo evita el rudo Bernal las expresiones groseras. Dice luego que, visto el mercado, volvieron al Templo Mayor: “Desde arriba, donde estaba Moctezuma haciendo sacrificios, nos envió seis papas y dos principales para que nos acompañaran a subir. En lo alto había una placeta con unas grandes piedras donde ponían a los tristes indios para sacrificar, e una gran estatua como de dragón, e mucha sangre derramada de aquel día. Y Moctecuma le tomó de la mano a Cortés y le dijo que mirase su gran ciudad y todas las otras que estaban en medio del agua, e otros muchos pueblos en tierra alrededor de la misma laguna. E ansí lo estuvimos mirando, porque aquel grande y maldito templo era tan alto que todo lo señoreaba muy bien. Y desde allí vimos las tres calzadas que entran en México, la de Iztapalapa, que fue por la que entramos cuatro días antes, la de Tacuba, por donde salimos huyendo cuando nos desbarataron, y la de Tepeyac. Y vimos el agua dulce que venía (en acueducto) desde Chapultepec, de que se proveía la ciudad. E la laguna estaba llena de canoas que iban y venían, y de casa a casa no se pasaba sino por unos puentes levadizos”. ¿Recuerdas lo que viste escrito en el Zócalo?
     -¿Cómo no, querido Sancho? En esa gran plaza han recogido palabras de Bernal.
     -Allí están en letras de bronce, y  te descubrieron hace 25 años, alma sensible, al cronista-soldado. Entre otras, han copiado estas, que sí han sido del gusto de los mexicanos: “Y después de bien mirado, tornamos a ver la gran plaza y la multitud de gente que en ella había comprando y vendiendo, que solamente el rumor y zumbido de las voces sonaba más que a una legua. Entre nosotros hubo soldados que habían estado en muchas partes del mundo, en Constantinopla, en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien compasada, y con tanto concierto, tan grande y llena de tanta gente, no la habían visto”. Luego Cortés, más papista que el papa, volvió a la carga hablándole a fray Bartolomé de Olmedo: “Paréceme, señor padre, que será bueno que demos un tiento a Moctezuma sobre que nos deje hacer aquí una iglesia”. Y nuevamente le hizo entrar en razón el frailuco diciéndole “que sería bien si aprovechase, mas que le parecía que no era cosa convenible hablar en tal tiempo, que no veía al Moctezuma de arte que tal cosa concediese”.

     (Foto: El pintor Diego Rivera, imaginativo maestro del dibujo y el color -y que no perdía ocasión de atizar a los españoles-, representa aquí el mercado de Tlatelolco, con una buena vista de Tenoctitlán-México en medio de la laguna. La figura central con abanico es la de un funcionario encargado del control del “tianguis” (todavía hoy llaman así a los mercados). Se diría que la mujer de blanco es una prostituta, y Rivera aporta el dato macabro de un guerrero que parece ofrecerle un brazo humano).