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–En Quántix, trovador, nos inspiráis una profunda compasión.
-Certo, dottore: somos juguetes del
destino. A pesar de la demencial crueldad de la religión azteca, parte el alma
ver que el todopoderoso Moctezuma se va
a convertir en una pobre mosca atrapada en la tela de araña. ¿Cómo pudo
ocurrir, reverendo?
-Vivamos la historia con Bernal,
lloroncico: “Como teníamos acordado prender a Moctezuma, estuvimos toda la
noche en oración. Al otro día, Cortés le hizo saber que iba a ir a su palacio,
y contestó que fuésemos en buenahora. Y aunque entramos a su palacio con todas
las armas, Moctezuma no lo tuvo por cosa nueva porque siempre nos presentábamos
de esa manera. Y Cortés, después de hacer sus acatos acostumbrados, le dijo con
nuestras lenguas (¡qué momentos vivió la
increíble doña Marina!) que estaba maravillado de que tan valeroso príncipe
y amigo hubiese mandado a sus capitanes que tomasen armas contra sus españoles
de la Villa Rica”. Luego siguió razonando igualito que en las discusiones de
pareja, diciéndole que había sido un ingrato, y él muy generoso, sacando a
relucir muchas cosas que conocía perfectamente, como sus planes para matar a
todos los españoles, pero que “las había disimulado por lo mucho que os
quiero”. Y llegó el bombazo: “Conviene, pues, que, para todo se excusar,
vengáis a nuestro aposento, que allí estaréis como en vuestra propia casa,
haciéndolo sin alboroto, porque si dais voces, seréis muerto de estos mis
capitanes’. Y cuando esto oyó Moctezuma estuvo muy espantado y sin sentido, y
respondió que nunca mandó que se tomasen armas contra nosotros; y en lo de ir preso, que no era persona la suya para que
tal se le mandase”. Fue tan dramática la situación que Cortés, sin duda también
conmocionado, se enredó en razonamientos con el trágico emperador azteca. “Y el
capitán Juan Velázquez le dijo algo alterado: ‘¿Qué hace vuestra merced con
tantas palabras? O le llevamos preso o démosle de estocadas, pues más vale que
aseguremos nuestras vidas o las perdamos”.
-Se me está haciendo un nudo en la
garganta, daddy. “Y como el capitán Velázquez dijo aquello con voz alta y
espantosa, que así era su hablar, y Moctezuma vio a nuestros capitanes como
enojados, preguntó a doña Marina qué decían”. Te dejo el honor de seguir con
nuestra querida indita, que, además, va a tener intervención propia.
-El aterrorizado, y ultrajado, Moctezuma
quería saber por qué los capitanes discutían con Cortés. “Y como doña Marina
era muy entendida, le dijo: ‘Señor Moctezuma, lo que yo os aconsejo es que
vayáis a su aposento sin ruido ninguno, que yo sé que os harán mucha honra,
como gran señor que sois; y de otra manera, aquí quedaréis muerto’. Y entonces
el Moctezuma le dijo a Cortés: ‘Señor Malinche; tengo un hijo y dos hijas
legítimos: tomadlos como rehenes, y a mí no me hagáis esta afrenta, pues ¿qué
dirán mis principales si me ven llevarme preso?”. Pero al final tuvo que ceder.
En el aposento estuvo siempre libre de movimientos, y con visitas continuas de
sus notables, que incluso le pedían que ordenara un ataque contra los
españoles, pero nunca se lo permitió. Jamás le faltaron al respeto los soldados
que lo guardaban (salvo un mentecato del
que luego hablaremos), “y todos cuantos servicios y placeres que le
podíamos hacer, se los hacíamos, y tenía sus servidores y mujeres; se hizo a
estar preso sin mostrar pesar por ello, y le acompañaban grandes señores,
consejeros y capitanes, viniendo con pleitos embajadores de lejanas tierras, y
despachaba negocios de importancia”. Total que, de la noche a la mañana, lo
convirtieron en un emperador títere.
(Foto: Representa el trágico momento en
que el siempre anticipado Cortés, con
unos cuantos soldados, le pilla por sorpresa a Moctezuma sin dejarle opción: o
preso o muerto. En el grabado se muestra el asombro de Moctezuma y de sus asistentes
principales, mientras la excepcional doña Marina le va traduciendo al náhuatl
las palabras de Cortés. Apresarlo era la cosa más sencilla del mundo, pero
también la más osada: un grupo de menos de
400 españoles se quedaba con su sagrado cautivo en el más profundo
rincón del gran hormiguero del ejército azteca. ¿Y luego, qué?).
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