domingo, 31 de enero de 2016

(161) -  Hello, baby. Veamos actuar a la Inquisición en Lima.
     - Welcome, daddy. Un dominico “iluninado”, fray Francisco de la Cruz, fue tan terco en sus fantasías que puso en un callejón sin salida a los in­quisidores, y, a pesar de ser un trastornado mental, terminó en la hoguera. Un chivatazo denunció que fray Pedro de Toro, el jesuita Luis López y fray Francisco de la Cruz habían visitado a una endemoniada, María Pizarro, a quien estaban exorcizando, y terminaron por creer que las apariciones que tenía eran santas, según las cuales fray Pedro y fray Francisco estaban predestinados para una gran misión. Entrelazado con los hechos, se ve un claro fondo de ca­rácter sexual. Al parecer, el jesuita “se aficionó a la endemoniada y ella a él”, la dejó embarazada, y abortó. María fue acusada también  de haber tenido trato carnal con el demonio; se arrepintió, enfermó durante las declaraciones, se confesó y murió. El jesuita Luis López quedó, de momento, absuelto, pero des­pués le denunciaron por “otros feísimos delitos”, y tuvo la impru­dencia de decir a los jueces que a fray Francisco le habían calificado de hereje, estando loco, y “que no quisiera él tener la conciencia del inquisi­dor Cerezuela”, consiguiendo con su osadía que le abrieran un nuevo proceso. Sacaron a colación sus pecados con María Pizarro, que, censurados por el pudor, los describieron en latín.
     - Mas vos nos faseréis mersed de mostrarnos en román paladino al acorralado jesuita dando las mesmas escurridisas, pero nada convinsentes, rasones que daba el presidente Clinton.
     - Pues allá va, querido mosén, la traducción: “Y como quisiera el reo tener otra vez cópula carnal con ella, que yacía desnuda en el lecho, y tuviera la polución entre sus piernas, y porque no suce­diera en el vaso natural, el reo dijo que no fue sino un conato de pecar, puesto que había sido fuera del vaso (pura poesía)”. Entre que dijo una tontería y que le tenía cabreado a Cerezuela, lo condenaron a dos años de reclusión en España, prohibiéndole confesar, y los cumplió en una casa de la Compañía situada en la villa de Trigueros. Lo de fray Francisco tuvo menos gracia. Creyendo sinceramente en las alucinaciones de María Pizarro, se entregó sin reserva a un demencial proyecto (que también espoleaba inconscientemente al pobre frailuco con impulsos sexuales llenos de sentimientos de culpa), sin que en sus reivindicaciones faltaran algunas verdades de grueso calibre político y social.  El fiscal presentó sus acusaciones: “Que dijo a ciertas personas, para poder mejor plantar su secta, que en esta ciudad de Lima había de nacer un niño que había de ser santo, gran siervo de Dios, y que había de ser fraile de Santo Domingo, y remedio del Perú, siendo el dicho fray Fran­cisco padre del niño; que quería alzarse contra el Rey en Perú, y que se iba ganando a muchos para tal fin”. En el in­terrogatorio empezó a decir “palabras nefandas deshonestísimas, que por no ofender a las pías orejas de los católicos cristianos, no las mandamos escribir”. Lo tomaron por un brote de locura y llamaron al médico del Santo Oficio, quien, pasados algunos días, dijo que ya estaba cuerdo. (Continuará).
    - En verdad os digo: cuánto mejor vivís ahora, hijos míos. Pax vobis.


     Una bonita vista nocturna de la Plaza de Armas de Lima, resaltando la catedral y esa hermosa fuente que colocó hacia 1650 otro buen virrey malogrado (porque no tuvo más que obstáculos), García Sarmiento de Sotomayor. Primero, en México, enfrentado al obispo Palafox, y después en Perú soportando una época de profunda crisis económica. Dejó gustoso el puesto, tras seis años de ejercerlo, pero le agradaba tanto el país que no quiso volver a España, y vivió allá felizmente otros cuatro, “hasta que le llegó la hora”.


sábado, 30 de enero de 2016

(160) - Boa noite, compañeiru: dejemos ya a don Francisco de Toledo jugando plácidamente a la petanca en el Reino de la Risa; pero tenemos que reparar otra injusticia contra su memoria.
     - Bem-vindu, queridu Sanchiñu. Con la Inquisición hemos topado. Muchos comentarios relacionados con su biografía machacan sobre el mismo tema: se le hace responsable directo de que el “Santo” Oficio se instalara en Lima, pero semejante asunto solo se podía poner en marcha por un acuerdo entre el rey y el papa. En Lima se inauguró esa eclesiástica “factoría” en 1571, siendo virrey Francisco, y fue la primera de Indias, pero no se olvide que el mismo año empezó a funcionar la de México. Por otra parte, bastante brutal era su actuación como para que, además,  se la haya convertido en símbolo de la crueldad española contra los indígenas. Quien lo sostenga, pincha en hueso: la Inquisición solamente podía juzgar a gente bautizada y el gobierno español no forzaba la conversión; otra cosa es que arremetiera contra los que se resistían violentamente a la ocupación territorial. Veamos una lista de castigados durante los primeros años por el delito de afirmaciones sospechosas de herejía: 70 españoles, 10 criollos, 1 mujer criolla, 2 mestizos, 1 mulato y 16 extranjeros (entre los que habría varios piratas capturados y acusados de luteranos). Eran bastantes los clérigos que se veían en apuros, algunos quizá claramente erasmistas, pero otros con ideas político-religiosas disparatadas, como nos vas a mostrar tú, ilustre doctor, que ya andabas por Sevilla con cierto tic excomulgador.
     - No me lo mientes, secre: teníamos la cabeza averiada. Siendo virrey Francisco de Toledo hubo dos autos de fe. En el primero, el año 1573, achicharraron a un luterano francés. El segundo se llevó a cabo el año 1578, tras un proceso que tuvo ribetes cómicos a pesar de su tragedia. Hubo varios implicados, entre ellos tu admirado Pedro Sarmiento de Gamboa (¡hijo de una bilbaína!, lehendakari jauna), por sus juveniles aficiones astrológicas y a los amuletos, pero el virrey le apreciaba demasiado para desperdiciar su valía por semejante bobada en las cárceles de la Inquisición, y consiguió embarcarlo en una famosa aventura por el Pacífico, la de Mendaña (de la que también hablaremos). El triste protagonista principal de ese macabro auto de fe era un frailuco dominico, fray Francisco de la Cruz, de impecable y brillante expediente, prior en Lima y rector de la universidad, incluso respetado por su fama de santidad, pero sus obsesiones bíblicas le secaron el cerebro como a don Quijote y terminó perdido en un mar de elucubraciones demenciales, en las que no faltaron componentes sexuales. Ya contaste algo, pero es una pena que se pierda lo que tienes transcrito. Habla, maestro.
     - Okay, daddy. Mañana empezaremos a resumir el proceso. Buen retorno a Quántix, tierno ectoplasma.


     Las plazas antiguas, el sitio público por excelencia, suelen estar empapadas de recuerdos históricos grandiosos y bochornosos. Ahí van unos cuantos limeños “diferentes”, ridiculizados con sus capirotes, hacia los estrados en los que les sentenciarán los “escogidos del Señor”. ¿Víctimas de la lnquisición? No te engañes, pequeñín: son víctimas de la sociedad de su tiempo. La escena ocurre en la Plaza de Armas de Lima, que apenas ha cambiado en lo sustancial. Qué buen artista construyó la fuente; tan bonita que sigue luciendo airosa en el mismo lugar.



viernes, 29 de enero de 2016

(159) - Saludos de parte de Cioran, pequeñín; no creía en nada pero le gustaba la música y el espectáculo de la vida. Nihilista casi puro.
     - Y, nazi arrepentido (su última ilusión), se jubiló de todo, menos del pensamiento, en plena juventud. Como tú y yo ahora,  reverendo, que contemplamos filosóficamente la irresponsable inestabilidad del país. Qué complicada es la vida política, llena de conflictos y quejas como las del atormentado virrey Francisco de Toledo. En la parte final de su carta sigue machacando en el mismo clavo: las tremendas dificultades de la misión que le confió el rey, que no queda muy clara en los detalles, pero sí en lo esencial. Se trataba de poner orden en Perú, aplicar nuevas normas y bajarles los humos a los díscolos, para lo que, primeramente, tuvo que ocuparse en España de formar una comisión de estudio. Se queja de que, después, el rey le dejó tirado, sin mandarle a Perú los resultados e incluso marginándolo de la correspondencia oficial. “No solamente no se me han  enviado las resoluciones de la dicha junta, sino que no he recibido  ninguna letra de V. M., ni respuesta de mis despachos tan detallados, por más que son muchas las naos que han venido con pliegos de V.M., teniendo yo que conocer vuestras disposiciones por medio de quienes deberían venir a saberlas del virrey y cabeza”. Insiste de nuevo en la dureza de su situación por las dificultades y peligros que encuentra para poner orden. Tiene todo en contra, nativos, españoles e incluso al clero, pero “me ha hecho Dios merced de alargarme el pecho para pasar por todo esto sin doblar el brazo. Ni me hace obstáculo lo que el virrey don Antonio de Mendoza ponía por delante (para darse mérito): que el estar en esta tierra es soledad de su sangre y casa, sin su regalo y comodidad para el alma y el cuerpo; aunque yo tenía más que otros de esto en esos reinos, y más tiernamente y con más razón quería a mis hermanos y sobrinos. Pero, viéndose el fracaso, no pueden dejar de tener peso todas estas cosas”. Prosiga vuestra merced.
     - Muy a mi sabor, mansebo. Apela al “cristiano ánimo de V. M., tan fuera de hacer violencia a nadie, y menos a los que con tanto celo y amor le han servido”. Quizá sea peloteo, pero Francisco conocía muy bien a Felipe II. Le insiste en la concesión de licencia de vuelta a España, y llora un poco más. “Y considere V. M. que he sabido de la pérdida de  mi hermano, de quien dependían todos los de la casa de mis padres, y por consiguiente la necesidad de mi persona por el amor que les tenía como buen deudo, por lo que me piden con mucha insistencia mi vuelta”. Nunca se viera tan noble caballero más harto de su dura y desagradecida misión. Pero aún tuvo que aguantar ocho años más (valía demasiado). Loor y gloria para él.
     - Y para todo el glorioso tríunvirato de solteros de las Indias: Quiroga-Quesada-Toledo.



     Tú y yo (especialmente yo) hemos visto de todo, vetusta reliquia; tenemos la cabeza progresista y el corazón conservador. Vamos a hacer una reflexión sentimental, pero cordial y “sin acritú” (quién te ha visto y quién te ve, Felipe-Isidoro) sobre nuestra enfrentada España. En el mapa se lee medio escondido el rótulo de Curitiba, donde la selección de fútbol española, compuesta de jugadores andaluces, catalanes, vascos, manchegos, castellanos… y hasta un brasileiro al que le estarían llamando traidor, se preparaba no hace mucho para la incruenta batalla deportiva. Seguro que no tenían ni idea de que, hace casi 5 siglos, otro revoltijo mayor, pero unido sin fisuras (¡ay, Cataluña!), pasó por ese lugar bajo el mando de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, descubrió las cataratas de Iguazú y llegó hasta Asunción, la capital paraguaya.

jueves, 28 de enero de 2016

(Día 158) - “Borrico, corre ligero; anda y no mires patrás; lo que importa es el camino que falta para llegar”. Fue buena letrilla para la posguerra.
     - Estás muy zarzuelero, reverendísimo abad. Me parece bien: siempre hacia delante. El ejemplar virrey de Perú don Francisco de Toledo, en su carta, seguía diciéndole al rey que, si le permitía volver a España, podría servirle mejor en los asuntos de Indias con el consejo de su experiencia, sobre todo por el rechazo y las trabas que había sufrido en Perú por parte de los españoles, y las quejas derivadas de los agravios y de los favoritismos de su antecesor  “que agora V. M. me manda quitar haciendo otro tribunal de quejosos a los que yo había tomado cuentas de sus descuidos, y me ponen delante los mismos espantajos de temores que fueron la causa de que él dejara el reino sin autoridad y con poca justicia. Y así suplico a V. M. que nunca sea servido de dejar hombre quejoso en el reino que un  ministro está gobernando. No es dura dificultad verse un caballero bien nacido, vasallo y criado de tal príncipe y rey como V. M., cercado de infieles, ni de gentiles idólatras, ni de traidores, ni de perder la vida en vuestro servicio contra ellos. Pero sí muy dura y dificultosa, habiendo sujetado los ánimos rebeldes y traidores de esta tierra y de los bárbaros de guerra y naturales, verse un hombre cercado de los letrados, y la muerte en  sus manos no creo que traiga honra ni servicio de V. Majestad. Y así la causaron a vuestro virrey Blasco Núñez de Vela entregándole a los traidores de Gonzalo Pizarro y sus secuaces para que lo martirizasen, como lo hicieron. Y entiendo que con otra peor guerra dieron la muerte a vuestro virrey el marqués de Cañete”. Tu turno.
     - Eres un “detalles”, pequeñín: me lo dejas porque este marqués era Andrés Hurtado de Mendoza, pariente de don Diego, el arzobispo sevillano que me nombró su provisor. Fue el marqués de Cañete un virrey que llegó a Perú en horas muy turbulentas. Muerto Gonzalo Pizarro, se sublevó el riquísimo Francisco Fernández Girón,  y acabó también sin cabeza, pero los españoles seguían muy divididos. Papeleta que Cañete logró controlar, aunque con métodos que dejaron al descubierto su carácter vanidoso, soberbio y cruel. Su hijo, García, con parecido estilo, se encargó de la gobernación de Chile y ejecutó al último caudillo araucano, Caupolicán, fundando Mendoza, la ciudad argentina. El virrey fue quien puso en marcha la expedición que, dirigida por Pedro de Ursúa, salió por el Amazonas en busca de El Dorado, llevando a bordo al “Anticristo”, Lope de Aguirre. El virrey Toledo, al decir que acabaron con Cañete de peor manera,  está dando a entender que lo que acortó su vida fue la guerra que le dieron los conflictos de la sociedad peruana, y especialmente los oidores de la audiencia. Amén.
     -  Mañana seguirá tertuliando con nosotros don Francisco. Bye, bye.



     El mapa nos viene bien  porque muestra  la huella de dos virreyes de Perú. García Hurtado de Mendoza fue enviado como gobernador a la zona de Chile por su padre, el virrey marqués de Cañete, y fundó en 1561 la ciudad de Mendoza, que arraigó bien y se ha convertido en la cuarta capital más importante de Argentina (pasa del millón de habitantes), moderna, culta y turística, con bellos paisajes andinos como se ve en la foto. Pero observen vuesas mersedes que en la parte superior del plano aparece la ciudad de Salta, el único lugar del mundo que le ha dedicado una estatua a su fundador, el  honrado y eficaz virrey de Perú don Francisco de Toledo.



miércoles, 27 de enero de 2016

(157) - Salut, mon sublime écrivain. Toca ver la impresionante carta del gran virrey Francisco de Toledo en la que se harta de decirle al rey que es necesario que acepte su dimisión. Es larga, pero no  estropees con excesivos recortes tu sudada transcripción.
     - Bonne nuit, mon protecteur. Allá va el sabroso texto. Francisco va soltando sus razones (no se pierda de vista que habla en tercera persona): “La primera haber querido S. M servirse de él tarde, de 55 años para arriba, tan cascado y achacoso de haber servido al emperador, que haya gloria, en todas las guerras de África y Berbería, Francia y Alemania, teniendo que sufrir después el trabajo de los mares y asperezas de este nuevo mundo. Lo segundo, porque le suplicó a V. M. instantemente que no le mandase servir en este reino más que tres o cuatro años, pues que él solo quería trabajo de reducirlo y asentarlo, y V. M. le dio su real palabra”. Añade que considera que ya ha hecho todo lo posible, y que “poco servicio más se podía hacer incluso teniendo el poder y favor de S. M. y sus ministros, y menos todavía teniéndolo tan en contrario  allá y acá, pues si algo tenía remedio, se habrá ya puesto con el trabajo que va tomando de visitar todo este reino”.
- Y, para remordimiento mío, fiel cronista, por mis debilidades de clérigo pecador, se muestra ejemplarmente religioso y desprendido. Dice: “Habiendo hecho este viaje con libertad de intereses, enderezando y sacrificando al servicio de Dios (ni siquiera menciona el del rey) el peligro de su persona y trabajos de ella, y no teniendo otras pretensiones de hijos ni mujer, parece que  no es justo contentarse con lo que les ha satisfecho a los demás, y no hallando el dicho don Francisco de Toledo (en el ejercicio de sus funciones) el útil que deseó (por sus mermadas facultades), entiende que con estrecha cuenta le pedirá Dios el haber ocupado este lugar sin el provecho que pide la utilidad del reino, así como cuán claramente le llaman Dios y la razón de los años para que vuelva a darle cuenta particular de sí en su rincón”.
     - Impresiona, querido ectoplasma, esa amargura y la religiosa conciencia de que su fin no está lejano. Pero levanta cabeza para defender su honor y le dice al rey: “Y asimismo porque, no embargante los obstáculos que se le han puesto para servir en este cargo y la poca fidelidad que se ha tenido acá a V. M., que bastara para quebrarle las alas del celo de sus deseos, nada impedirá que, antes de que vuelva respuesta de esta buena licencia de V.M., haya visitado (recorrido) este reino, mediante Dios, y hecho todo aquello que  le fuera posible, mostrando más ánimo, libertad y favor de V. Majestad, para servirle, del que se le ha dado”. À demain, mon cher.
     - Estamos en lo de siempre, tierno biógrafo mío: la ingratitud humana, especialmente de los poderosos, que tan acertadamente expresó el romance del Cid: “¡Dios qué buen vasallo, si oviese buen señor!”.  No te hagas el tonto, que tenemos que ir a Oropesa. Adieu.


     - Move the ass, old man: no te adocenes; tenemos que viajar. Oferta especial: nos vamos a Talavera de la Reina, de donde era tu tatarabuela María del Carmen, llegamos a Oropesa y nos alojamos en ese castillo parador que ves en la foto, antigua propiedad de los Álvarez de Toledo (se me estremece el olfato con el recuerdo de los aromas de la sopa de ajo castellana, el cordero asado y los vinos de la región); paradita en Jarandilla de Vera donde Francisco de Toledo asistió a Carlos V mientras se acababan las obras de Yuste, y luego nos presentamos en este histórico y paradisíaco monasterio. Y, oh Dios mío, remataremos la jugada pasando un día ¡en Trujllo! como dos jubilosos jubilados. ¿Qué tal, cuate?

     - Trato hecho: eres un magnífico organizador de viajes tentadores.


martes, 26 de enero de 2016

(156) - Buona notte, caro desfacedor de agravios: don Francisco de Toledo está emocionado y te manda un cariñoso y virreal abrazo.
     - Todo un honor, dolce Sancio; sigamos escuchando sus justas reivindicaciones por haber recibido peor trato que otros virreyes: “Dejo de referir la fuerza que he hecho a mi naturaleza, y el sufrimiento soportado por entender que era el mayor servicio de V. Majestad, a quien suplico que tome nota de las mercedes que se han hecho a los virreyes de esta tierra, con menos calidad, trabajo y cuidado que los míos. Lo que se hizo con el licenciado Vaca de Castro y su hijo, y las rentas que tienen en esos reinos y en estos. La honra y crecimiento que dio V. M. al licenciado de la Gasca (que tuvo el gran mérito de acabar con la rebelión de Gonzalo Pizarro). Lo que quedó en este reino y en ese al hijo de don Antonio de Mendoza (otro gran virrey, que lo había sido también de México). Lo que disfrutó de vuestra hacienda el marqués de Cañete para sí y para su hijo. Y cuánto más salario ha sido el del licenciado Castro, un letrado, que el mío para la representación de casa, gasto y autoridad que había de conservar  para mejor ejecutar todo lo que V. M. me mandó”. (Pide, con más razón que un santo, abonos suplementarios por los grandes viajes que ha realizado, como se hace con los oidores por sus visitas, siendo sus gastos mayores para poder representar dignamente la autoridad real). “Yo le digo a V. M., con fe y verdad, que he gastado en este reino todo el salario de que se me hizo merced y la ayuda que mi familia me dio, quedando muy endeudado. Y así, suplico a V. M. tenga memoria de lo que otros virreyes se han aprovechado y enviado a esos reinos, y que no es razonable estar en ellos con necesidad y tan poco aprovechamiento. Suplico a V. M. tenga por extraordinaria la verdad de esto y que no ha de salir la reparación de donde otros la suelen sacar importunándole menos a V. M., con mayor cargo de su conciencia y aun de la de V. Majestad, a la que pido que tenga en cuenta lo que consumo en su servicio sin tener el desaguadero de mujer e hijos, ni haber parado en mi casa una barra (de oro), ni haberla enviado a esos reinos a ninguna persona para mí, ni para ella, ni un tomín (céntimo) a privado ni ministro de V. M., ni cosa que lo valiese”. Tú sabías mucho de esas miserias, Sancho. ¿Qué opinas?
     - Pues que, si no fuera un ectoplasma, me moriría de vergüenza. Don Francisco de Toledo, hombre insigne y linajudo, se está humillando ante la ‘divina’ majestad de Felipe II para pedirle lo que es suyo, y no más. Pone por delante el orgullo de haber cumplido sus obligaciones hasta con exceso. Y le deja claro que no quiere obtenerlo como la mayoría, robando o sobornando a funcionarios.
     - Chapeau para el gran virrey. Devuélvele un abrazo propio de  mi humilde condición. Mañana más.



     Este cuadro del virrey don Francisco de Toledo se encuentra en Lima. El rótulo dice: “Co. de Toledo hijo segundo de la Casa de Oropesa entró en esta ciudad en 26 de noviembre de 1569 y volvióse a España en 23 de septiembre de 1581”. El ejemplar servidor del rey, trabajador infatigable y austero personaje hasta en su fúnebre atuendo, murió a los pocos meses, sin conocer el resultado del juicio de residencia que se aplicaba a todos los cesantes, y que, en su caso duró diez años: quedó libre de todo cargo y con su honra intacta. Pero se le sigue difamando.



lunes, 25 de enero de 2016

(155) - No seas tímido cual abrileña doncella: tienes que cambiar de plan.
     - Te conozco como si te hubiera parido, veterano ectoplasma, y te agradezco esa generosidad: quieres que dejemos para un lejano futuro el resto de la historia de tu familia, y que tertuliemos sobre lo divino y lo humano al hilo de los acontecimientos de Indias.
     - Es que, medroso cronista, sería una pena que se queden castigados sin recreo los muchos documentos que tienes transcritos. Resúmelos y sácalos a que les dé el aire para que los conozcan quienes esto leyeren, porque están llenos de vida y son muy sabrosos. E si (el Señor no lo permita) por nuestros pecados se durmieran  fasta las mesmas ovejas con ellos, fablaremos a solas tu e yo, felises de nuestra parla, fasta acabar con todo el rico licor de la bodega y el cargamento de tabaco que me regaló Cristóbal Colón. Amén.
     - Perfecto, querido Sancho: contigo, hasta el fin del mundo. Así que allá vamos, en picado desde el trampolín más alto. Se pondrá contento el virrey Francisco de Toledo porque empezaremos con dos cartas  suyas dirigidas al rey. En la primera se queja de ser pobremente compensado; en la segunda, pide que se le acepte la dimisión y expone las razones. Resumen del primer escrito: (Hace alusión a su historial al servicio de los reyes en España y dice que, en Perú ha puesto) “buen gobierno para poderse ejecutar como se debía el bien de los naturales; habiendo recuperado vuestro real patronazgo para tener con más seguro freno (contra abusos) a estos obreros (los indios), sacándolos de la posesión de los obispos y juntándolos todos en pueblos como último remedio de su bien. Y con verdad se podría decir que no estaba hecho casi nada de esto cuando entré en este reino. Habiendo acrecentado la real hacienda de V. M. con nuevos aranceles y hecho labrar tanta riqueza de minas. Haber sacado en luz de verdad la falsa opinión de ser tenidos los incas y caciques por señores naturales y como tales aprobados por V. M. Hacer cumplir  con escrúpulo a todos lo ordenado por V.M., con el peligro de quejas y aun  del crédito y de la vida, por entender que era vuestro mayor servicio”.
     - ¡Para, para ahí, socio! Esa es la clave de su injusto desprestigio. Francisco de Toledo fue “demasiado” honrado y competente: su misión era gobernar en beneficio del reino, poniéndolo todo, incluido su propio interés, en segundo plano. Probablemente se le fue la mano, pero actuó de manera consecuente y honesta. Llegó al Perú, le pareció un desmadre y les apretó las tuercas a todos, indios y españoles; pero a nadie le exigió más que a sí  mismo. Fue un alma gemela de su colaborador y “primo mío” Juan de Matienzo, cuya fama pagaría idéntico precio. Buenas noches, Prince of Maina.
     - Un placer cada veladita: buen viaje cósmico, King of Quántix.


     Oropesa, no lejos de Toledo y a un paso de Talavera de la Reina: ¡qué hermosa población! Parece mentira, querido trotamundos, que, después de haber viajado como un cíngaro errante por los rincones más apartados, no conozcas tan histórico y bello lugar. Tenemos que hacer un día una escapada y alojarnos a lo grande en ese magnífico palacio de los Álvarez de Toledo, convertido en lujoso parador, brindando de paso por el mejor virrey de Indias hasta acabar los ricos caldos de su bodega. El  mundo le ha dado la espalda, pero nosotros le haremos justicia: ¡Honor y gloria a don Francisco de Toledo!


domingo, 24 de enero de 2016

(154) - Sigue, sigue, divino maestro, tu diario caminar con la cruz a cuestas hacia el Olimpo. Con ese masoquismo  alcanzarás la gloria.
     - Buenas noches, príncipe de los guasones. Esto es puro placer, y además no puede haber mejor Cirineo que tú.  Nos espera el gran virrey Francisco de Toledo. Hombre tan recto tuvo que provocar rechazo en muchos frentes, algunos con gran poder, como el de los hacendados españoles acostumbrados a todo tipo de desorden que favoreciera sus intereses. No es de extrañar que simpatizara de inmediato con “tu primo” Juan de Matienzo, porque eran almas gemelas: inteligentes, honrados y firmes. Pero, como hombre fiel a su conciencia, cometió errores, incluso por falta de hipócritas habilidades maquiavélicas, con alto coste político que aprovechó la camarilla buitrera. Introdujo la Inquisición. Arremetió contra la sublevación del inca Tupac Amaru, y la cortó de raíz, apresándolo y ejecutándolo (en el siglo XX tomaron ese nombre como símbolo los activistas “tupamaros” uruguayos). Cuando Francisco volvió a España, esto le costó una bronca del rey Felipe, como ya le ocurrió a otro santo varón, fray Juan de Zumárraga, con Carlos V por un hecho similar en México. Y como un ilustre mestizo, hijo de conquistador español y de una india noble, el Inca Garcilaso de la Vega, fue un notable historiador y testigo de aquellos tiempos, se dejó llevar por su corazoncito herido, y pintó en sus libros una mala imagen del virrey. Añadamos que también se le acusa de haber recuperado “la mita”, programa de explotación de los indios en los trabajos mineros. Había, pues, materia para meterle caña en el palenque histórico. Pero da la sensación de que fue víctima de su pequeña leyenda negra, resultado de lógicos dolores nacionales (como los de Garcilaso y los propios indios), pero también de mezquinas maniobras de la negra envidia y de la corrupción en que se cocía la sociedad española de Perú. Casi un calco de lo que se ha hecho con su honorable, inteligente y creativo amigo: “tu primo” Juan  de Matienzo. No parece justo este maltrato a los mejores.
     - Vale, ya lo has vomitado. Visto el platillo de los pecados, veamos el de sus méritos, que lo que cuenta en el Juicio Final es cuál pesa más. Fíjate qué idea más consoladora: el contable san Pedro te deja entrar si tienes más en el haber que en el debe. Me enternece que “mi primo” se muriera poco antes de que, siguiendo su consejo y por orden del rey, se fundara Buenos Aires, y a los dos años don Francisco Álvarez de Toledo, el mejor de los virreyes, que tantas charlas tuvo con él, fundara otra población llamada Salta con el único objetivo de que sirviera de sitio de descanso y posta en la GRAN RUTA MATIENZO. To see more.
     - Más que políglotas, parecemos poliidiotas, dulce Sancho. Bye.



     Pobre don Francisco. Has seguido fisgando, justiciero investigador, y me traes esa foto de la placa que tiene en la casa solar de Oropesa que fue su cuna. Es bonita y cuenta parte de sus méritos, lógicamente ocultando sus errores. Confirma lo que ya vienes diciendo, y resulta llamativo que se subrayen sus leyes protectoras de los indios, ciertamente duraderas a lo largo de los siglos, pero que tuvieron una aplicación efectiva bastante limitada. El reconocimiento final al ejemplar virrey tiene ausencias clamorosas. Aparte el previsible testimonio expreso de las autoridades oficiales más próximas, solamente hay una representación del territorio del antiguo virreinato, y se trata otra vez de Salta, la pequeña población Argentina qe él fundó. Más vale caer en gracia que ser gracioso.


sábado, 23 de enero de 2016

(153) - Empecemos la tertulia con unas copita y algún puro, compañeiro.
- Pero no me arrastres al desenfreno, porque me falta tu aguante cósmico y se me va a desdibujar Francisco de Toledo, pecado imperdonable tratándose de personaje tan serio. Sigámosle la pista. En otra carambola de los famosos de Indias, atravesó la “Mar Océana”, casualmente en una expedición dirigida por nuestro tristemente conocido Diego Flores de Valdés, el impresentable que ninguneó al gran Pedro Sarmiento y tuvo tanta culpa en el desastre de la Armada Invencible. En cuanto Francisco puso pie en Cartagena de Indias, a miles de kilómetros de Lima, empezó allí mismo a ejercer de virrey porque la amplitud de su jurisdicción era enorme, y a todos se les hizo evidente que semejante meteoro no iba a parar su frenética actividad hasta que abandonara el cargo, avaro de su tiempo, aprovechando toda circunstancia para supervisar y organizar, batiendo todos los récords de funcionario peripatético, y alcanzando con su presencia, o la de sus delegados, hasta el último rincón del territorio. Partió de Cartagena dejándola mejorada en todos los aspectos. Siguió la obligada ruta hasta Panamá, y repitió la jugada. Le quitó protagonismo a la ciudad de Nombre de Dios y se lo dio a la de Portobelo, llamada así por Colón (y probablemente recordada en la famosa calle londinense). No se embarcó en la costa del Pacífico sin haber dejado antes toda Panamá libre de desorden, abusos y conflictos, logrando también consolidar las estructuras. ¿Qué opinas?
     - Que de tu boca sale la verdad, honrado cronista. En cuanto llegó a Lima, tuvo el buen sentido de escoger los mejores colaboradores y delegar en ellos importantes misiones, pero reservándose las más duras, porque se ocupó él mismo de una tarea tan gigantesca como necesaria: recorrer el inmenso virreinato para ver con sus propios ojos la realidad, “desfacer entuertos” y promover el desarrollo. Total: un paseíto de 8.000 kilómetros durante cinco años, vive Dios, bien aprovechados. No importaba que el rey apenas se enterara de tanta entrega: era un hombre de honor. Hablemos de sus colaboradores.
     - Déjame a mí a Pedro Sarmiento de Gamboa (¡bilbaíno por parte de madre!, no lo olvide, señor Lehendakari). Ya hablamos de él, pero saldrán más cosas. De momento basta con decir que el virrey enseguida vio su valía y le encargó que hiciera una historia de los incas, quizá con la principal intención de subrayar lo que de despótico tuvo aquel imperio.
     - Gracias, pequeñín, por darme el turno para recordar de pasada a otro colaborador que me llega al alma: Juan de Matienzo. Francisco de Toledo era un cazatalentos y lo descubrió al instante. Muerto ya “mi primo”, y establecida  Buenos Aires, el hiperactivo virrey mandó fundar la ciudad de Salta (hoy en Argentina) para poner en marcha la GRAN RUTA MATIENZO, ese trazado que abrevió tan espectacularmente la duración de los viajes a España desde Perú. Un brindis por ellos.
     - Y tres coronas de laurel para semejantes fenómenos. Seguiremos.



     ¡Porca miseria, coleguita! Por más que has buscado, no has visto ningún monumento verdaderamente digno del buen virrey don Francisco de Toledo. ¿Será posible que para los limeños sea un ectoplasma olvidado como yo? Consolémonos con el que le han puesto en Salta, la población que mandó fundar como etapa de descanso en la GRAN RUTA MATIENZO que se inventó “mi primo” Juan, en dirección   a Buenos Aires, para reducir al mínimo el viaje a España. Menos es nada, pero el virrey parece desquiciado en ese perdido lugar cercano a Bolivia, y rodeado de domingueros que lo confundirán con el Sagrado Corazón.


viernes, 22 de enero de 2016

(152) - Pax tibi, felix Félix. Cosa rara un político honrado y trabajador.
     - Et cum spiritu tuo, sanctus Sanctus. Y más raro aún en aquellos tiempos. Francisco de Toledo fue un virrey modélico en muchos aspectos: hiperactivo organizador, austero, emprendedor,  responsable y con ojo clínico para escoger a sus colaboradores.
     - Es que, entrañable plumífero, un producto como ese solo se obtiene con buena materia prima y una esmerada educación pegada a la realidad. Quizá te sirva de explicación a su soltería que, desde los veinte años, fue Caballero de Alcántara, orden de carácter doble, militar y religioso. In illo tempore, si un rey te salía tarado, se caía en una situación general de estado catastrófico. Pero dio la serendipity (horror, ya se me coló) de que Carlos V resultó un “etiqueta negra”, un soberano de la más alta calidad, y su hijo Felipe II casi a la par, aunque algo santurrón, pero por otra parte (lo que parecía ya imposible), más poderoso. Siendo casi un crío, con 15 años, Francisco de Toledo, entró al servicio personal de ese rey que llegó a nuestro país muy “flamenco”, pero terminó enamorado de España. Y lo atendió (en la suerte y la desgracia, en la salud y la enfermedad) hasta que la muerte los separó: eso sí, guardando las distancias. Alojó al ilustre bocón real, ya casi moribundo, en la casa del conde de Oropesa camino del monasterio de Yuste, su última morada. Luego pasó a ser mayordomo de Felipe II. Tu turno, baby.
     - Thanks, daddy. Francisco tuvo el mejor y más largo máster posible, y su espíritu despierto e hiperactivo lo aprovechó al máximo: summa cum laude. No remedó a Felipe, sino a Carlos, y cuajó como un destacado hombre intelectual y de acción (ya dijimos que tenía cosas en común con  Jiménez de Quesada, el glorioso fundador de Bolgotá). Casi  no se perdió ninguno de los “saraos” europeos que el hijo de Juana la Loca (perdón, Primera de Castilla), hombre amigo de la paz y la concordia, se vio obligado a bailar: brillantemente victorioso contra los temibles y poderosos turcos en Túnez, a la greña con el tramposo Francisco I en Italia y Francia, llegando a apresarlo, abatido por el infortunio en Argel (también allí estuvo presente, pero ninguneado, el incomparable Cortés), y metido en sinsabores varios en su propia tierra, Flandes. Hasta que, acosado por la gota, el cansancio y la asfixia del humo de cien batallas, envejecido y desdentado (con solo 56 años), abdicó en Felipe. Pasado un tiempo, Francisco de Toledo aparece tan apreciado por el nuevo rey que lo mandó como representante suyo a las sesiones del Concilio de Trento. Y rubricó su confianza poniéndole al frente del virreinato más importante de Indias: Perú. Continuará.
     - Bravo, mi pequeño Balzac. El modélico vasallo partió para las Indias el año 1569.                                                                                                                  



     Así imaginó la escena el pintor Rosales en el XIX. Carlos V tuvo un bastardo con Bárbara Blomberg, mujer corajuda que consiguió librarse de que la encerraran en un convento (que el Señor me persone; tú sabes, hijo mío, que a mí me atormenta el remordimiento porque fui culpable de lo mismo). El rey protegió al muchacho a distancia, en manos ajenas, evitando verlo y sin hacer pública su existencia hasta poco antes de morir. Eso es lo que representa el cuadro: el adolescente llevado a Yuste para presentarse mutuamente padre e hijo por primera vez. Uno de los testigos tuvo que ser forzosamente Francisco de Toledo, porque vivió junto al soberano hasta que la muerte, que no respeta grandezas, se lo llevó  del monasterio. ¿Y el niño?: llegó a ser una de las figuras más radiantes de la historia militar de España, Juan de Austria, con cualidades tan excepcionales que fueron la envidia de su hermanastro, Felipe II, el monarca más poderoso del mundo.


jueves, 21 de enero de 2016

(151) - Buenas noches, dulce pájaro de senectud. Te estás olvidando de tu edad. Recuerda que cualquier día puedes dar el viejazo.
     - Sabes que lo tengo muy presente: un largo e intenso viaje al que solo le falta una estación. No importa: durar también es un buen objetivo. Y para este guiso, leer es un sabroso condimento. Acompaña, ilustra, divierte y, lo que no es poco para un jubileta, ejercita las neuronas. Además, te hace vivir ese romántico estribillo de un  himno futbolero inglés: “Nunca caminarás solo”. Pero veo, my bosom friend, que me estoy saliendo del guión. Disculpa.
     - No importa: vienes trabajando hasta los días de guardar. Has empezado a leer “Conversaciones en la Catedral”, de Vargas Llosa, y te frenas para no tirar por la ventana esa obra de arte. ¿Y eso?
-  Vargas lo considera su mejor libro, y sin duda  es ya un clásico: leeré enterita la brillante narración, pero me repatea el estilo. Creo que sigue las pautas de Joyce, y le exige al lector un trabajo de atención agotador.  Me cabrea tanto como lo que suelen exhibir en el Guggenheim,  el emblema de Bilbao, adonde se acude en masa para no comprender nada, algo igual de absurdo que comprar un libro en chino. El de Vargas Llosa llega a entenderse, pero tortura al lector rompiendo la sintaxis: ¿ke tal si asemos tanvien pienso aora si Barguitas aqeyo mesmo kon la hortografia? ¡Genial!
     - Ya desahogado, y terminado el recreo, volvamos al tajo, noble espíritu apasionado de la claridad. Sácate de la manga un virrey.
     - Hecho, querido Sancho; y además de Perú, la tierra del ilustre Vargas. Entrará en el escenario el mejor de todos: don Francisco de Toledo. Otra biografía llena de luces y de sombras, con la que Felipe II fue injusto: no supo valorarle en su conjunto,  sino que, al parecer, le echó en cara sus involuntarios errores. Habría que analizar por qué varios de los más admirables y ecuánimes personajes de Indias (frailes aparte) fueron solteros, como, entre otros, Vasco de Quiroga, Jiménez de Quesada y este Francisco de Toledo: un trío de ases. Sigue, reverendísimo abad de Jamaica.
     - Gracias, pequeñuelo. Una alusión a sus orígenes, y en días posteriores continuaremos su rico expediente. Francisco era en realidad un Álvarez de Toledo,  y pariente próximo de los duques de Alba. Nació el año 1515 en Oropesa (Toledo), hijo del conde del lugar. Como virrey de Perú, logró un notable nicho en el glorioso y tremebundo panteón de Indias. Pero anteriormente, desde los 15 hasta los 39 años vivió una constante aventura al más alto nivel, codo a codo con los reyes, especialmente al lado de Carlos V, en plena salsa diplomática y militar. Pero no lo contó, dita sea, grave error en el que yo también caí. Nos faltó visión de futuro, divino literato, y os dejamos in albis. Tómate una tila.
     - Vuelve, querido ectoplasma, al Reino de la Risa. A domani.


     - Hoy te has puesto piel de lobo, ovejita mía, y le has cabreado a Mario. Con qué cara te mira. Tendrás que reconocerle que es un grandísimo escritor.

     - Y justo merecedor del premio Nóbel, docto abad. Todo lo que escribe sin esa retorcida afectación, seduce al lector. Y sospecho que solo en “Conversaciones…” ha recurrido a un estilo tan desesperante. El filósofo y crítico literario Roland Barthes no se refería precisamente a Vargas Llosa al utilizar el símil de un parabrisas, pero sus palabras me vienen al pelo: “Si, al leer, ves el estilo o la técnica literaria, estás viendo el cristal y no el paisaje”.


miércoles, 20 de enero de 2016

(150) - Fue tremendo, vicario mío: al poner Aguirre su tullido pie en la isla Margarita, un rayo sacudió la tierra desde un cielo sin nubes, los  pájaros dejaron de cantar y todos los animales de escondieron.
     - Estás invadiendo mi terreno literario, romántico abad. De hecho, según cuenta Vázquez, el cronista testigo, Aguirre tranquilizó a varios vecinos diciendo que iban de paso y solo necesitaban comida. “Y a uno dellos le dio, para engañarle, un capote  de grana con unas fajas de oro y una copa, y pidióles carne para comer, con muchos ruegos y crianza; Y los vecinos mataron una o dos vacas y se las dieron. Y sabido esto en el pueblo, el gobernador, don Juan de Villaldrando, movido, según se dijo, de codicia, deseoso de haber algunas joyas,  partió con varios vecinos para donde estaba el tirano (en el sentido de rebelde), y luego que los vio, salió a recibirlos con ciertos amigos, y se les humilló hasta hincar las rodillas y bajar a besar los pies del gobernador. A manera de hacerles servicio, les tomaron los caballos y los ataron lejos. Y le dijo al gobernador: 'Señor, los soldados del Perú siempre se han preciado más de buenas armas que no de vestidos, y suplican a vuestra merced les dé licencia para que lleven sus armas y arcabuces'. Y el don Juan, como era mozo e iba con codicia de joyas, le respondió que fuesen como ellos quisieran. (Lope volvió adonde su gente) y retornó con ciertos soldados armados, y les dijo a los vecinos: 'Señores, nosotros vamos a Perú, y somos informados que hay allá muchas guerras, y que aquí vuestras mercedes no nos han de dejar pasar allá; por tanto, conviene que sean presos’. Y entraron por una calle gritando '¡libertad, libertad!, ¡viva Lope de Aguirre!', y el tirano mandó echar un bando para que todos trajesen las armas que tuviesen, so pena de muerte, y luego echó en prisiones al gobernador y al alcalde, Manuel Rodríguez”. Les aseguró que no les pasaría nada, pero varios días después "volvió a la prisión con soldados y negros con cordeles y garrotes (para dar garrote, estrangular); y, quedándose él fuera, se dirigieron al gobernador y le dijeron que se encomendase a Dios que había de morir, y él respondió que cómo era aquello, que el general Lope de Aguirre no había mandado tal, y pidiendo confesión,  lo acabaron de matar degollándolo con una daga. Y asimismo dio garrote al alcalde y a otros regidores y un fraile dominico”. Triste destino el del noble y prometedor, pero sin duda ingenuo, Juan Gómez de Villandrando: le salió al camino, en la flor de la vida, el que quizá fuera el personaje más siniestro de la historia de Indias. Las crónicas se olvidan de la atroz angustia de su joven esposa, Marcela, que abandonó aquella maldita tierra para  siempre, aunque su hijo Juan volvería como gobernador. Bye, dear.
     - Muy triste: la pobre Julieta perdió a su Romeo. Bye, trovador.



     Klaus Kinsky bordó el papel en la película de Herzog “Aguirre, la cólera de Dios” porque su propio carácter era inquitante. Inolvidables imágenes de la bajada por el río Amazonas de aquellos desesperados, con un grupo de crápulas como guardia personal del demencial personaje, y el resto de los españoles sin  poder huir de sus garras; como complemento ideal, el sonido melancólico de una preciosa música andina presagiando todavía más desastres, como la muerte del “sin ventura” Juan Gómez de Villandrando.


martes, 19 de enero de 2016

(149) -Tristes y tétricas noches, querido hijo mío putativo (con perdón). Vístete de luto, ponte shespiriano y canta como se merece el triste destino de Juan Gómez de Villandrando; pobre muchacho.
     - No me tomes el pelo, revoltoso abad. Pero sí es cierto que el bueno de Juan fue maltratado por la rueda de la fortuna. Santoya nos lo describió con muy elogiosas palabras: “mozo de hasta 20 años y hombre que de  más de 40 parecía en cristiandad y ánimo”; le consideraba generoso y valiente, pero con un ribete de ingenuidad. Su padre, Juan de Villandrando, tenía un puestazo: presidente del Consejo de Indias. ¿Qué fue de este prometedor mancebo cuando desembarcaron en Santo Domingo? Hay quien dice que ya estaba casado, pero, por sus pocos años, parece más lógico que allí  encontrara a su Julieta y le robara el corazón (¿voy bien, Sancho?).
     - A la altura del Bardo de Avon, mi querubín. Esa preciosa doncella, de solo unos quince años, que se casó jubilosa con Villandrando, era nieta de Marcelo Villalobos, el oidor de la audiencia de Santo Domingo compinche de mi sobrino Juan Ortiz de Matienzo, y estaba emparentada con mi otro sobrino, Pedro, el alcalde de la tristemente famosa y perlífera isla de Cubagua. Y el destino siguió enredando.
     - Con implacables y rocambolescos resultados, querido Sancho, como los del aleteo de una mariposa. Tu sobrino Juan se metió en turbios negocios de exploración; su compañero Ayllón, le arrebató la licencia, muriendo en el empeño, y el tercer oidor en discordia, Villalobos, consiguió permiso real para poblar la isla Margarita, que está al lado de la de Cubagua y frente a Venezuela, pero falleció antes de llevarlo a cabo. Cogió la antorcha su viuda, Isabel de Manrique, cediendo a su vez los derechos a su hija, Aldonza Villalobos, quien, al fallecer su marido, se los pasó a la suya, Julieta, digo Marcela Villalobos, la casi niña esposa de Juan Gómez de Villandrando, ejerciendo este como gobernador del territorio: en mala hora. Prosiga el mosén.
     - En nuestro maravilloso libro lo cuentas divinamente. Todo iba   bien, estando el matrimonio serenamente al mando de la Margarita. Pero un día aciago, el 20 de julio del año 1561, llegó a la isla el Quinto Jinete del Apocalipsis: Iñigo Lope de Aguirre. El valiente, sufrido y cruel trastornado acababa de bajar el Amazonas con una expedición atenazada por el terror, con el suicida propósito de volver por tierra a Perú y apoderarse del virreinato, aunque lo que le movía era una total desesperación que solo servía para destruir. Necesitaba provisiones y puso rumbo hacia la Margarita. Varios de los supervivientes narraron  la peripecia, pero el que mejor lo contó fue Francisco Vázquez. Me tiemblan las carnes. Mañana más.

     - Aguirre sufrió muchas injusticias, pero, como veremos, basta el caso de Villandrando para perderle toda simpatía. Ciao, caro.


lunes, 18 de enero de 2016

(148) - Gabon, lastana: final de la tragicomedia de Jaime Rasquín.
     - Kaixo, Santxo. La nao de Villaldrando parecía perdida, pero cuenta Santoya: “Seguíamos navegando muy despacio, de manera que nos alcanzó cuatro días después, y el gobernador, cuando vio la nao del maestre de campo, dio albricias (un premio) a quien se la mostró primero, pues pensaba que se habían ido a tierra firme, y le había preocupado mucho no poder dar cuenta a los de la Audiencia de Santo Domingo más que de una de las tres naos que había sacado de España”. Llegaron el día 17 de julio, en primer lugar Villandrando, “y como había noticia de piratas franceses y era de noche, desde la fortaleza nos tiraron dos piezas gruesas (ya sabemos ahora en qué barco iba Santoya), y vino en un batel el alguacil mayor. Los de la Audiencia, como fuese tiempo de huracanes, mandaron que el maestre de campo entrase sin aguardar al gobernador. Pero se quedó en el río dos días porque no quiso saltar en tierra hasta que el general entrase, aunque Dios sabe la gana que el pobre mozo tendría, siendo muchacho y haciendo tanto tiempo que lo deseaba. Pues, llegado el gobernador y saltados en tierra, como la gente iba tan debilitada y la tierra es enferma por razón de ser muy cálida y húmeda y a nadie perdona, vierais aquel hospital tan poblado que, en pocos días, no cabía de gente. Luego comenzaron los oficiales de Su Majestad a proceder contra el gobernador para cumplir con sus oficios, y los más agraviados pedían justicia del gobernador, tantos que se halló algún día que la Audiencia no tenía más pleitos que los del gobernador. Comenzáronsele a desvergonzar todos, de manera que, aunque se topaba en la calle con sus soldados, no hacían caso dél más que de un gabacho (era una expresión muy reciente). Al fin andaba solo como el más bajo hombre de la armada, que era lástima haberle conocido tan señor y verlo tan abatido. Y de aquí se puede colegir que la soberbia no sube al cielo”. Bonito remate filosófico.
     - Pero, divino scriptore, no parece que Rasquín quedara KO. Seis años después le escribió otra carta al rey, que nos la vamos a ahorrar porque lo tenemos ya fichado. Se muestra dramáticamente preocupado por la necesidad de enviar ayuda a la zona de Asunción. No lo dice claramente, pero da la impresión de que está intentando que le encarguen a él la tarea. Esta vez el rey no fue tan ingenuo y puso en otras manos más fiables esa misión, con buenos resultados, entre ellos la fundación definitiva de Buenos Aires. Agur.
     - Nos queda para mañana, entrañable ectoplasma, dedicar una sentida página al triste recuerdo de ese juvenil personaje del que con tanto afecto ha hablado repetidas veces Santoya: Villandrando.
Primero tropezó con Rasquín; luego con el demonio. Bihar arte.



     La expedición fue un total fracaso, pero la llegada a Santo Domingo una liberación. Esa ciudad fue la primera verdadera administración de Indias (con mi sobrinito Juan haciendo de las suyas en la audiencia desde 1512), y la más vinculada a Colón y a su familia. Ahí está su estatua apuntando hacia España, espejada en la que tiene en Barcelona. La otra foto nos muestra la fortaleza desde la que le tiraron dos balas de cañón a la “sospechosa” nao de Villandrando, y unos turistas entrando en tan histórico recinto. Es bonito que los hechos del pasado queden sacralizados.



domingo, 17 de enero de 2016

(147) - Delicado poeta: estás impresionado por lo que cuenta Lope García de Salazar sobre la época de la Alta Edad Media. ¿Qué opinas?
     - Que la naturaleza es engañosa y nos hace fanáticos: benditas sean las lumbreras que nos han abierto los ojos. Nos parece que nada cambia: tú viviste unos tiempos muy violentos, pero los siglos medievales eran pura brutalidad militar, gozosa de arrancar los ojos al enemigo. Asusta lo que queda de fanatismo en algunos países.
     - Estás pensando en esa embarazada que acaban de lapidar, víctima de las leyes musulmanas más demenciales. Sigue con lo que Santoya cuanta de la desventurada expedición, para que se vea lo afortunados que sois ahora.
     - Okay, arrepentido ectoplasma. “Acontenció un caso nefando (de sodomía) y harto estupendo (impresionante): que en la nao capitana se halló que el contramaestre della, que era puto, se echaba con un muchacho, y con otro pasaba una cosa horrenda. Y al contramaestre dieron garrote y lo echaron a la mar, y a los dos muchachos azotaron, y, por ser sin edad mayor, les quemaron los rabos, cosa que dio alteración harta en las dos naos, aunque dicen que el gobernador lo sabía desde Canarias”. En cuanto llegaron a   Barbados, se dieron cuenta de que los nativos eran muy agresivos. Bajaron a tierra con precaución, “yendo por principal Diego Velázquez por ser un experto hombre de Indias, porque decían que en la isla hay indios muy belicosos y que comen carne humana”, y unos  nativos hirieron a seis con sus flechas. Los españoles volvieron con más refuerzos, bajo el mando de Villandrando, “y descubrieron dos ríos, y miramos aquella tierra y a mí me pareció la más fértil  que hasta entonces había visto en mi vida. Y la gente, pensando que, si quedáramos allí, quizá Juan Gómez de Villandrando quedara por su capitán por irse fuera de la sujeción del gobernador, aunque fuera la más pésima tierra, la tuvieran por la mejor del mundo. El último día vinieron unos veinte indios en canoas y nos dieron guerra con tanto denuedo como si fueran mil”. Finalmente, decidieron salir de allí, e incluso les tentó la delirante idea de ir por la costa abajo hasta Río de la Plata. Tras una reunión de urgencia, se tiró definitivamente la toalla, y hasta el gobernador estuvo de acuerdo en dirigirse a Santo Domingo. Rasquín se había derrumbado, y se decía que era un milagro su cambio de comportamiento, “pues hay que ver la soberbia con que iba y cómo nuestro Señor le abajó, que de señor gobernador se volvió Jaime Rasquín y aun menos”. Puestos en marcha, siguieron con las penalidades, torturados por el hambre y la sed. “Fue Dios servido que nos dio unos aguaceros, y con sábanas y con camisas y con mantas, era tanta la  priesa de coger agua que no se mojaba el suelo”. Los vientos separaron  las dos naves hasta perderse de vista. Nos acercamos al fin. Bye, dear.
     - No vendrán mal unas pragmáticas palabras de Churchill. Adio.



     ¡Mamma mía! Al ladito de “mi” catedral, han puesto en el ayuntamiento de Sevilla una bandera del orgullo gay. En mis tiempos, el osado escalador habría terminado en la hoguera. Habéis perdido ilusiones y ganado libertad: sin duda, cualquier tiempo pasado fue peor. Hello, Winston: what do you think about?  Good night, dear Sancho, y escucha su respuesta: “No existe la forma perfecta de gobierno, pero cualquier otra produce peores resultados que la democracia. Hasta hoy, nada se ha inventado que regule mejor los asuntos públicos”.




sábado, 16 de enero de 2016

(146) - ¡Bingo, prespicaz ratoncillo de archivos!: al fin has descubierto  que ya conocías a Juan Gómez de Villandrando, ese joven y valioso maestre de campo que iba bajo el mando del tortuoso Rasquín. Ha sido una chiripa (excomulgaré al cursi que diga “senderipity”).
     - Pobre Villandrando. Ya se recoge su triste final en tu biografía, y supongo que casi nadie sabe que se trata de la misma persona. Pero lo explicaremos con calma más adelante, y seguiremos ahora acompañándole en este tragicómico viaje. Le avisaron a Rasquín de que Boyl se había marchado con su nave, y de que los valencianos que iban en la de Villandrando le presionaban para que hiciera lo mismo, a lo que les contestó el idealista mozo que “moriría siguiendo al gobernador porque su profesión así lo exige”. La situación se agravaba porque los pilotos verdaderamente expertos iban con Boyl, y los que quedaban en las dos naos gobernadas por Rasquín equivocaron la ruta. Los embarcados no aguantaban con la raquítica ración de comida y bebida, sabiendo que el mezquino jefe lo acaparaba casi todo, y empezaron a enfermar. En  la nao de Villandrando, “todos acudían a él, como mancebo de buena condición, y no sabía qué les responder y con buenas palabras los callaba, y las mujeres que llevaban niños lloraban delante de él. Consideremos lo que el maestre sentiría siendo caballero tan muchacho y que se había criado muy regalado y nunca se había visto en el mar. Se iba al escotillón y daba a cada uno dos o tres tragos de agua”. Acto seguido, Santoya nos expresa la desesperación y la religiosidad de aquella gente: “En la nao del maestre se decidió escoger a suertes, entre gente de calidad, un romero que, llegados a tierra, estuviese tres días en una iglesia y dijese a su costa tres misas a honor de la Santísima Trinidad, y todos los demás fuesen a las oír de rodillas con sus candelas en las manos”. En la otra nao, “ciertos caballeros habíanse amotinado contra el gobernador,  y con arcabuces y mechas encendidas fueron a su cámara diciendo muera el tirano”. Unos frailes calmaron la situación. El gobernador tuvo que ceder y darles las llaves del escotillón a los amotinados para que ellos hicieran los repartos de comida y agua, y dice Santoya que lo que almacenaba Rasquín era una exageración comparado con lo que llevaba Villandrando en su barco. “Y quiso Dios que, al día siguiente vimos tierra de Barbados”.
A mucha gente le tentó la idea de quedarse en aquellas atractivas islas y poblar allí bajo el mando de Villandrando. Ya veremos que la decisión final fue otra. Ciao, dolce  e sapientissimo preceptore.
     - Deberías hacer una biografía de ese ilustre mancebo, lleno de nobleza, y quizá de soñadora ingenuidad, como se ve en esta parte de su vida, y se repetirá en la segunda y final. Efectivamente: era blanco y en botella, pero todavía dudabas de que fuera el mismo. Dorme bene.



     Qué chapuza de expedición. Iba mal aprovisionada, por la tacañería de Rasquín. La torpeza de los pilotos perdió el rumbo y acabaron a miles de kilómetros del Río de la Plata, su destino, tocando tierra ¡en una isla caribeña!, Barbados (que 100 años después quedaría bajo dominio inglés). En la foto 1, su situación. En la 2, su belleza tentadora, que les hizo pensar a los desesperados españoles en quedarse allí para siempre. Se impuso la sensatez, y siguieron viaje con su fracaso  a cuestas hasta la civilizada Santo Domingo, que, comparado con lo navegado, estaba ‘a tiro de piedra’.