sábado, 20 de agosto de 2016

(Día 363) CORTÉS NUNCA DESCANSA: manda a la Corte algunos emisarios y consigue ganar posiciones. LA LUMINOSA ESTRELLA CORTÉS ha llegado a su cénit con 35 años. Se inicia UN LENTO PERO IMPARABLE OCASO.

(115) –Tú creías, secre, que las tierras  movedizas eran fantasías.
     -Pues ya no, reverendo: Bernal las padeció. Suspendieron provisionalmente sus batallitas, “porque estábamos muy cansados  y había allí muchas ciénagas que tiemblan, que no pueden entrar en ellas los caballos ni ninguna persona sin que se atasquen en ellas, y han de salir arrastrándose a gatas, y aun así, si salen, es maravilla”. Pero, como diría Bernal, “dejemos de cosas viejas” y sigamos con otro escenario. Nos va a contar las andanzas de los procuradores de Cortés por España, que es más bien tema tuyo, daddy.
     -Otra vez, abusón, me vas a meter en un charco fonsequiano: “Quiso Nuestro Señor que el año 1521 fue elegido en Roma por Sumo Pontífice nuestro muy santo padre el papa  Adriano de Lovaina (Adriano de Utrecht, pero Bernal no se equivoca, porque hizo sus estudios en Lovaina), que estaba como gobernador de Castilla y residía entonces en Vitoria”. (Como muy bien explica mi excelso biógrafo en  nuestro libro, fue uno de los poquísimos papas ejemplares de aquella malhadada época religiosa que yo también viví. Y lo conocí bien, porque  no partí para el Reino de la Risa hasta el 8 de diciembre de ese año). “Y nuestros procuradores, que fueron a besar sus santos pies, supieron que Su Santidad tenía noticia de los heroicos hechos y grandes hazañas de Cortés y todos  nosotros”. Viendo el terreno abonado, se presentaron después nuevamente para lograr sus objetivos, principalmente el de eliminar el incordio de  mi ‘padrino’, el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, muy temible como enemigo, pero, doy fe, muy generoso como amigo. “Se juntaron en la Corte Diego de Ordaz, el licenciado Francisco Núñez, primo de Cortés, e Martín Cortés, su padre, llevando el favor de caballeros y grandes señores”. Soltaron toda la metralla con la que podían desprestigiar las andanzas de Fonseca, que no era poca, incidiendo en el obsesivo rencor que le tenía a Cortés, y en sus maniobras y abusos para favorecer a Velázquez, el gobernador de Cuba, porque había recibido grandes regalos de él. Pedían, pues (“con gran osadía”, dice Bernal), que fuera recusado en sus actuaciones. ¿Resultado?: “Mandó Su Santidad, como gobernador que también era de Castilla, al obispo de Burgos (Fonseca) que dejase de entender en los pleitos de Cortés y en cualquier otra cosa de Indias, y declaró por gobernador de esta Nueva España a Hernando Cortés”. Gran victoria; pero aún tendría que sufrir mucho ajetreo y hasta la pérdida de ese nombramiento. A partir de entonces, fue como si los dioses le dijeran a Cortés: “Ya basta, compañeiro. Has alcanzado el Olimpo con solo 35 años; sin embargo lo que te queda de vida (no te preocupes, porque resultará larga) va a ser muy frustrante, aunque siempre conservarás el resplandor excepcional que te has ganado. Llevas en tus genes el espíritu emprendedor, pero solo te va a servir para cometer errores (como el que has tenido al ejecutar a Cristóbal de Olid), y para enredarte en pleitos y campañas fracasadas, con muy poquitos éxitos. El mayor será salir bien parado de los ataques judiciales promovidos por gente envidiosa o ávida de la venganza que sembraron tus abusos. Hay pocos como Bernal, que siempre te ha admirado y respetado; pero es hombre recto, y se verá obligado a escribir la ‘Historia verdadera de la conquista de la Nueva España’ para decir de ti lo que otros cronistas callarán, tus fallos y tus egoísmos, principalmente en los repartos de los beneficios; aunque lo que más le interesará corregir será la injusticia de que el mérito entero de aquella gloriosa campaña te lo den solamente a ti. Tú le conoces bien, y no te extrañará (ni te ofenderá) que en su libro no diga ‘Cortés esto… Cortes lo otro…’, sino que repita machaconamente ‘Cortés y todos nosotros… Cortés y  nosotros los conquistadores…’. En cualquier caso, saborea tus logros, y consuélate con la certeza de que todos aquellos que lleguen a conocerlos, guardarán  reverencialmente tu memoria”.

     Foto: Esa es la imagen más verosímil de Cortés, copiada de un cuadro que él mismo le envió al historiador italiano Paulo Jovio. Se le ve ya bastante mayor, y quizá con la expresión decepcionada de aquel al que, sin piedad, llaman en inglés un ‘has been’, aunque él siempre estuvo seguro de su propia grandeza; lo malo es que, para que te sigan aplaudiendo, no basta poseerla (la tenía de sobra),  sino que hace falta exhibirla y que te la reconozcan.


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