lunes, 14 de marzo de 2016

(204)  - Nunca se os ha dado bien el inglés, jovencito, aunque vais mejorando. Viviste la época gloriosa del cine, como José Luis Garci, y hablabais de “jamesesteguar” o “tironepover”. Pero en mi época era aún peor.
     - Y que lo digas, Sancho. Repetía Sarmiento el nombre de “Guaterales”,  y me dejaba descolocado, hasta que lo entendí por la lógica de la narración. Todos conocían al temible pirata, y de oído (pésimo oído), le llamaban así a Walter Raleigh. Veámoslo en el encontronazo de Pedro y don Antonio de Crato, el fracasado aspirante al trono de Portugal: “Y desta comunicación y amistad mía con Guaterales, don Antonio de Crato tomó tantos celos, que se quejó a la reina diciendo que Sarmiento le llamaba bastardo, debiendo ella desagraviarle por estar bajo su protección, y no haciéndolo, él le haría algo que le costase la vida. De lo que la reina se alteró coléricamente y mandó a Guaterales pusiese a Sarmiento en prisión. Y Guaterales, de parte de (en favor de) Sarmiento, habló a la reina, de suerte que el odio que contra él tenía, lo volvió contra don Antonio. Por lo cual el don Antonio trató de matar a Pedro Sarmiento por medio del portugués Antonio de Vega, pero este se lo advirtió a Pedro Sarmiento, y así no hubo efecto su voluntad. Finalmente, la reina quiso hablar a Pedro Sarmiento, el cual fue llamado a Londres para ello. Y habló con ella en un coloquio de más de hora y media en latín, en que es elegante la reina. Lo que allí pasó es para más particular relación para V. M. solo (lástima). Lo cual hecho, con pasaporte y gracia de la reina, hubo libertad Pedro Sarmiento para venir a España. Se partió de Londres a 30 de setiembre de 1586, habiendo recibido en aquella tierra mucha cortesía porque barruntaban que Sarmiento llevaba la voluntad de la reina, que era demostración de quererse humillar, de miedo a V. M.”. Te veo con ganar de interrumpir.
     - E dises bien,  porque estas palabras son de muy grande esclaresimiento histórico. En lugar de torturar a Sarmiento para sacarle lo mucho que sabía del Estrecho, lo miman por su valía, pero, sobre todo, porque la reina vio en él una oportunidad “como de molde” para llevarle de urgencia un mensaje al cabreadísimo Felipe II, con el fin de que paralizara la puesta en marcha de la Armada Invencible, algo que a la Reina Virgen (je, je) le tenía absolutamente aterrorizada (“se quería humillar, de miedo a V. M.”). Ni en los más fantasiosos sueños llegó a creer la altiva soberana  en su victoria posterior. Adelante.
     - Vale: y con esto terminamos por hoy, reverendo. Va Sarmiento a Calais, “donde halló al gobernador francés, monsieur Gordan muy aficionado a las cosas de V. M., apretándome muchas veces la mano”;  de allí a Dunquerque, “para avisarle al Duque de Parma de cosas de Inglaterra”. Llegó a París el 21 de noviembre “y estuve 9 días con el embajador, don Bernardo de Mendoza”. Pero….
     - Pero, hijo mío, este “sin ventura” llegará en mala hora a Burdeos.


     - Please, my dear: déjame desviarme un momento para contar, resumido y claro, un hecho de gran trascendencia histórica. El próximo día 26 de julio se cumplirá el 483 aniversario de un acontecimiento tristísimo para los incas. Este pueblo se expandió como un imperio desde la zona de Cuzco hasta  la de Quito. Quien alcanzó el máximo poder fue el gran Huayna Cápac, acabando con la resistencia de los habitantes de Ecuador. Murió en 1526, sabiendo ya que unos seres extraños, de hirsutas barbas, merodeaban muy cerca. En su testamento dividió el Tahuantinsuyu (sus dominios): la zona del Cuzco para su hijo Huáscar, la de Quito, para otro que nació de una quiteña, Atahualpa, y que cumplió la voluntad de su padre; no así Huáscar: quiso tenerlo todo. Fue el origen de tremendas guerras civiles con poderosísimos ejércitos (no se olvide esto). El “bueno” de la película ganó. De forma que nunca el incario tuvo un emperador más grande que Atahualpa. Pero la gloria le duró un suspiro. Con exceso de confianza en su poderío y estando en Cajamarca, aceptó hacerle  una visita a Pizarro (quizá para destruirlo), pero “le ganó por la mano” el analfabeto extremeño. En un inaudito golpe de audacia, lo apresó. Fue como darle en la cabeza a un dinosaurio: todo el poderosísimo imperio inca se vino abajo estruendosamente. Un año después los españoles le hicieron un amaño de juicio a Atahualpa y lo condenaron a muerte. No obstante, 11 españoles de los 24 que le juzgaron tuvieron la valentía y la decencia de votar en contra. Y así ocurrió que un triste 26 de julio del año 1533 Atahualpa fue ejecutado en la plaza de Cajamarca. Desde entonces, su pueblo clama en cada aniversario estas tristes y bellas palabras: “¡Chaupi punchapi tutayarca!” (“¡Anocheció en la mitad del día!”).
Foto1ª- El imperio incaico: véase Quito, Cajamarca y Cuzco.

Foto 2ª- La plaza de armas de Cajamarca, donde llegó en un instante la catástrofe para los incas y la gloria (empañada) para los españoles.



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