martes, 19 de abril de 2016

(240) LA AMANCEBADA (y gran mujer) MARÍA ANGULO, cuya hija se casa con el durísimo NUFRIO DE CHAVES, pierde a su compañero, FRANCISCO DE MENDOZA, de turbio pasado. La azarosa vida del portugués ALEJO GARCÍA fue un increíble peliculón.

(240) – No sé si me vas a durar tanto, marchoso jubileta, como para contar enterito lo que tenemos en el almacén. Todo se entrelaza.
     - Tranqui, reverendo: lo que importa es el camino. Hemos visto a Isabel de Guevara haciéndose propaganda personal, pero también de todas las mujeres que iban en las naos que salieron huyendo de la destruida Buenos Aires. Tenían que ser muy valientes si se parecían a ella y a otra recia dama que nos sale al encuentro: María de Angulo (quizá de ascendencia menesa). Vimos que todos llegaron adonde se logró fundar Asunción, pero no sin antes doblegar a unos indios, los carios, que tenían costumbres preocupantes. Cuando Juan de Salazar de Espinosa inspeccionó el lugar, observó algo poco tranquilizador: los indios cebaban a sus prisioneros como se hace con lo cerdos para el día de San Martín. No quedó más remedio que someterlos por la fuerza. En aquella ciudad de Asunción, con fama de caótica y de relajadas costumbres (se llegó a llamarla el Paraíso de Mahoma), María de Angulo, que ya había sufrido lo suyo, empezó a hilvanar la parte más agitada y extrema de su vida. Se amancebó (ese era el calificativo de la época) con un líder de mala fortuna, Francisco de Mendoza (nada que ver con el gobernador Pedro de Mendoza), y tuvieron varios hijos. En el conflicto entre Martínez de Irala y el gobernador Cabeza de Vaca, Francisco apostó a caballo ganador. Le salió bien la jugada: Irala encerró a su rival, partió de exploración y dejó como gobernador interino de Asunción al flamante compañero de María Angulo. Ausente Irala, a Francisco se le acabó la suerte. Unos amotinados lo decapitaron, poniendo en su puesto a Diego de Abreu. Con la resignación que da la presencia de la muerte, antes de que le cortaran la cabeza declaró su arrepentimiento por un viejo pecado: había matado en España a su mujer y a un clérigo “por falsas sospechas que de ambos tenía”. Pero el destino es tornadizo.
     - Rasón tenedes, filosófico mansebo. Era tal el temor a Irala que, cuando volvió, Abreu y sus cuates se fugaron al infierno de la selva, pero incluso allí le alcanzó años después la venganza del gobernador con un saetazo de sus enviados. Fue un mal trago para María quedar viuda, pero pronto le sacudió otra convulsión: casó a su hija Elvira con el famoso e implacable capitán Nufrio de Chaves, con el que tuvieron que peregrinar en una expedición de sufrimientos garantizados. Sayonara, baby.


     Imprescindible repetir el mapa, secre, para contar algo casi increíble que ocurrió años antes. Un héroe casi desconocido, el portugués Alejo García, iba en la expedición que le costó la vida en Río de la Plata al gran piloto Díaz Solís (1516). Se volvieron derrotados a la costa brasileña de Curitiva (un poco al sur de Sao Paulo). Ese fenómeno se pasó 8 años entre los indígenas y aprendió idiomas nativos y rutas tentadoras. Con 4 españoles y numerosos indios que le aceptaron como líder entendible, se puso en marcha (1524). Es el  primero que fue directo hasta donde más tarde iba a surgir Asunción. Ese mismo camino seguiría Cabeza de Vaca en 1542, y se quedó asombrado ante las cataratas de Iguazú. Alejo continuó avanzando, llegó (parece un milagro) hasta el pie de los Andes, y volvió con un gran botín, pero unos indios belicosos le quitaron todo, incluso la vida. Ya fundada Asunción, intentó Cabeza de Vaca repetir el viaje: fracasó; luego,  Ayolas e Irala: nuevo fiasco. Después, en 1561,  Nufrio de Chaves, sin mucho éxito, pero  fundó Santa Cruz de la Sierra (actualmente, en Bolivia), el nombre de su cacereño pueblo, regresando  enseguida a Asunción. Y ahora, casado ya con Elvira, la hija de María Angulo, va a volver a ese territorio con toda su familia y gran número de españoles, desde Asunción, en dirección norte, recorriendo una distancia casi tan grande como la que hay hasta Buenos Aires (1.400 km).


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