miércoles, 30 de diciembre de 2015

(129) - Bonne nuit, mon doux trovateur. Anoche brindamos por la memoria de Pedro de Mendoza, aristócrata sin ventura, pero glorioso primer fundador de Buenos Aires. Sigamos sacando pintorescos personajes del arcón de los héroes. Lo de Indias es inagotable.
     - Bienvenu, mon cher ectoplasme. Fuimos moderados: solo una copita. Es preciso mencionar a un ilustre poco conocido: Alejo García, un portugués que iba en la expedición en que los indios del Plata se zamparon (literalmente) a Solís y otros compañeros suyos. Hay que darle a Alejo varios méritos: con solo cuatro españoles, se convirtió en el líder de un numeroso grupo de indígenas; hacia 1521, fue el primero que subió por el río Paraguay (buscando oro y plata), y parece ser que alcanzó, por el sur y casi diez años antes que Pizarro,  el territorio inca. Volvía rico al estuario del Plata y lo perdió todo, vida incluida, a manos de otra tribu. Nuestro llorado Pedro de Mendoza, años más tarde, envió un grupo de españoles por la misma ruta y con el mismo objetivo. Al frente iba otro memorable capitán, Juan de Ayolas, natural de Briviesca, asistido por un personaje no menos “sabroso”: Domingo Martínez de Irala, nacido en Vergara. En su avanzada, fundaron un puerto con el nombre de Candelaria. Ayolas siguió río arriba; Irala se quedó con orden de esperarle, pero, ante su larga ausencia, se dio la vuelta. Dos años después se enteraría de que Ayolas había vuelto por refuerzos, vio que no había ná de ná y siguió descendiendo el río hasta que (la eterna historia) los indios acabaron con todos. Mendoza entretanto, corroído por la sífilis, decidió volver a España, nombró como sucesor, suponiéndolo vivo, a Ayolas,  y mandó a  Juan Salazar de Espinosa (todos firmes, please, ante este otro “fuera de serie”) que partiera en busca del desaparecido capitán. Con el tiempo, Martínez de Irala terminaría por ser el gobernador de la zona (ya veremos cómo). Juan Salazar, nacido el año 1508 en Espinosa de los Monteros, partió tras el rastro de Ayolas, pero solo encontró a Irala, que venía de vuelta. Fue en esas circunstancias cuando el ilustre Juan fundó Asunción, en una orilla del río Paraguay, un glorioso 15 de agosto del año 1537 (día de esa advocación mariana), que es la verdadera fecha histórica del hecho, aunque Irala le diera una consistencia mayor como ciudad central el año 1541. Volveremos a hablar de sus “fazañas”, porque ahora nos está pidiendo la vez para la tertulia de mañana uno más de los que entran pocos en docena: el incansable correcaminos, de supervivencia gatuna y grandes dotes como cronista, Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Adieu, Sanchó.
     - Mamma mía: lo has soltado de un tirón y sin despeinarte. Dorme bien, mon tendre copin.





     Qué gusto da cuando las estatuas se ponen donde corresponde. Los paraguayos han plantado en Asunción, ante ese lucido edificio oficial de la República del Paraguay, la gallarda figura de su fundador, JUAN DE SALAZAR Y ESPINOSA (fíxense vuesas mercedes en la graphía que le han puesto a su apellido, tan similar a la del eximio philósopho y exselente persona Baruch Spinoza que es cosa de creer que su familia xudía tenía la mesma prosedensia).




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