miércoles, 16 de diciembre de 2015

(117) - ¡Oh, mi nocturno, dulce y primaveral ruiseñor!: sigue con tus  bellos trinos. Tienes transcritas dos preciosas cartas de mi “primo” Juan de Matienzo. No las resumas mucho porque son muy interesantes y me da dolor de corazón que se queden en el anonimato.
     - Buenas noches, delicioso manipulador; habría que verte en Sevilla coqueteando. La primera carta se la envió Juan  al rey en enero de 1562. Le dice que se guarda secretos porque no sabe si va a caer en manos peligrosas, y le cuenta cómo está “el patio”: “La fama de la gran riqueza del Perú nos parece que la debimos soñar, puesto que no es la veintena parte de lo que allá se dice”.  Aclara que son pocos los acaudalados en Arequipa, en Lima y en Cuzco. El dinero se lo llevan los mercaderes. Los vecinos y soldados andan en Lima negociando mercedes, incluso utilizando  privilegios “de lo cual se han sentido agraviados muchos, y así algunos que se han desvergonzado a querer intentar un motín han sido apresados. Pero ha sido Dios servido de nos alumbrar en haber echado del asiento de Potosí a algunos de los principales gallos, quedando aquí los que más han servido a V. M., que entienden en sus labranzas, cría de ganados y labor de minas, y desean vivir pacíficamente y sin cuidado de poner a cada paso la vida al tablero. Quéjanse muchos de que se proveen oficios a protegidos de los que gobiernan, habiendo venido recientemente de España, sin haber estado jamás en esta tierra. Véndense cargos y escribanías, y es una  miseria lo que dan a cambio; y con ello se podría pagar a algunos de los que de verdad han servido, y cesarían los agravios de los vecinos a los que se les pone por sus iguales a mercaderes y personas de baja suerte”. Continúa con una relación de irregularidades: monopolios que encarecen las cosas, abandono de las obras públicas, injusticias en Potosí, “no habiendo quien les vaya a la mano, se alzan con haciendas ajenas,  maltratan a los indios y no les pagan su salario, lo cual será causa que se ausenten y pierda V. M. 300.000 pesos que rentan los derechos reales. De donde podría ser aumentado vuestro patrimonio es sacando más plata de las minas, que son muchas y muy ricas, especialmente las de Potosí. Si V. M. me manda que esté allí dos años, aunque es tierra desabrida y cara, yo procuraré que se doblen los quintos de V. M. el año postrero, lo cual se podría hacer sin perjuicio de españoles ni de indios, antes en mucho provecho suyo, obedeciendo todos mi autoridad”. Desde luego, querido Sancho, tu pariente valía un Potosí. Mañana, más.
     -E vean vuesas mercedes cuán  moderno castellano utilisaba mi pariente Juan a solo cuarenta e un años de mi  partida para Quántix, e sin ser doctor como yo, sino lisensiado; empero, qué brillante cabesa, qué insigne e ilustre retoño del sagrado árbol de los Matienso. Abur, fixos míos.

    

     Todo lo que se ve en colorines en  ese mapa entraba en la jurisdicción de la recién creada Audiencia de Charcas, adonde llegó el ilustre Juan de Matienzo (un hombre que casi solo tenía virtudes) para ponerla en marcha. Fue la lógica expansiva de Indias: militar, colonizadora, administrativa y judicial. Juan llegó a Lima como oidor (juez), pero casi inmediatamente le ordenaron completar el puzzle de las audiencias que ya existían. Al norte estaba la de Lima, al oeste, la de Chile, al este y sur, las de Paraguay y Argentina; él colocó la pieza geográficamente central y última: Charcas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario