lunes, 1 de julio de 2019

(Día 871) Los almagristas vivían en Lima discriminados e injustamente tratados por los pizarristas. Incluso Pizarro trató duramente a Diego de Almagro el Mozo. Ambos bandos esperaban inquietos la llegada de Vaca de Castro.


     (461) Las noticias volaban, y a Pizarro le mandaron mensajes tranquilizadores “de cuán cortos poderes llevaba Vaca de Castro, y de que no tuviese ningún recelo, pues iba más para darle favor que para que, por su causa, le viniese algún deshonor”. En Panamá le hizo la inspección judicial al doctor Robles y lo suspendió en su cargo de oidor. Iba con prisas Vaca de Castro, y partió desde Panamá hacia Perú lo antes posible. Lo hizo el día 18 de marzo de 1541.
     Cieza no se muerde la lengua a la hora de criticar los errores y las injusticias que cometían los de Pizarro con los vencidos, fomentando su resentimiento. Los almagristas eran entonces los parias de Lima: “No veían ya la hora de ver en el reino a Vaca de Castro, para pedir justicia sobre la muerte que se había dado al Adelantado Don Diego de Almagro. Pasaban muy grandísima necesidad, y el Marqués en ninguna cosa remediaba su fatiga”. Fue, además, injusto y mezquino con el hijo de Almagro : “Le dio Pizarro a Francisco Martín de Alcántara (su hermanastro por parte de madre) una encomienda de indios, quitándosela a D. Diego de Almagro el Mozo, que la había heredado. Cosa, por cierto, muy mal hecha, y no conforme al merecimiento que Don Diego, por respeto a su padre, tenía y merecía, pues tanto en este reino había trabajado y servido al Rey. E, como de ella se proveía su casa de maíz y de otras cosas necesarias, sintieron la falta en tal manera, que daba compasión oír lo que el mozo D. Diego decía, e cómo se quejaba de la crueldad del Marqués. Juan de Rada, que había sido criado de su padre, buscaba todas las formas de sustentar a D. Diego y a los que le acompañaban, pues andaban muy pobres. Sin embargo,  Pizarro, para hacer amigos a algunos de los almagristas, les ofreció a los capitanes Juan de Saavedra, Cristóbal de Sotelo y Francisco de Chaves darles encomiendas de indios con que pudiesen vivir a su placer, pero ellos hacían de tal promesa burla, diciendo que antes querían morir de hambre que tener que comer de su mano”. Es fácil equivocarse con este Francisco de Chaves porque hubo otro del mismo nombre (los dos eran de Trujillo), y se suelen confundir sus biografías. El más importante fue aquel que, como conté en su día, murió en 1541 junto a Pizarro cuando fue asesinado. Este que aparece ahora murió poco después, en 1542, y tuvo una vida complicada por su difícil carácter: siendo almagrista, los propios hombres de Diego de Almagro el Mozo lo ejecutaron.
     Cuenta Cieza que los almagristas decidieron entonces que fueran a recibir a Vaca de Castro D. Juan de Montemayor y Juan de Baeza vestidos de luto, para que les restituyese lo que les habían quitado y fueran castigados sus enemigos por la traición que cometieron al matar a Almagro. Dice también que no fue cierto que, según se rumoreó, estuvieran entonces dispuestos Diego de Almagro y Juan de Rada a matar a Vaca de Castro si no atendía a sus peticiones. Pero sí decidieron que, “si entendiesen que Vaca de Castro venía con propósito de dar favor al Marqués, se proveyeran de armas y buscaran algunos amigos para defenderse de quien quisiera enojarlos. E luego partieron estos dos (Montemayor y Baeza) para hacer lo que decimos. E, aunque recibió pena el Marqués al saber que Vaca de Castro venía, lo disimulaba cuerdamente, e daba a entender que se holgaba con su venida”.

     (Imagen) Voy a meter casi con calzador a otro personaje porque, para variar, llegó a santo en aquellas atormentadas tierras de las Indias. Tiene en común con Vaca de Castro que los dos eran de Mayorga (Valladolid), y, aunque no pudieron verse en Perú, sabrían el uno del otro. Se trata de SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO Y ROBLEDO. Nació en 1538. Estudió Leyes en Salamanca, logrando un gran prestigio por sus conocimientos y por su honradez. Coincidió en esto con el extraordinario VASCO DE QUIROGA, uno de los españoles más admirables que actuaron en México. Y tuvieron en común otra rara experiencia. Sin ser curas, Vasco fue escogido como obispo, y, Toribio, como arzobispo. Para hacerlo posible, los ordenaron sacerdotes previamente. Toribio llegó a Perú en 1581 para ocupar la sede vacante de Lima, por fallecimiento en 1575 del primer arzobispo, el prestigioso Jerónimo de Loaysa. Toribio tenía, además, madera de santo. Y al viejo estilo rocoso. Los seis años pasados sin la autoridad arzobispal, habían dado origen en Lima a muchos abusos. Contra diversas resistencias y zancadillas, fue poniendo orden y volcándose en los más desfavorecidos, los indios. De forma hiperactiva, no perdía un segundo en sus labores. Decía que “nuestro gran tesoro es el momento presente, y Dios nos tomará cuenta de cómo hemos aprovechado el tiempo”. Se volcó en los enfermos durante una terrible epidemia de peste. A base de recorrer enormes y agotadoras distancias, hizo una inmensa labor pastoral. Cuando tenía 68 años, cayó gravemente enfermo, pero siguió su recorrido hasta que no pudo más. Tras dejar en testamento sus bienes para sus criados y para los pobres, falleció el día 23 de marzo de 1606 (Jueves Santo) en la ciudad de Zaña. Diríamos que el Domingo de Pascua resucitó y subió a los Cielos.



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