martes, 30 de julio de 2019

(Día 897) Los almagristas proceden a ejecutar en público a Antonio Picado, de quien Cieza comenta que fue un perjudicial asesor de Pizarro. Cree también que los almagristas hubiesen preferido la paz o huir a otras zonas.


     (487) Luego el cronista saca una leccion moral sobre la fragilidad del éxito, y sobre el error de recurrir a malos asesores. Nos muestra primeramente el gran poder que tuvo Antonio Picado bajo la sombra de Francisco Pizarro, a quien casi tenía hechizado: “Al otro día por la mañana, le sacaron de la cárcel en una mula sin silla y con un crucifijo en las manos, yendo por las calles acostumbradas pidiendo perdón a todos. Hemos de mirar cuán vano es el ser de este mundo, y cómo se consume el mandar y el desear tener tesoros y crecer en honra y dignidad. El Picado a quien se vio tan galano, tan adornado de arreos, tan rico de tesoros, tan privado del Gobernador y tan absoluto en el mandar, vedlo ahí cómo todo ello lo dejó, e le dan muerte pública, habiéndole atormentado. Como Dios se muestra tan recto en su juicio, quiso que Picado muriese de esta suerte, pues nunca aconsejó al Marqués cosa que fuese acertada ni que le conviniese. Una de las pricipales causas de que los gobernadores de estos reinos (Pizarro y Almagro) hayan tenido tan malos fines, ha sido la de fiarse de criados simples, astutos, maliciosos y más deseosos de conseguir dineros y favorecer a sus amigos, que de aconsejar a sus señores lo que les conviene e lo que son obligados a hacer. Y los vivos y los que hayan de venir a gobernar sírvanse de criados virtuosos y que no tengan vicio grave, y así acertarán, porque, de otro modo, les ocurrirá lo que les ha ocurrido a los demás”.
     Cieza generaliza las malas consecuencias de elegir equivocadamente a los consejeros, pero en sus palabras deja claro el pésimo concepto que tenía del poderoso Antonio Picado. Termina su reflexión mostrando su triste final: “Después de que hubieron pregonado la causa por la que mataban al secretario Antonio Picado, le cortaron la cabeza y lo enterraron en Nuestra Señora de la Merced”.
     Aunque sabían que Vaca de Castro, el representante del Rey, estaba a punto de llegar, pizarristas y almagristas se preparaban para la guerra: “Don Diego de Almagro mandó a Don Alonso de Montemayor que fuese a las ciudades de Huamanga y Cuzco para juntar y proveerse de armas. Llegó noticia a Lima de que Alonso de Alvarado, al conocer la muerte del Marqués, había juntado la gente que tenía, la que estaba en Huánuco con Pedro Barroso y los soldados que se encontraban en Moyobamba con Juan Pérez de Guevara, y, con todos ellos, pensaba hacerse fuerte hasta que Vaca de Castro entrase en el reino, y que había alzado bandera de lealtad al Rey”. Comenta Cieza que, al saberlo, los almagristas se inquietaron mucho, pero “sus principales capitanes no tenían voluntad de dar la batalla, sino que, en el caso de que Su Majestad no perdonase la muerte del Marqués, su intención era meterse en el interior de las provincias de Chile”. Y hace otra reflexión invocando el sentido común: “Verdaderamente,  entre estos había caballeros tan determinados y soldados tan osados, que, si la emulación no carcomiera entre ellos sus mismas entrañas, con deseo de superar los unos a los otros o verse muertos, ellos destacarían fuera de este reino, porque, quedándose en él y teniéndolo en tiranía, no se les podría perdonar el castigo que Dios y el mundo suelen dar a los que se envuelven en  este título y hacen atrocidades”.

     (Imagen) Asesinado Pizarro, sus partidarios y los almagristas se prepararon frenéticamente para luchar entre ellos. Junto a Perálvarez Holguín, quien capitaneaba a los pizarristas era el extraordinario Alonso de Alvarado, uno de los pocos que no oscilaban, como las veletas, a favor del viento dominante. Con suma rapidez, había conseguido reunir en Chachapoyas a la gente que tenía en Moyobamba (a 250 km) y en Huánuco (a 700 km). En la imagen se ven las tres ciudades subrayadas en rojo, y también, como referencia, la ciudad de Lima. Chachapoyas, fundada por el propio Alonso de Alvarado en 1538, cuenta actualmente con 30.000 habitantes. Moyobamba, que tiene hoy 50.000 habitantes, quedó asentada el año 1540 por el capitán Juan Pérez de Guevara, a quien le había confiado la misión Alonso de Alvarado. Huánuco (200.000 habitantes en censos recientes) fue establecida, inicialmente, por Gómez de Alvarado, quien tuvo una relación cambiante con los almagristas y los pizarristas. Batalló junto a Almagro en las Salinas. Tras la derrota, no le castigaron porque fue uno de los que habían evitado que le cortaran la cabeza a Hernando Pizarro. A eso se debe que Francisco Pizarro le confiara crear la ciudad de Huánuco. Pero Gómez siguió tonteando con Almagro el Mozo. Por eso nos cuenta Cieza que, quien le trajo a Alonso de Alvarado los soldados desde allí, fue el capitán Pedro Barroso. Lo que no consiguió digerir el estómago de Gómez de Alvarado fue el asesinato de Pizarro, y, volviendo definitivamente al bando pizarrista, luchó en la batalla de Chupas (año 1542) contra el Mozo, que fue derrotado y ejecutado. Da la casualidad de que también murieron ese mismo año (de enfermedad) GÓMEZ DE ALVARADO y su glorioso hermano (aplastado por un caballo) PEDRO DE ALVARADO.



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