martes, 30 de julio de 2019

(Día 896) Vaca de Castro, en su caminar hacia Perú, recibió la noticia de la muerte de Pizarro, lo que le convertía a él en Gobernador de aquel territorio. Los pizarristas atormentaron a Antonio Picado y le anunciaron que lo iban a matar.


     (486) Cieza comenta (y no será la única vez que lo haga) que Vaca de Castro era ambicioso de riquezas: “Como venía con codicia de tener dineros, tuvo sus inteligencias y rodeos con Belalcázar para que se quedase ciertas cosillas menudas y de poco precio que traía, pagándoselas a precios que no se tenían por baratos. Luego envió sus mensajeros a la ciudad de Quito para que supiesen en todo el Perú su llegada, y que Su Majestad le había nombrado Juez para ocuparse de las alteraciones que había habido entre el Marqués Don Francisco Pizarro y  el Adelantado Don Diego de Almagro”. Decidió también darle permiso a Pascual de Andagoya para ir a España con el fin de que el Rey le indicara cuáles serían sus  competencias en las Indias como conquistador. Tras estas disposiciones, Vaca de Castro preparó su viaje al Perú, adonde iría pasando por la ciudad de Popayán.
     El gran Lorenzo de Aldana, representante de Pizarro, se encontraba entonces en la ciudad de Quito. En cuanto supo que Vaca de Castro iba a Popayán, salió hacia allá para encontrarse con él. Según caminaba, le llegó un mensajero con la noticia de que habían asesinado a Pizarro (tuvo que ser un mazazo para él), y aceleró su marcha para que Vaca de Castro lo supiese lo antes posible. Cuando se encontraron los dos, Vaca de Castro recibió muy bien a Aldana y lo felicitó por la gran labor que había estado haciendo en el territorio de Quito, pero, con respecto a su reacción sobre la noticia de la muerte de Pizarro, se diría que Cieza deja caer una velada crítica: “No la tuvo por cierta, pero tampoco dejó de considerar que los de Chile le hubiesen matado para vengar la muerte de Don Diego de Almagro. Y se alegró mucho de tener una provisión de su Majestad por la que, si el Marqués moría, pudiese él gobernar la provincia y hacer justicia. Ciertamente, él no mostró mucho sentimiento por aquel suceso, aunque algunos creyeron que lo disimulaba. Aquel mismo día le escribió a Belalcázar rogándole que permaneciera en la ciudad de Cali hasta que se supiese si la noticia de la muerte del Marqués era fingida o verdadera. Belalcázar le contestó que no sadría de allí aunque mucho le conviniese”.
    Volvemos ahora con Cieza a otro escenario, una vez más, patético. Los almagristas, como vimos, le presionaban a Antonio Picado, secretario de Pizarro, para que confesara dónde tenía su patrón escondido su tesoro: “Respondía que, si alguno tenía, él no sabía dónde estaba, pero no le creían. Como le tenían enemistad por las cosas pasadas, Juan de Rada, con mucha ira, le respondió que, si no lo dijese, lo habían de matar. Viendo Almagro y Juan de Rada que no lo quería decir, mandaron que se hiciesen los preparativos, y le dieron grandes tormentos, y, como el triste no sabía qué decirles, pidió que le dieran la muerte. Viendo que no podían saber de él ninguna cosa, concertaron matarlo, e, un día antes de la fiesta de San Jerónimo, le dijeron que se confesase, porque solo le quedaba aquel día de vida. Picado, como hombre, lamentó su muerte, y se confesó con mucha contrición, casándose aquella noche con Ana Suárez, su amiga”.

     (Imagen) CRISTÓBAL VACA DE CASTRO logró llevar a cabo la dificilísima misión que le encargó el Rey: poner orden en medio de las guerras civiles. Y hay que tener en cuenta que la situación había empeorado mucho cuando llegó porque acababan de asesinar a Pizarro. Ya le dediqué una imagen. Pero ahora me centraré en un personaje que tuvo una importancia clave en su formación intelectual y profesional: GARCÍA DE LOAYSA Y MENDOZA. Nació en Talavera de la Reina (Toledo) el año 1478, y, como otros muchos de familia noble, optó por hacerse clérigo. Contaba con grandes influencias, lo cual facilitaba mucho los ascensos, pero de poco servían sin una buena ‘materia prima’, es decir, notable inteligencia y fuerte carácter. Profesó como dominico, llegando a ser Maestro General de la Orden, confesor de Carlos V, Obispo de Sigüenza, Obispo de Burgo de Osma, Arzobispo de Sevilla, Cardenal, y, para que no le faltara nada, el 1546, año de su muerte, ejerció como Inquisidor General. Al igual que otros clérigos de alto nivel, tuvo también cargos políticos. El año 1503 se fundó la Casa de la Contratación de las Indias de Sevilla, ejerciendo allí desde el principio el tesorero (y canónigo) Sancho Ortiz de Matienzo, cuyo protector, el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, inauguró en 1511 la Junta de Indias. La cosa siguió de clérigos, porque, en 1524, se creó el Consejo de Indias, y el obispo García de Loaysa fue su primer presidente, ejerciendo durante cinco años. Mucho ayudó Loaysa a Vaca de Castro para promocionarle en importantes cargos políticos y judiciales, pero recordemos que, según Cieza, hubo rumores de que el Rey le confió la importantísima intervención en las guerras civiles de Perú por consejo del obispo Loaysa (experto en temas de las Indias) y de Hernando Pizarro, este, de forma interesada, para que fuera riguroso con los almagristas (dado que tenía fama de sobornable).  



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