miércoles, 10 de julio de 2019

(Día 879) Asesinan a Pizarro, quien, a pesar de sus muchos años, muere batallando como lo que fue, un militar lleno de bravura e incapaz de suplicar piedad, y al que Cieza le rinde toda su admiración.


     (469) Los de Chile subieron a la sala dando gritos: “Martín de Bilbao llegó a la cámara donde estaba el Marqués, y Juan Ortiz de Zárate, con una alabarda, le dio una herida o dos, siendo él (Zárate) herido malamente. Algunos habían dicho que este Juan Ortiz de Zárate avisó a los de Chile que el Doctor Blázquez los quería prender por orden del Marqués, pero, por lo que hizo, se colige que era mentira. Francisco Martín de Alcántara estaba a la puerta de la cámara con su espada, y se retrajo a la recámara donde estaba el Marqués, su hermano, para ayudarle y morir con él. Estaban con el Marqués dos pajes mancebos, el uno llamado Vargas y el otro Cardona, e, con su espadas en las manos, se pusieron al lado de su señor. Los de Chile, a grandes voces, pugnaban por entrar para matarle. Viendo que  no podían entrar, y que hacía ya gran rato que estaban allí, usaron de un ardid mañoso (y verdaderamente miserable), y fue echarle donde estaba el Marqués a uno de ellos por fuerza. Y así, a un Diego de Narváez (el tonto útil), con grandes empujones que le dieron, le hicieron entrar dentro, y el Marqués le dio tales golpes, que murió de ellos. Los de Chile entraron dentro de rondón, y Martín de Bilbao y otros descargaron sus golpes en el capitán que nunca se cansó de descubrir reinos e conquistar provincias, y que había envejecido en el servicio del Rey. El Marqués, después de haber recibido muchas heridas, sin mostrar falta de ánimo, cayó muerto en tierra nombrando a Cristo nuestro Dios. Quedó tendido en el suelo el cuerpo del generoso Capitán, adornado del ser que requería un tan famoso español como él fue”.
     Añade Cieza algunos datos complementarios: “Fue su muerte a las once del día, a veintiséis días del mes de junio, del año mil quinientos cuarenta y uno. Gobernó desde la villa de Plata hasta la ciudad de Cartago, que hay más de novecientos leguas; no fue casado; tuvo, en señoras de esta tierra, tres hijos y una hija; cuando murió, tenía sesenta y tres años y dos meses. Fueron muertos asimismo su hermano Francisco Martín de Alcántara y los dos pajes, Cardona (otros lo llaman Escandón) y Vargas, y fueron heridos malamente Don Gómez de Luna, Gonzalo Hernández de la Torre, Hurtado y Francisco de Vergara”.
     Lo que podríamos llamar un ‘magnicidio’, ya  se había consumado. Luego vino una riada de acontecimientos, desencadenando una inestabilidad social que Cieza nos va contando de un tirón, casi sin coger aliento. Habrá que resumirlo de la manera más clara posible. Naturalmente, imperó el miedo, aunque los más valientes se decantaron sin tapujos como almagristas o pizarristas. Hubo muchos que cambiaron de chaqueta y colaboraron con los conspiradores, por oportunismo o por simple miedo a perder la vida. Todo irá encajando hasta desembocar en una lucha militar cuando entre en acción el enviado del Rey, el licenciado Cristóbal Vaca de Castro.

     (Imagen) El cacereño PEDRO ÁLVAREZ HOLGUÍN (de quien ya hemos hablado), siempre fiel a Pizarro, fue tan caballeresco y cumplidor de su palabra, que peleó contra él en las Salinas porque, apresado antes por Almagro, le juró que no escaparía. Tras el asesinato de Pizarro, fue nombrado Justicia Mayor del Cuzco por Vaca de Castro, y condenó a muerte al huido Almagro el Mozo,  muriendo después los dos luchando el uno contra el otro en la batalla de Chupas. Los historiadores suponen que fue el Mozo quien dirigió el asesinato de Pizarro, pero dudan de su intervenión personal. Holguín va más lejos: lo asegura. Le envió el 18 de agosto de 1541 al Rey una de las primeras cartas que le llegaron con la trágica noticia, y en ella lo deja claro (resumo el texto): “Como a todos es notorio, Don Diego de Almagro, el hijo del Adelantado Don Diego de Almagro, ya difunto, después de haber juntado mucha gente en la Ciudad de los Reyes, ayudándose unos a otros y teniendo pospuesto el temor de Dios y de Su Majestad, fueron con mano armada un día del pasado mes de junio a la posada del Marqués Don Francisco Pizarro. El dicho Don Diego de Almagro e otros, mandados por él, entraron donde estaba el Marqués Don Francisco Pizarro, e le dieron muchas cuchillas y estocadas, hasta que le mataron. Y mataron asimismo a Francisco de Chaves, a Francisco Martín de Alcántara, hermano del Marqués, a sus pajes e criados, y a las personas que con él se hallaban y les quisieron resistir”. Impresiona ver de qué forma tan trágica murió uno de los más grandes de las Indias, FRANCISCO PIZARRO, como le ocurrirá pronto a Diego de Almagro el Mozo, y, más tarde, a Gonzalo Pizarro, el último hermano que quedaba en Perú. Lo más triste fue que las tres desgracias llegaron como consecuencia de sus propios errores.



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