martes, 20 de septiembre de 2016

(Día 394) NUÑO evita (de momento) ser juzgado marchando de campaña; la tropa ve con muy malos ojos que ejecute a un cacique. Llegan los nuevos oidores, que son tan ejemplares como pésimos los anteriores. Uno de ellos es el admirable VASCO DE QUIROGA. Apresan y juzgan a DELGADILLO Y MATIENZO. También es detenido NUÑO DE GUZMÁN; le envían a la Corte y muere preso en el castillo de Torrejón de Velasco.

(146) –Te veo radiante, pequeñín: va a llegar tu preferido.
     -Es que resulta un alivio, querido preceptor, darnos de bruces en Indias con un español extraordinariamente ejemplar y positivo.
     -Y, además, también cuenta que lo conocieron tus antepasados de Madrigal de las Altas Torres. Pero  no te precipites: tenemos que aguantar un ratito aún el mal olor de Nuño. “Como supo que lo quitaban de presidente e venían otros oidores, el Nuño de Guzmán allegó todos los soldados que pudo para que fuesen con él a la provincia de Jalisco, y los que no querían ir de grado apremiábalos para que fuesen por fuerza, o habían de dar dinero a otros soldados que fuesen en su lugar. Y llevó muchos indios mexicanos cargados y otros de guerra, y hacía grandes  molestias con su fardaje por los pueblos que pasaban. Y en Michoacán, porque el principal cacique  no le dio tanto oro como le pedía, le atormentó y le quemó los pies, y por algunas trancanillas (calumnias) que le levantaron al pobre cacique, le ahorcó, que fue una de las malas cosas que un presidente no podía hacer, y todos los que iban en su compañía lo tuvieron a crueldad. Y el  Nuño de Guzmán siempre se estuvo en aquella provincia hasta que le trajeron a México preso a dar cuenta de las sentencias que contra él dieron”. Llega tu idolatrado, baby.
     -Pues vamos a oxigenarnos, reve. “Quitada la audiencia anterior, llegó la  nueva, y vino por presidente don Sebastián Ramírez de Villaescusa, obispo de Santo Domingo, y cuatro oidores, Alonso de Maldonado, el licenciado Zaínos, el licenciado Salmerón, y el licenciado Vasco de Quiroga, de Madrigal (quitémonos la gorra, Sancho), que después fue obispo de Michoacán”. No me digas que lo  mitifico, santo padre: cómo tuvo que ser el hombre para que el amor popular le hiciera pasar a la historia (hasta hoy, ¡y siendo español!) con el apelativo de Tata Vasco. ¡Qué cambiazo!: de un extremo a otro. Tan ejemplares fueron los nuevos jefes como desastrosos los anteriores. Examinaron de inmediato la situación: “Y de todas las villas vinieron muchos vecinos y aun caciques, y dieron tantas quejas del presidente y oidores pasados que estaban espantados los que les sucedieron. El Delgadillo y Matienzo decían que todas las demandas que les ponían eran a cargo de Nuño de Guzmán, que, como presidente, lo mandaba, pero les vendieron sus bienes para pagar las sentencias que hubo contra ellos, y les echaron presos”. ¿Cómo pudieron abusar tanto tiempo?
     -Fueron las circunstancias, hijo mío. Mi sobrino llevaba 18 años inmerso en el caldo de cultivo de corrupción judicial de ambas audiencias, la de Santo Domingo y la de México (inauguró las dos). Bernal llega a afirmar (por supuesto, exagerando) que esos funcionarios tenían un poder mayor que el que poseyeron luego los virreyes. También exagera al decir que murió arruinado, pero sí es cierto que perdió gran parte de su fortuna y que  murió en España rumiando como alma en pena el estacazo que le dieron los nuevos jueces, aunque esos sufrimientos le vinieron bien para abreviar su paso por el Purgatorio, adonde llegó en 1536. El peor de todos, Nuño de Guzmán, intentó escurrirse como una anguila, pero, a pesar de sus poderosas influencias familiares, lo apresaron, le enviaron a España y murió en 1540 encerrado en el castillo de Torrejón de Velasco. Terminemos con los piropos que Bernal les echa a los recién llegados: “Ciertamente eran tan buenos jueces y rectos en hacer justicia que no entendían sino en hacer lo que Dios y Su Majestad mandaban, en que los indios conociesen que les favorecían y en que fuesen bien adoctrinados en la Santa Doctrina. Y demás desto, luego prohibieron que se herrasen esclavos, e hicieron otras cosas buenas. Pues el licenciado Quiroga, era tan bueno, que le dieron el obispado de Michoacán”. Te puedes sentir orgulloso de él, querido monaguillo: gran humanista de extensa cultura; como reunía todos los requisitos, incluso el de ser soltero, y el clamor general lo exigía, le hicieron sacerdote y obispo de una tacada. ¡Y cómo acertaron!

     Foto 1ª.- Entre las paredes del hoy arruinado castillo  de Torrejón de Velasco, a unos 30 km de Madrid,  acabó sus días apresado uno de los peores españoles que llegaron a Indias: soberbio, sádico y despótico, aunque  hay que reconocerle que fue un brillante fundador de ciudades en tierras mexicanas. Foto 2ª.- La contrapartida: Vasco de Quiroga. Acabó con los desmanes de Nuño, se empeñó en hacer realidad en Indias la Utopía de Tomás Moro (a quien vemos detrás de él como susurrándole sabios consejos), y lo consiguió en gran parte, permaneciendo su obra hasta nuestros días.



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