martes, 23 de febrero de 2016

(184) - Nos viene “como de molde”, ilustre cronista, abandonar de momento al gran Pedro Sarmiento para hablar del que le acaba de dejar tirado a él: el gobernador de Chile don Alonso de Sotomayor.
     - Dignum et justum est, reverendus. A pesar de esta faena, el personaje  tuvo una biografía apasionante y lustrosa. Incluso veremos en una carta suya que su decisión de apartarse de la armada de Flores parecía tener razones de mucho peso. Alonso de Sotomayor y Valmediano (1545/1610) era de Trujillo, como tantos héroes de Indias. Precoz aventurero, con 15 años ya estaba jugándose el tipo en las guerras de Italia y Flandes bajo las órdenes de tres “gloriosos”, el Duque de Alba, don Juan de Austria y Alejandro Farnesio, que alabaron su valentía y habilidad. De esa experiencia obtuvo prestigio, grado de capitán, nombramiento de Caballero de Santiago y… unas heridas de guerra que le dejaron hecho un santocristo: quedó cojo de un arcabuzazo, y otro en la boca casi lo mató, llevándole media quijada, ocho dientes y parte de la lengua. Pero su proyecto de vida militar siguió adelante porque todo eso no le hizo perder autoridad sino aumentarla. Felipe II no tuvo dudas: vio en él al hombre ideal para que, con el cargo de Gobernador de Chile, se ocupara de someter a los indios mapuches, muy belicosos, y especialmente temibles porque montaban bien a caballo. No tuvo demasiado éxito debido a que sus escasos soldados estaban hartos de tanta dificultad. Pronto le dieron otro destino. Te gustará contarlo, juvenil ectoplasma.
     - Con muy grande plaser, pulido mansebo. Ya tenía yo ganas de ajustarle las cuentas a Francis Drake. Ese hijo de la Pérfida Albión, donde ennoblecían a los piratas, tuvo la osadía de andar incordiando por todas las costas de Indias; luego se moriría de risa participando en la derrota de le Armada invencible. Se envaneció tanto que consiguió de la Reina Virgen (¡ya, ya!) que le pusiera al frente de otra apabullante flota para asolar las mismísimas costas españolas, y sufrió un descalabro total.  Entonces, el fatuo se dijo: “Vámonos a Panamá y establezcamos allí un fuerte con la bandera de Inglaterra ondeando gloriosamente”. Y el tío se fue, pero le salió al paso un extremeño cojo, desdentado, con media mandíbula y dificultades en el habla, al que le habían ordenado machacarlo: sí, señor, ese mismo don Alonso de Sotomayor y Valmediano. El veterano mutilado de guerra cumplió a la perfección: desbarató por completo la armada de Drake, que  no superó el trauma, perdió su sentido del humor inglés y falleció allí mismito de disentería, en Panamá, en 1596. Después Sotomayor seguiría peleando, pero en Granada contra los moriscos sublevados. Deléitanos mañana con dos cartas suyas. Ciao, caro.
     - Nos dará importantes datos de la flota de Sarmiento. Buona notte.
     


     Sigamos didácticos, docto burgalés de la calle San Mamés  (de Bilbao). ¿Qué bandera pensaba poner el filibustero Drake en Panamá? ¿La Union Jack? No padre (quizá la más apropiada fuera la de la calavera con dos tibias). Su intención era izar la de Inglaterra (cruz roja sobre fondo blanco, en honor a San Jorge). En 1606 (ocho años después de la muerte de Sir Francis), Escocia aportó su cruz blanca aspada de San Andrés, naciendo así la primera Union Flag o Union Jack, bandera oficial de Gran Bretaña. Hubo que esperar hasta 1801, con la incorporación de Irlanda, para que se formara la Union Jack añadiendo la cruz aspada roja de San Patricio, representando al actual Reino Unido. Pero (ay, Dios mío) ya sabes que la moviola de la Historia puede dar marcha atrás, y parece que los nacionalistas vuelven a enredar por todas partes.


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