(1491) Nos contará enseguida el cronista
que la recién nacida ciudad de León desaparecerá casi de inmediato por orden
superior. Pero, antes, nos habla de otra desgracia: “Sucedió la muerte de un
sobrino del Capitán Martín Galiano, llamado Miguel Seco Boyano, vecino de la
ciudad de Vélez y hombre lleno de aspiraciones. Aunque era ya titular de una espléndida
encomienda de indios en el pueblo de
Ágata, del territorio de Vélez, el gobernador interino Miguel Díaz de
Armendáriz le concedió otra muy importante, situada en la zona donde fue
fundada la precaria ciudad de León. Pero a Miguel Seco le llegó la noticia de
que los indios de aquel lugar, llamados sapos y chinácotas, tenían mucho oro, y
fue allí con tres compañeros. Una vez
llegados, tomaron la decisión de vivir entre los nativos, los cuales le
prometieron a Miguel Seco darle mucha cantidad de oro, pero nunca le daban nada,
salvo vanas esperanzas”. Con su terquedad, Seco solo consiguió de los indios (en
realidad carentes del precioso metal) que le llevaran una pequeña cantidad
conseguida de otros nativos. La ridiculez de la entrega ofendió tanto al
español, que, convenciendo a sus compañeros, mataron con arcabuces a los cuatro
indios principales. Los demás huyeron, pero para volver reforzados con
compañeros de su tribu. Habiendo convocado a otros, se juntaron todos de noche,
llegaron con sigilo al alojamiento de Miguel Seco, y, pillándolos por sorpresa,
lo mataron a él, a otros dos españoles y a algunos indios amigos que con ellos
estaban. Pero ocurrió lo que era inevitable en Las Indias cuando los nativos
mataban a los soldados españoles sin luchar en un enfrentamiento militar
(aunque en este caso la venganza de los indios estaba plenamente justificada):
“Cuando se supo en Vélez lo ocurrido, salió a castigarlos Juan de Ángulo, haciéndolo
rigurosamente con algunos, y, más levemente, con los menos culpables, de manera
que después quedó todo el territorio en paz y sosiego”. Tras lo ocurrido,
continuó gobernando durante un año el Capitán Juan de Angulo la ciudad de León,
carente de legalidad. Durante ese tiempo, tuvo ocasión de recorrer todos sus
entornos, y vio claramente que poco provecho se podía obtener de aquella
tierras. No había minas de oro ni de otros metales, la cantidad de montañas de aquella zona era excesiva, por lo que resultaba imposible para la cría de ganado,
y, además, tampoco se prestaba a una recolección abundante de maíz, frutas y
algodón. El Capitán Juan de Angulo (es de él de quien se dice en el documento
de la imagen que fue nombrado máxima autoridad en León) envió un informe con estos datos a la Real
Audiencia de Santa Fe, y allí dieron orden de abandonar de inmediato la ciudad
de León, fundada por el Capitán Bartolomé Hernández de León sin el previo
consentimiento de las autoridades.
(1491) Nos contará enseguida el cronista
que la recién nacida ciudad de León desaparecerá casi de inmediato por orden
superior. Pero, antes, nos habla de otra desgracia: “Sucedió la muerte de un
sobrino del Capitán Martín Galiano, llamado Miguel Seco Boyano, vecino de la
ciudad de Vélez y hombre lleno de aspiraciones. Aunque era ya titular de una espléndida
encomienda de indios en el pueblo de
Ágata, del territorio de Vélez, el gobernador interino Miguel Díaz de
Armendáriz le concedió otra muy importante, situada en la zona donde fue
fundada la precaria ciudad de León. Pero a Miguel Seco le llegó la noticia de
que los indios de aquel lugar, llamados sapos y chinácotas, tenían mucho oro, y
fue allí con tres compañeros. Una vez
llegados, tomaron la decisión de vivir entre los nativos, los cuales le
prometieron a Miguel Seco darle mucha cantidad de oro, pero nunca le daban nada,
salvo vanas esperanzas”. Con su terquedad, Seco solo consiguió de los indios (en
realidad carentes del precioso metal) que le llevaran una pequeña cantidad
conseguida de otros nativos. La ridiculez de la entrega ofendió tanto al
español, que, convenciendo a sus compañeros, mataron con arcabuces a los cuatro
indios principales. Los demás huyeron, pero para volver reforzados con
compañeros de su tribu. Habiendo convocado a otros, se juntaron todos de noche,
llegaron con sigilo al alojamiento de Miguel Seco, y, pillándolos por sorpresa,
lo mataron a él, a otros dos españoles y a algunos indios amigos que con ellos
estaban. Pero ocurrió lo que era inevitable en Las Indias cuando los nativos
mataban a los soldados españoles sin luchar en un enfrentamiento militar
(aunque en este caso la venganza de los indios estaba plenamente justificada):
“Cuando se supo en Vélez lo ocurrido, salió a castigarlos Juan de Ángulo, haciéndolo
rigurosamente con algunos, y, más levemente, con los menos culpables, de manera
que después quedó todo el territorio en paz y sosiego”. Tras lo ocurrido,
continuó gobernando durante un año el Capitán Juan de Angulo la ciudad de León,
carente de legalidad. Durante ese tiempo, tuvo ocasión de recorrer todos sus
entornos, y vio claramente que poco provecho se podía obtener de aquella
tierras. No había minas de oro ni de otros metales, la cantidad de montañas de aquella zona era excesiva, por lo que resultaba imposible para la cría de ganado,
y, además, tampoco se prestaba a una recolección abundante de maíz, frutas y
algodón. El Capitán Juan de Angulo (es de él de quien se dice en el documento
de la imagen que fue nombrado máxima autoridad en León) envió un informe con estos datos a la Real
Audiencia de Santa Fe, y allí dieron orden de abandonar de inmediato la ciudad
de León, fundada por el Capitán Bartolomé Hernández de León sin el previo
consentimiento de las autoridades.
