(1189) Por aquello de que 'más sabe el
tonto en su casa que el listo en la ajena', los dos oidores de la Audiencia van
a cometer bastantes errores, aunque los dos primeros asuntos los resolvieron
bien: "Ya dije que algunos soldados que estaban disgustados con el maestre
de campo, Lorenzo Bernal de Mercado, se
quejaron a los oidores por su manera de
mandar en la ciudad de La Serena. Decían que los trataba mal de palabra y que
era áspero de condición e insufrible. Llegado a Concepción, les entregaron una
carta a los oidores pidiéndoles que le quitasen del cargo que tenía, o que les
diesen licencia a ellos para irse adonde quisiesen. Leída por los oidores y
como hombres discretos, le llamaron para que viniese a Concepción. Llegado que
fue, lo nombraron corregidor de aquella ciudad, queriendo tenerlo cerca de sí
para casos repentinos y cosas de guerra. Luego algunos hombres principales les dijeron
a los oidores que el capitán don Miguel de Velasco y Avendaño (persona muy
prestigiosa, de quien ya hablamos) era hombre al que se le podía encomendar
cualquier cosa por importante que fuese, y, haciéndoles caso, lo nombraron
capitán general para todos los casos de guerra, y escribieron al general Martín
Ruiz de Gamboa para que lo supiera. Cumpliendo fielmente lo ordenado, Martín
Ruiz de Gamboa le entregó al nuevo general la gente y se vino a Concepción. Don
Miguel llegó a la ciudad de Cañete, y usando del cargo y mando, anduvo por la
provincia hablando a los caciques para que sirviesen a los cristianos y permaneciesen
en sus casas".
Pero pronto los oidores pecarán de
ingenuos, con falta de tacto añadida: "En este tiempo,
saliendo de la ciudad de Concepción un sacerdote que iba a la Nueva Galicia (la
isla de Chiloé), fue muerto por indios salteadores que lo estaban
aguardando. Llegando allí cuatro que iban juntos, al clérigo y a un amigo suyo
que iban delante, los mataron a vista de los otros dos, que se fueron hacia la
ciudad de Angol huyendo por no poderles dar socorro; uno de ellos era fraile y
el otro estaba enfermo. Tras dar aviso en la ciudad de lo sucedido, salió el
capitán que allí estaba a castigar a los culpables y tomó algunos de ellos.
Después de enterrar a los muertos, envió los malhechores a la Audiencia para
que aquellos señores los castigasen. Lo hizo así porque entonces ningún capitán
quería matar indio alguno, sino, con amonestaciones y buenas palabras, pacificarlos,
porque veían que los oidores, como no conocían a los indios, los trataban
amorosamente, y decían que era el mal tratamiento lo que les hacía preferir
morir en la guerra que servir a los cristianos, cuando, en realidad, se
portaban así por ser ellos muy belicosos, como después lo supieron los oidores
por experiencia. A estos indios que mataron al clérigo no los castigaron, sino
que se los enviaron al general para que lo hiciese, pero resultó que, llegados
los indios, como vio don Miguel que no los habían querido castigar, los mandó
soltar. Y, por eso, los indios se marcharon diciendo que el general don Miguel
no los había matado porque tenía miedo. Decían también que los oidores eran
como clérigos, porque los veían andar sin espadas y con ropas largas, lo cual
dañó mucho a la provincia".
(Imagen) Acabamos de ver que, en la
derrota que sufrieron los indios junto a la ciudad de Cañete, el general vasco
Martín Ruiz de Gamboa le indicó al capitán Andicano que cubriera una zona. Se
trataba de PEDRO GONZÁLEZ DE ANDICANO, también vasco, sin duda de gran valía,
pero del que es muy difícil encontrar datos personales. No obstante, Alonso de
Ercilla, asimismo vasco, en su epopeya La Araucana se refiere a él repetidamente,
ya que ambos lucharon juntos. Pedro de Andicano nació el año 1527, y partió hacia
Chile con la tropa que el virrey de Perú don Antonio de Mendoza envió para
ayudar a un Pedro de Valdivia en apuros, llegando a La Serena a finales del año
1552. Unos meses después fue con otro grupo a Tucumán, donde Francisco de
Aguirre, por encargo del gobernador Pedro de Valdivia, se encontraba al frente
de una campaña de conquista que tenía su puesto de mando en la estratégica
ciudad de Santiago del Estero. Al morir Valdivia, regresó a Chile urgentemente
Francisco de Aguirre con pretensiones de sucederle en el cargo de gobernador,
llevando entre sus hombres a Pedro de Andicano, pero la llegada del definitivo
titular, García de Mendoza, cambió por completo el panorama político, y bajo
sus órdenes, Pedro de Andicano participó en varias batallas victoriosas contra
los mapuches. Acabada la gobernación de Mendoza, sirvió al nuevo gobernador,
Francisco de Villagra, a quien la fortuna militar le resultó bastante esquiva.
Estando en Arauco, se vieron los soldados muy acosados por los indios, y
ocurrió algo dramático (ya comentado) que el propio Pedro de Andicano
describió. Murió en el enfrentamiento, por exceso de valentía, el capitán Lope
Ruiz de Gamboa, al que hicieron pedazos los indios y los pusieron en las puntas
de sus lanzas con muchos alaridos. Y comenta Andicano: "Al
ser visto por los españoles, fue grande el sentimiento y tristeza que se
recibió viendo muerto un caballero tan principal, en quien todos tenían tanta
ayuda y favor, y así, con gran saña, salieron españoles del fuerte, y por
fuerza de armas, con este testigo (Andicano), que fue el que se lo pidió
al General, entraron entre los indios, sacaron el cuerpo, recobraron la cabeza y
la trajeron al dicho fuerte". Después PEDRO GONZÁLEZ DE ANDICANO se
trasladó a Concepción, donde figuraba como vecino en 1565, aunque también tenía
el año 1567 una encomienda de indios en Cañete, pero hay constancia de que, en
1569, ya había muerto. En la imagen vemos su firma.
(1189) Por aquello de que 'más sabe el
tonto en su casa que el listo en la ajena', los dos oidores de la Audiencia van
a cometer bastantes errores, aunque los dos primeros asuntos los resolvieron
bien: "Ya dije que algunos soldados que estaban disgustados con el maestre
de campo, Lorenzo Bernal de Mercado, se
quejaron a los oidores por su manera de
mandar en la ciudad de La Serena. Decían que los trataba mal de palabra y que
era áspero de condición e insufrible. Llegado a Concepción, les entregaron una
carta a los oidores pidiéndoles que le quitasen del cargo que tenía, o que les
diesen licencia a ellos para irse adonde quisiesen. Leída por los oidores y
como hombres discretos, le llamaron para que viniese a Concepción. Llegado que
fue, lo nombraron corregidor de aquella ciudad, queriendo tenerlo cerca de sí
para casos repentinos y cosas de guerra. Luego algunos hombres principales les dijeron
a los oidores que el capitán don Miguel de Velasco y Avendaño (persona muy
prestigiosa, de quien ya hablamos) era hombre al que se le podía encomendar
cualquier cosa por importante que fuese, y, haciéndoles caso, lo nombraron
capitán general para todos los casos de guerra, y escribieron al general Martín
Ruiz de Gamboa para que lo supiera. Cumpliendo fielmente lo ordenado, Martín
Ruiz de Gamboa le entregó al nuevo general la gente y se vino a Concepción. Don
Miguel llegó a la ciudad de Cañete, y usando del cargo y mando, anduvo por la
provincia hablando a los caciques para que sirviesen a los cristianos y permaneciesen
en sus casas".
Pero pronto los oidores pecarán de
ingenuos, con falta de tacto añadida: "En este tiempo,
saliendo de la ciudad de Concepción un sacerdote que iba a la Nueva Galicia (la
isla de Chiloé), fue muerto por indios salteadores que lo estaban
aguardando. Llegando allí cuatro que iban juntos, al clérigo y a un amigo suyo
que iban delante, los mataron a vista de los otros dos, que se fueron hacia la
ciudad de Angol huyendo por no poderles dar socorro; uno de ellos era fraile y
el otro estaba enfermo. Tras dar aviso en la ciudad de lo sucedido, salió el
capitán que allí estaba a castigar a los culpables y tomó algunos de ellos.
Después de enterrar a los muertos, envió los malhechores a la Audiencia para
que aquellos señores los castigasen. Lo hizo así porque entonces ningún capitán
quería matar indio alguno, sino, con amonestaciones y buenas palabras, pacificarlos,
porque veían que los oidores, como no conocían a los indios, los trataban
amorosamente, y decían que era el mal tratamiento lo que les hacía preferir
morir en la guerra que servir a los cristianos, cuando, en realidad, se
portaban así por ser ellos muy belicosos, como después lo supieron los oidores
por experiencia. A estos indios que mataron al clérigo no los castigaron, sino
que se los enviaron al general para que lo hiciese, pero resultó que, llegados
los indios, como vio don Miguel que no los habían querido castigar, los mandó
soltar. Y, por eso, los indios se marcharon diciendo que el general don Miguel
no los había matado porque tenía miedo. Decían también que los oidores eran
como clérigos, porque los veían andar sin espadas y con ropas largas, lo cual
dañó mucho a la provincia".
(Imagen) Acabamos de ver que, en la
derrota que sufrieron los indios junto a la ciudad de Cañete, el general vasco
Martín Ruiz de Gamboa le indicó al capitán Andicano que cubriera una zona. Se
trataba de PEDRO GONZÁLEZ DE ANDICANO, también vasco, sin duda de gran valía,
pero del que es muy difícil encontrar datos personales. No obstante, Alonso de
Ercilla, asimismo vasco, en su epopeya La Araucana se refiere a él repetidamente,
ya que ambos lucharon juntos. Pedro de Andicano nació el año 1527, y partió hacia
Chile con la tropa que el virrey de Perú don Antonio de Mendoza envió para
ayudar a un Pedro de Valdivia en apuros, llegando a La Serena a finales del año
1552. Unos meses después fue con otro grupo a Tucumán, donde Francisco de
Aguirre, por encargo del gobernador Pedro de Valdivia, se encontraba al frente
de una campaña de conquista que tenía su puesto de mando en la estratégica
ciudad de Santiago del Estero. Al morir Valdivia, regresó a Chile urgentemente
Francisco de Aguirre con pretensiones de sucederle en el cargo de gobernador,
llevando entre sus hombres a Pedro de Andicano, pero la llegada del definitivo
titular, García de Mendoza, cambió por completo el panorama político, y bajo
sus órdenes, Pedro de Andicano participó en varias batallas victoriosas contra
los mapuches. Acabada la gobernación de Mendoza, sirvió al nuevo gobernador,
Francisco de Villagra, a quien la fortuna militar le resultó bastante esquiva.
Estando en Arauco, se vieron los soldados muy acosados por los indios, y
ocurrió algo dramático (ya comentado) que el propio Pedro de Andicano
describió. Murió en el enfrentamiento, por exceso de valentía, el capitán Lope
Ruiz de Gamboa, al que hicieron pedazos los indios y los pusieron en las puntas
de sus lanzas con muchos alaridos. Y comenta Andicano: "Al
ser visto por los españoles, fue grande el sentimiento y tristeza que se
recibió viendo muerto un caballero tan principal, en quien todos tenían tanta
ayuda y favor, y así, con gran saña, salieron españoles del fuerte, y por
fuerza de armas, con este testigo (Andicano), que fue el que se lo pidió
al General, entraron entre los indios, sacaron el cuerpo, recobraron la cabeza y
la trajeron al dicho fuerte". Después PEDRO GONZÁLEZ DE ANDICANO se
trasladó a Concepción, donde figuraba como vecino en 1565, aunque también tenía
el año 1567 una encomienda de indios en Cañete, pero hay constancia de que, en
1569, ya había muerto. En la imagen vemos su firma.
