lunes, 19 de julio de 2021

(1472) Los cuatro peregrinos se acercaban ya a territorio de españoles, y notaron un gran contraste: así como los indios los admiraban y querían a ellos, a los otros los temían y odiaban. El cronista subraya que solo el buen trato convertirá a los indios.

 

     (1062) El paso de los cuatro 'mágicos´ españoles tenía otro  efecto benéfico para aquellos conflictivos pueblos: "Por todas estas tierras, los que tenían guerras con los otros se hacían luego amigos para venirnos a visitar y traernos todo cuanto tenían, y de esta manera dejamos toda la tierra en paz, y les dijimos que en el cielo había un hombre que llamábamos Dios, el cual había criado el cielo y la tierra, al que adorábamos nosotros y teníamos por Señor, y que hacíamos lo que nos mandaba, y que de su mano venían todas las cosas buenas, y que, si así lo hiciesen, les iría todo muy bien. Era tan grande la conformidad que hallábamos en ellos, que, si hubiera un intérprete con el que nos entendiéramos perfectamente, los dejaríamos a todos hechos cristianos".

     Parece que al cronista le viene a la mente algo que había ocurrido poco antes, sin haber hecho mención al especto: "Donde los indios regalaron las esmeraldas a Dorantes, nos dieron más de seiscientos corazones de venados, de los que ellos tienen siempre mucha abundancia para su mantenimiento, y, por esto, le pusimos al lugar el nombre de pueblo de los Corazones, y por él se llega a muchas provincias de la Mar del Sur (el Pacífico), aunque son tierras de pocas provisiones. Las mujeres cubren sus vergüenzas con yerba y paja, y es gente muy apocada y triste. En este tiempo, Castillo vio al cuello de un indio una hebilla de talabarte (cinturón) de espada. Se la tomó y les preguntamos a los indios dónde la habían encontrado, y nos dijeron que era de unos hombres que traían barbas como nosotros, que tenían caballos, lanzas  y espadas, y habían alanceado a dos indios. Nos dijeron también que aquellos hombres se habían ido a la mar, y les vieron marchar hacia la puesta del sol. Nosotros dimos muchas gracias a Dios nuestro Señor por aquello que oímos (por la proximidad del final de su viaje), y cuando tuvimos aquella noticia de ellos, nos dimos más prisa a nuestro camino. Seguíamos hallando más noticias de cristianos, y nosotros les decíamos a los indios que los íbamos a buscar para pedirles que no los matasen ni tomasen por esclavos, ni les hiciesen otro mal,  de lo cual de esto ellos se alegraban mucho. Anduvimos mucha tierra, y toda la hallamos despoblada, porque los moradores de ella andaban huyendo por las sierras por miedo de los cristianos. Fue cosa de la que tuvimos mucha lástima, viendo que, siendo la tierra muy fértil, y muy hermosa, los lugares estaban despoblados y quemados, y la gente muy flaca y enferma. Los indios nos  contaron que algunas veces los cristianos habían destruido y quemado los pueblos, y llevado la mitad de los hombres y todas las mujeres y muchachos, y que los que de sus manos se habían podido escapar andaban huyendo. Los veíamos tan atemorizados, que ni querían sembrar la tierra, pues preferían dejarse morir a ser tratados con tanta crueldad como hasta entonces, y, aunque mostraban grandísimo placer con nosotros, temimos que, llegados adonde los indios que tenían la frontera con los cristianos y guerra con ellos, nos habían de maltratar y hacer que pagásemos lo que los cristianos contra ellos hacían. Mas Dios nuestro Señor fue servido de que, cuando llegamos hasta ellos, comenzaron a temernos  y acatarnos como los indios pasados, de lo que nos maravillamos. Por donde claramente se ve que todas estas gentes, para ser atraídas a ser cristianas y a la obediencia de la imperial majestad, han de ser conducidas con buen tratamiento, y que este es el camino acertado, y no otro.

 

     (Imagen) Por fin, los cuatro españoles que anduvieron perdidos ocho años entre los indios, aunque siguiendo la ruta correcta para 'volver a casa', empezaron a ver rastros de conquistadores. Y pronto encontraron algunos de carne y hueso, lo que va a producir un roce entre dos mentalidades, la de los rudos soldados y la de los cuatro curanderos que desarrollaron una fuerte empatía con los indios, como los que acababan de encontrar: "Estos nos llevaron a un pueblo en el que hallamos mucha gente que estaba junta, recogidos por miedo de los cristianos. Nos recibieron muy bien, convocamos a más gente, como solíamos hacer, y partimos con todos ellos. Por el camino, siempre hallábamos rastro y señales donde habían dormido cristianos. Unos indios que nos servían de mensajeros nos dijeron que toda la gente de los poblados huía por los montes para que los cristianos no los matasen o los hiciesen esclavos. También habían visto que los españoles llevaban a muchos indios en cadenas, de lo cual se alteraron los que con nosotros iban. El siguiente día nos guiaron adonde habían visto los cristianos, y vimos claramente que habían dicho la verdad.  Por toda estas tierras encontramos grandes muestras de oro, hierro, cobre y otros metales". Es probable que más que encontrar, oyeran esa versión de boca de los indios, lo cual, como comentamos anteriormente, dio origen a las sucesivas y desastrosas expediciones de fray Marcos de Niza y Francisco Vázquez de Coronado. Los cuatro héroes estaban ya muy cerca de una avanzadilla de españoles que se dedicaban a esclavizar indios para llevarlos a la zona mexicana de Nueva Galicia, contralada por el cruel gobernador Nuño (Beltrán) de Guzmán. Por estar muy cansados Castillo y Dorantes, no quisieron ir a su encuentro: "Aunque cada uno de ellos lo pudiera hacer mejor que yo, por ser más recios y más mozos, tomé conmigo al negro y once indios, siguiendo el rastro de los cristianos, y al otro día, de mañana, alcancé a cuatro de ellos que iban a caballo, los cuales recibieron gran alteración por verme tan extrañamente vestido y en compañía de indios. Estaban tan atónitos, que no acertaban a preguntarme nada. Yo les dije que me llevasen  adonde estaba su capitán, y así caminamos media legua hasta llegar donde él, que era Diego de Alcaraz". Vemos en la imagen las tierras mexicanas de Sonora, con cuyos indios caminaban los cuatro protagonistas,   y Sinaloa, lugar del encuentro con Alcaraz.




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