martes, 30 de marzo de 2021

(Día 1381) Para variar, los caciques de Altapaha, Achalaque y Cofa (donde dejaron una pieza de artillería que les estorbaba) tuvieron un trato muy amistoso con los españoles. Datos sobre la familia de Isabel de Bobadilla.

 

     (971) Cuando llegó el resto del ejército de Hernando de Soto, fueron muy bien acogidos por el cacique de Altapaha y todo su pueblo, mostrándose muy generosos en la entrega de provisiones. Estuvieron allí tres días: "Durante los cuales se mantuvo la paz que al principio se había asentado, de manera que ninguna molestia recibieron los indios, salvo la comida que les gastaron, y esa la tomaban los españoles muy tasadamente por no irritar a los naturales". Luego pasaron de largo por otro poblado: "Por la provincia de Achalaque caminaron los españoles grandes jornadas por salir presto de ella, porque era estéril de comida, y porque deseaban verse ya en la de Cofitachequi, donde, por las noticias que habían tenido de que en aquella provincia había mucho oro y plata, pensaban cargarse de grandes tesoros y volverse a España". (Cuánta esperanza y cuánta desilusión debía de haber en la vida de aquellos sufridos conquistadores…). Sin embargo, también en Achalaque habían sido bien recibidos, y dejado ellos un buen recuerdo. De paso, Inca Garcilaso, hace una consideración sobre cómo se asentarían en aquellas tierras nuevas razas de animales: "Y lo mismo habían hecho con el cacique de Altapaha y con los demás caciques que habían salido de paz y hecho amistad a los españoles.  En su viaje a La Florida llevaron más de trescientas cabezas de cochinos, machos y hembras, que multiplicaron grandemente y fueron de mucho provecho en grandes necesidades que nuestros castellanos tuvieron en este descubrimiento. Y si los indios no los han consumido, es de creer que, dadas las condiciones que aquel gran reino tiene para criarlos, habrá hoy gran cantidad de ellos, porque, además de los que el gobernador daba a los caciques amigos, se perdieron muchos por los caminos, aunque los guardaban con mucho cuidado".

     La siguiente provincia se llamaba Cofa. Como siempre hacía Hernando de Soto, enviaba por delante mensajeros para ofrecer su amistad, y también con el fin de tener una impresión sobre la actitud de los indios ante su próxima visita. Y siguió la buena racha de los amables encuentros: "El cacique Cofa (recordemos que era frecuente en las Indias que el cacique y su territorio tuvieran el  mismo nombre) y todos sus vasallos mostraron alegrarse mucho con el mensaje, y así, de común consentimiento y con gran fiesta y regocijo, respondieron diciendo que el gobernador y todo su ejército fuesen muy enhorabuena a su poblado, donde los esperaban con mucho deseo de conocerlos,  para servirlos con todas sus fuerzas. Esta provincia de Cofa es fértil y abundante de alimentos. Está poblada de mucha y muy buena gente, doméstica y afable, donde el gobernador y los suyos fueron regalados y descansaron en este primer pueblo cinco días, porque el cacique no consintió que se fuesen antes, y el gobernador, por vía de amistad, consintió en ello. No hemos hecho mención hasta ahora de una pieza de artillería que Hernando de Soto llevaba en su ejército. Habiendo visto el adelantado que no servía sino de carga y pesadumbre, ocupando hombres que cuidasen de ella y acémilas que la llevasen, decidió dejársela al curaca Cofa para que se la guardase y, para que viese lo que le dejaba, mandó apuntar con la pieza desde la misma casa del cacique a una grande y hermosísima encina que estaba fuera del pueblo, y, de dos pelotazos, la desbarató toda, de lo que el curaca y sus indios quedaron admirados".

 

     (Imagen) No estará de más situar a ISABEL DE BOBADILLA, mujer de Hernando de Soto, en el punto que le corresponde dentro de su familia. Era hija del implacable Pedrarias Dávila, a quien, sin embargo, adoraba su mujer, de ilustre linaje y también llamada Isabel de Bobadilla. Constituyeron un matrimonio inconmovible y fecundo, que trajo al mundo nueve hijos (sin contar los que, probablemente, no superaron la niñez). Pedrarias murió el año 1531 (con unos 90 años), pero, en 1520, su mujer volvió a España con su hijo mayor, Diego Arias Dávila, heredero del mayorazgo familiar, el cual se casó a su llegada con doña Mencía de Ayala, y vivieron en Segovia, de donde eran sus raíces; allí ejercía como regidor del cabildo, pero solo vivió diez años más. El segundo, Francisco de Bobadilla, fue fraile dominico en Piedrahita (Segovia). El tercero, Juan Arias, fue a Nicaragua para acompañar a su anciano padre, pero falleció, también en 1530, con solo 21 años (doble y gran golpe para Pedrarias, que murió el año siguiente). El mayorazgo pasó al cuarto hermano, Arias Gonzalo de Ávila, que también heredó el título de Conde de Puñoenrostro. Venían después cinco hijas. La mayor era la trágica María de Peñalosa (cuya historia ya conocemos). Había estado prometida al gran Vasco Núñez de Balboa, pero su padre, el terrible Pedrarias, lo ejecutó. Luego se casó en 1524 con el noble segoviano Rodrigo de Contreras, gobernador de Nicaragua, sufriendo con horror, en 1550, que dos de sus once hijos, Hernando y Pedro Contreras, murieran al ser derrotados como rebeldes en Perú. Le llega el turno a 'nuestra' ISABEL DE BOBADILLA. Se confirman tres cosas: tendría unos 25 años cuando se casó (en 1539), su único marido fue Hernando de Soto y no tuvieron hijos. Le sigue en la lista Elvira Arias, por la que mostró su madre especial preocupación en la redacción de su testamento, otorgado el 20 de octubre de 1539 en Madrid, ya que, no habiéndose casado ni entrado en religión, su futuro era una incógnita, pero, ya fallecida su madre en 1543, se casó con un vecino de Guadalajara llamado Urbán de Arellano. Las dos últimas hijas profesaron como religiosas: Beatriz de Bobadilla, en Santa María de las Dueñas (Sevilla), y su hermana Catalina de Arias fue abadesa en el  monasterio de San Antonio el Real (Segovia). No le vendrían mal al sanguinario Pedrarias Dávila sus piadosas oraciones.




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