viernes, 31 de enero de 2020

(Día 1019) El clérigo Juan de Sosa seguía haciendo campaña a favor de Gonzalo Pizarro. También Hernando de Alvarado traicionó al virrey.


     (609)  El virrey estaba ya harto de contemplaciones: "Sabiendo que cada día cogían más fuerza las noticias sobre Pizarro, le dijo al capitán Diego de Urbina que, ya sin disimular, había que dejar las chamarras y capas, y tomar las picas al hombro. Diego de Urbina le dijo que tenía razón, y el virrey lo nombró maese de campo". Vuelve Cieza a lamentarse por aquel horror: "¡Oh, miserable tierra! Grandes fueron tus pecados, pues tantos males te cercan! En el Cuzco hacen armas, y en la Ciudad de los Reyes deshacen la campana para hacerlas. En todos los sitios solo se ocupan de buscar cotas, aderezar corazas y otros instrumentos, para que presto venga la tormenta final".
     Luego nos habla de un traidor al que ya conocemos: "El padre Sosa, que, como dijimos salió de Lima con el obispo Loaysa, anduvo hasta que llegó al puente de Abancay, donde estaba Francisco de Almendras guardando la artillería. Luego partió hasta que llegó donde estaba Gonzalo Pizarro, quien le agradeció los avisos que le había dado con sus cartas". Al clérigo no le bastó lo que ya había hecho, sino que se puso a animar a la gente, diciendo a todos que el virrey solo contaba con unos trescientos hombres, y que eran pocos los que le querían. A los que le escuchaban no les gustaron estos ánimos, porque ya temían seguir a Pizarro: "No poco daño hizo lo que dijo el clérigo, porque muchos de los que estaban con Pizarro, como hacía días que se les había pasado su locura y su furor, les pesaba haberle nombrado su procurador, y les asustaba tener que enfrentarse al Rey".
     El virrey se esforzaba en reclutar gente,  no solo en Lima, sino en  otras localidades. Con ese fin, envió a Trujillo a un capitán que le va a traicionar, a pesar de ser hermano de alguien que fue ejemplo de lealtad y sensatez. Cieza se lamenta: "Mandó el virrey que fuese a la ciudad de Trujillo el capitán Hernando de Alvarado, el cual se había ofrecido a traer gente y armas porque él dejó allí algunas compradas. Si su plática fuera con intención leal, bien pudiera haber sido tenido en mucho, por su persona y por la del capitán Alonso de Alvarado, su hermano, mas, habiendo oído decir al virrey que, en tiempo oportuno, había de ejecutar las ordenanzas, Hernando de Alvarado no veía ya la hora para alejarse de él, y, tomado el permiso del virrey para partir, se fue con algunos más, pero pronto se le olvidó el compromiso de traer gente y armas".
     El virrey también quiso reclutar hombres en Arequipa, para lo que envió allá con el encargo al tesorero Manuel Esquivel, a quien habilitó como capitán, pero lo recibieron mal, porque, según los vecinos, no se llevaban bien con el tesorero, aunque le respondieron al virrey que, con brevedad, irían a Lima para servirle.
     Pero lo que hicieron, para resolver sus atormentadas dudas, fue enviar a varios representantes para pedirle consejo a alguien que ya vimos en posición ambigua y calculadora: "Partieron de Arequipa el alcalde Francisco Noguerol de Ulloa (tiempo atrás vimos que se vio sometido a un largo proceso por bigamia), Hernando de Torres, Juan de Arvés y otros hacia la ciudad de León, en la provincia de Huánuco, donde estaba como corregidor Pedro de Puelles".
   
     (Imagen) Nos acaba de decir Cieza que HERNANDO DE ALVARADO fingió ser leal al virrey Blasco Núñez Vela, y ahora veremos en qué acabó la historia. No es fácil detectar sus andanzas porque hay otros con el mismo nombre que también estuvieron en Perú. Incluso se le confunde con un capitán que batalló por Chile, lo que no tiene sentido porque 'el nuestro' murió antes. El que no falla es Cieza al decirnos que era hermano del gran capitán Alonso de Alvarado, Así se confirma en la imagen del documento (inapelable) de su embarque para las Indias (año 1537). Vemos que su padre era Garci López de Alvarado, el mismo que el de Alonso, y su madre María de Mena (su segunda mujer). El registro dice que Hernando era vecino de Burgos. Por su parte, Alonso era natural de Secadura (Cantabria), lo que quizá se debiera a que eran hijos de distintas madres (por doble matrimonio), siendo la suya la primera, María de Miranda. Hay algo chocante entre los dos hermanos: en la batalla de las Salinas, Alonso actuó como pizarrista, y Hernando como almagrista; y, además, ahora le vemos a Hernando haciendo algo que Alonso jamás se habría permitido: traicionar al representante del Rey. No obstante, poco después de la batalla de las Salinas, los dos hermanos, enviados por Francisco Pizarro, habían andado conquistando juntos por la zona de Charcas, donde Hernando estuvo a punto de sufrir un motín de sus soldados. En la guerra de Chupas, Hernando también respetó la legalidad luchando junto a Vaca de Castro contra Diego de Almagro el Mozo. Pero lo que va a ocurrir ahora es que, en lugar de reclutar gente para reforzar al virrey, como parecía, se pasará con todos los reunidos al bando de Gonzalo Pizarro, quien lo nombró Teniente de Gobernador de la ciudad de Trujillo. En esa apuesta, HERNANDO DE ALVARADO perderá la vida, porque, tras ser derrotado por el virrey en la batalla de Chinchichara (año 1545), tuvo que salir huyendo a través de las montañas, en solitario y sin recursos, muriendo después medio perdido y de forma miserable.



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