viernes, 3 de enero de 2020

(Día 995) Los vecinos del Cuzco, esperando que las intenciones de Gonzalo Pizarro fueran moderadas, lo recibieron muy bien. En Lima, iba creciendo el rechazo a la llegada del virrey. La lealtad de Vaca de Castro hacia el virrey era fingida.


     (585) Cuando llegó Gonzalo Pizarro al Cuzco, las autoridades de la ciudad esperaban que sus intenciones fueran moderadas: "Como Teniente de Gobernador de Vaca de Castro estaba García de Montalvo, el cual, junto a los alcaldes y regidores (solían ser dos y tres, respectivamente), cuando supieron que ya estaba cerca Gonzalo Pizarro, acordaron salir a recibirle con ánimos alegres, creyendo que  no pretendía más que ser Procurador General de Perú. Le hicieron un alegre recibimiento. Cuando ya se aposentó, muchos vecinos no le mostraban deseo de que respondiese por todos con mano armada, y otros, al contrario, le hacían grandes ofrecimientos, animándole a que siguiera adelante con lo comenzado".
     De repente, Cieza, sumergido en su inacabable historia, observa que se le ha quedado atrás un pequeño detalle, y lo incorpora disculpándose: "Basta que el lector entienda que ha sido un descuido mío". Para que 'el lector' no se líe, recordemos que Cieza nos contó que, cuando Vaca de Castro había llegado a la Ciudad de los Reyes, empezó a hablar de la 'resurrección' de Gonzalo Pizarro, pero se le olvidó olvidó añadir que muchos pensaban que lo que en realidad deseaba era seguir siendo gobernador.
     Tiene importancia su breve desvío porque aporta datos que ponen en entredicho la lealtad de Vaca de Castro a la Corona ya desde que estaba en la Ciudad de los Reyes: "Había gran alboroto  en la ciudad porque llegaban noticias  de que el virrey venía mostrando gran rigor en el cumplimiento de las Leyes Nuevas. Vaca de Castro, según cuentan, se alegraba mucho al oír lo que del virrey decían y de lo poco que le querían, y, fingidamente, en público lo aplacaba. Sería su intención decir más mal de él, mostrando a las provincias cuán pacíficas estaban antes de que el virrey entrase en ellas. Muchos vecinos hablaban lo mismo, mostrando tener voluntad  de irse de la Ciudad de los Reyes sin aguardar al virrey".
     Algunos amigos del virrey, que estaban en la Ciudad de los Reyes, le enviaron un mensaje a Trujillo para que fuera consciente de la situación: "Cuando lo supo, mostró tener alguna turbación, aunque no creía que hubiera un levantamiento, y decía que, si tuviera a su lado cincuenta avileses (él era de Ávila), le bastarían para pacificar todo el Perú, aunque quisieran tirar coces contra las Ordenanzas. Y luego dio orden de ir a la ciudad de los Reyes, aunque su hermano, Vela Ñúñez, estaba enfermo. Salieron de Trujillo con él el capitán Diego Álvarez de Cueto, su cuñado, el mismo Vela Núñez y los demás caballeros, con algunos vecinos de Trujillo y de Piura".
     "Pasadas estas cosas en la Ciudad de los Reyes, algunos vecinos de la ciudad del Cuzco que en ella estaban, pensando que el virrey ya habría salido de Trujillo y que era gran dificultad para ellos el cumplimiento de las leyes, les pareció que les sería fácil oponerse contra el virrey y volver a colocar en el gobierno a Vaca de Castro, con quien todos tenían gran amistad, especialmente Gaspar Rodríguez de Camporredondo".

     (Imagen) Veamos algo más sobre PEDRO ORTIZ DE ZÁRATE. Nació hacia el año 1500 en Orduña, la única población con categoría de ciudad que entonces existía en el Señorío de Vizcaya. Muchos familiares suyos hicieron historia en las Indias, como el gran Juan Ortiz de Zárate, del que ya hemos hablado. Pedro era Alcalde Mayor de Segovia cuando, en 1543, fue a Perú con el virrey Núñez Vela, llevando también consigo a su sobrino Juan de Garay, entonces casi un adolescente, quien años después estableció la fundación definitiva de Buenos Aires. Para Juan, Pedro fue como un padre, pues se ocupó de criarlo porque su madre, hermana de Pedro, lo trajo al mundo siendo soltera, aunque, tiempo después, se casó con alguien que lo legitimó. Siendo oidor de la Audiencia de Lima, se vio obligado a firmar lo que no quería, como vimos en la imagen anterior, pero un testigo, apellidado Polo, explicó en un relato que Ortiz de Zárate, al hacerlo, después de trazar una cruz, dijo: "Juro a Dios y a esta cruz que firmo esta provisión por miedo y para que no maten a los caballeros que están presos". Después pidió que le dieran una certificación de sus palabras. El clima de terror debía de ser insoportable, porque ya había tenido esa misma actitud cuando también firmó bajo amenazas el consentimiento de la boda de su hija con Blas de Soto, hermanastro de Gonzalo Pizarro. Hizo asimismo una cruz y dijo que cedía por tres motivos: por miedo, por miedo y por miedo. Expresión que se ha hecho tradicional en Perú como 'los tres motivos del oidor'. Blas, que estaba sinceramente enamorado, le pedía a Gonzalo que le presionara al oidor para que diera su conformidad. Se prestó a ello el irrepetible Francisco de Carvajal, haciéndole antes una advertencia campanuda e ingeniosa (algún dicho de la época): "El amor es el vino que antes se agría". Se dice asimismo que fue Carvajal quien se encargó de asesinar a PEDRO ORTIZ DE ZÁRATE, en 1547, dándole una 'medicina' para que se curara de una enfermedad que estaba padeciendo.



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