lunes, 6 de enero de 2020

(Día 997) Había letrados que le aseguraban a Gonzalo Pizarro que tenía derecho a rebelarse, y él simulaba que no quería ser gobernador. El virrey se iba acercando a Lima.


     (587) El licenciado León no solo  se alió con Gonzalo Pizarro, sino que, además, sirviéndose de su prestigio como letrado, se atrevió a defender como justa su causa: "Afirmaba también que, por leyes y derechos, Gonzalo Pizarro podía, con título de Procurador General, ir a apelar las Ordenanzas, aunque fuese con mano armada, para defenderse él y los que con él fuesen, si el virrey los quisiese prender. Con los dichos de este letrado y de otros que aseguraban lo que él decía, muchos simples siguieron a Pizarro, y les costó después perder las vidas y haciendas, y quedar como traidores. Y quiero añadir que los vecinos del Cuzco y de la Ciudad de los Reyes solo deseaban que el Rey suspendiese las Leyes Nuevas. Si, en lugar de  escoger a Pizarro como procurador, hubieran nombrado a tres o cuatro conquistadores cuerdos, para que le pidieran al virrey la apelación con mucha humildad, nunca habrían acabado como acabaron. Pero, siendo ellos las ovejas, escogieron al lobo para ser su guardián".
     Después pone ejemplos históricos de cómo los pueblos que dieron el poder a ambiciosos caudillos acabaron mal. Recojo solamente el último que menciona: "En son de libertad peleaba Pompeyo, César decía lo mismo, y Octavio y Marco Antonio, y quedaron ellos como señores, y, quienes les siguieron, los unos muertos, y los otros vasallos". Y aplica la moraleja al Perú: "Los del Cuzco y Lima querían que fuese Pizarro su procurador, y que aventurara él la vida y la honra por la libertad de ellos, olvidando su importancia, que era hermano de Hernando Pizarro, el otro movedor de las guerras pasadas, y que muchos le oyeron decir, después de salir (fracasado) de la campaña de la Canela, que el Rey no le quería bien, pues no le había dado el gobierno de la provincia que dejó el Marqués a su muerte. Además, muchas veces dijo que había de gobernar aunque pesase a todo el mundo. Desde que se supo que llegaba el virrey, le escribían cartas a Gonzalo Pizarro para que tomara el mando, y él se tuvo ya entonces por gobernador, aunque fingidamente lo disimulaba, diciendo que solo deseaba el bien común de todos e su descanso, pues harto tenía para poder vivir".
     Veamos por dónde andaba el virrey: "Salido, pues, de la ciudad de Trujillo, el virrey Blasco Núñez Vela se venía acercando a la Ciudad de los Reyes,  con gran deseo de verse en ella y teniendo por cierto que, con su presencia, se amansarían los bullicios que por todas partes había. De la ciudad salieron dos hombres bien cautelosos, llamados Antón de León y Juan de León, que habían sido ofendidos por Vaca de Castro, y, por ganar el favor del virrey, iban a darle cuenta de lo que pasaba. En el pueblo de La Barranca, se encontró el virrey con el secretario Pedro López (nunca lo indica Cieza, pero era pariente cercano suyo), quien le dio cuenta de lo que Vaca de Castro le mandó. Dicen que el virrey escuchaba las cosas de Vaca de Castro con prevención, pues lo tenía por hombre de mucha codicia".

     (Imagen) RODRIGO DE OCAMPO formaba parte de los hombres que se unieron de inmediato a Vaca de Castro. Nacido en Zamora el año 1476, Residió con Belalcázar en Quito, donde fue regidor permanente del cabildo municipal. También pasó algunos años en Pasto (actual Colombia). Por allí andaba Lorenzo de Aldana, enviado por Francisco Pizarro para que evitase una rebelión de Belalcázar, pero el sospechoso se había ido a España para que el Rey le concediera aquella gobernación. Viendo la valía de Ocampo, fue nombrado por Aldana, en nombre de Pizarro, Teniente de Gobernador en Pasto. En el fondo de su cotazón, la fidelidad de Ocampo se inclinaba hacia Belalcázar, y, cuando este volvió de España con los nombramientos del Rey, los acató inmediatamente. También Belalcázar apreciaba sus grandes cualidades, por lo que le respetó su título de Teniente de Gobernador, pero no en nombre de Pizarro, sino en el suyo propio. Ocampo tenía, además, sentido práctico, y estableció en Pasto el primer molino de trigo de lo que hoy es Colombia. Más tarde se trasladó de Pasto a Quito de nuevo, pero entonces andaba rebelado Gonzalo Pizarro. Demostrando lealtad a la Corona, Rodrigo de Ocampo se alistó en las tropas del virrey Blasco Núñez Vela, ejerciendo el importante cargo de Maestre de Campo. Llegó la batalla de Iñaquito, y, antes de ser asesinado, el virrey retrocedía desesperado porque veía próxima su derrota. Atormentado por brotes de paranoia, sospechaba que algunos soldados le estaban traicionando. Mató por ello a dos capitanes, Jerónimo de la Serna  y Gaspar Gil. Pero también lo hizo, sin base suficiente, con RODRIGO DE OCAMPO, quien, cosa admirable, ya era septuagenario. Diez años después, en 1556, sus hijos, Alonso y Rodrigo, curiosamente todavía menores de edad, reclamaban los muchos bienes en oro, plata y otras cosas que dejó su padre al morir.



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