lunes, 13 de enero de 2020

(Día 1003) Los del Cuzco le nombraron a Gonzalo Pizarro capitán para luchar contra Manco Inca, pero él presionaba para que le dieran también los cargos de Capitán General y Justicia Mayor.


     (593) Pero Pizarro quería más. Envió insistentemente cartas a Diego de Maldonado y a Pedro de los Ríos, que residían en Andahuailas, para que fuesen al Cuzco: "A pesar de que  no querían ir ni estar presentes en los levantamientos, no aprovechó su deseo, porque, fueron tantas las cartas que les mandó, que tuvieron que ir al Cuzco. Cuando se supo que Gonzalo Pizarro había sido nombrado capitán para luchar contra Manco Inca, de todas partes llegaban soldados bien provistos de arcabuces y pólvora para seguirle, pues deseaban que los bullicios se convirtiesen en guerra, para salir de la pobreza que con la paz tenían".
     Luego Gonzalo trabajó a fondo para conseguir más poderes: "Se alegró en gran manera de haber sido nombrado capitán contra Manco Inca, porque le pareció que era un escalón para subir adonde él deseaba. Habló con los más principales pidiéndoles que, como el virrey quería ejecutar las ordenanzas y él había salido de las Charcas para servirles a ellos, le nombrasen su procurador. Los del cabildo, después de haber altercado sobre aquello, acordaron todos juntos darle a Gonzalo Pizarro poder cumplido para que fuera a la Ciudad de los Reyes a  fin de que las ordenanzas fueran apeladas  ante Su Majestad. Hecho esto, Gonzalo Pizarro andaba acompañado de gente de guerra, y mostraba ya por sus palabras que su deseo se extendía a más que ser procurador".
    Le quedaba un paso nás: "Habló con amigos suyos pidiéndoles que  convenciesen a los vecinos para que lo aceptasen como Justicia Mayor, y esto lo hizo para tener entero mando sobre todo. Cuando lo supieron los del cabildo, se alteraron en gran manera, pareciéndoles que Gonzalo Pizarro, aprovechándose de ellos y dejándoles sin mando, se quería alzar con el reino y oponerse al virrey. Pareciéndoles mala su intención, acordaron no concedérselo. Gonzalo Pizarro, como entendió las voluntades de algunos, decía falsamente que no quería ser procurador ni capitán de ciudad tan ingrata, pero no dejaba de andar acompañado de arcabuceros y escopeteros".
    El caso es que los del cabildo volvieron a reunirse, y Gonzalo Pizarro se presentó ante ellos para hacerles una declaración, que Cieza vio tiempo después en poder del notario, y la transcribe. Tenía fecha de 27 de junio de 1544. Era una auténtica farsa, con amenaza incluida, ya que empezaba por decir que, puesto que se negaban a darle el cargo de Justicia Mayor, retiraba su petición, pero que lo aceptaría gustoso si se lo daban, ya que convenía para pacificar a la gente de guerra, de manera que, porque los soldados se lo habían pedido, quería que le nombraran. La enredada argumentación no podía ser más ridícula, pero los del cabildo, ya solos, sometieron el tema a votación, sin duda amedrentados "porque los arcabuceros disparaban pelotas dando a entender que lo mismo harían con ellos si no le obedeciesen a Gonzalo Pizarro".
     Qué situación. Llegó la hora de votar si se le nombraba a Gonzalo Capitán General yJusticia Mayor, y fue evidente que algunos, aterrorizados, trataron de evitar el compromiso. Los abiertamente partidarios de Gonzalo Pizarro lo aprobaron encantados. Hubo otros que se tragaron el sapo por miedo, y también se mostraron conformes. Pero no faltaron los que, echándole mucho valor, trataron de evitar el compromiso.

     (Imagen) JUAN DE BETANZOS era descendiente de una familia noble y culta de origen gallego. Tuvo en común con Francisco de Villacastín (imagen anterior) su pasión por la cultura de los incas y haberse casado con una de sus princesas. Fue un personaje excepcional y de muchas facetas. Parece ser que ejerció como escribano en Santo Domingo, y hasta es posible, incluso, que estuviera con Pizarro y los Trece de la Fama en la isla del Gallo. Tuvo pronto un gran interés en aprender el idioma de los incas, el quechua, y alcanzó tal perfección que ejerció como intérprete para Pizarro, Vaca de Castro y el virrey Blasco Núñez Vela. Su intimidad con los Pizarro fue muy estrecha, aunque se deterioró con Gonzalo Pizarro. Hay que dar por hecho que en las guerras civiles luchó contra Diego de Almagro el Viejo, Diego de Almagro el Mozo, el virrey Núñez Vela (a pesar de haber sido su intérprete), y hasta, inicialmente, contra Pedro de la Gasca. Pero, en este caso, ocurrió que fue apresado por los hombres del habilísimo representante del Rey, quien se empeñó en convencerlo de la insensatez que suponía seguir rebelado contra la Corona, y Juan de Betanzos le hizo caso. Muerto Gonzalo Pizarro, su vida posterior dio un giro radical, dedicándose en el Cuzco a atender sus ricas haciendas. No obstante, participó después, por sus conocimientos lingüísticos, en importantes misiones para pacificar a indios rebeldes. Se había casado en 1544 con Doña Angelina (la princesa inca Curisimay Ocllo, mujer principal de Atahualpa y luego amante de Francisco Pizarro), con quien demostró tenerle mucho afecto. Quedando viudo en 1562, se casó con Catalina Velasco. JUAN DE BETANZOS murió en 1576, dejando una hija de Doña Angelina, tres hijos de su segunda mujer y otros cinco naturales. Permanecerá siempre en el recuerdo por su magnífico libro SUMA Y NARRACIÓN DE LOS INCAS, un extraordinario trabajo histórico, digno de todo crédito y basado en la información que le dieron los propios incas, a quienes les caía bien aquel amable español.



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