sábado, 11 de enero de 2020

(Día 1002) Le trajeron a Gonzalo Pizarro noticias de apoyo, y recuperó su ánimo. Con ello, se convirtió en un líder popular.


     (592) Gaspar Rodríguez, Bachicao y los que iban con él no solo se alegraron de lo que les comunicó Mezcua, sino que le pidieron que volviera al Cuzco: "Le dijeron que fuera a avisarle a Gonzalo Pizarro de su próxima llegada, y le dieron cartas de algunos vecinos de la Ciudad de los Reyes en las que daban a entender el odio que tenían al virrey, y que con todas sus fuerzas iban a procurar echarlo del reino si no quisiese suspender las ordenanzas. Mezcua, por llevar tan alegres noticias, anduvo con mucha presteza, hasta que llegó al Cuzco al tiempo en que Gonzalo Pizarro se disponía a salir de la ciudad".
     Los vecinos, de por sí, ya estaban bastante alterados, y dispuestos a oponerse a la aplicación de las leyes. Entonces Gonzalo recuperó el entusiasmo: "Llamó a  Alonso de Toro, a Villacastín y a otros amigos suyos, les mostró las cartas que le habían escrito desde la Ciudad de los Reyes, y asimismo le mandó a Mezcua que dijese lo que había oído a Gaspar Rodríguez y a los que venían con él. Noticias por las cuales cesó su deseo de volverse a las Charcas, y se calentaban los ánimos de los vecinos para que le eligiesen como Procurador General, para así defender que no se cumpliesen las leyes, y apelarlas ante Su Majestad".
     Esto hace que Cieza, y no sin razón, reflexione sobre la enorme trascendencia que pueden tener algunas pequeñas casualidades: "Por esto el lector puede ver cuán frágil y deleznable es este mundo, pues tantos cambios hay en cada hora que en él vivimos. Estando Gonzalo Pizarro con voluntad de volverse, e los del Cuzco sin ninguna de aceptarle como procurador, ni darle ningún otro cargo, llegaron para alterar la ciudad los vecinos que venían de Lima, cuando él, con codicia de mandar, deseaba que le dieran tal mando, que pudiese, como superior de todos, ir a la Ciudad de los Reyes a echar de ella al virrey, y después, en virtud de una clásula del testamento del Marqués, su hermano, hacerse aceptar como gobernador. Y así, extendida la fama en Perú de que los del cabildo habían nombrado procurador a Gonzalo Pizarro, alegráronse por todas partes. Dichosos aquellos que, con habilidad, pudieron dejar de seguir las banderas de este tirano. Cuando estábamos metidos en los espesos cañaverales de Quimbayá (por donde andaba Cieza de campaña), nos llegó hasta allá este furor y nos hizo comprender cuán crueles son las guerras civiles".
     Los ya asustados vecinos del Cuzco, se colmaron de rabia con lo que contaban los que habían llegado de Lima, especialmente porque aseguraban que el virrey, quien, a lo largo de su viaje, iba aplicando las Leyes Nuevas, estaba decidido a hacerlo en todo el Perú. Los recién venidos (recordemos que eran también vecinos del Cuzco) decían abiertamente que los de Lima deberían apresar al virrey si no cambiaba de actitud. Todo se ponía a favor de los deseos de Gonzalo. Tuvo, además, la suerte de que le dieran los vecinos un primer cargo importante por una emergencia. Casualmente, se rumoreaba que Manco Inca iba a intentar apoderarse del Cuzco, y lo nombraron a Gonzalo Capitán General para el posible enfrentamiento. Lo cual tuvo un ventaja añadida, porque había que reclutar una tropa y ese refuerzo le serviría también para enfrentarse al virrey, si fuera necesario.

     (Imagen) Cieza nos presenta a Villacastín como uno de los hombres de confianza de Gonzalo Pizarro, pero escasean los datos sobre su biografía. Siguiéndole la pista, me sorprende que hablen de él en una revista francesa (para vergüenza nuestra) de estudios hispánicos llamada e-Spania. Resumo lo que cuenta sobre nuestro hombre. Se llamaba FRANCISCO DE VILLACASTÍN. Nació probablemente en Villacastín (Segovia). Cuando Diego de Almagro el Viejo, vuelto de Chile, cercó la ciudad del Cuzco con los pizarristas dentro (y pronto la ocuparía), ya estaba Villacastín bajo el mando de Hernando Pizarro, así que, si ahora le vemos con Gonzalo Pizarro, quiere decir que, casi con seguridad, estuvo luchando bajo el mando de Vaca de Castro en la batalla de Chupas, en la que derrotaron y ejecutaron a Diego de Almagro el Mozo. En ese cerco del Cuzco, estaban los pizarristas tan desesperadamente hambrientos, que Hernando Pizarro mandó salir a algunos de sus hombres, entre ellos Villacastín, en busca de alimentos. Pero la aventura era muy arriesgada. Fueron atacados por los almagristas, y a él lo dejaron sin conocimiento de un golpe en la cabeza. El cronista Garcilaso de la Vega cuenta que, tiempo atrás, había tenido un incidente menos heroico. Lo había anotado alguien en un libro del cronista Gómara. Ocurrió muchos años antes en la selva panameña, lo que prueba la antigüedad de Villacastín como conquistador. Los monos tiraban piedras desde los árboles, y una le quebró dos dientes a Villacastín, casi al mismo tiempo de que lo abatiera con su ballesta. FRANCISCO DE VILLACASTÍN y Gonzalo Pizarro murieron juntos en 1548, tras salir derrotados en la batalla de Jaquijaguana. Tuvo otra peculiaridad: se casó con una india de la nobleza inca, Marca Chimpu Yupanqui, y, atraído por aquella cultura, llegó a dominar el idioma quechua. En las dos cosas coincidió con alguien del que hablaré en la próxima imagen.



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