sábado, 13 de enero de 2018

(Día 590) Hecho el trato, Almagro y Alvarado se dirigen al encuentro de Pizarro. Almagro, a base de dádivas, consigue ganarse adeptos, especialmente entre los hombres de Alvarado. Pizarro recibe muy bien a los dos capitanes; Almagro y él disipan cualquier suspicacia entre ellos. Pizarro le promete a Alvarado tratar bien a sus hombres.

     (180) Belalcázar tuvo el detalle de  ponerle a la ciudad el nombre de San Francisco de Quito en honor de Francisco Pizarro. Con su constante empatía, Cieza se queja de que la mala administración de Belalcázar esquilmó a los indios, y vuelve a hacer referencia a la justicia divina: “Así como todo lo que tomaban era y es sudor de sangre (de los indios), así hemos visto en nuestros días (los de las guerras civiles) los notables castigos que el poderoso Dios ha hecho en la mayoría de los perpetradores”.
     No deja de ser curioso que en Ecuador muchos prefieran considerar a Almagro como el verdadero fundador de Quito. Sin duda tenía mucho más rango militar que Belalcázar, pero su previa fundación fue algo casi simbólico y en un lugar próximo a Quito. Belalcázar estableció su instalación definitiva y  además con toda la parafernalia que exigía el protocolo. Puede ser que a los ecuatorianos les agrade más el comportamiento histórico de Almagro. También resulta sorprendente que esos tres gigantes de Indias, Pizarro, Almagro y Belalcázar, fueran analfabetos. El mal se produjo en su infancia, y aunque hubiesen intentado después  saber leer y escribir (como fue el caso de Pizarro), su trepidante vida de sufrimientos y peligros no les dejaría tiempo ni ganas para entregarse con torpeza a un aprendizaje infantil.
    Creyendo Almagro que Pizarro estaba en Juaja, tomó ese rumbo, pero se detuvo antes en la población más antigua, San Miguel,  y allí se mostró ostentosamente generoso, quizá con la intención de obtener apoyos entre los españoles: “Contar las liberalidades que Almagro hizo en este viaje sería nunca acabar porque se mostró tan dadivoso que volaba su fama por todas partes. Hacía mercedes hinchado de vanagloria, porque en secreto poco o nada quería dar, pero en público, donde hubiese mucha gente, le gustaba que le pidiesen, sin volver el rostro ni mostrarse triste. Esto hizo que la mayoría de aquellos caballeros que habían venido con Alvarado le tomasen amor y se aficionasen a él como se aficionaron”.
     Como en la ruta estaba Pachacama, el lugar escogido por Pizarro para su nueva fundación, Almagro y Alvarado se encontraron con él: “Pizarro, al saber que ya llegaban, salió a recibirlos con mucha gente de caballo. Y al verse, se abrazaron Pizarro, el Adelantado y el Mariscal; y a todos los caballeros que venían los recibió muy bien el Gobernador. Tras aposentarse, Pizarro y Almagro tuvieron tales pláticas que se entendió claramente que todo lo que se había dicho (de las malas intenciones de Almagro) era mentira”.
     También Alvarado le confirmó su buena voluntad y el trato que había hecho con Almagro. Olvidándose de momento del dinero que tendría que darle Pizarro, Alvarado solo le pidió una cosa: “Le dijo que le diese su palabra de tener por suyos a todos los caballeros tan principales que habían venido en su compañía, para los honrar y aprovechar, pues muchos habían dejado a sus indios y haciendas, y gastado lo que tenían para venir con él. Respondió Pizarro con mucha alegría, prometiendo hacer con ellos como con sus propios hermanos”.


     (Imagen) Me voy a poner épico y agorero porque impresiona contemplar el abrazo que se dieron en Pachacama aquellos tres gigantes de las Indias con trágico final. DIEGO DE ALMAGRO encontró a PEDRO DE ALVARADO, y  logró milagrosamente que  aceptara el  acuerdo que  evitó un enfrentamiento militar. PIZARRO los recibe alegremente, a Almagro tras largo tiempo sin verlo, y a Alvarado, probablemente, por primera vez en su vida, aunque, como todo el mundo, conocía su glorioso historial. Pedro de Alvarado murió poco después en campaña, como consecuencia de ser aplastado por un caballo. Gajes normales de la profesión de ‘conquistador’.  Lo que no tuvo nada de normal en las Indias fue el desastroso final de Almagro y Pizarro, español contra español. Almagro, derrotado en batalla, fue juzgado y ejecutado en el Cuzco por Hernando Pizarro. No estaba allí Francisco Pizarro, pero es impensable que tal crueldad fuera llevada a cabo sin su permiso, quizá con el frío cálculo de que ‘muerto el perro, se acabó la rabia’. La tumba de Almagro, situada en la iglesia de la Merced del Cuzco, fue modesta. La tumba de Pizarro es hoy un solemne mausoleo en la catedral de Lima. La tumba de Alvarado permanece en la vieja catedral de Guatemala y está bien acompañado: una lápida dice que allí yacen también su esposa, Beatriz de la Cueva (la ‘sin ventura’), y un personaje inolvidable, entrañable y afortunado (murió rondando los 90 años): el gran BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO.


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