sábado, 30 de septiembre de 2017

(Día 500) Fin de la guerra: Huáscar es apresado. Terrorífica represalia de Atahualpa sobre los vencidos. Cieza ve providencial la despreocupación que ambos tuvieron sobre las andanzas de los españoles.

     (90) Había que vencerle a Huáscar con el último aliento, o morir. Justo al amanecer, cuando más cansado estaba el enemigo por la orgía que siguió al triunfo, llegaron los de Atahualpa sobre ellos igual que una enorme avalancha. La sorpresa y el desconcierto fueron totales. Y Quizquiz actuó como lo hizo Cortés y lo iba a hacer Pizarro. Huascar, al ver las fuerzas quiteñas, se puso la armadura de oro y subió a una cima para ver el combate. Quizquiz observó un destello del precioso metal, fue hacia él con un grupo de soldados, cayeron sobre los orejones que le hacían guardia al monarca y se apoderaron de él. Cuando lo supieron las tropas, los de un bando se enardecieron, y los del otro quedaron completamente desmoralizados, huyendo despavoridamente los que pudieron para no ser ejecutados.
     La noticia se expandió rápidamente por el imperio y toda la estructura política regentada por Huáscar se desmoronó. Los generales quiteños entraron victoriosos en su capital, Cuzco, y la venganza que aplicaron fue espantosa. La mayor parte de la familia real de los incas, los sacerdotes, las vírgenes dedicadas al culto del sol, los nobles de la corte, los jefes del ejército y los altos funcionarios del gobierno de Huáscar fueron exterminados sin piedad. Los guerreros cáñaris y chachapoyas que lucharon al lado de Huáscar fueron atormentados y en su mayor parte eliminados. La ira de los vencedores llegó al extremo de profanar en la plaza principal del Cuzco las momias de los reyes incas, exceptuando la de Huayna Cápac. Se impuso el terror más cruel, eliminando cualquier intento de rebelión, y Atahualpa fue proclamado único inca y señor de todo el Tahuantinsuyo (el imperio), con la aclamación general de los cuzqueños.
     Dicho lo cual, voy a resumir parte de los mismos acontecimientos con las sabrosas palabras de Cieza, que se informó ‘periodísticamente’ con testigos de los hechos. “Después de una victoria, iba Atahualpa en seguimiento de sus enemigos; sabía día a día, y aun por horas, todo lo que había pasado en la guerra que tuvieron los españoles con los de la isla Puná. Admirábase de cómo podían prevalecer siendo tan pocos contra tantos. Pensaba que era flojedad de los suyos y no esfuerzo de los nuestros, y no quiso dejar su guerra para volver contra ellos; lo hizo guidado por Dios, pues su entendimiento se cegó en lo que más le iba. Los capitanes del rey Huáscar se volvieron a juntar para con lealtad morir a su servicio. Ceguedad de unos y de otros porque, por permisión divina su señorío se acababa y ninguno de los dos iba a gobernar, sino gente tan extraña y apartada de su memoria como lo estaba España del Perú. Sabido por Huáscar cómo su enemigo había salido vencedor, tanto enojo recibió que, según me contaron indios viejos que con él estaban, quiso ahorcarse. Sus consejeros le dijeron que se dejase de lloros y que procurase la destrucción de Atahualpa. Así lo hizo con un nuevo llamamiento de gente,  mientras su enemigo iba caminando hacia el Cuzco muy alegre y arrogante por las victorias pasadas, matando con gran crueldad a muchos a los que odiaba porque eran del bando de Huáscar. Así anduvo (Atahualpa) hasta que llegó a Cajamarca”.


     (Imagen) Pone los pelos de punta la crueldad de aquellos emperadores. Allí sí que se podía exclamar aquello de ‘¡Ay de los vencidos!’.  Eran las reglas del juego en su sociedad, refinada pero salvaje, y un inca vencedor se ensañaba triunfante con el derrotado sabiendo que, si ganaba el contrario, sería él quien pasaría a ser un despojo patético. Así andaban, entre el cielo y el infierno. Espanta la fiereza de Huáscar y Atahualpa, y los dos dan lástima en su miserable final. La llegada de la cultura europea fue una tragedia para los nativos (sobre todo por ser sometidos), pero no para sus futuras generaciones, puesto que salieron de un estancamiento histórico (sus imperios no evolucionaban, como ocurría con los egipcios) y asimilaron, mediante el mestizaje, los grandes avances técnicos y humanos de sus invasores. La leyenda negra solo puso de relieve, de forma interesada, la parte negativa (que existió), pero la objetividad exige una visión de conjunto y la honradez de manifestarla.


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