martes, 25 de mayo de 2021

(1429) Los indios mataron a más de cuarenta españoles mientras hacían el viaje de vuelta hacia el Misisipi. Un indio solitario puso en apuros a otros tres, pero lo mataron. En Estados Unidos se recuerda con gran admiración a HERNANDO DE SOTO.

 

       (1019) Los del  nuevo gobernador, Luis de Moscoso, se dieron cuenta de que estaban equivocando el rumbo para llegar al punto del Misisipi que les interesaba: "Llevaban su viaje en arco hacia el mediodía y, por parecerles que decaían mucho de la provincia de Guachoyo, donde deseaban volver, enderezaron su camino al levante, con cuidado de que siempre fuesen subiendo al norte. Habiendo caminado casi tres meses desde que salieron del pueblo de Guachoyo, en todo aquel largo camino, aunque no tuvieron batallas campales, nunca les faltaron sobresaltos, pues los indios a todas horas del día y de la noche les acosaban sin dejar de hacer daño, principalmente en los que se apartaban de la tropa, pues enseguida los flechaban, y así mataron a más de cuarenta españoles en sólo este viaje. De noche, entraban en el campamento a gatas, y, arrastrándose por el suelo como culebras, flechaban a los caballos y a los mismos centinelas".

     Varios españoles pidieron permiso para apresar a algunos indios, ya que los necesitaban como criados. Con licencia de Luis de Moscoso, salieron a efectuarlo veinticuatro españoles, doce de ellos a caballo. Tuvieron fácil la tarea, porque los indios solían aparecer por donde habían descansado los españoles, para aprovechar cosas que hubiesen dejado. No tuvieron ninguna dificultad para apresar a catorce indios, pero la terquedad de uno de los soldados va a crear un serio problema: "Queriendo irse ya los castellanos con la presa, habiéndola repartido entre ellos, el maestro carpintero Francisco Genovés, no contento con dos indios que le habían dado, dijo que necesitaba otro, y que no se fuesen hasta que lo tuviesen preso". Nadie estaba conforme con su pretensión, pero, viendo que estaba dispuesto a quedarse solo para hacerlo, todos cedieron. En cuanto vieron a un indio, Juan Páez, que ya demostró anteriormente ser demasiado impulsivo, picó a su caballo y se adelantó a los demás: "El indio, al tenerlo ya cerca, le tiró una flecha al caballo, le dio junto al codillo izquierdo y le hizo ir trompicando más de veinte pasos  hasta que cayó muerto. En pos de Juan Páez había salido otro de a caballo, Francisco de Bolaños, que era de Segovia, como él, arremetiendo contra el indio con una lanzada que fue de ningún efecto. El indio tiró una flecha al caballo y le dio por el mismo lugar que al primero, de tal manera que, con los mismos pasos que el otro, fue rodando y cayó muerto a sus pies".

     A la tercera fue la vencida: "Un caballero natural de Badajoz, de una de las muy nobles familias que hay en aquella ciudad, llamado Juan de Vega (que yo en el Perú conocí y después en España), viendo a los dos españoles caídos en tierra, y sus caballos muertos, arremetió a toda furia para matar al indio. Por otra parte, los dos soldados, levantándose del suelo, fueron a él con sus lanzas en las manos. El indio salió corriendo a recibir al caballero, haciendo cuenta de que, si le matase también el caballo, podrían salvarle los pies, por la común ventaja que en el correr hacen los indios a los españoles, y así habría sucedido si Juan de Vega no llevara una protección especial para su caballo. El indio tiró una flecha al caballo y, acertando en el pretal, pasó las tres dobleces del cuero y le hirió por los pechos tan acertadamente que, si no llevara el pretal, le habría llegado hasta el corazón. Entonces Juan de Vega alanceó al indio y lo mató, pero, con su muerte, no quitaron los nuestros el dolor que tenían de haber perdido en tan triste ocasión dos caballos en tiempo que tanto los necesitaban, pues ya tenían pocos".

 

     (Imagen) En Estados Unidos se celebran con un relieve extraordinario los hechos históricos protagonizados por los españoles  en lo que hoy en día es su territorio. Ya hablamos de cómo lo hacen todos los años en la ciudad de San Agustín (exhibiendo por doquier la bandera de España), la primera establecida en Norteamérica por un europeo, el español Pedro Menéndez de Avilés. Igualmente reverencian la memoria de Hernando de Soto, descubridor del río Misisipi (el mismo que le sirvió de sepultura) hasta el punto de que en muchos lugares del país, especialmente en la zona por donde transcurrió su campaña de La Florida, son muy abundantes los lugares, centros y monumentos que llevan su nombre. En la costa donde desembarcó al llegar a aquellas tierras, que él llamó Bahía del Espíritu Santo y ahora es conocida como Bahía de Tampa,  está la ciudad de Bradenton (ver imagen), a la que el gobierno americano le concedió el exclusivo privilegio de establecer un amplio centro, de unas 15 hectáreas de extensión, dedicado íntegramente a recordar la memoria del gran conquistador, bajo la denominación de DE SOTO NATIONAL MEMORIAL. Dada la importancia que tiene como lugar turístico, es administrado con gran profesionalidad por el National Park Service, organismo que gestiona la mayor parte del legado que dejaron en Estados Unidos los españoles. Este monumento nacional se creó el 11 de marzo de 1948, y fue incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos el 15 de octubre de 1966. Los visitantes pueden asistir a recreaciones históricas, probar piezas de armaduras, o caminar por un paisaje costero de la Florida similar al que encontraron los primeros exploradores de aquellas tierras. En el centro, cuya entrada es gratis, existen exposiciones de objetos de la época, y también una librería relacionada con la historia de la Florida, destacando especialmente la heroica campaña de Hernando de Soto y sus hombres. La población de Barcarrota (Badajoz), es, con gran probabilidad, la cuna de HERNANDO DE SOTO, y, por estar hermanada con Bradenton, se mantiene la costumbre de visitarse mutuamente vecinos de ambas localidades. (Da vergüenza ver que los 'gringos' admiran y valoran lo que nosotros tenemos casi olvidado).




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