sábado, 22 de mayo de 2021

(1427) Los españoles mataron a dos indios que los habían desafiado heroicamente. El cronista critica que se hiciera abusando de la superioridad numérica. Luego ensalza a Hernando de Soto y nos da una lección histórica.

 

     (1017) El caso es que el indio al que mataron les había dado la solución: "Puestos en esta necesidad los españoles, confusos y arrepentidos de haber muerto al indio, el cual, si lo dejaran vivo, pudiera ser que, como lo había prometido, los sacara a poblado, viendo que no tenían otro remedio, tomaron el mismo que el indio les había dicho, dándole crédito después de muerto a lo que no le habían querido creer en vida, que era que caminasen hacia el poniente sin torcer a una mano ni a otra. Así lo hicieron y caminaron tres días con grandísima hambre y necesidad, porque en los otros tres pasados no habían comido sino hierbas y raíces. Con estas dificultades siguieron su camino, siempre al poniente, y, después de tres días, descubrieron tierras pobladas, de lo que recibieron gran alegría, aunque llegando a ellas hallaron que los indios se habían ido al monte y que las tierras eran estériles, pero, aun así, mataron su hambre con mucha carne fresca de vaca, aunque no vieron vacas vivas, ni lograron saber de dónde las traían los indios".

     Una vez más, se ve que el espíritu guerrero de aquellos indios era suicida (coincidiendo con muchas escenas de las películas del Oeste): "Caminando los españoles por aquella provincia estéril y mal poblada, se alojaron en un llano, y vieron salir de un monte un indio solo, y venir hacia ellos con un hermoso plumaje en la cabeza y su arco en la mano y el carcaj de las flechas a las espaldas. Los castellanos, creyendo que traía algún recado del cacique para el gobernador (Luis de Moscoso), le dejaron llegar. El indio, cuando estaba a menos de cincuenta pasos, puso con toda presteza una flecha en el arco y la lanzó con grandísima pujanza. Los cristianos se apartaron a un lado y a otro, y así se libraron del tiro, pero la flecha pasó adelante y dio en un grupo de indias que estaban preparando la comida. A una de ellas  le dio en la espalda, y la atravesó, y, a otra que estaba de frente, le dio por los pechos, y también la pasó, aunque quedó la flecha en ella, cayendo las dos muertas. Habiendo hecho este bravo tiro, volvió el indio al monte, huyendo con gran velocidad. Los españoles dieron la alarma y le gritaron al indio, ya que no podían seguirle. El capitán Baltasar de Gallegos, que estaba a caballo, acudió a la llamada, y, viendo ir huyendo al indio y oyendo que los españoles decían 'muera, muera', sospechó lo que podía haber hecho, corrió en pos de él, lo alcanzó cerca de su guarida y lo mató, de manera que no gozó el triste de su valentía temeraria".

     Hubo un nuevo desafío singular por parte de los indios. Esta vez se trataba de otros dos temerarios. Estaban algo alejados del campamento de los españoles, pero en son de guerra y adornados con sus plumas. Se trataba también de un desafío, y estaban a la espera de que algún español les aceptara el silencioso reto. No faltó un español 'chuleta' que respondiera a la provocación. Se llamaba Juan Páez, y fue hacia ellos, pero, con actitud caballeresca, solo uno de los indios se le enfrentó. Le alcanzó con una flecha en el brazo, dejándolo sin capacidad de reaccionar. Al verlo sus compañeros, fueron en tropel y mataron a los dos indios. Inca Garcilaso, sintiendo vergüenza ajena, comenta: "Estos españoles no actuaron con buena ley de guerra, pues, ya que los indios no habían querido ser dos contra un español,  no procedía que tantos españoles a caballo fueran contra dos indios a pie".

 

     (Imagen) Inca Garcilaso continúa hablando de la similitud de la muerte y el enterramiento que tuvieron Hernando de Soto y el rey godo Alarico: "Dije que fueron semejantes casi en todo, porque estos españoles son descendientes de aquellos godos, las sepulturas fueron ambas ríos y los difuntos los caudillos de su gente, y muy amados de ella, y ambos valentísimos hombres que, saliendo de sus tierras y buscando dónde poblar, hicieron grandes hazañas en reinos ajenos. Y aun la intención de los unos y de los otros fue una misma, que fue sepultar a sus capitanes donde sus cuerpos no se pudiesen hallar, aunque sus enemigos los buscasen. Solo difieren en que las exequias de estos nacieron del temor a que los indios maltratasen el cuerpo de su capitán general, y las de aquellos nacieron de la vanagloria que al mundo, para honra de su rey, quisieron mostrar. Cuando murió el famoso príncipe Alarico, sus godos inventaron una solemnísima y admirable grandeza, y fue que, a muchos cautivos que llevaban, les mandaron sacar de madre el río Busento, en medio de su canal edificaron un solemne sepulcro donde pusieron el cuerpo de su rey, y, habiéndolo colocado, volvieron a llevar el río a su antiguo cauce, tras lo cual mataron a todos los cautivos que habían trabajado en la obra, para que no se descubriese el secreto. Me pareció oportuno tocar aquí esta historia por la mucha semejanza que tiene con la nuestra y por decir que la nobleza de estos nuestros españoles, y la que hoy tiene toda España sin contradicción alguna, viene de aquellos godos, porque después de ellos no ha entrado en ella otra nación sino los árabes de Berbería cuando la ganaron en tiempo del rey don Rodrigo. Pero los pocos que quedaron de esos mismos godos, los echaron lentamente de toda España y la poblaron como hoy está, y aún la descendencia de los reyes de Castilla, sin haberse perdido la sangre de ellos, viene derechamente de estos reyes godos, en la cual antigüedad y majestad tan notoria hacen ventaja a todos los reyes del mundo". No es ninguna exageración que Inca Garcilaso hablara así, puesto que le tocó vivir en la época más poderosa del imperio español, sin que eso le impidiera sentir un gran amor por sus raíces indígenas, que lo hace extensivo en la presente crónica a los pueblos que los españoles van encontrando en su campaña de La Florida.




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