viernes, 23 de abril de 2021

(Día 1402) Vencieron en Mabila, pero aquel horror desanimó a muchos. Al saber Hernando de Soto que algunos querían amotinarse, cambió bruscamente la ruta prevista. No parece muy justa la crítica que le hace Inca Garcilaso.

 

     (992) Como indiqué, había otro origen de la desmoralización: "A este disgusto se añadió la fiereza increíble de la batalla de Mabila, que les había asombrado, por lo que deseaban dejar la tierra en cuanto pudiesen, pues decían que era imposible domar gente tan belicosa ni sujetar hombres tan libres, que por lo que hasta allí habían visto les parecía que ni por fuerza ni por maña podrían hacer con ellos que entrasen debajo del yugo y dominio de los españoles, que antes se dejarían matar todos y que no había para qué andarse gastando poco a poco en aquella tierra sino irse a otras ya ganadas y ricas como el Perú y México donde se podrían enriquecer sin tanto trabajo, para lo cual sería bueno, luego que llegasen a la costa, dejar aquella mala tierra e irse a la Nueva España (México). Estas cosas, y otras semejantes, murmuraban entre sí algunos pocos de los que hemos dicho. Y no pudieron tratarlas tan en secreto que no las oyesen algunos de los que con el gobernador habían ido de España y le eran leales amigos, los cuales le dieron cuenta de lo que en su ejército pasaba y cómo hablaban firmemente de salirse de la tierra luego que llegasen donde hubiese barcos".

     Al prestigioso Hernando de Soto le parecía increíble que hubiera indicios de motín: "El gobernador no quiso, en cosa tan grave, dar entero crédito a los que se la habían dicho sin primero certificarse en ella por sí mismo. Con este cuidado dio en rondar solo de noche, y más a menudo de lo que solía, y en hábito disimulado, para no ser conocido. Andando así, oyó una noche al tesorero Juan Gaytán y a otros que con él estaban en su choza que decían que, llegando al puerto de Achusi, donde pensaban hallar los navíos, se habían de ir a la tierra de México o del Perú, o volverse a España, porque no se podía llevar vida tan trabajosa para conquistar tierra tan pobre y mísera. Lo cual sintió el gobernador gravísimamente, porque comprendió que los suyos querían desampararlo, como lo hicieron al principio de la conquista del Perú con el gobernador y marqués don Francisco Pizarro, quien se quedó con solo trece hombres en la isla de Gorgona, y que, si los que entonces tenía se le iban, no tenía posibilidad de hacer un nuevo ejército y quedaba descompuesto de su grandeza, autoridad y reputación, gastada su hacienda en vano y perdido el excesivo trabajo que hasta allí habían pasado en el descubrimiento de aquella tierra".

     Aquello fue para el extraordinario conquistador un gran mazazo que no se esperaba, y tomó, sin consultar a nadie, una decisión tajante: "Las cuales cosas, consideradas por un hombre tan celoso de su honra como lo era el gobernador, causaron en él precipitados y desesperados efectos, y, aunque por entonces disimuló su enojo, reservando el castigo para otro tiempo, quiso de inmediato evitar que se hiciera lo que deseaban quienes tenían sus ánimos flacos y acobardados. Y así, con toda la buena industria que pudo, sin dar a entender cosa alguna de su enojo, dio orden de volver a entrar tierra adentro y alejarse de la costa, para quitar a los mal intencionados la ocasión de desvergonzársele y amotinar a toda su gente". Una decisión tan inesperada, repentina y sin explicaciones, cuando ya faltaba poco camino para llegar al ansiado puerto de Achusi, tuvo que ser demoledora para todo el ejército.

 

     (Imagen) Los españoles ganaron la batalla de Mabila, pero las consecuencias van a ser fatales para la expedición, y más todavía para el gran Hernando de Soto, que lo perderá todo, incluso la vida. Unas intrigas de motín lo alarmaron. Dice Inca Garcilaso: "Esta fue la causa principal de perderse este caballero y todo su ejército. Y, desde aquel día, como hombre descontento a quien los suyos habían traicionado sus esperanzas, cortando el camino a sus buenos deseos y borrando el plan que para poblar la tierra tenía hecho, nunca más acertó a hacer cosa que bien le saliese, ni se cree que la pretendiese, sino que, movido por el desdén, anduvo de allí adelante gastando el tiempo y la vida sin fruto alguno, caminando siempre sin orden ni concierto, como hombre aburrido de la vida, deseando se le acabase, hasta que falleció según veremos adelante. Perdió su contento y esperanzas, y, para sus descendientes y sucesores, perdió lo que en aquella conquista había trabajado y la hacienda que en ella había empleado, provocando que fracasasen todos los que con él habían ido a ganar aquella tierra. Perdió asimismo el haber dado principio a un grandísimo y hermosísimo reino para la corona de España, y el haberse aumentado la Santa Fe Católica, que es lo que más se debe sentir. Porque habría sido muy acertado, en negocio tan grave, tomar consejo de los amigos que tenía, de quien podía fiarse, para hacer con prudencia y buen acuerdo lo que al bien de todos más conviniese. Podía este capitán haber remediado aquel motín castigando a los principales culpables, con lo cual escarmentarían los demás de la liga, que eran pocos, en lugar de perderse y dañar a todos los suyos por gobernar solamente con su parecer apasionado, que causó su propia destrucción. Y así, aunque era tan discreto como hemos visto, hizo del problema causa propia, y de forma apasionada, por lo que no pudo regirse y gobernarse con la claridad y juicio libre que las cosas graves requieren, olvidando que, quien huyere de pedir consejo, debe desconfiar de acertar". A pesar de que  estaban arraigando pensamientos de motín, aún  no había  cuajado una intención seria, por lo que la fuerte autoridad que Hernando de Soto tenía como gobernador le permitió obligar a todo el ejército, sin consultarlo con nadie, a desechar el viaje desde Mabila hasta el cercano  puerto de Achusi (actualmente, Mobile, a unos 150 km de distancia), y ponerse en marcha por una ruta nueva.




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