viernes, 2 de abril de 2021

(Día 1384) Hernando de Soto aceleró la marcha para que todos se saciaran con las provisiones encontradas. Después, sabiendo que los indios de Patofa masacraron a sus enemigos, los obligó a marcharse.

 

     (974) Alegrados con las buenas noticias del encuentro de provisiones que trajeron los cuatro enviados por Juan de Añasco, partió el ejército hacia el (bendito) lugar el día siguiente: "Los soldados se pusieron en marcha al amanecer. Tenían tanta hambre, que caminaron a rienda suelta sin que fuese posible ponerlos en orden ni que fuesen en escuadrón, como solían, sino que iba adelante el que más podía, y tanta era la prisa que se dieron a caminar, que el día siguiente, antes de mediodía, estaban ya todos en el pueblo. Al gobernador le pareció oportuno parar en él algunos días, para que la gente descansase,  y también por esperar a los tres capitanes que habían ido por las otras partes en busca de alimentos. Los cuales, habiendo caminado tres días en seguimiento del viaje que cada uno de ellos había tomado, pero sin poder descubrir poblado alguno, regresaron al puesto al final del quinto día que se habían partido del gobernador y, no hallándole, siguieron el rastro que el ejército dejaba, y, en otros dos días, habiendo padecido el hambre y trabajos que se pueden imaginar, como hombres que hacía más de ocho días que no habían comido sino hierbas y raíces, llegaron al pueblo donde el gobernador estaba, en cuya presencia, y en la de todos los compañeros, se alentaron y cuidaron de reponerse".

     El poblado salvador estaba dentro de la provincia de Cofitachequi. Y, por fin, Inca Garcilaso, muestra claramente la nefasta repercusión que podía tener en los españoles la carnicería que habían hecho en los nativos los hombres de Patofa. Pero utilizaré el texto del cronista para la imagen que pondré al pie (porque es interesante, y también porque Inca Garcilaso continúa sin dar  nombres de personajes reseñables). Veremos en ella que Hernando de Soto convenció a Patofa para que se marchara con todos sus hombres.

     Continuemos con el cronista: "Después de que Patofa y sus indios se fueron, quedó el gobernador en el mismo pueblo descansando otros dos días, y luego decidió seguir adelante. Durante tres días el ejército no topó indio alguno vivo, sino muchos muertos y sin cabelleras, dándose cuenta los castellanos de la mortandad que Patofa había hecho. Tres días después paró el ejército en un muy hermoso sitio de tierra fresca y con muchos árboles cargados de fruta. El gobernador no quiso pasar adelante hasta saber qué tierra fuese aquella, para lo cual llamó al contador y capitán Juan de Añasco y le dio orden de que, con treinta soldados, siguiese el mismo camino y procurase prender aquella noche algún indio para tomar noticia de lo que en aquella tierra había, y conocer el nombre del señor de ella, así como las demás cosas de interés, y, si no pudiese conseguir un indio, trajese alguna otra buena relación, para que con ella el ejército pasase adelante no tan a ciegas como hasta allí había venido. Y terminó diciéndole que, como todas las veces que había encargado misiones, siempre había tenido él buen éxito, por esa causa se las encomendaba antes que a cualquier otro, y que procurase tenerlo también en aquélla que tanto les importaba". Lo cual es una nueva confirmación de que Juan de Añasco, a pesar de su irascible carácter, era muy valioso para  aquel ejército.

 

     (Imagen) Todos los grandes conquistadores de las Indias tuvieron aliados indígenas contra otros pueblos nativos que los tenían sometidos o explotados. Dos botones de muestra: En México, los tlaxcaltecas, entre otros, fueron de una fidelidad absoluta a Hernán Cortés contra los aztecas (la imagen muestra el acuerdo adoptado el 19 de septiembre de 1519). En Perú, Francisco Pizarro contó con gran apoyo nativo frente a Atahualpa, especialmente por parte de los chachapoyas. Ahora vemos a Hernando de Soto muy bien acompañado por los guerreros del cacique Cofaqui. Pero el caso es distinto. Los indios no se aliaron para enfrentarse a un enemigo común, sino solo para reforzarse frente al suyo. Y a Hernando de Soto, lógicamente, le sentó mal. Escuchemos al cronista: "En este primer pueblo de la provincia de Cofitachequi, se juntó todo el ejército, y paró el gobernador siete días para que la gente descansara, en los cuales Patofa, el capitán de Cofaqui, y sus ocho mil indios, con el secreto posible, hicieron todo el daño que pudieron en sus enemigos. Corrieron cuatro leguas de tierra a todas partes donde pudiesen dañar. Mataron a los indios e indias que pudieron y les quitaron las cabelleras para llevarlas en testimonio de sus hazañas; saquearon los pueblos y templos que pudieron alcanzar, y no los quemaron, como quisieran, para que no lo viese el gobernador. En suma, no dejaron de hacer todas las cosas de las que, en daño de sus enemigos y venganza propia, pudieron haber imaginado. Y seguiría la crueldad, si al quinto día no llegara a noticia del gobernador lo que Patofa y sus indios habían hecho. El cual, considerando que no era justo que debajo de su amparo alguien hiciese daño a otro, ni sería bueno que, por el mal que otro hacía sin consentimiento suyo, él ganase enemigos en su marcha, pues iba con la intención de ofrecer paz y no guerra a los indios, decidió despedir a Patofa para que, con todos los suyos, se volviese a su tierra.  Así lo puso por obra, de manera que, habiéndose mostrado agradecido por la amistad y buena compañía que le había hecho, y habiéndole dado para él y para Cofaqui, su cacique, paños, sedas, lienzos, cuchillos, tijeras, espejos y otras cosas de España que ellos estiman en mucho, se fue Patofa muy contento y alegre de la merced y favor que se le había hecho, pero lo estaba mucho más por haber cumplido sobradamente la palabra que a su señor había dado de vengarle de sus enemigos".




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