jueves, 22 de octubre de 2020

(Día 1246) Algunos capitanes rebeldes pensaban traicionarse entre ellos mismos, incluso con asesinatos, para ganarse el perdón de los leales al Rey.

 

     (836) Inca Garcilaso explica la situación: "Los soldados que participaron en esta rebelión que encabezó Don Sebastián de Castilla, cuando la vieron efectuada, trataron de matar a su propio caudillo, porque en Perú, después de las guerras de Gonzalo Pizarro, siempre se usó alzar a un tirano y luego procurar matarlo, para presentarlo como un servicio muy grande a Su Majestad, y así pedir mercedes y grandes encomiendas de indios. El capitán Juan Remón, ya antes de salir de la villa de la Plata para ir a la ciudad de la Paz a matar al mariscal Alonso de Alvarado, habló con algunos amigos suyos de que sería bueno abandonar a Don García (el principal capitán de Remón) y a Don Sebastián, y pasarse al servicio de su Majestad. Todos de acuerdo, salieron con esa buena intención (de someterse a la legalidad). Por el camino le avisaron a Don García de la trama, porque se vendían unos a otros, pero no hizo caso de ellos, pues era mozo de poca experiencia, de manera que siguió su camino sin avisar a sus amigos".

     Pero Juan Remón sí estaba alerta sobre todo lo que pasaba. Se enteró de que habían avisado a don Garcia, y no quiso esperar más. Fue desarmando a los que iban en la retaguardia, hasta dejar a Don García casi sin soldados, el cual tuvo una reacción típica de aquellos tornadizos militares: "Arrepentido de no haberle hecho a Juan Remón lo que le estaba haciendo a él, se le ofreció para ir en su compañía a ponerse al servicio del Rey, pero no lo aceptó, porque no quería repartir con él los méritos ante su Majestad. Don García y los que le quedaban, viéndose en tal situación, acordaron volver adonde estaba Don Sebastián de Castilla, enviándole previamente como mensajero a Rodrigo de Arévalo. Cuando lo supo Castilla, llamó a los que tenía como más amigos, que eran Vasco Godínez (qué ceguera), Baltasar Velázquez y Tello de Vega, y les pidió su opinión".

     No se ponían totalmente de acuerdo, y el sanguinario Vasco Godínez, le llevó aparte a Don Sebastián de Castilla, para tratar de enredarle en un plan absurdo y siniestro. Y le dijo: "Mande vuestra merced, para tener seguros a sus hombres, matar a unos veinte famosos de los que están en el escuadrón de la plaza, y que son notorios servidores del Rey, pues, quitados estos, todos los demás son amigos nuestros, y con ellos pasaremos adelante con nuestros propósitos. Don Sebastián, que era nobilísimo de condición, y de diferente ánimo que el de Vasco Godínez, le dijo que aquellos caballeros no le habían hecho nada para que los matase, y con una crueldad tan grande y extraña. En cuanto lo oyó Vasco Godínez, se le cambió el ánimo, y en ese momento determinó matar a Don Sebastián". La astuta reacción de Godínez fue salir a la plaza y dar a entender, con un fuerte apretón de manos, a los que había señalado como fieles servidores al Rey, que él estaba de su parte y que contaba con ellos para matar a Don Sebastián de Castilla. Al volver a la casa se encontró con el licenciado Gómez Hernández, le dijo lo que pensaba hacer, y le pidió que buscara soldados que le ayudaran. El licenciado llamó a algunos amigos por sus nombres, "pero todos estaban tan asustados por aquel asunto, que nadie se atrevió a acudir a su llamada".

 

     (Imagen) JUAN REMÓN, natural de Fontiveros (Ávila), tuvo una biografía trepidante. Según los méritos que presentó en Lima el año 1563, llegó a Perú en 1539, y acompañó luego a Sebastián de Belalcázar en la conquista de Popayán. Le vemos ahora en 1553 traicionando al trío de traidores (Castilla, Guzmán y Godínez), porque lo que le exigían era ya demasiado: matar al mariscal Alonso de Alvarado. En adelante, luchará siempre al servicio del Rey. Pero antes formó parte de las tropas de Gonzalo Pizarro, cometiendo, en un momento determinado, la mayor vileza de su vida, quizá por puro terror. Se lo contaba a Gonzalo el siniestro Francisco de Carvajal en una carta (el 17 de noviembre de 1546), a quien varios soldados pensaban matarlo. Dos de ellos, Juan Remón y Antonio de Luján, se lo 'chivaron', y les costó la vida a cinco de los dirigentes. Poco tiempo después, le entró la sensatez a Juan Remón, e inició una espectacular carrera al servicio del Rey. Terminada la batalla de Jaquijaguana, tras la que, de inmediato, ejecutaron a Gonzalo Pizarro, aparece Juan Remón ese mismo año de 1548 en la expedición que, bajo el mando de Alonso de Mendoza, fundó la ciudad de la Paz (hoy en tierra boliviana), quedando allí Remón con el importante cargo de corregidor. Sorprendentemente, fue después a Chile, donde, sin duda, no se aburrió, pues ejerció como maestre de campo de las tropas que lucharon contra los araucanos (los indios más bravos de toda América) cuando ya habían matado a Pedro de Valdivia. El año 1571, estando de vuelta de su aventura chilena, el gran virrey Don Francisco de Toledo lo nombró corregidor de la ciudad del Cuzco. Juan Remón alcanzó gran prestigio militar y social, pues también se convirtió en un hombre muy rico. Por un registro oficial, sabemos que Juan Remón había vuelto a España, entre otras cosas para casarse, y que regresó con trece criados a Perú en 1562, acompañado de su mujer (entonces casi adolescente), FRANCISCA DE BRIVIESCA Y ARELLANO, de familia distinguida, y tan bien preparada intelectualmente, que es considerada la primera poetisa de Perú. JUAN REMÓN murió en 1583, su viuda se volvió a casar el año 1589, y lo hizo con un hombre más joven que ella, multifacético, rico y residente en la Paz, Diego Dávalos Figueroa.




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