lunes, 5 de octubre de 2020

(Día 1231) Antes de embarcar en Panamá para España, Pedro de la Gasca tuvo que vérselas con otro motín, fugaz pero brutal (mataron al obispo Antonio de Valdivieso).

 

     (821) Inca Garcilaso se sirve del cronista Agustín de Zárate para contar otro serio percance que tuvo Pedro de la Gasca al llegar a Panamá. Tras su esplendorosa victoria contra Gonzalo Pizarro, y, habiendo conseguido dejar atrás a los atosigantes conquistadores que llegaron casi a amotinarse por la escasez de los repartos de indios, La Gasca se vio amenazado de nuevo por otro amago de rebelión. Zárate empieza por los antecedentes: "En los tiempos en que Pedrarias Dávila conquistó la provincia de Nicaragua, casó a una de sus hijas, llamada María de Peñalosa (la triste María, a cuyo prometido, el glorioso Vasco Núñez de Balboa, lo mató el mismo terrible Pedrarias) con Rodrigo de Contreras, natural de la ciudad de Segovia (como Pedrarias), y, por muerte de Pedrarias, le quedó la gobernación a él. Cuando se estableció la nueva Audiencia de los Confines (Guatemala), los oidores, no solamente le quitaron el cargo de gobernador, sino que, además, aplicando las Nuevas Leyes, le privaron, por haber sido gobernador, de las encomiendas que él y su mujer tenían, y todas las que había concedido a sus hijos siéndolo".

     Rodrigo de Contreras llegó al extremo de presentarse en España para defenderse de lo que consideraba una gran injusticia. Expuso en el Consejo de Indias los grandes méritos de los historiales personales de él y de su suegro, pero los jueces fallaron en contra, basándose en lo que exigían las nuevas ordenanzas: "Enterados de esto sus hijos Hernando y Pedro de Contreras, determinaron, como livianos mancebos, rebelarse, confiados en el apoyo que tenían en un tal Juan Bermejo y en otros soldados amigos suyos, que habían venido del Perú, parte de ellos descontentos por los repartos de Pedro de la Gasca, y otros que, por ser seguidores de Gonzalo Pizarro, habían sido desterrados del Perú". El plan era un deseo loco, y de una ambición desmedida. Les decían a los dos hermanos Contreras que se podía contar con unos 300 soldados ansiosos de revancha, y que tenían ya unos navíos para presentarse en Perú, donde sería fácil juntar mucha gente que odiaba a La Gasca.   

    Iban consiguiendo discretamente colaboradores y armas, de manera que, cuando estimaron que tenían suficientes refuerzos, pusieron en marcha su idea: "Pareciéndoles que el obispo de Nicaragua (Antonio de Valdivieso) había sido muy contrario a su padre en todos los negocios, hablaron de vengarse de su persona, y un día entraron algunos de sus soldados donde estaba el obispo jugando al ajedrez, y lo mataron. Luego alzaron bandera de rebeldía, y se embarcaron en los navíos, a la espera de que el presidente La Gasca llegara a Nicaragua, y poder así prenderle y robarle, pues ya sabían que iba a llegar a Panamá con todos los dineros de la Hacienda de Su Majestad".

     Pero, en lugar de quedarse en Nicaragua, partieron a su encuentro hacia Panamá, desde donde luego podrían ir directamente a Perú. Hicieron el viaje con unos 300 hombres: "Antes de llegar, habían prendido a algunos dueños de estancias de campo, y se enteraron por ellos de que el presidente La Gasca ya estaba en Panamá. Les pareció que su buena suerte les había traído la presa a las manos.  Anclaron en el puerto de noche muy secretamente, creyendo que allí estaba Pedro de la Gasca, y que sin ningún riesgo podían lograr su intención".

 

     (Imagen) Hemos visto a religiosos, como algunos mercedarios, entregados en cuerpo y alma a la rebelión de Gonzalo Pizarro, y hubo otros que defendieron la legalidad, pero, salvo raras excepciones, siempre ajenos a una colaboración militar. Así fue el dominico FRAY PEDRO DE ULLOA, clérigo ejemplar y muy dedicado a la evangelización de los nativos, sobre todo en la zona de Arequipa, donde lo hizo ya desde 1539, un año antes de que se fundara la ciudad, estableciendo, asimismo, en 1544, el convento de Santo Domingo. Me centraré en algo que le puso al borde de la muerte. Cuando se acercaba a Lima la flota de Pedro de la Gasca, enviaron al dominico a la ciudad, para entregar comunicados de ofertas y perdones a quienes abandonaran su rebeldía. Pedro de la Gasca explica muy bien en un informe (de agosto de 1547) lo que pasó: "De camino hacia Lima, llegó fray Pedro de Ulloa, con las cartas que llevaba, a un lugar próximo a Tumbes. Enterado el intérprete Don Martín, fue a Guarca y les dio aviso de su presencia a fray Pedro (Muñoz) y fray Gonzalo, mercedarios (y 'dinamiteros') que allí estaban con doce arcabuceros al servicio de Gonzalo Pizarro. Enviaron parte de ellos con otros de Juan de Acosta, lo apresaron, y lo llevaron a Lima para entregárselo a Gonzalo Pizarro. Allí, Francisco de Carvajal y el licenciado Cepeda lo pusieron en un gran apuro, pues le mandaron que se confesase antes de matarlo, como se cree que lo habrían hecho si no fuera por Martín de Robles, que se opuso, pero lo tuvieron catorce días con dos pares de grillos y en un sótano sin luz alguna. Finalmente, Gonzalo Pizarro, sabiendo que Centeno se había apoderado del Cuzco, decidió abandonar Lima, y envió a fray Pedro a su monasterio. Y hasta dicen que le soltó él los grillos, y le pidió que se despidieran como amigos". Después, este tipo de cosas perjudicaron mucho al licenciado Cepeda, e, incluso, en menor medida, al brillante y sensato intérprete indio Don Martín (del que ya hablamos). En la imagen, Pedro de la Gasca, con caligrafía moderna y clara, suplicaba en 1549 al Consejo de Indias que se premiara a fray Pedro de Ulloa por sus grandes servicios al Rey, y, especialmente, por esta concreta peripecia.




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