miércoles, 21 de octubre de 2020

(Día 1245) Era una rebelión alocada. Después de matar a Pedro de Hinojosa, los rebeldes seguían robando, matando y apresando sin control. Planearon matar al gran Alonso de Alvarado.

 

    (835) Como Martín de Robles y Pablo de Meneses habían logrado escapar, los brutales amotinados fueron a sus casas y robaron todo lo que pudieron: "Se juntaron luego en la plaza con Don Sebastián y fueron a las casas de otros vecinos a los que odiaban. Prendieron a Pedro Hernández de Paniagua, aquel caballero que fue mensajero de Pedro de La Gasca, el cual le envió con cartas para Gonzalo Pizarro, premiándolo por este viaje con una rica encomienda de indios en la villa de La Plata (ya vimos que Paniagua hizo un informe escalofriante de aquel viaje; ahora también saldrá vivo, pero morirá pronto luchando en Pucará contra Francisco Hernández Girón). Prendieron, asimismo, a Juan Ortiz de Zárate (de gran proyección futura), a Antonio Álvarez y a otros vecinos. El licenciado Polo de Ondegardo (era pariente de Zárate) escapó en un buen caballo porque le avisó un indio criado suyo (los de servicio doméstico se llamaban yanaconas). Otros soldados se juntaron con Egas de Guzmán y fueron a la fundición de Su Majestad, donde prendieron al tesorero, Francisco de Isasaga, y al contador, Hernando de Alvarado. Rompieron las cajas del Tesoro Real y lo robaron todo".

     No es difícil imaginar el terror general que invadiría la ciudad de Potosí frente a esta brutal revuelta: "Los rebeldes mandaron en un bando que, so pena de la vida, se juntaran todos en la plaza para hacer un escuadrón. Egas de Guzmán eligió como alcalde mayor a un soldado llamado Antonio de Luján, el cual, en cuanto tomó posesión del cargo, mató al contador Hernando de Alvarado, acusándolo de haber sido aliado del general Pedro de Hinojosa". El día siguiente al del asesinato, llegaron a la ciudad  de Potosí Baltasar Velázquez y Vasco Godínez, del que Inca Garcilaso dice que era el que más interés puso y más enredó para que se matara a Hinojosa: "Don Sebastián salió alegremente a recibirlos, él y Godínez se apearon de los caballos, y se abrazaron con ceremonia de toda confianza". Pero había un fondo de recelo y de hipocresía por ambas partes. Don Sebastián le dijo que, aunque sus hombres le habían nombrado general, lo aceptó hasta que él llegara. Godínez respondió que obedecería a Don Sebastián como general, y, éste, vista su respuesta, nombró a Godínez maestre de campo".

     Rizando el rizo de las barbaridades, tenían decidido matar también en la villa de La Plata al mariscal Alonso de Alvarado. Quien quería capitanear a los que fueran a hacerlo era Vasco Godínez, pero le dijo Don Sebastián que lo habían tratado ya antes de que él llegara, y le había encargado la misión a Juan Remón. Hicieron después una lista de los que irían a matar a Alonso de Alvarado, formada por el capitán Remón, el capitán Don Garci Tello y un grupo de acompañantes (el cronista cita los nombres de dieciséis). Cuando partieron, Vasco Godínez le escribió una a Egas de Guzmán, comunicándoselo y pidiéndole que fuera a ayudarles con más gente. Respondiendo a su aviso, juntó cincuenta y cinco soldados (el cronista da los nombres de doce), y se dirigió a su encuentro. Pero pronto, entre aquellos grupos de hombres sin ley ni honor, surgirán complicaciones funestas. Habían logrado matar a Pedro de Hinojosa, y ahora, parecen todos decididos a hacer lo mismo con el gran Alonso de Alvarado, teniendo, en realidad, muchas confusiones en sus trastornadas cabezas.

 

     (Imagen) JUAN ORTIZ DE ZÁRATE, a quien vemos ahora en apuros por ser fiel a la Corona, nació hacia el año 1515 en Orduña (Vizcaya), siendo su familia un vivero de ilustres conquistadores y funcionarios de las Indias. Fue hermano de Pedro Ortiz de Zárate, el amable oidor de Lima que pagó con su vida la lealtad al Rey (quizá envenenado por los hombres de Gonzalo Pizarro), y tío del fundador de Buenos Aires, Juan de Garay, teniendo probablemente parentesco con Agustín de Zárate, el gran cronista que anduvo por Perú. A su llegada a las Indias, estuvo integrado en las tropas del Diego de Almagro el Viejo, pero ocurrió algo extraño, porque se encontraba en casa de Francisco Pizarro cuando los hombres de Diego de Almagro el Mozo se presentaron y lo mataron. Existe la versión de que Juan les facilitó la entrada, pero el hecho cierto es que resultó herido por defenderlo. No obstante, también resulta chocante que, después, luchara al lado de Almagro el Mozo contra Vaca de Castro. Más tarde fue un acérrimo enemigo de Gonzalo Pizarro, de quien pudo escapar tras haberlo condenado a muerte. Desde entonces, su fidelidad a la Corona fue rectilínea, por lo que Pedro de la Gasca lo premió espléndidamente. Se estableció en la zona de Potosí, donde tenía el cargo de regidor, y adquirió una enorme riqueza con las encomiendas de indios y las minas de plata, formando parte de la red de empresarios vascos que dominaban en aquel lugar y en las tierras limítrofes.  Pero su destino le iba a llevar a la conquista de nuevas tierras y la alta política, aunque en una demarcación de convivencia muy problemática entre los mismos españoles. El año 1569 se le nombró Gobernador de Río de la Plata y del Paraguay, y allí permaneció envuelto en conflictos hasta morir en Asunción (entonces, una auténtica ciudad sin ley) el año 1576. Las ciudades de Potosí, la Plata y Asunción, campo de las actividades del gobernador JUAN ORTIZ DE ZÁRATE, quedaron incorporadas en lo que luego llegó a ser, por el avance de los conquistadores, el virreinato del Río de la Plata (ver imagen). De su relación amorosa con la nativa de alto linaje Leonor Yupanqui, tuvo una hija llamada Juana Ortiz de Zárate y Yupanqui.




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