viernes, 16 de octubre de 2020

(Día 1241) Acostumbrados a la rebeldía, se producían muchos duelos entre los soldados. Hubo uno absurdo y tragicómico entre Pedro Núñez y Baltasar Pérez. Empezaban los problemas para Pedro de Hinojosa.

 

     (831) El duelo que narra Inca Garcilaso fue realmente rocambolesco. Se produjo entre dos militares famosos. Uno de ellos era Pedro Núñez, a quien el cronista conoció en persona, y, el otro, Baltasar Pérez. Pero era un duelo que derivaba de otro anterior, en el que ellos habían sido padrinos de dos duelistas (a los que el cronista llama ahijados suyos, como se diría en un bautizo). En un paroxismo de orgullo, Pedro y Baltasar se retaron a un duelo echándose en cara que en el duelo anterior se habían infringido las normas convenidas. Baltasar escogió como padrino a Egas de Guzmán, "natural de Sevilla, uno de los más famosos y valentones que había entonces en Perú". El otro se empeñó en serlo, aunque no lo habían elegido: "Se llamaba Hernán Mejía, también natural de Sevilla, de quien Egas de Guzmán hablaba muy mal porque presumía ostentosamente de su valentía. Al saber que Egas era uno de los padrinos, consiguió, por pura pesadez, que Pedro Núñez lo nombrase a él". Pronto fue Guzmán adonde Pedro pidiéndole que no lo tuviese como padrino, ya que Mejía era un hombre vil e indigno de apadrinar a un hidalgo, pues, entre otras cosas, "era hijo de una mulata que vendía sardinas fritas en la plaza de San Salvador de Sevilla". Pero no hubo manera de que Pedro Núñez consiguiera que Mejía renunciara a lo que le había prometido con palabra de caballero. Al saberlo, Egas de Guzmán le dijo algo muy amenazante a Mejía: "Le advirtió de que fuese bien armado al duelo, pues él pensaba llevar puestos una cota y un casco".

    Resulta que, llegado el momento, los padrinos estaban más preocupados de su desafío que del duelo de sus 'ahijados', a quienes dejaron abandonados, dedicándose ellos a pelear a cierta distancia. En el cruce de lances, Mejía perdió el control por algo muy grave: "Egas de Guzmán le clavó una daga en la frente a Mejía, metiéndola más de dos dedos, y se quebró dentro. El Mejía, desatinado por la herida, huyó por el campo, fue adonde estaban los ahijados, y, sin mirar a quién tiraba el golpe, dio una cuchillada a Pedro Núñez, su ahijado, y pasó huyendo sin saber adónde". Por si fuera poco, también Egas de Guzmán, para proteger a su ahijado, atacó a Pedro Núñez; "Se defendió con los brazos, de manera que quedó hecho un andrajo y tendido en el campo. Egas de Guzmán se refugió en una iglesia, y a Pedro Núñez lo llevaron a un hospital, donde sanó de sus heridas, pero quedó tan lisiado como hemos dicho. Hernán Mejía murió de la herida en la cabeza, porque no pudieron sacarle la punta de la daga que en ella tenía metida. Otros muchos desafíos hubo en esta tierra, no solo de los moradores de los pueblos, sino de los caminantes que se topaban por los caminos".

     Si algún interés tiene lo que acaba de contar Inca Garcilaso, es el de servirnos como ejemplo de la anarquía que habían generado tantos años de guerras civiles en las que uno de los bandos estaba siempre liderado por un grupo rebelado contra la Corona. Aunque se había pasado lo peor, quedaban las secuelas, y muchos resentidos dispuestos a intentar nuevas alteraciones: "Cuando llegó el general Pedro de Hinojosa como corregidor a las Charcas, halló más soldados de los que imaginaba, por las esperanzas que él les había dado, o ellos habían tomado de sus dudosas palabras. Por lo cual, se vio muy confuso y fatigado, al no poderlos acomodar con el alojamiento y las provisiones que necesitaban".

 

     (Imagen) Veamos el expediente de méritos de DON GIL RAMÍREZ DÁVALOS. Se lo presenta al Rey para pedirle que le recompense sus servicios, que narra en tercera persona. Lo resumo. Confirma que luchó contra los indios de Jalisco (México), "donde le quebraron los dientes y le hicieron otras heridas, así como que sustituyó al mariscal Alonso de Alvarado como corregidor del Cuzco. Dice que allí sirvió muy bien a Su Majestad: "Obligó a cumplir a los vecinos las disposiciones que el Rey había ordenado, por lo cual le hicieron una conjuración Francisco Hernández Girón y sus secuaces, e intentaron matarlo. Le prendieron (en la mencionada boda de Alonso de Loaysa), y saquearon su casa, donde tenía más de diez mil pesos. Luego, estando así, entre grillos y cadenas, quisieron cuatro veces cortarle la cabeza. Después le sacaron para enviarle a la ciudad de Lima con veintiséis soldados y Piedrahita, capitán de Hernández Girón, y, porque quiso persuadir a los que le llevaban para que se pusiesen al servicio de Vuestra Majestad, quisieron darle garrote. Llegado a Lima (logró escaparse durante el viaje), se puso bajo el Estandarte Real, y, a su costa, aportó algunos soldados, y batalló en la guerra desde el principio hasta el fin, hallándose también en la batalla de Pucará (donde fue derrotado definitivamente Girón). Luego fue nombrado por el virrey Marqués de Cañete gobernador de Quito y de otras cuatro ciudades". Este nombramiento fue un premio, sin duda merecido, por sus méritos pasados y por su valía personal. Llegado a Quito, continuaron sus logros. Siempre se le recordará como fundador de varias ciudades. En 1557 estableció la ecuatoriana Cuenca (que hoy tiene más de 300.000 habitantes), llamada así por ser nacido en su homónima ciudad española el virrey que le encargó la misión, Andrés Hurtado de Mendoza (Marqués de Cañete). Dos años después fundó Baeza, poniéndole el nombre de su propio lugar de origen, y, posteriormente, Tena, en la zona en la que había iniciado las exploraciones amazónicas Gonzalo Díaz de Pineda, más tarde fallecido al servicio de la rebelión de Gonzalo Pizarro. Se desconoce la fecha del fallecimiento de DON GIL RAMÍREZ DÁVALOS, pero el año 1575 aparece en un registro como vecino casado en segundas nupcias, y con hijos de los dos matrimonios.




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