martes, 20 de octubre de 2020

(Día 1244) Don Sebastián de Castilla y los que le acompañaban mataron brutalmente en su casa a Pedro Alonso de Hinojosa, pero no pudieron hacerlo con Martín de Robles y Pablo de Meneses.

 

     (834) Cuando supieron que su casa estaba abierta, fueron a matarlo: "Salió Don Sebastián con siete caballeros, y, aunque todos eran escogidos, caminaban desmayados, como si fueran a acometer a un escuadrón, cuando, en realidad, sabían que iban a matar a un caballero que vivía descuidado. Entraron en su casa, y el primero con quien toparon fue con Alonso de Castro, teniente del corregidor. Don Sebastián echó mano a su espada, y, al verlo, Castro dio la vuelta para huir. Uno de los soldados, llamado Anselmo de Hervias corrió tras él, y, alcanzándole, le dio una estocada que le pasó de parte a parte. Luego fueron al aposento del general Pedro de Hinojosa, y, no hallándole en él, ni en los demás aposentos de la casa, se turbaron malamente los traidores, sospechando que había huido. Uno de los soldados que se habían quedado en el patio de la casa, fue hasta los corrales, donde le halló porque había ido por una necesidad natural, y le dijo: 'Salga vuestra merced, que están aquí fuera el señor Don Sebastián de Castilla y otros caballeros que vienen a hablarle'. El general salió con una ropa de levantar que llevaba puesta, y a la salida, se le puso delante un soldado llamado Gonzalo de Mata y le dijo lo mismo. Llegando Pedro de Hinojosa adonde los demás, les preguntó qué era lo que querían. Entonces, Don García Tello de Vega le dio una estocada metiendo la espada hasta la cruz, de lo que cayó al suelo. Queriendo forcejear para levantarse, le volvieron a derribar con otras estocadas Antonio de Sepúlveda y Anselmo de Hervias, y él comenzó a dar voces pidiendo confesión, pero ellos lo dejaron allí dándole por muerto. Pero, advertidos por Don Garci Tello de que debían asegurarse de que era así, puesto que les iba mucho en ello, volvió Anselmo de Hervias, y le dio a Pedro de Hinojosa una grandísima cuchillada por la cara, de la que enseguida acabó expirando. Después salieron todos a la plaza dando voces diciendo '¡viva el Rey, que ha muerto el tirano' (que es como en el Perú llamaban a los traidores), y, acto seguido, saquearon toda la casa, sin dejar cosa alguna".

     Los siete que participaron directamente con Don Sebastián de Castilla en el asesinato de Pedro de Hinojosa, fueron Antonio Sepúlveda, Pedro Saucedo, Garci Tello de Vega, Gonzalo Mata, Diego Vergara, Álvaro Pérez Payán y Anselmo de Hervias, y ninguno de estos siete ha dejado el más mínimo rastro en el gran archivo PARES, como si intencionadamente se hubiera borrado todo mención de su existencia, manchada para siempre por su rebeldía y su vil asesinato. Efectuado el crimen, se sintieron amos y señores absolutos: "Luego Garci Tello de Vega, con quince compañeros, se dividieron en dos grupos. Unos fueron a matar a Pablo de Meneses, y otros a Martín de Robles, de los cuales estaban muy quejosos por las burlas que les hacían los dos (tras recuperar su amistad después de aclararse el bulo que habían utilizado para enfrentarlos). Martín de Robles fue avisado por un indio, criado suyo, y saltó en camisa por los corrales de su casa, escapando así de la muerte que querían darle. Pablo de Meneses había salido aquella misma noche de la ciudad enfadado y temeroso de la desvergüenza con que los soldados anunciaban su tiranía. Se fue a una heredad que tenía cerca, y, tras ser avisado, huyó rápidamente adonde no pudieran prenderle".

 

     (Imagen) De los tres capitanes conjurados en esta nueva rebelión, el más retorcido era VASCO GODÍNEZ. De todos ellos resulta difícil encontrar documentación, salvo los datos que aportan los cronistas. El gran archivo PARES apenas los menciona, como suele ocurrir con muchos de los rebeldes que participaron en las guerras civiles, salvo si se trata de los castigos que recibieron. Godínez estaba muy resentido por no haber recibido de Pedro de la Gasca ninguna encomienda de indios, quizá porque fue de los últimos que abandonaron a Gonzalo Pizarro. Y eso que, lo de ser traidor, se le daba muy bien, pues veremos que él se va a ocupar de que maten a sus dos actuales compañeros de rebeldía, Don Sebastián de Castilla y Egas de Guzmán, esperando, con ello, ser premiado por Alonso de Alvarado, representante del Rey, quien, como los romanos, no pagó al traidor, y lo ejecutó. Como, a veces, se dan versiones interesadas acerca de la procedencia de algunos conquistadores, pondré un ejemplo que viene al caso. He visto en una publicación vasca que, en un artículo, consideran como paisano suyo a Vasco Godínez, lo cual no es precisamente para enorgullecerse, ya que se trata de un personaje odioso. Pero queda bendecido por su rebeldía a la Corona (que no fue política, sino económica), como ocurre con el psicópata Lope de Aguirre. El autor incluye a Godínez en un grupo de vascos que tuvieron enfrentamientos con otros españoles por el dominio de las minas de Potosí. Pero tal cosa sucedió cuando Godínez llevaba muchos años muerto, y, además, se da la circunstancia de que, aunque vivió en Potosí, no era vasco. Tanto su nombre, Vasco, como su apellido, Godínez, eran propios de zonas gallegas y portuguesas. Él nació a escasa distancia de Portugal, en Jerez de los Caballeros (Badajoz), y su primo Juan de Acosta, gran rebelde, pero, para variar, leal a Gonzalo Pizarro hasta morir por él (como ya vimos), en la casi colindante Villanueva de Barcarrota (según se ve en la imagen), donde también vino a este mundo el excepcional Hernando de Soto, el español que, en solitario, vio por primera vez, cara a cara, al casi divino Atahualpa, y cuyo cuerpo fue sumergido respetuosamente por sus hombres en el recién descubierto río Misisipi.




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