lunes, 12 de octubre de 2020

(Día 1237) Antes de la definitiva rebelión de Girón, hubo otros breves conatos en el Cuzco, donde era corregidor Juan de Saavedra, a quien se sustituyó por el mariscal Alonso de Alvarado

 

     (827) El caso es que los dos huidos produjeron una alarma general: "Fueron alborotando la tierra, diciendo que Francisco Hernández Girón se había alzado con el Cuzco. Pero, como adelante veremos, Juan Alonso Palomino se lo pagó bien en el segundo alzamiento, pues Girón lo mató durante una cena, como adelante diremos; y Jerónimo de Costilla se libró porque no estuvo en el banquete (ya lo conté anteriormente). Francisco Hernández Girón llegó a la ciudad de Lima (remitido por el corregidor del Cuzco, que lo había encarcelado), se presentó en la Audiencia Real, y los oidores lo apresaron, pero enseguida le dejaron como cárcel la ciudad entera. Se contentaron con que en aquellos días (sería a principios de 1553) se casó con una mujer noble, moza, hermosa y virtuosa, que no se mereció tantos malos tratos como su marido le hizo pasar con su segundo alzamiento. Volvió con ella al Cuzco y estuvo meses sosegado, conversando con los soldados, y huyendo del trato con los vecinos". Diré, de paso, que su mujer era Doña Mencía de Almaraz. Cuando, en 1554, ejecutaron a Girón, un tiempo después ella y su madre, Doña Leonor de Portocarrero, fundaron en Lima el convento de La Encarnación, profesaron como monjas, y ambas fueron, sucesivamente, madres superioras del mismo.

     Se calmó, pues, el amago de rebeldía de Francisco Hernández Girón, pero cundió el mal ejemplo: "Viendo el poco castigo que habían dado los oidores al atrevimiento y desvergüenza de Hernández Girón y de sus soldados, tomaron atrevimiento otros que no se tenían por menos valientes, pero eran pocos y sin caudillo. Algunos vecinos le pidieron al corregidor que los castigara, porque convenía a la quietud de la ciudad, pero respondió que, si la Audiencia había hecho poco caso de los anteriores alborotadores, él quedaba excusado de intervenir. Sabiéndose estas cosas por todas partes, vino al Cuzco un vecino de la ciudad que se llamaba Don Juan de Mendoza, hombre bullicioso y amigo de soldados, más para incitar a otros que para hacer él cosa de importancia. En cuanto llegó, habló con los principales instigadores, que eran Francisco de Miranda, Alonso de Barrionuevo, que entonces era el alguacil de la ciudad, y Alonso Hernández Melgarejo. Miranda le contó que los soldados querían elegirle a él general, y, a Barrionuevo, maestre de campo". Se diría que el chismoso Mendoza solo deseaba cotillear y enredar las cosas. Le pareció que su intento de motín iba en serio, y aconsejó a algunos amigos suyos que huyeran de la ciudad, pero, al ver que no le hacían caso, partió hacia Lima, y, como ocurrió con Palomino y Costilla, fue pregonando por el camino que el Cuzco estaba tomado por los rebeldes.

     El caso es que, esta vez, en Lima se lo tomaron en serio: "Ante el alboroto que Don Juan de Mendoza causó en Lima, nombraron los oidores al mariscal Alonso de Alvarado corregidor del Cuzco (sustituyendo a Juan de Saavedra), y le mandaron que castigase aquellos motines con rigor. El cual, en cuanto llegó al Cuzco, prendió a algunos soldados. Tras informarse bien, ahorcó a los principales culpables, que eran Francisco de Miranda y Alonso Hernández Melgarejo, sin respetar su nobleza, pues eran hidalgos (les correspondía ser degollados)".

 

     (Imagen) Acabamos de ver que JUAN DE SAAVEDRA ejercía como corregidor en el Cuzco, y que los oidores lo sustituyeron por Alonso de Alvarado. Es probable que Juan muriera en octubre de 1554 luchando en la batalla de Pucará contra el rebelde Francisco Hernández Girón, el cual luego fue ejecutado. Hubo otro Juan de Saavedra, de quien ya hablé y al que le confundí unos datos (pues así le ocurre en muchas reseñas). Este último fue, como dijimos, quien descubrió y puso nombre a la bahía chilena de Valparaíso. Hasta en su pueblo conquense, así llamado también, consideran que lo tienen allí enterrado, pero cuesta creerlo, porque lo mató el siniestro Carvajal en 1544. Del JUAN DE SAAVEDRA que ahora nos ocupa, podemos tener referencias interesantes a través de unas cartas que le envió desde León de Huánuco a Gonzalo Pizarro, del que era un seguidor deseoso de abandonarlo, aunque habían tenido tan buena relación, que Gonzalo lo nombró teniente suyo en dicha ciudad. Escribe bien y se ve claramente que no era un hombre violento, aunque no le quedaba más remedio que fingir adhesión a Gonzalo Pizarro. El 16 de enero de 1546 le habla de una investigación sobre los vecinos, y le dice que "han tenido tibieza para servir a vuestra señoría, pero nada aseguro sobre posibles malas intenciones, pues no sé cosa cierta, y a vuestra señoría sólo he de escribirle la verdad". Y añade: "En cuando a Juan de Mory, me he informado, y, viendo lo que dicen los testigos, no veo que se haya excedido, y, aunque sea mi amigo, no dejo de decirle la verdad a vuestra señoría". El 4 de enero de 1547 le hace una petición: "Siento pena de no tener para gastar como hombre de bien, y, con estos indios que ahora tengo, cada día me endeudo más. Le suplico que me haga merced de cosa con la que pueda servirle como deseo, pues un hombre pobre no puede hacer lo que querría, y a veces debe". Termina diciendo: "Me he alegrado mucho de la ida (a Panamá) de Gómez Solís con los obispos y el superior de los dominicos". Ni él ni Gonzalo sabían que, poco después, Solís, Hinojosa y varios capitanes más le iban a entregar en Panamá la poderosa flota de Pizarro a Pedro de la Gasca. Seguiremos con JUAN DE SAAVEDRA en la próxima imagen.




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