martes, 22 de septiembre de 2020

(Día 1220) Gran protesta de muchos soldados por los repartos de premios que hizo Pedro de la Gasca. Hasta Alonso de Alvarado le denunció.

 

     (810) La decepción fue enorme: "Cuando supieron en el Cuzco que el presidente La Gasca se había ido a Lima solo y a la sorda, en medio de muchos capitanes dijo el capitán Pardave: 'Voto a tal, pues Magdalena de la Cruz se fue en secreto y nos dejó engañados'. Al presidente, entre otros nombres postizos, le daban el de Magdalena de la Cruz, por ser embaucador y encantador como lo fue aquella buena mujer, a la que castigó el Santo Oficio de la Inquisición aquí, en Córdoba. Fue por no oír estas desvergüenzas, y otras que se decían, por lo que salió del Cuzco para hacer los repartimientos de indios, y se alejó más a la hora de darlos a conocer".

     Pedro de la Gasca lo hizo todo bien para lograr su magnífica victoria. Pero lo que nos ha mostrado ahora Inca Garcilaso es la desolación que embargó a muchos al sentirse estafados en los repartos de las encomiendas. El cronista reconoce que no era posible satisfacer a todos, pero opina que se podría haber hecho mucho mejor. Aunque su victoria fue asombrosa, surgió de inmediato un torbellino de protestas que no anunciaban nada bueno. Añade los comentarios de otros cronistas, y coinciden en describir el inicio de lo que parecía conducir a un motín general. El Palentino indica que la comunicación de los repartos se hizo el día veinticuatro de agosto de 1548, y añade: "En cuanto comenzó el arzobispo de Lima a comunicar los repartos a los vecinos y soldados del Cuzco, muchos de ellos comenzaron a blasfemar, diciendo públicamente denuestos contra el presidente La Gasca, y desvergüenzas que amenazaban con una nueva rebeldía. Hablaban entre ellos sobre matar al oidor Andrés de Cianca y al arzobispo, a quien le juzgaban autor del repartimiento. Decían con ira que los principales repartimientos y encomiendas de indios se los daban a quienes habían sido secuaces y principales valedores de Gonzalo Pizarro". Insiste en lo mismo el cronista López de Gómara. Comenta que Pedro Alonso de Hinojosa fue el más beneficiado en los repartos, por haber entregado la flota de Gonzalo Pizarro a Pedro de la Gasca, quien, asimismo, fue extraordinariamente generoso con algunos otros: "No pudo el arzobispo aplacar la saña de los soldados descontentos con el reparto, y se oyeron voces jurando que habían de acusar a Pedro de la Gasca ante el Consejo de Indias. Hubo algunos, como el mariscal Alonso de Alvarado y Melchor Verdugo, que después lo acusaron ante el Fiscal". Esta última frase confirma algo que resultaba sumamente extraño. El gran Alonso de Alvarado volvió a Perú acompañando en su viaje a Pedro de la Gasca, y su admiración mutua fue innegable durante mucho tiempo. Pero, después de la batalla de Jaquijaguana, se enemistaron dramáticamente, hasta el increíble extremo de que La Gasca presionó para que lo condenaran a muerte (ya me referí al tema). Ese proceso fue anulado, pero no se sabía lo que ocurrió entre ellos. Parece claro que, tal y como alegó en su día el mismo Alonso de Alvarado, tuvo mucho que ver el que, dolido por no ser premiados él y otros como él consideraba que merecían, había sometido a juicio a Pedro de la Gasca.

 

     (Imagen) Es posible que Pedro de la Gasca, un hombre lleno de virtudes, tuviera en el fondo un carácter dominante y rencoroso. La gran amistad que mantenía con el gran Alonso de Alvarado se fue a pique cuando, ya vencido Gonzalo Pizarro, las recompensas que distribuyó entre los hombres de su ejército resultaron muy desequilibradas. Uno de los perjudicados era Alonso de Alvarado, quien, en propia defensa y en la de otros igualmente quejosos, demandó a Pedro de la Gasca (lo que no se sabe es por qué maltrató así a Alvarado). Esto le irritó sobremanera al clérigo, y, tiempo después, intrigó hasta conseguir que le condenaran a muerte a Alvarado en un asunto menor, promovido, como vimos, por María de Lezcano. Alvarado manifestó en el juicio de apelación: "El licenciado La Gasca me tomó odio y enemistad porque yo protesté por los agravios que me había hecho a mí y a otras personas honradas en los repartimientos de indios y en otras cosas". Fueran ciertas o no, las afirmaciones que hicieron los testigos de Alvarado eran muy graves. Uno de ellos dijo que el juez reconoció que "había condenado a Alonso de Alvarado más por voluntad de Pedro de la Gasca que por las culpas que halló en él durante el proceso". Y añadió el testigo una dura crítica a su carácter: "Dijo que supo que el licenciado La Gasca era un hombre soberbio, y que tenía la condición de que, si quería mal a una persona y le tomaba odio, la perseguía por todas las vías que podía, y que esto lo supo porque vio quejarse a muchas personas de él, diciendo que, por cosas livianas, les anulaba méritos y servicios, y no les daba mercedes, para dárselas a las personas que a él se le antojaban, aunque no tuviesen méritos. Y que le pareció a este testigo que las personas que hacían todo lo que les mandaba, era por tenerle contento, ya que estaba en su mano hacerles bien o mal, darles de comer o quitárselo, y que le parece a este testigo que lo mismo hizo el licenciado Gómez Hernández (el que le había condenado a muerte a Alvarado)". Pedro de la Gasca murió en 1567, a la edad de 70 años, siendo obispo de Sigüenza. La imagen muestra un curioso documento. Le sancionaron a La Gasca desde Roma en 1563 por no dejar libres a unos clérigos que había apresado sin tener competencia para ello.




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