jueves, 10 de septiembre de 2020

(Día 1210) Francisco de Carvajal, caído en desgracia y preso, era maltratado incluso por sus propios hombres, hasta que Diego Centeno, noblemente, lo impidió. Para evitar más conflictos, se hicieron ejecuciones rápidas.

 

     (800) Francisco de Carvajal era terrorífico cuando ostentaba un gran poder bajo el mando de Gonzalo Pizarro. Pero le ocurrieron, como hemos visto, dos cosas fatales: quedar un poco desplazado por su jefe y terminar preso tras la derrota en Jaquijaguana. Entonces salió a flote el gran odio que le tenían muchos, incluso de los suyos, gran parte de los cuales se habían pasado al bando de Pedro de la Gasca, y se ensañaron al verlo indefenso: "A los gritos de los que llevaban preso a Carvajal se unieron otros muchos de los de La Gasca, y, en lugar de consolarle en su aflicción, le tocaban con las mechas encendidas en el pescuezo. Yendo así, vio al capitán Diego Centeno, que volvía de dejar a buen recaudo en su tienda a Gonzalo Pizarro, y le llamó en voz alta. Diego Centeno, volviendo el rostro, le dijo que le pesaba mucho verlo así. Carvajal le respondió que, siendo tan caballero y cristiano, esperaba de él que mandase que aquellos gentiles hombres no hiciesen lo que estaban haciendo con las mechas. Como aun en su presencia se desvergonzaban en hacerlo, creyendo que, siendo Carvajal tan enemigo suyo, se alegraría de cualquier mal que le hiciesen, Diego Centeno arremetió contra ellos, y les dio muchos cintarazos, pues eran todos gente muy baja, marineros y grumetes que iban en aquel ejército para hacer cosas tan viles". Varias veces en estas crónicas se ha hecho referencia a que los marineros eran personas especialmente conflictivas, y eso que los soldados no serían precisamente unos santos.

     Los ruegos de atormentado preso surtieron efecto: "Diego Centeno, después de haber apartado de Carvajal a aquellos pícaros, mandó a dos de sus soldados que le acompañasen y que no consintiesen que se le hiciese mal trato alguno. Entonces les vio el gobernador Pedro de Valdivia, y le pidió a Diego Centeno que le dejara a él llevar a Carvajal ante Pedro de la Gasca, por ser tan importante prisionero. Estuvo conforme, pero le pidió que luego se lo devolviese a su tienda, donde debía permanecer preso. Cuando Pedro de Valdivia se lo presentó, Pedro de la Gasca le reprendió por sus tiranías y crueldades, y por haberlas hecho en contra del servicio a su Majestad. Carvajal no respondió palabra, ni hizo ademán de humillarse, ni muestra de escuchar lo que le decía, sino que miraba a una parte y a otra, con una mirada tan grave y señorial como si fuera el señor de cuantos tenía delante. Visto lo cual, el presidente La Gasca mandó que se lo llevasen de allí, y lo pusiesen en una tienda aparte, de manera que Gonzalo Pizarro y él no se volvieron a ver".

     Y se fue fraguando también el triste destino de los principales hombres que se mantuvieron fieles a Gonzalo Pizarro: "Prendieron al resto de sus capitanes, a algunos aquel día y a otros después, que no se escapó ninguno. Solamente el capitán Juan de la Torre Villegas (aquel miserable que provocó intencionadamente la ejecución del hermano del virrey) pudo esconderse en el Cuzco durante cuatro meses en una choza pajiza de un indio, criado suyo. En todo ese tiempo no se supo nada de él, como si se lo hubiera tragado la tierra, hasta que un español lo descubrió sin saber quién era, y luego fue ahorcado como los demás, aunque más tarde".

 

     (Imagen) Los que se pasaron al bando de Pedro de la Gasca antes de terminar la batalla de Jaquijaguana fueron perdonados. Los que se mantuvieron en su rebeldía fueron castigados, y quienes tuvieron alta graduación en el ejército enemigo, ejecutados. Pedro de la Gasca informó que a Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal se les cortó la cabeza casi de inmediato "para evitar el peligro de que huyeran, así como porque se estimó que, mientras Gonzalo Pizarro viviera, no sería segura la paz". También rápidamente, se ejecutaron a varios capitanes. Luego va indicando castigos y ejecuciones posteriores: "Se azotó a delincuentes y se les condenó a servir en las galeras de España, y a otros se les desterró perpetuamente a Chile. Se ajustició al bachiller Castro, que fue muy secuaz de Gonzalo Pizarro. Y a Diego Contias, que también lo era, y fue el que apresó al mensajero Damián Hernández, llevándoselo a Francisco de Carvajal, quien lo ahorcó después. Asimismo, a Gonzalo Morales, que también lo era, y había apresado a Páez, antiguo secretario de Vaca de Castro, siendo ahorcado por Carvajal". Después menciona a fray Luis de la Magdalena (el conflictivo clérigo del que ya hablamos). A pesar de ser un mitinero nato, se salvó de la muerte por ser clérigo. Se lo entregó al provincial de los dominicos, "el cual le condenó a clausura perpetua, a graves ayunos y a otras penitencias". En el Cuzco siguieron las ejecuciones, pero hubo dos casos similares y especiales: "El dos de mayo se hizo justicia de Diego de Carvajal (muy seguidor de Gonzalo Pizarro), que fue el que trajo al Cuzco con Francisco de Carvajal a las mujeres de Arequipa (entre ellas, María Calderón, a la que asesinó Francisco), y, porque una, que era mujer de Diego García de Alfaro, se escondió, atormentó a su madre hasta que le dijo dónde estaba, y, cuando la tuvo, según ella dice, la forzó, y, ultrajada por ello, tomó veneno, y ha estado, desde que entramos en el Cuzco, a punto de morir". Por otro caso parecido, se ejecutó a Antonio de Biedma, dándose la circunstancia de que la violada murió tras haberse envenenado. La Gasca quiso premiar los servicios de Pedro de Valdivia, y, solo 9 días después de la batalla de Jaquijaguana, lo confirmó como Gobernador de Chile. Así consta en la imagen (casi ilegible).



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