martes, 8 de septiembre de 2020

(Día 1208) La desbandada general de los de Pizarro convirtió la batalla en algo tan simple, que apenas hubo bajas. Gonzalo Pizarro no quiso huir, y se entregó con dignidad.

 

     (798) Todo se derrumbaba, y el Demonio de los Andes seguía con su siniestro estribillo: "Carvajal no dejaba su canto, y, cada vez que huía otra cuadrilla, volvía a entonarlo. Los piqueros del escuadrón, viendo que los arcabuceros habían huido, y que ellos no podían fingir que iban a escaramucear con los contrarios, soltaron las picas todos a una, y echaron a correr por diversas partes, y de esta manera se acabó de deshacer el escuadrón de Gonzalo Pizarro. Así fue la batalla de Jaquijaguana (si se le puede llamar batalla), en la que no hubo golpe de espada, ni encuentro de lanza, ni tiro de arcabuz. De la parte de Gonzalo Pizarro murieron unos doce, y los mataron Pedro Martín de Don Benito y otros semejantes persiguiendo a los huidos. Los de Pedro de la Gasca no mataron a ninguno de los enemigos, y, de los suyos, solamente murió uno, por descuido de un compañero que le dio un pelotazo". Inca Garcilaso no le da por muerto en la batalla a Pedro Martín de Don Benito, pero Pedro de la Gasca, como vimos, dejó bien claro que lo mataron sus hombres después de haber impedido que acabara con la vida del licenciado Cepeda durante su huida del campo de Pizarro.

     La escapada de los piqueros produjo ya una desmoralización general entre los mandos del ejército: "Gonzalo Pizarro y sus capitanes quedaron como pasmados porque no imaginaron tal cosa. Volviendo el rostro hacia Juan de Acosta, que estaba cerca de él, le dijo: '¿Qué haremos, hermano Juan?' Acosta, presumiendo de valiente, respondió: 'Arremetamos y muramos como los antiguos romanos'. Gonzalo Pizarro dijo: 'Mejor es morir como cristianos'. Con ánimo esforzado, quiso morir antes que huir, pues nunca los enemigos le vieron las espaldas. Luego caminó hacia el escuadrón del Rey con los capitanes que quisieron seguirle, que fueron Juan de Acosta, Francisco de Maldonado y Juan Vélez de Guevara, habiéndose ya pasado al bando de La Gasca Diego Guillén. Yendo así, se encontró con el sargento mayor Pedro de Villavicencio, el cual, viendo que iba bien acompañado, le preguntó quién era, y le dijo: 'Yo soy Gonzalo Pizarro, y me rindo al Emperador'. Le entregó el estoque que llevaba en la mano, porque la lanza la había quebrado en su misma gente, porque huían. Villavicencio se alegró mucho por la buena suerte que había tenido. Mostrándose agradecido porque se le había entregado, no quiso pedirle la espada y la daga que llevaba ceñidas, que eran de mucho valor, porque toda la guarnición era de oro".

     Quien le otorgó un tratamiento muy caballeresco fue Diego Centeno: "Llegó donde Gonzalo Pizarro y le dijo: 'Mucho me pesa de ver a vuestra señoría en este trance'. Gonzalo Pizarro sonrió levemente y le dijo: 'No hay que hablar de eso, señor capitán Diego Centeno, pues yo he acabado hoy, y mañana me llorarán vuestras mercedes'. Sin hablar más palabras, se fueron adonde estaba el presidente Pedro de la Gasca".

     Inca Garcilaso recoge después la versión que dieron tres cronistas, Zátare, Gómara y el Palentino, sobre el encuentro de Gonzalo Pizarro con Pedro de la Gasca. La más extensa es la del Palentino, pero, incluso esta, le parece insuficiente, y nos va a narrar la suya.

 

     (Imagen) Aunque la batalla de Jaquijaguana resultó ridícula, y la victoria de las tropas del Rey sumamente fácil, hay que subrayar que fue el resultado de un valioso y tremendo proceso de trabajos, inquietudes y peligros que podía haber acabado en el mayor desastre para los de Pedro de La Gasca tan solo unos días antes de la batalla, cuando atravesaron sus hombres el río Apurimac. Y es más: si Gonzalo Pizarro hubiese seguido los consejos de Francisco de Carvajal, manteniéndole también en el mando de la tropa, el veterano militar habría destrozado al ejército enemigo en ese paso. Pizarro había obtenido recientemente la casi milagrosa victoria de Huarina, que fue una dolorosa sorpresa para Pedro de la Gasca, y para su gran capitán, Diego Centeno, quien tuvo que esconderse en una cueva durante meses. Aquella victoria se debió al genio estratégico de Francisco de Carvajal, y no se entiende que en Jaquijaguana prescindiera Pizarro de él despectivamente, quizá harto de sus crueldades, pero olvidando que era el hombre más eficaz que tenía para el enfrentamiento. Pedro de la Gasca era muy consciente de lo que arriesgaban al pasar con el ejército el río por un puente de lianas improvisado, largo y a gran altura, y no cesaba de meter prisa a sus hombres para que lo hicieran lo antes posible. Un golpe de fortuna hizo que Juan de Acosta, el sustituto de Carvajal, se confiara en su salida, y llegara tarde al río Apurimac, cuando ya, fatalmente para los de Pizarro, los de Pedro de la Gasca lo habían atravesado y se dirigían hacia el campo de batalla. También es verdad que, aunque Pizarro destrozara a La Gasca, probablemente solo conseguiría retrasar su trágico final, porque, como le decía el astuto Francisco de Carvajal, "si matamos a este, luego vendrá otro". Era impensable que Carlos V tirara la toalla. Ningún rebelde había triunfado en la Indias. La única excepción fue la de Hernán Cortés. Se rebeló contra el gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, llegando a derrotar a sus tropas (enviadas najo el mando de Pánfilo de Narváez), y lo hizo consciente de que podía conquistar un gran imperio, pero no para él, como pretendía Gonzalo Pizarro, sino 'para entregárselo a Carlos V'. El resultado fue que su extraordinario éxito lo colmó de honores.




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