jueves, 20 de diciembre de 2018

(Día 706) Almagro pone a Pedro de Lerma al frente de los soldados que habían sido de Pizarro. Orgóñez convence a sus capitanes, y hasta a Almagro, de que había que matar a Hernando y Gonzalo Pizarro y a otros capitanes presos. Diego de Alvarado y otros capitanes le dicen a Almagro que sería una desastrosa barbaridad.


     (296) Si algo van a tener las guerras civiles, además del horror, será la confusión por los continuos cambios de bando, a veces por simple ambición, apostando por el probable ganador, pero también, entre otros motivos, por salvar la vida evitando el enfrentamiento con capitanes justicieros, como el sanguinario Francisco de Carvajal, especialista en ejecutar a los contrarios en lugar de hacerlos prisioneros. Ya sabemos que el caso del gran capitán Pedro de Lerma fue diferente. Se había pasado al ejército de Almagro por resentimiento, al haberle quitado el mando supremo Pizarro para dárselo a Alonso de Alvarado. Ahora Cieza nos dice que Almagro lo recibió de mil amores; la prueba evidente es que, de inmediato, le puso al frente de aquellos hombres que, ahora derrotados y engrosando su tropa, ya lo habían tenido como capitán (aunque desplazado del primer puesto) en el ejército de Alonso de Alvarado.
     Como dije, también Rodríguez Orgóñez podía tener un corazón de piedra, pero no con cualquier enemigo, sino con los personajes relevantes que eran extremadamente peligrosos para el resultado final de las batallas. Y, una vez más, se muestra intransigente convenciendo a todos en una reunión en la que, incluso, se acordó el disparate legal de apropiarse también de Lima: “Almagro llamó a todos los capitanes para considerar lo que había que hacer. Dijeron que, como su gobernación se extendía a la Ciudad de los Reyes, sería bueno ir con toda la gente que se pudiese hasta allá, y esperar a que Su Majestad fuese informado e proveyese lo que más a su servicio conviniese. Y también que Diego de Alvarado llevase una autorización de Almagro para que cortase la cabeza en el Cuzco a Hernando Pizarro, Gonzalo Pizarro, Alonso de Alvarado y Goméz de Tordoya. Este parecer lo dio Rodrigo Orgóñez, dando razones del provecho que se obtendría, y de que, si no se hacía, les vendría gran daño. Y Don Diego de Almagro acordó hacerlo así, mandando a su capitán Sosa que hiciese el mandamiento para llevárselo a Diego de Alvarado”.
     El hecho de que le llevasen a Diego de Alvarado la orden podría deberse a que, aunque era un hombre muy respetado y buen militar, no figurara entre los capitanes con más mando; pero quizá lo más lógico sea pensar que, aunque estuviera al máximo nivel, lo dejaron al margen de la consulta en la que se fraguó la decisión porque sabían que estaría en contra. Lo absurdo es que no esperaran ninguna oposición suya. Nosotros, como simples lectores que ya hemos visto antes a Almagro dubitativo entre Orgóñez y Diego de Alvarado, adivinamos lo que va a pasar cuando reciba el ‘encarguito’: “Después, aquella noche, juntándose Diego de Alvarado, Gómez de Alvarado, el arcediano Rodrigo Pérez y el capitán Salcedo, hablaron con Don Diego de Almagro, e le dijeron que dónde estaba su juicio para querer mandar cosa tan fea y que tan mala fama le daría, como era ir contra el Gobernador Don Francisco Pizarro estando quieto y pacífico en su gobernación, e que supiese que, si lo hacía, sería para siempre tenido como caso feo, y todos sus hechos se oscurecerían e se le tendría por hombre muy cruel”.

     (Imagen) Hay personajes de Indias que se prestan a confusiones por la similitud de sus nombres. Ocurre frecuentemente con los Alvarado. Está el gran Pedro de Alvarado, fácil de identificar por su extraordinaria biografía, pero sus muchos hermanos provocan dudas. El más pequeño se llamaba Gómez de Alvarado (Gómez era nombre propio), fundó la ciudad de Huánuco y falleció en 1542, pero, a veces, los historiadores se lo atribuyen a quien hoy nos interesa. Opino que, entre los que, por iniciativa de Diego de Alvarado, convencieron a Almagro de que no matara a Hernando y Gonzalo Pizarro, había otro GÓMEZ DE ALVARADO. Por dos razones: Diego y este Gómez eran sin duda muy amigos, porque nacieron los dos en Zafra (Badajoz); además, Cieza no menciona que fuera hermano de Pedro de Alvarado. Veo en PARES varios datos sobre él. Cambió de bando algunas veces en las guerras civiles, pero su decisión definitiva fue servir a las fuerza reales. En 1550, “el Rey manda que  no se consienta que hagan esclavos a los 150 indios que llegaron con sus mujeres e hijos desde la costa de Brasil, y que el capitán Gómez de Alvarado, Juan Pérez de Guevara y otros se repartieron (documento que prueba el control de esos abusos por parte de la Corona)”. En 1552, el Rey le impidió que fuera de campaña a la zona del Río de la Plata, para evitar que hubiera conflictos con los españoles que ya estaban por allí. En 1554, el Rey le permite que vuelva a España por cuatro años, y exige que nadie le quite su encomienda de indios. Pero murió antes de partir. Otro documento lo prueba, y también que le ocurrió luchando contra el rebelde Francisco Hernández de Girón en la última de las guerras civiles.



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