sábado, 15 de diciembre de 2018

(Día 702) Por distintos lados, atacan Almagro y Orgóñez a Alonso de Alvarado, que sufre traiciones. A pesar de ser herido en la boca, Orgóñez lucha con furia, pero pide a sus hombres que no maten sin necesidad. Los pizarritas se derrumban: son apresados Alonso de Alvarado y Gómez de Tordoya.


     (292) En ese momento, decidió Almagro unirse al ataque  que ya estaba iniciando Orgóñez: “El Adelantado Almagro, sabiendo que los de Orgóñez ya habían pasado el río, arremetió con los sesenta de a caballo que llevaba y con otros soldados para ganar el puente. Gómez de Tordoya, que oyó el ruido, mandó tocar una pequeña campana que tenía por señal, para que todos los suyos se retirasen. Muchos de los que estaban con Luis Valera se pasaron a los de Almagro, e lo mismo hacían los que estaban con Juan Pérez de Guevara. Un caballero que se llamaba D. Pedro de Luna, queriendo defenderse de los de Almagro, fue muerto, y dicen que fue con una pelota de arcabuz soltada por los que estaban en el río. Era mucho el temor de los de Alvarado, y no tenían ningún orden”.
     Con gran empuje, los que estaban con Almagro lograron atravesar el río Abancay: “Pasaron a la otra parte nadando, e otros a caballo, y un español se ahogó llevándolo el río con su furia. Alonso de Alvarado, con la gente que pudo recoger, se puso frente a los fuertes cimientos del puente, haciendo rostro a los enemigos con sus picas y ballestas. Orgóñez ya venía  adonde estaban Alvarado y Tordoya, y gritaba el nombre del Rey e de Almagro; los de Alvarado también decían ‘viva el Rey y Pizarro (los soldados de ambos bandos presumían de ser los leales al Rey). Rodrigo Orgóñez, a grandes voces, decía: ‘Rendíos, caballeros, daos a prisión, e no deis lugar a que ensangrentemos nuestras lanzas en vosotros. Los de Almagro traían tantas ganas, que ya habían rendido a muchos de los de Alvarado. Llegando Rodrigo Orgóñez, uno de los contrarios le dio con una piedra un golpe en la boca, que malamente le hirió, e a Juan Gutiérrez Malaver lo hirieron con una saeta. Orgóñez, no embargante que de la herida le salía mucha sangre, arremetió hacia los enemigos, y se metió en medio de ellos con la espada en la mano, diciendo a los suyos que los rindiesen o matasen”.
     La situación de Alvarado era penosa: “Alvarado conocía claramente su perdición por los pocos que le asistían, e queriendo defenderse, vio que los de Almagro ya andaban mezclados con los suyos, e habían muerto dos de ellos y herido a algunos otros. Orgóñez decía a los soldados que prendiesen e no matasen, porque no venían sino a soltar a los presos y a que las provisiones reales fueran obedecidas. Gómez de Tordoya fue preso enseguida. Alonso de Alvarado, encima de su caballo, subió la cuesta de la sierra, llevando todavía su lanza, sin saber qué hacer, pensando algunas veces en hacerse fuerte en alguna parte, y otras, volver al río a ver si los suyos estaban vencidos. Determinó subir a lo alto a recoger a la gente que allí tenía, e irse a juntar con Garcilaso de la Vega. Queriéndolo así hacer, Rodrigo Orgóñez, que no perdía punto en lo que era necesario, mandó que lo siguieran e procurasen prenderle. Le fueron siguiendo los que tenían los caballos menos fatigados. Como aquel camino era tan malo, Alvarado no pudo desviarse,  ni dejar de ser alcanzado, y siendo muchos los que le alcanzaron, y él solo, le prendieron y le llevaron adonde Almagro”.
      
     (Imagen). Hemos visto lo que ocurrió en Abancay, a 186 km del Cuzco. Fue la segunda y última victoria de Almagro contra Pizarro (en la primera, ocupó la ciudad del Cuzco por sorpresa y sin dificultades). El fracaso de ALONSO DE ALVARADO fue un terrible mazazo para capitán tan ejemplar y valeroso. Siempre lo recordó con amargura. No obstante, le veremos seguir luego batallando con éxito y honor, pero, como ya indiqué hace tiempo, le dio la definitiva puntilla moral años después, en 1554, ser vencido (siempre al servicio del emperador) por un nuevo rebelde, Francisco Hernández Girón (a quien otros se encargaron más tarde de eliminarlo). Quizá le jugara una mala pasada su ya avanzada edad. Murió al poco tiempo, y tan deprimido que algunos opinaron que se había trastornado. Su venida a España, donde le colmaron de honores, explica la trayectoria final del gran Alonso de Alvarado. Convencido de que la lealtad a la Corona estaba muy por encima de la que siempre había tenido a los Pizarro, volvió a las Indias decidido a frenar el insensato empuje de los rebeldes. Sin duda su vivencia más dramática fue la de tener que juzgar y condenar a muerte a su viejo amigo Gonzalo Pizarro. Nos va a quedar muy lejos en el tiempo la guerra provocada por Hernández Girón, aunque llegará el momento de contarla. Nada tuvo que ver con los conflictos anteriores, sino con el levantamiento contra leyes que recortaban a los españoles el derecho a disponer de los indios. También será sofocada, y  supondrá el fin definitivo de las guerras civiles.



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