miércoles, 27 de diciembre de 2017

(Día 575) Antes de entrar en el Cuzco, salió Manco Inca a rendirle pleitesía a Pizarro. Algunos indios lo vieron mal y se rebelaron. Pizarro mandó a Soto y a Juan Pizarro que fueran a controlarlos, pero ya habían prendido fuego en el Cuzco y se habían ido con parte del tesoro. Llegó Pizarro con su gente, y vieron que quedaba todavía un tesoro fabuloso.

     (165) Luego aporta Cieza algunos detalles sobre la llegada al Cuzco. Tal como lo contaba Pedro Pizarro, parecía que entraron todos los españoles al mismo tiempo, pero no fue así, ni tampoco explicaba un incidente provocado por los indios. Ya vimos que Pizarro alcanzó a Soto y Almagro en Jaquijaguana, muy cerca de la meta, adonde se le acercó Manco Inca. Oigamos a Cieza: “Había salido del Cuzco Manco Inca Yupanqui, hijo de Huayna Cápac, a quien de derecho, dicen algunos, pertenecía el señorío de su padre. Mas como vio cuán mal les había ido, entendió que los españoles habían de quedar con el mando en todo el reino, pareciéndole sano consejo confederarse con ellos. Se fue adonde Pizarro acompañado de uno de sus caballeros; Pizarro, al conocerlo, se holgó. Tratolo bien y mandó que lo honrasen. Cuando lo supieron los capitanes y parientes suyos, les pesó notablemente, y con gran desesperación determinaron, puesto que no podían prevalecer contra los españoles, ir a la ciudad a poner fuego en los edificios reales y llevar los grandes tesoros, para que tan grandes enemigos suyos no  los tuviesen; y lo pusieron por obra. Uno de ellos mismos se presentó ante Pizarro y le avisó de la hazaña que iban a hacer los indios, por lo que ordenó que Juan Pizarro (sigue todavía con poco protagonismo el gran Gonzalo Pizarro) y Hernando de Soto, con la mayor parte de los caballos, fuesen a paso largo para, entrando en el Cuzco, impedir que los indios arruinasen la ciudad, y aunque se dieron prisa, habían ya entrado los indios y robado (qué raro que Cieza diga ‘robado’; un lapsus) mucho tesoro, saqueando el templo, llevándose las doncellas sagradas y poniendo fuego en alguna parte. Cuando Hernando de Soto y Juan Pizarro entraron en la ciudad, remediaron lo que pudieron, de arte que el incendio cesó; poco después Pizarro llegó con el resto de la gente a la ciudad”.
    Toda  la tropa de Pizarro entró en el Cuzco el mes de octubre de 1534, sin ninguna resistencia porque, “cuando supieron los indios que los españoles les venían a las espaldas, salieron de la ciudad llevando a toda la gente joven que había de hombres y mujeres, que pocos quedaron que no fuesen viejos y cansados, inútiles para la guerra”. El didáctico Cieza nos pone en situación: “La ciudad del Cuzco era la cabeza del gran imperio de los incas, donde estaba la corte de ellos, el solemne templo del sol y sus mayores grandezas. Fue fundada por Manco Cápac (parece ser que hacia el año 1200), del cual tiempo hasta Huáscar, reinaron once príncipes”. Luego explica que, a pesar del botín que se sacó de la ciudad para pagar el rescate de Atahualpa y de lo que se llevaron, Quizquiz primero, y luego los indios cuando huyeron, quedaba mucho: “Cosa de grande admiración, pues ningún tesoro fue tan grande como el que quedó, ni en todas las Indias se halló tal riqueza. Pues cuando entraron los españoles y abrían las puertas de las casas, hallaban rimeros de piedras de oro de gran preso y grandes vasijas de plata. En la casa real del sol se hallaron grandezas no vistas ni oídas”.


     (Imagen) Habrá que mandar al panteón de las vidas truncadas a JUAN PIZARRO ALONSO porque solo tenía unos 26 años cuando murió, como veremos, luchando en el Cuzco contra los indios del rebelado Manco Inca. Los cuatro hermanos Pizarro fueron dignos hijos del legendario militar Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar, alias el Largo (por su altura), el Tuerto (desde que luchó en Granada) y el Romano (por la guerras de Italia). En su testamento legitimó a todos sus hijos bastardos (el único que tuvo ‘como Dios manda’ fue Hernando). Algunos detalles de las actuaciones de Juan Pizarro lo muestran como un tipo valioso (todos los hermanos lo fueron) y con fuerte carácter, pero su aparición en las crónicas tiene un relieve muy escaso. De no haber fallecido tan pronto, su papel habría sido decisivo en las guerras civiles.  Pero, tras su muerte y como si se tratara de un capricho de los dioses, todo se iba a orientar hacia el gran protagonismo  y la tragedia de Gonzalo Pizarro (el más joven de los hermanos), porque se convirtió en un líder solitario al ser asesinado Francisco Pizarro y permanecer Hernando Pizarro preso muy largo tiempo en España. Solo falta en la muy hermosa plaza de Trujillo un recuerdo visible de Juan y Gonzalo (que eran hermanos de padre y madre), porque también Hernando tiene el  suyo.


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