martes, 19 de diciembre de 2017

(Día 568) Manco Inca se alía con Pizarro esperando que lo acepte como verdadero emperador de Perú. Gonzalo Pizarro toma como amante a una de las mujeres de Manco Inca. Antes de entrar en el Cuzco le matan su caballo a Juan Ruiz de Arce en una pelea con los indios. Pero la entrada en la ciudad resulta pacífica.

     (158) Puesto que ha salido a escena el nombre de Manco Inca, convendrá aclarar que se alió con los españoles y aceptó gustoso que le nombraran  emperador oficioso del Perú, aunque él pretendía serlo de hecho. Era un hombre muy consciente de su importancia, y demostró después que aquella aparente amistad solo se basaba en el propio interés. El Inca Garcilaso dice que, en un principio, Manco Inca contaba con que los españoles le devolvieran todo el poder que tuvo Atahualpa: “El Príncipe  Manco Inca holgó mucho de ver que Quizquiz (capitán de Atahualpa) y otros personajes que tan enemigos le habían sido se mostrasen ahora de su bando para restituirle el imperio. Creyó que lo mismo harían los españoles (qué ingenuidad). Con estas esperanzas, fue a visitar a los españoles para pedirles por vía de paz el mando y señorío de su reino”.
     Manco Inca no había asumido su cargo como sustituto de Atahualpa, sino como directo heredero del derrotado Huáscar y del gran Huayna Cápac. Gonzalo Pizarro, que sigue actuando en un nivel discreto, aunque más tarde dará pruebas de su extraordinaria valía, ahora va a tener éxito como ‘don Juan’. Parece ser que las indias se sentían atraídas por los españoles. Manco Inca tenía entre sus amantes a una ‘coya’ (mujer principal), llamada Inquill (‘flor olorosa’), que se rindió a los encantos de Gonzalo. El Inca encajó mal el golpe y cuando, tiempo después, huyó del Cuzco acusó a los españoles de violadores. Llegó a decir que las vejaciones que había sufrido fueron tantas “que se le habían meado en la boca”. Gonzalo Pizarro se tomó en serio el amorío y tuvo un hijo con ‘Flor olorosa’. Le puso el nombre de su hermano, Francisco. Fue legitimado por el emperador en 1544 y murió luego en España tras haberlo enviado el virrey Pedro de la Gasca, después de haber ejecutado a Gonzalo, con un hijo de Juan Pizarro, también huérfano, “para que entre sus deudos sea mejor criado”.
     Dicho lo cual, recojo algo de lo que nos cuenta de primera mano el peculiar cronista Juan Ruiz de Arce sobre lo que ocurrió hasta la entrada en el Cuzco, ya que también él era uno de los que iban a caballo con Almagro y Soto: “Venido el Gobernador, seguimos nuestro camino adelante, en demanda del Cuzco. Hallamos que toda la gente de guerra nos estaba esperando a la entrada de la ciudad. Dimos contra ella; alanceáronse muchos indios y peleamos hasta que llegó la noche. Matáronnos tres caballos, uno de los cuales fue el mío, que me había costado mil seiscientos castellanos (confirmación del exagerado precio de un caballo y de la devaluación de la moneda: equivalía a unos seis kilos de oro), e hiriéronnos muchos cristianos. Los indios se fueron  a asentar en otro lugar, y al otro día, en amaneciendo, comenzamos a caminar hacia la ciudad, con harto temor, con  pensamiento de que los indios nos estaban esperando en la cima. Y así subimos el puerto, entramos en la ciudad, y vimos que estaba sin ninguna defensa. La ciudad del Cuzco es de esta manera: tendría cuatro mil casas. Está entre dos ríos, en un repecho de la sierra, y tiene una buena fortaleza, de muchos aposentos. Hay muchas casas buenas porque el Inca del Perú mandaba a todos los señores de la tierra que hicieran casas en la ciudad y que viniesen a residir con él en el Cuzco cuatro meses al año. Había algún señor que tenía su tierra a seiscientas leguas de allí, y se le hacía venir a residir como dicho es”.


     (Imagen) Cuando Pizarro iba a entrar en el Cuzco, se presentó MANCO INCA para aliarse con él. Veamos por qué. Hacia el siglo XII, los incas tuvieron que huir, empujados por los aimaras, de las tierras próximas al lago de Titicaca. Se establecieron en la zona del Cuzco, tras someter a los indígenas. En esa época nació el legendario Manco Cápac, el primer emperador inca. Creó una dinastía, y el Inca número doce fue Huayna Cápac, padre de Huáscar (nº 13) y de Atahualpa (nº 14). Es impensable que el ‘divino’ Atahualpa aceptara ser un emperador títere de los españoles. Tras ser ejecutado, Pizarro le concedió ese ‘honor’ a Túpac Hualpa porque era hijo de Huayna Cápac y enemigo de Atahualpa; lo aceptó, pero murió envenenado. Como Manco Inca reunía exactamente las mismas condiciones que Túpac, le sucedió en el puesto, pero creyendo ingenuamente que los españoles lo reconocerían como emperador del Perú. Cuando se dio cuenta de que siempre iba a ser un útil pelele, se rebeló enérgicamente, creando muchos problemas a los españoles, y hasta aprovechándose de los conflictos entre Almagro y Pizarro (como veremos). La ocupación española ha dejado para siempre una herida en el orgullo de los pueblos americanos (en unos más que en otros), convirtiendo en mitos inmaculados (a veces con muy poca objetividad) a todos los que lucharon contra los conquistadores. Así figura Manco Inca en su expresivo retrato.



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