(98) Xerez recoge la versión del enviado
de Atahualpa: “No contento con el señorío que tenía, Huáscar vino a dar guerra
a su hermano Atahualpa, el cual le envió mensajeros rogándole que le dejase
pacíficamente en lo que su padre le había dejado por herencia. Y no lo queriendo
hacer Huáscar, mató a los herederos de y a un hermano de los dos que fueron con
la embajada. Visto esto por Atahualpa, salió contra él con mucha gente de
guerra hasta llegar a la provincia de Tomebamba, que era del señorío de su
hermano, y por enfrentársele la gente, quemó el pueblo principal de aquella
provincia y mató a toda la gente”.
Tomebamba era, después del Cuzco, el
territorio más importante de los dominios de Huáscar, y su destrucción sirvió
de terrorífico ejemplo del implacable empuje militar con que Atahualpa iba a
entregarse a una guerra despiadada. En cuanto a quién fue más culpable, los
criterios han ido cambiando. En un principio se impuso esta versión dada por
los embajadores de Atahualpa y admitida en general por los cronistas antiguos,
entre los que, sin embargo, hay que exceptuar a Ruiz de Arce, Cieza de León y
Pedro Pizarro (tres de los que estamos siguiendo). Los historiadores actuales,
por el contrario, consideran que la versión de Atahualpa no resulta fiable. La
masacre que Atahualpa hizo en Tomebamba fue el episodio más sangriento de toda
la guerra con su hermano, y es posible que le interesara amedrentar a los
españoles comunicándoles lo que ocurrió.
Pizarro le dio a entender al mensajero que
le parecía justo que fuera castigado Huáscar por no respetar lo establecido en
herencia por su padre, pero le hizo una puntualización: “Creyendo el Gobernador
que todo lo que había dicho este indio era porque Atahualpa quería poner temor
a los cristianos, le contestó: Bien creo
que lo que has dicho es así; mas hágote saber que mi señor el Emperador, que es
rey de las Españas y de todas Las Indias, tiene muchos criados mayores que
Atahualpa, y capitanes suyos han vencido a muy mayores que Atahualpa, su
hermano y su padre. Si él quisiere mi amistad y recibirme en paz, yo le seré
muy amigo y le ayudaré en su conquista, y se quedará en su estado. Y si
quisiere guerra, yo se la haré. Oídas estas cosas por los mensajeros,
estuvieron un rato como atónitos, que no hablaron, oyendo que tan pocos
españoles hacían tan grandes hechos. Y de ahí a poco, dijeron que se querían ir
con la respuesta adonde su señor y decirle que los cristianos irían presto,
para que les enviase refresco al camino. El Gobernador los despidió”.
Pizarro y los suyos siguieron adelante,
todavía sufriendo la subida de la sierra. Llegaron a otro poblado y allí los
alcanzó un nuevo embajador de Atahualpa con más mensajes de paz, como si
quisiera que llegaran confiados a sus manos. Pero Pizarro seguía la misma
táctica (entre astutos andaba el juego): “El Gobernador le respondió con muy
buenas palabras”. El día siguiente, se puso en camino Pizarro sierra adelante,
y de lo que cuenta Xerez se deduce que el indio mensajero continuaba la marcha
hacia Cajamarca al lado de los españoles.
(Imagen) Ni Cortés ni Pizarro se sintieron
en ningún momento intimidados, según avanzaban, por las noticias que recibían
de la majestuosidad de aquellos grandes emperadores, Moctezuma y Atahualpa. Es
evidente que, como veteranos de guerra (más, Pizarro), se sentían muy crecidos
moralmente por representar en aquellas tierras al imperio español y por ser
cristianos. Pero sus fuerzas eran, comparativamente, ridículas.Da la impresión
de que los que sí tenían un verdadero lío en la cabeza eran los emperadores indígenas.
Enviaban regalos y mensajes a los barbudos, que avanzaban con decisión. Los de Moctezuma,
que siempre temió que el fin de su imperio estuviera cerca, eran muy contradictorios:
que quería verlos…que no se atrevieran a presentarse… Los mensajeros de Atahualpa
iban con apariencia cordial, pero con el objetivo de obtener la máxima
información sobre los españoles. Ni el uno ni el otro comprendió que era necesario
salir rápidamente y aniquilar a los intrusos. Que si eran galgos, que si eran
podencos… Llegaron y los apresaron a los dos.
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