jueves, 20 de julio de 2017

(Día 438) El vasco Juan Basurto tampoco consigue sacar adelante la empresa del Pacífico. Por fin, Pizarro, organiza todo lo necesario y parte rumbo al sur EL DÍA 14 DE NOVIEMBRE DE 1524.

     (28) Y dicho esto, nos toca ya abrir el telón para contemplar ojipláticos y de forma secuencial la gran epopeya de Pizarro, desde sus inicios temblorosos hasta el trágico final, pasando por escenas de la máxima intensidad dramática, en las que veremos una mezcla de todo lo mejor y lo peor del ser humano, así como de los mayores éxitos y los más dolorosos fracasos. Haría falta un Homero o un Shakespeare para que el narrador estuviera a la altura de lo narrado. No obstante, vamos a tener la suerte de poder seguir textualmente lo que escribieron los cronistas de la época, quienes, sin alcanzar ese nivel literario, supieron contarlo con claridad, y algunos hasta con buena prosa, a lo que hay que añadir el valor incomparable de haber sido protagonistas de casi todo lo que nos comunicaron. Voy a seguir fundamentalmente  el texto escrito por PEDRO CIEZA DE LEÓN en su libro DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA DEL PERÚ, aunque lo completaré comparándolo con los comentarios de los otros cronistas que mencioné al principio de este trabajo. Esa será la estructura de la narración, pero, como ya advertí, ‘me iré por las ramas’ cada vez que surja algún personaje (y serán muchos) cuya vida tenga interés histórico (prometo volver ‘al tronco’ lo más rápidamente posible).
     Vuelto Andagoya con poco éxito de su viaje, y sin ganas ni condiciones físicas y anímicas para repetir la jugada, Pedrarias, que vivía obsesionado por la ambición de explorar y conquistar las costas del Pacífico, buscó rápidamente a alguien que lo intentara de  nuevo. Le encargó la misión al capitán vasco Juan Basurto (ese apellido es de ‘mi’ Bilbao). Lo que pasó después lo cuenta mejor Cieza y, sin excesivos adornos literarios, nos va a meter de lleno en el arranque del protagonismo de Pizarro: “Basurto determinó ir a Santo Domingo para traer más gente y caballos, pero la muerte atajó su pensamiento y le llamó para que fuera a dar cuenta de la jornada de su vida. Cuando se supo en Panamá, siendo en ella compañeros Francisco Pizarro y Diego de Almagro, que también lo eran con Hernando de Luque, clérigo, trataron, medio de burla (lo que quiere decir que nunca lo habían pensado en serio), sobre aquella jornada (expedición) y cuánto había deseado hacerla Vasco Núñez de Balboa. Pizarro dio muestras a sus compañeros de tener de aventurar su persona y hacienda en aquella jornada, de lo que Almagro plugo mucho, y determinaron pedir la jornada para Francisco Pizarro; y así fueron adonde Pedrarias y le pidieron la licencia de aquel descubrimiento, quien se la concedió con la condición de que hiciesen con él compañía para que tuviese parte en el provecho que hubiese. Y siendo de ello contentos los compañeros, se hizo por todos cuatro la compañía, dando Pedrarias a Pizarro, en nombre del emperador, provisión como capitán, de lo que no se reían poco los más de los vecinos de Panamá teniéndolos por locos porque querían gastar sus dineros para ir a descubrir manglares y pedregales. Pero no por esto dejaron de ir a buscar proveimientos y compraron un navío que dicen que era de los que hizo Vasco Núñez de Balboa. Procuraron allegar gente y juntaron unos ochenta españoles (otros hablan de 112), llevando al navío cuatro caballos;  la gente se embarcó, y Francisco Pizarro, despidiéndose de Pedrarias y de sus compañeros, hizo lo mismo”. EL DÍA 14 DE NOVIEMBRE DE 1524, FRANCISCO PIZARRO inicia su terrorífica y gloriosa aventura.


     (Imagen) Viendo el mapa, es fácil entender la lógica del proceso de la expansión en las Indias. Aunque Balboa ya había descubierto el Pacífico, Cortés prefirió aventurarse en territorio mexicano (muy próximo a las islas de Santo Domingo y Cuba) por saberse de la existencia de los aztecas a poca distancia de la costa. Triunfó plenamente (llegando a intervenir en Honduras y Guatemala), y, pocos años después, a Pizarro, un veterano en las campañas de Colombia y Panamá que estaba sujeto a la autoridad de Pedrarias Dávila, extendida por el resto de Centroamérica, solo le quedó una salida hacia tierras vírgenes, prometedoras pero muy inciertas: las bañadas por el océano Pacífico.




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