sábado, 28 de agosto de 2021

(1506) La mayoría de los habitantes de Asunción rechazaban a los que destituyeron a Cabeza de Vaca, los cuales amenazaban con matarlo. Hubo muertos en los enfrentamientos. La impresionante carta enviada al Rey por Juan Muñoz de Carvajal fue muy valiosa para el gobernador.

 

     (1096) Convertidos ya en amos y señores tras haber apresado al gobernador Cabeza de Vaca (con un procedimiento expeditivo y de muy dudosa legalidad, que a ellos mismos les preocupaba seriamente por la gravedad del asunto), Domingo de Irala y los funcionarios reales quisieron llevar a cabo nuevas campañas de conquista: "Comenzaron a publicar que querían tornar a hacer una entrada por las mismas tierras que el gobernador había descubierto, con intento de buscar plata y oro, para que, hallándolo, lo enviasen a Su Majestad con la esperanza de que les perdonase el delito que habían cometido. Y, si no lo hallasen, se quedarían tierra adentro poblando, por no volver donde fuesen castigados,  y, con estas ilusiones, trataban de convencer a la gente. Pero,  como ya habían comprendido todos las maldades que habían utilizado, no quiso ninguno dar su consentimiento. Por ello, la mayor parte de la gente comenzó a protestar y a decir que soltasen al gobernador, pero los oficiales y los justicias que estaban nombrados comenzaron a molestar a los que se mostraban contrarios a su prisión, metiéndolos en la cárcel, quitándoles sus haciendas y maltratándolos.  A los que se refugiaban en las iglesias para  que no los prendiesen, los vigilaban para que no les diesen de comer, y decían públicamente que los habían de destruir".

     Pero la gente no se conformaba: "Pronto comenzaron los alborotos y escándalos, porque los que respetaban la obediencia a Su Majestad les decían a los oficiales y a sus valedores que todos ellos eran traidores, y los rebeldes, llenos de temor, estaban siempre con las armas en las manos, protegiéndose con empalizadas en un cerco de seis casas. Al gobernador lo tenían en una cámara muy pequeña de Garci Venegas, para que estuviera en medio de todos ellos, y, cada día, el alcalde y los alguaciles miraban en las casas que estaban alrededor si había alguna tierra movida con intención de liberarlo. Los oficiales le decían al gobernador: 'Juramos a Dios que, si la gente intenta sacaros de nuestro poder, os hemos de dar de puñaladas y cortaros la cabeza'. Para lo cual nombraron cuatro hombres, a los que les hicieron jurar que, si viesen que intentaban liberarlo, entrasen y le cortasen la cabeza. Para estar preparados, afilaban sus puñales, y actuaban de manera que oyese el gobernador lo que hacían y lo que hablaban, siendo los encargados de esto Garci Venegas, Andrés Hernández el Romo, y otros".

     Sin embargo, parte de la población aprobaba la destitución del gobernador: "Acerca de la prisión del gobernador, había también muchas pasiones y pendencias entre bandos, unos diciendo que los oficiales y sus amigos habían sido traidores y que estaban dando ocasión de que se perdiese toda la tierra, como luego se vio y se sigue viendo, y otros defendiendo lo contrario.  Por esta causa, se mataron e hirieron muchos españoles unos a otros, y los oficiales y sus amigos impedían que los que consideraban sospechosos hablasen entre ellos. Además, tenían hombres que espiaban lo que se decía por el pueblo, y de noche andaban treinta hombres armados, y a todos los que topaban en las calles los prendían y procuraban de saber adónde iban y con qué intención".

 

     (Imagen) Sus enemigos le van a hacer sufrir un calvario a Cabeza de Vaca, pero, afortunadamente, no tuvieron la osadía de matarlo porque era el gobernador, y, de hacerlo, Carlos V jamás se lo habría perdonado. Sigamos con la magnífica carta que JUAN MUÑOZ DE CARVAJAL le escribió al Rey contra los rebeldes. Vimos que los acusaba de haber actuado por sus propios intereses. Y continúa diciendo (lo resumo): "Como luego se comprobó por los malos tratamientos que hicieron a los indios, tirando sus casas, robándoles, tomándoles sus mujeres paridas y preñadas, y quitándoles las criaturas de sus pechos,  y todas las cosas que los míseros indios tenían para pasar su vida. Y sucedió que, viendo los conquistadores que ellos gozaban así de la tierra, cayeron en la vileza de ir robando y destruyendo como los oficiales de Vuestra Majestad y el capitán Domingo de Irala hacían, con tanta crueldad, que, el día que se marchaban, había tantos llantos de los maridos por sus mujeres y de las mujeres por sus maridos, que parecían romper el cielo pidiendo a Dios misericordia y a Vuestra Majestad justicia. Y esto ha durado desde el día de la prisión del gobernador Cabeza de Vaca hasta el día de la fecha de hoy, pues traen manadas de estas mujeres para sus servicios como quien va a una feria y trae una manada de ovejas, lo cual ha sido causa de poblar los cementerios de esta ciudad". Luego se queja de que ha sido nombrado gobernador Domingo de Irala, y, de inmediato, "ha tomado para sí y para cuatro yernos que tiene, y ha dado a los cuatro oficiales de Vuestra Majestad lo más y mejor de la tierra,  y el resto lo ha repartido entre sus amigos y paniaguados, así como entre franceses,  italianos  y de otras naciones porque le han ayudado a hacer estas cosas que dicho tengo. Por lo cual suplico a Vuestra Majestad que no consienta quedar así esto, pues he hecho esta relación por parecerme que hago lo que debo a vuestro servicio y al de Dios, y, si Vuestra Majestad lo viese de otra manera, mándeme cortar la cabeza, como a hombre que a su Rey no le dice la verdad". La carta está fechada el quince  de junio del año 1556, en la ciudad de Asunción, provincia de Río de la Plata. Tiene su firma al pie, y la letra coincide perfectamente con todo el texto del documento. Seguro que tuvo una biografía apasionante, pero no he podido encontrar más datos sobre su persona.




No hay comentarios:

Publicar un comentario