viernes, 6 de agosto de 2021

(1487) Ocurrieron tres incidentes en el viaje de ayuda a los guaraníes: dos españoles se ahogaron; un puma asustó a los guaraníes, y su alboroto se interpretó como ataque a los soldados; al parecer, algún arcabucero amigo de Irala quiso matar a Cabeza de Vaca.

 

     (1077) Con la información recibida sobre la ruta que seguían los guaicurúes cazando y pescando, el gobernador decidió ir tras ellos para castigales por los malos tratos que daban a a los guaraníes, leales compañeros de los españoles. Era necesario que la tropa  y los guaraníes atravesaran el río Paraguay: "El gobernador mandó que se hiciesen balsas de las canoas para poder pasar los caballos, y luego los españoles se embarcaron en los navíos y en las balsas, y los indios en las canoas. Entonces sucedió un caso de mucha lástima, pues, habiéndose sobrecargado de españoles el lado de una barca, hizo balance volviendo la quilla hacia arriba y los tomó debajo, de manera que,  si los indios de la ribera no hubieran llegado nadando y volcado el navío, todos se habrían ahogado. No obstante, como en aquella parte había mucha corriente, se llevó a dos cristianos, y, más tarde, fueron hallados ahogados río abajo. Uno se llamaba Diego de Isla, vecino de Málaga, y el otro, Juan de Valdés, vecino de Palencia".

     En su avance hacia el encuentro con los guaicurúes, el gobernador Cabeza de Vaca había situado a sus amigos, los vistosos guaraníes, en la parte delantera de la tropa, pero un absurdo y peligroso incidente le hará cambiar de idea: "El orden que estableció para la marcha fue que los indios lo hicieran en un escuadrón situado en la vanguardia, que ocupaba bien una legua, todos con sus plumajes de papagayos muy galanes y pintados, y con sus arcos y flechas. Tras ellos iba el gobernador con la gente de caballo, y luego la infantería de arcabuceros y ballesteros, con el carruaje en el que las mujeres llevaban la munición y las provisiones. El escuadrón de los guaraníes tenía unos diez mil hombres, y era cosa muy de ver cómo iban todos pintados de almagre y otros colores, con muchas cuentas blancas por los cuellos y penachos, y con muchas planchas de cobre que reverberaban con el sol y daban de sí gran resplandor".

     Y surgió el gravísimo incidente (por un absurdo malentendido): "Caminando el gobernador y su gente por unas arboledas muy espesas, se metió un tigre (un puma) por medio de los indios, de lo cual hubo entre ellos tan grande escándalo y alboroto, que hicieron a los españoles dar la  alarma, y, creyendo que los guaraníes querían volverse contra ellos, dieron contra los indios invocando a Santiago, y de aquella refriega hirieron a algunos. Al verlo los indios, se metieron por el monte".

     Un dato añadido nos hace ver que ya había serias sospechas de traición entre los mismos españoles: "Faltó poco para que el gobernador resultara herido de dos arcabuzazos, porque le pasaron las pelotas muy cerca de la cara, y se tuvo  por cierto que le tiraron maliciosamente con intención de matarlo, para complacer a Domingo de Irala, ya que le había quitado el mando  que había tenido hasta entonces en Río de la Plata". Pero el gobernador se ocupó de inmediato en recuperar como aliados a los guaraníes: "Al ver el gobernador que los indios se habían metido por los montes, y que convenía aclarar y remediar aquel alboroto, se apeó solo, y se fue al encuentro de los indios, animándolos y diciéndoles que no era nada, sino que aquel tigre había causado aquel escándalo, y que él y su gente española eran sus amigos y hermanos, y vasallos de Su Majestad, y que fuesen todos con él adelante a echar de la tierra a sus enemigos guaicurúes, pues los tenían ya muy cerca".

 

     (Imagen) En la tropa de Cabeza de Vaca, ALONSO DE CABRERA, como hemos visto, tenía el cargo de veedor, lo que equivalía a ser un funcionario real que hacía labores de inspección. Otros puestos oficiales en las expediciones eran los de tesorero, secretario, escribano (notario) y contador público, teniendo preeminencia sobre todos ellos, como máxima autoridad, el de factor. Lo que no  quita que ejercieran labores  militares o políticas (hasta algunos clérigos lo hicieron). Ese fue el caso de Alonso de Cabrera. Su hoja de servicios fue impresionante. Había nacido hacia el año 1500 en Loja, provincia de Granada, aunque otros dice que fue en Guadix, a unos 100 km de distancia. No llegó a Río de la Plata con Cabeza de Vaca en 1542, sino que ya figuraba como veedor el año 1538, porque había sido enviado también (como Cabeza de Vaca) para dar solución a los graves problemas que, según los rumores, existían en la gobernación de Pedro de Mendoza. La pronta muerte de este gobernador exigía un sustituto, que podía haber sido el mismo Cabrera, pero, tras morir también el candidato Ayolas (todo ello lo hemos visto), prefirió encauzar el asunto de manera que el nombrado fuera Domingo Martínez de Irala,  por su capacidad de liderazgo. Fue tal su apoyo, que Cabrera le convenció para que destruyera la recién nacida población de Buenos Aires, con el argumento de que todo el poder se trasladaría a Asunción, de donde era gobernador el propio Irala. Dicho y hecho: se quemó Buenos Aires y sus habitantes se trasladaron a Asunción. Pero llegó Cabeza de Vaca, y acabamos de ver que dos arcabuzazos estuvieron a punto de matarlo, y muchos pensaron que fue una maniobra de Irala. Nos dirá el cronista que la alianza Irala-Cabrera continuó, logrando destituir a Cabeza de Vaca, y lo enviaron preso a España. ALONSO DE CABRERA hizo también el viaje a la Corte, y con el fin de atacar judicialmente al gobernador derrocado. No se sabe muy bien cómo pasó Cabeza de Vaca sus últimos años de vida. Hasta se dice que ingresó en un convento, pero lo que sí se conoce es el triste y extraño final de ALONSO DE CABRERA: Muerto Irala, el año 1556, regresó de nuevo a España, y, sin que se sepa por qué, asesinó a su mujer. Debió de ser un evidente acto de locura, ya que no fue condenado, y pasó el resto de su vida en un manicomio. Su registro de embarque (año 1535) muestra que partió hacia Río de la Plata con la graduación de alférez general, y da por hecho que nació en Loja.




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