martes, 3 de agosto de 2021

(1484) Había que proteger de ataques indios a españoles enfermos que llegaban por el río, y asimismo al barco que estaba en la abandonada Buenos Aires. Desde Asunción, Cabeza de Vaca se ocupaba de lo divino y de lo humano.

 

     (1074) La parte de la tropa que había ido navegando por el río con muchos enfermos, a los que acompañaban el cacique Iguaron y cincuenta soldados, entre arcabuceros y ballesteros, se vieron terriblemente acosados por los indos: "Estando el gobernador en la ciudad de la Asunción, al cabo de treinta días que hubo llegado a la ciudad, vinieron al puerto los cristianos que había enviado en las balsas, tanto enfermos como sanos, desde el río Paraná. Aunque estaban fatigados del camino; solo faltó uno, al que lo mató un tigre. Por ellos supo el gobernador que los indios habían hecho un gran llamamiento en aquellas tierras, y, por el río en canoas y por la ribera del río, habían salido contra ellos en muy gran número y con grandes gritos, tirándoles muchas flechas desde sus más de doscientas canoas para tomarles las balsas y matarlos. Durante catorce días con sus noches no habían cesado de darles guerra, y los de tierra llevaban unos garfios grandes, para echarles mano a las balsas y sacarlas a tierra, resultando hasta veinte españoles heridos, pero sin gravedad. En todo este tiempo sus balsas no dejaban de seguir por el río abajo, porque la corriente del río los llevaba, y ellos solo se ocupaban de gobernarlas  para que no llegasen a tierra, donde estaba todo el peligro. Pero algunos remolinos que el río hace les puso en gran riesgo muchas veces, porque llevaba las balsas a la redonda remolinando,  y, si no fuera por la buena maña que se dieron los que gobernaban, los remolinos los habrían llevado a tierra, donde serían matados".

     Recordemos que las balsas con los enfermos iban, de pasada, a un punto del río en el que había un indio amigo: "Yendo en esta forma, los siguieron catorce días los indios con sus canoas, hasta que llegaron cerca de los lugares del dicho indio Francisco, que fue esclavo y criado de cristianos, el cual, con cierta gente suya, salió río arriba a  socorrer a los españoles, y los trajo a una isla cerca de su propio pueblo, donde los proveyó de alimentos, y allí se curaron y repusieron los heridos, y los enemigos se retiraron sin tornar a acometerlos. En este tiempo llegaron dos bergantines que en su socorro habían enviado desde Asunción, en los cuales fueron llevados hasta la dicha ciudad".

     Todos los pasos dados iban saliendo, en general, bien, pero había otro asunto que le preocupaba al gobernador Cabeza de Vaca. Faltaba recoger a los españoles que había enviado a Buenos Aires: "Con toda diligencia, el gobernador mandó aderezar dos bergantines, y, a cierta gente de la que halló en la ciudad de Asunción, que habían sido pobladores del puerto de Buenos Aires y tenían experiencia del río Paraná, los envió a socorrer a los ciento cuarenta españoles que envió en la nao capitana desde la isla de Santa Catalina, por el gran peligro en que estarían en  aquel puerto despoblado, y para que se repoblase Buenos Aires en la parte que más apropiada les pareciese a las personas a las que se lo había encargado, porque era cosa muy necesaria, y sin la cual toda la gente española que residía en la provincia y conquista, y la que adelante viniese, estarían en gran peligro de perderse".

 

     (Imagen) En general, los conquistadores españoles eran imparables organizadores de lo divino y lo humano. Desarrollaban una incesante actividad, a veces muy destructiva, pero con otro aspecto constructivo admirable. La importancia del puerto de Buenos Aires era de primer orden, aunque pasarían muchos años hasta que Juan de Garay dejase definitivamente asentada la ciudad. Antes de que llegara Cabeza de Vaca, había sido abandona, el año 1536 (como indica la imagen), por el acoso de los indios, en un cerco horrendo durante el cual se practicó hasta el canibalismo. El cronista subraya su valor estratégico: "Es necesario refundar Buenos Aires porque las naos que van hasta allí, tienen que tomar puerto en el río Paraná, para hacer bergantines con los que puedan subir 350 leguas río arriba,  hasta llegar a la ciudad de Asunción, de navegación muy trabajosa y peligrosa. El gobernador Cabeza de Vaca envió hacia Buenos Aires dos bergantines que  partieron desde Asunción el 16 de abril del dicho año (1542). Luego mandó hacer otros dos, que, cargados de bastimentos y gente, partieron a hacer el dicho socorro y a efectuar la refundación del puerto de Buenos Aires, encargando a los capitanes que envió con los bergantines que les hiciesen buenos tratamientos a los indios que hubiera por donde habían de navegar. Ordenado todo lo dicho, comenzó a entender en las cosas del servicio a Dios, a Su Majestad, y a la pacificación de los naturales de aquella provincia. Y, para mayor seguridad, mandó llamar a los religiosos y clérigos que allí residían, y a los que consigo había llevado, y les rogó, con buenas y amorosas palabras, que tuviesen especial cuidado en adoctrinar a los indios, como vasallos de Su Majestad, y les mandó leer ciertos capítulos de una carta de Su Majestad, en la que hablaba sobre el tratamiento de los indios, y de que los dichos clérigos tuviesen especial cuidado en mirar que no fuesen maltratados, y que le avisasen de lo que en contrario se hiciese, para poderlo remediar, y que todas las cosas que fuesen necesarias para tan santa obra, el gobernador se las daría, así como todo lo que necesitasen para administrar los santos sacramentos en las iglesias y monasterios, para lo cual mandó que fuesen proveídos de vino y harina, y les repartió los ornamentos que llevaba destinados al servicio de las iglesias y del culto divino".




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